Faturamento dos Meios
2.4. Balance y perspectiva
3.5.2. La comunicación alternativa en Europa
Para Masagão et al. (1987: 60), “las radios libres europeas nada tienen que ver, sin embargo, con las radios piratas, cuya historia es anterior y completamente otra”. Según los autores, hay una enorme confusión terminológica en esa área. Radios piratas, radios periféricas y radios libres fueron tres frentes diversos de corrosión del todopoderoso monopolio estatal de las telecomunicaciones, vigente en Inglaterra, en Italia y en Francia hasta mediados de este siglo, a través de los órganos BBC (Bristish Broadcasting Corporation), RAI (Radio-Televizione Italiana) y ORTF (Office de Radiodiffusion – Télévision Française) respectivamente. Para los autores, “la piratería es un fenómeno típicamente inglés”. Desde el final de los años 50, algunas emisoras fueron montadas dentro de barcos, para emitir fuera de las aguas territoriales del Reino Unido como forma de burlar la tutela estatal. Para Masagão “esas emisoras eran “piratas” también en otro sentido. Buscaban el oro, a través de la conversión de la radio en un vehículo comercialmente lucrativo”.
Nos cuenta Burke e Briggs (2002: 246) que en 1974, en Italia, las decisiones de la Corte constitucional, confirmando la necesidad de servicios públicos de transmisiones de radio y televisión basados en objetividad e imparcialidad, acabaron por abrir camino para sistemas de radiodifusión privados y – luego de la ley de transmisiones de 1975 – también para una extraordinaria explosión de empresas privadas, la mayoría de las cuales no sobrevivió.
“En 1978 había más de 506 canales locales de televisión y 2.275 estaciones de radio. Había ahora más estaciones por persona que en Estados Unidos. Diez años después, la contraparte española de la Corte italiana tomó decisión semejante, destacando que, como la constitución no citaba la cuestión de las transmisiones, ninguna estructura era explícitamente prohibida. Alegaba aunque se podría considerar que el principio constitucional de libertad de expresión incluía el principio de la libertad para transmisión de radio y televisión – un juicio no reconocido en Estados Unidos, donde la telegrafía, la telefonía, la radio y la televisión operaban según principios legales diferentes de los seguidos por las publicaciones” (2002: 246).
El escenario de Italia, sin embargo, continuó evolucionando y no fue copiado por España. En 1980 Silvio Berlusconi inauguró un canal casi nacional, el Canale 5, y después compró otros canales italianos en 1983 y 1984. Su conglomerado financiero, la Fininvest, controlaba ahora tres canales contra tres de la RAI, una situación de doble monopolio que fue sancionada por ley en 1990. Sin embargo la RAI sobrevivió, como sobrevivió a la caída de los dos partidos políticos italianos, los demócratas-cristianos y el de los socialistas, así como a la elección de Berlusconi para primer ministro de 2001.
En entrevista personal realizada a Ángel Faus Belau, gran nombre del medio radio en España, el 26 de mayo de 2005, él me ha dicho que las radios comunitarias de Brasil “nada tiene que ver con las radios libres en Europa en su época”. Cabe destacar que la realidad comunicacional regional y local europea no puede ser contrastada por los mismos padrones que, por ejemplo, en Brasil, pues en Europa hay países multilinguísticos y multiculturales, con fenómenos importantes de inmigración, lo que no ocurre en Brasil. En Europa tampoco existen megalópolis de la dimensión de São Paulo, donde casi el doble de la población de países como Grecia o Portugal se comprime en un área muy inferior, y se encuentran países que en territorio y población son el equivalente a menos de un barrio de São Paulo. Hay, sin embargo, dos o tres excepciones, como las regiones metropolitanas de Paris y Londres, que concentran cerca de ocho millones de habitantes cada una.
Cordialmente Faus me ha hecho un pequeño resumen aséptico de la radio en Europa. Él me ha dicho que cuando nace la radio en Europa en los 20, estaba ligada a dos puntos: radio privada y servicios militares. Era el principio de la radiotelegrafia, y como ejemplo me ha señalado la historia del Titanic. Cuando comienza a funcionar la radio regularmente la radio privada pasa a ser servicio público estatal y pasa a ser monopolio. Los gobiernos toman conocimiento de la importancia de este aparato en las vidas de sus ciudadanos. En muchos países de Europa, la radio estaba caracterizada por el monopolio estatal.
Con el paso de los años, en 1974/75, empiezan a producirse en Europa, movimientos políticos de izquierda, comunistas, y ellos empezaron a plantear
este asunto de la comunicación en los estados democráticos: en favor de las radio libres en contra del monopolio. O sea, según Faus, estas radios surgieron al principio, con una connotación política, y muchas, poco a poco fueron perdiendo su sentido y cerrando sus puertas.
Según Faus, podríamos decir que las radios piratas tenían un carácter comercial, las emisoras llamadas libres un carácter político y las comunitarias tenían la simple intención de mascarar su intención.
Es de constatar también el monopolio estatal, que en muchos Europeos se extenderá hasta la década de 80. O sea, “el destino de las radios libres europeas fue ensillado con su legalización. Ellas que habían sabido resistir a todas las modalidades de represión, no estaban listas para enfrentar el arma más traicionera: la institucionalización” (Masagão, 1987: 77).
La monopolización de los sistemas de radio y televisión por los estados europeos se prolongó, en muchos países, hasta los años ochenta, aunque, a partir de allí, las directrices europeas y las presiones internas en cada país hayan alterado profundamente el escenario mediático y abierto la explotación de radios y televisiones a los privados. Sin embargo, los estados europeos continúan, normalmente, presentes en los escenarios de la radio y de la televisión y sus estaciones públicas aprovecharon, en muchos casos, la apertura de la radio y de la televisión a la iniciativa privada y a la regionalización para reestructurarse. El aparecimiento de canales y centros de producción regionales de las emisoras de radio y televisión estatales ilustra esa afirmación. La comunicación social regional y local está presente en todos los países europeos, reflejando simultáneamente compromisos de ciudadanía y la satisfacción de las necesidades comunicacionales de las comunidades regionales y locales. “Las propias organizaciones mediáticas estatales tuvieron que adaptarse a las solicitaciones de los ciudadanos, que desean tener información y periodismo de proximidad. Por lo menos a escala comunicacional existe una Europa de las Regiones”, destaca Sousa (2002: 5).
La historia de las radios comunitarias ofrece un paisaje harto y diversificado, vinculándose estrechamente a movimientos sociales de todas las
partes del globo (Girart, 1992). En Europa Occidental, el inicio de la trayectoria de estas emisoras remite al movimiento de las radios libres, contra el monopolio estatal del espacio radioeléctrico. En América del Norte y Australia, luego se vinculó a la promoción y defensa de identidades culturales y derechos locales, sobre todo a través de radios indígenas y de minorías. En África, a la necesidad de respeto a la pluralidad lingüística y promoción de la educación rural. En América Latina, al movimiento educativo y religioso inaugurado por la experiencia colombiana concretada por la Radio Sutatenza, en los años 40; y al movimiento sindical, con las radios mineras, en Bolivia, bien como las revoluciones políticas, que culminaron con las radios revolucionarias de América Central, en las décadas de 70 y 80. Particularmente en Brasil, a las luchas por la mejoría de calidad de vida y por la democratización del acceso a medios de comunicación.
A pesar de la degeneración del régimen pos-revolucionario en Argelia, de la ascensión meteórica de Berlusconi y de la comercialización de las transmisiones en Francia, es importante no caer en un fatalismo irreflexivo. Desde la perspectiva de este trabajo, la cuestión fundamental es la propia explosión de radios libres que aconteció durante esos años, cubriendo tópicos que normalmente quedaban fuera de los límites del discurso autorizado del gobierno o de los principales partidos políticos. La experiencia demostró que muchos ciudadanos italianos y franceses querían de hecho el acceso a los medios de comunicación, no de manera exclusiva ni el tiempo todo, y quizá no bajo su control pero, por lo menos, bajo el control de los activistas de medios de comunicación más afinados con los intereses del público que con los proyectos de los partidos, del Estado o de las iglesias. “El hecho de que esos ciudadanos hayan quedado en desventaja al final del proceso debía ser un estímulo para que se desarrollasen nuevas formas de explotar medios de comunicación de acceso público, no una alarma que señaliza la inutilidad del activismo político. La necesidad aumentó, no desapareció” (Downing, 2001: 254).
“El monopolio estatal fue roto, aunque haya sido sustituido por oligopolios empresariales. El impacto de los medios de comunicación radical se da, en verdad, en muchos niveles. Así como el teatro radical británico llevó, a lo largo
del tiempo, a las muchas formas de activismo, esas arrojadas aventuras radiofónicas no pueden ser consideradas nulas y vanas por el hecho de que no han sobrevivido. ¿Habría sido mejor que los franceses continuasen gobernando Argelia, que los corruptos y reaccionarios demócratas cristianos, envueltos con la mafia, aún gobernasen a Italia, o que los gaullistas todavía tuviesen el control de Francia?” (2001: 255).
Los distintos contextos revelados en infinitas trayectorias resultantes de las peculiaridades de cada lugar de sus conjunturas socio-político-económicas, vieron el surgimiento de las emisoras comunitarias, alternativas, libres o de cualquier otro nombre.
Comprendemos que no es posible analizar las cuestiones relacionadas a la radio comunitaria, sin comprender los conceptos de radios local, libre y pirata, bien como abordar esos movimientos sin comprender las características y los conceptos básicos de radio local, con los cuales se encuentran relacionadas. Es eso lo que intentaremos hacer a continuación.
3.6. ¿Pirata, comunitaria, popular, alternativa, local o libre?
Nunes (1995: 146) nos alerta diciendo que es preciso un cierto cuidado al clasificar las radios libres como experiencias comunitarias. Puede parecer a primera vista que una emisora es comunitaria por el simple hecho de ser organizada dentro de un barrio o estar restricta territorialmente. No es exactamente lo que acontece. Una radio comunitaria es aquélla que es producida por y para la comunidad.
“Cuando una radio localizada en un barrio reproduce contenidos de los medios de comunicación, divulgando las músicas que ya son más tocadas o apenas imitando el lenguaje oficial, ella no es comunitaria, desde el momento en que trata el receptor de la forma convencional. Ella no aproxima. Reduce el receptor al objeto de la comunicación. Reproduce una identidad fabricada por el medio de comunicación y reúne los individuos en masa, no en comunidad”.
Todavía Nunes nos dice que varias piratas musicales utilizan el barrio apenas como referencia territorial para la venta de anuncios y medición de audiencia. El morador es llamado a participar a través de telefonazos, con pedidos de músicas o dedicatorias, pero no puede utilizar el medio de comunicación para organizar a la población y lograr mejorías sociales para el barrio. El periodismo realizado se limita a la divulgación de anotaciones y comunicados de las sociedades de barrio, asociaciones, fiestas organizadas por el Estado.
En Brasil el término “radio pirata" viene siendo utilizado como sinónimo de radio no-reglamentada. Este concepto se encuentra expresado en el anuncio firmado por la Asociación de las Emisoras de Radio y Televisión del Estado de São Paulo (AESP) y Sindicato de las Empresas de Radio y Televisión del Estado de São Paulo (SERTESP), publicado al final de 1996 e inicio de 1997 en los principales diarios de São Paulo, cuyo texto reproducimos, en la íntegra:
“Radio pirata es aquélla que, por definición, opera sin poseer la concesión de las autoridades. Más que simplemente estar fuera de la ley - y de allí viene el nombre – esas radios vienen transformando la transmisión por ondas sonoras en un peligroso desorden.
Como no pasan por fiscalización, no respetan la norma internacional que establece un margen de protección entre las diversas bandas de ondas. Los aparatos son de pésima calidad, típicos de los fondos de patios donde ellos operan.
Luego, sus ondas no tienen la precisión necesaria para transitar en el aire al lado de las demás. Lo qué pasa es inevitable: acaban interfiriendo en otras transmisiones. Ellas no solo tornan imposible en algunas regiones de la ciudad oír una música o una noticia, como, peor aún: impiden una ambulancia de llegar a un local de salvamento por comunicación insuficiente.
La solución para eso es simple: las autoridades tienen que cumplir lo que está en la Constitución. Usar los equipos que disponen, rastrear y desactivar todas las radios piratas.
Cuándo usted va a tomar una providencia? Cuando, dentro de esa ambulancia, ¿esté alguien que usted conoce?”91
El anuncio es ilustrado por un cráneo con huesos cruzados, con casco con auriculares. En las ciudades de São Paulo y Río de Janeiro, el término “radio pirata” también fue usado por jóvenes que transmitían músicas, sin identificación o contenido, en una típica “broma” de radio.
Para Anaelson Leandro de Sousa (2002: 8) “en Brasil, en el inicio de los años 80, las radios ilegales son denominadas de "piratas", aunque no sean comerciales o instaladas en barcos como en Inglaterra, pero este término es popularmente utilizado para identificar y nombrar las emisoras de radio ilegales”.
Sin embargo, hay indicios de que la primera operación de una radio pirata en Brasil haya ocurrido en la década de 30. Según la investigadora Marisa Meliani Nunes (1995: 37), el primer registro en Brasil de “radiodifusión no oficial” aconteció en 1931, cuando el publicitario Rodolfo Lima Martensen colocó en el aire una “emisora no autorizada en la ciudad de Río Grande de São Pedro, en Río Grande do Sul”. La radio idealizada por Martensen dio origen a una de las más tradicionales emisoras del sur del país, la Radio Sociedade de Río Grande do Sul.
Para Nunes (1995: 49) en Brasil, hasta el final de la década de 80, había pocas radios ilegales con proyectos comerciales. Desde el inicio de los años 90, sin embargo, crecen de forma acelerada y de manera aislada. Poseen inclinación oficialista y tienen como razón objetiva el lucro proporcionado por la publicidad. Las piratas brasileñas venden anuncios para comerciantes locales y alquilan horas para locutores o comunicadores que, a su turno, hacen la comercialización del espacio contratado. Aún están en fase de acumulación de capital y retorno para el mantenimiento y expansión de las emisoras. Lo que rige su funcionamiento no es la organización sin fines lucrativos, y sí la acumulación de capital.
“Muchas de ellas están hincadas en comunidades locales, normalmente de barrios, y buscan hasta abrir espacios para la producción cultural local. Pero la estructura básica de la programación es montada teniendo como referencia la moda lanzada por el mercado de bienes culturales. Siguen la misma línea de las radios oficiales y se especializan en ofrecer una programación que atiende al "gusto medio" del público, porque, según los programadores, es certeza de audiencia” (Nunes, 1995: 51).
Son radios con fuerte atracción, buena audiencia y simpatía de los moradores locales, conferidas por la cantidad de llamadas diarias y por la participación del público en fiestas regulares o promociones. El oyente tiene fácil acceso a la radio, pero su participación está restricta a visitas a las instalaciones y a los ofrecimientos y dedicatorias musicales.
Esas emisoras sirven como una especie de "escuela" para nuevos profesionales de la radio. La mayoría no respeta derechos laborales y siquiera está registrada como persona jurídica. Sueñan con la regularización administrativa y la concesión de canal por el Estado.
La mayoría de esas radio piratas, según Nunes (1995: 72), no son autogestionarias y normalmente tienen un propietario en la figura del "director". Muchas entran en la lógica mercantil, aumentando las potencias de sus transmisores y creando problemas técnicos de interferencia en otras emisoras o servicios de telecomunicaciones. “Sus operadores forman parte de la llamada sociedad civil desorganizada. Son dueñas-de-casa, jóvenes desempleados, profesionales originados en la radio oficial, ex locutores, todos invirtiendo en la radio como un buen negocio para vencer en la vida y ascender económica y socialmente” (1995: 72). Se apasionan por la radio, saben que están desobedeciendo la ley y están de acuerdo en que la comunicación social necesita ser democratizada, pero se niegan a actuar colectivamente o a profundizar la discusión sobre la cuestión.
Según Fontcuberta y Mompart (1983: 43), la comercialización es el gran fantasma que ronda sobre todos los medios que pretenden ser alternativos, trayendo problemas para la independencia propuesta por las radios libres. Esos autores entienden que es necesaria una crítica franca y una comunicación