MARCO TEÓRICO REFERENCIAL
3.1. Comunicación-Educación
La comunicación-educación, la categoría principal dentro de la presente investigación, permite comprender la realidad social que se forja en torno al humedal El Burro desde una mirada cultural y mediática, en la cual, esas formas educativas propias de la vida cotidiana cobran fuerza, al entenderse como actos comunicativos, desde los que se construyen los referentes de lo político y, por ende, lo administrativo y el ejercicio de la gobernanza.
En este sentido, es importante recalcar que en el análisis de la formación de grupos, ya sea de tipo activista o administrativo, se debe involucrar un eje comunitario en torno a la protección y mantenimiento de dicho humedal, sin importar que se presenten en cualquier escenario cotidiano6. Éstos, según la caracterización realizada, se dan por plena voluntad política o iniciativa personal
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barrial, educativo, laboral, entre otros. Comunicación- Educación Gobernanza del agua Territorio Ciudadanía
34 de los participantes. Para ampliar la comprensión de su conformación se retoma la perspectiva de Muñoz (2016) quien comprende que:
El ámbito cultural representa (...) una clave indispensable para descifrar la dinámica social. La energía y los recursos materiales condicionan la acción, pero la cultura la controla y orienta. Por eso mismo constituye una pieza esencial para la comprensión de los determinantes de los comportamientos y de las prácticas sociales. (p. 81)
De esta manera, se entiende que al realizar un análisis de los grupos humanos es necesario abarcar la cultura para comprenderel surgimiento de las prácticas culturales propias de cada grupo, las expresiones de lo político, identitario, apropiación del territorio y, en este sentido, se analiza el ámbito comunicativo-educativo7 dentro de una comunidad. Todo aquello permite afirmar que dichas narrativas traen consigo resignificaciones del espacio, del cuerpo, del yo o de lo nuestro. Las cuales, generan nuevas comprensiones que repercuten en lo social y construyen nuevos sentidos y espacios comunitarios (Muñoz, 2016, p. 88-89)
La comunicación-educación en la cultura hace referencia, entonces, a un territorio de múltiples escalas y dimensiones en el que conviven e interactúan conflictivamente saberes, prácticas y formas de construir sociedad, juegos de sentido colectivo, proyectos e intencionalidades que buscan generar modelos de vida humana buena y digna. (Muñoz, 2016, p.89)
Para ampliar la comprensión de las afirmaciones anteriores, es necesario abordar el significado de prácticas culturales, noción que es comprendida desde la perspectiva de De Certeau en un enfoque económico de consumo. En primer lugar, las comprende como una construcción que surge
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35 en las negociaciones de sentido entre las instituciones, con su búsqueda de generar conciencias colectivas, y los usuarios8, término que utiliza para comprender a los individuos que conforman
una colectividad receptora de mensajes (cultura), pero que tienen procedimientos propios en algunos casos denominados populares. Estos últimos, no sólo afectan su comprensión de los mensajes emitidos por la institución, sino que también permiten que el individuo cree mecanismos propios, “procedimientos populares y cotidianos”, para así cambiar el sentido de lo emitido en un primer momento y alterar individualmente nociones tales como la disciplina o lo común, desde dichas prácticas. (De Certeau, 2000. p XLII - LV)
De Certeau comprende gran parte de las prácticas culturales como “de tipo táctico”, esto se entiende desde la distinción que el autor hace entre estrategia y táctica, en el que la primera es “cálculo de relaciones de fuerzas que se vuelve posible a partir del momento en que un sujeto de voluntad y de poder es susceptible de aislarse de un ‘ambiente’” (De Certeau, 2000, p XLIX). Cabe recalcar que, para él la estrategia es inherente a un poder que las sostiene, es decir, las estrategias son atribuibles a la racionalidad institucional, ya sea política, económica o científica.
Por otro lado, la táctica es “un cálculo que no puede contar con un lugar propio, ni por lo tanto con una frontera que distinga al otro como una totalidad visible” (De Certeau, 2000, p L). En este sentido, la táctica surge en ocasiones y desde fuerzas ajenas, se puede relacionar con un comportamiento reactivo a diversos impulsos externos. Al referirse a las prácticas cotidianas como de tipo táctico, se hace referencia a su no pertenencia a un lugar específico y su articulación con lo que el autor denomina “combates y placeres cotidianos”, además de tener pretensiones de
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Estos también son mencionados bajo los nombres de dominados (no pasivos ni dóciles) o consumidores, de manera que se entiende la comprensión misma de las prácticas que tiene el autor no como simples actos repetitivos, sino como formas de interacción con un entorno que también le permiten a dicho individuo comprenderse y comprender los mensajes recibidos de forma distinta a como el emisor lo piensa o lo produce. Ver De Certeau, 2000.
36 “trastornar el poder mediante una manera de aprovechar la ocasión” (De Certeau, 2000. p L - LI). Esto último, da sentido a la afirmación anterior de que las prácticas culturales (enunciadas como procedimientos populares y cotidianos) son capaces de alterar el sentido de nociones que desde el pensamiento institucional (táctico) se plantean de otra forma.
Asimismo, en un sentido articulador de esta teoría con el presente objeto de estudio, es claro que en las prácticas culturales bogotanas se generan relaciones de consumo con respecto al recurso hídrico y que dicha relación puede afectar positiva o negativamente los procesos de gobernanza del agua.
Sin embargo, se debe entender que las prácticas tienen la tendencia natural a cambiar el sentido de lo establecido desde la institucionalidad, ya sea comunitaria o estatal. Estas prácticas no sólo resignifican, sino que según su direccionamiento pueden ampliar el alcance de lo estratégicamente planteado (mesas territoriales con amplia participación, juntas de defensa y protección del territorio, juntas estudiantiles, etc.) o pueden omitir y anular completamente dichos postulados (mal uso de los recursos, fallas en la protección de la ronda hídrica de los humedales, excesiva mercantilización de los recursos hídricos, desconocimiento, falta de apropiación, etc.).
En relación con lo anterior, se debe recalcar que con la comunicación-educación se tiene posibilidad de “construir y reconstruir la teoría pedagógica en la medida en que se relaciona con la práctica y los saberes populares” (Brito, 2008, p. 5). Es decir, este campo nace de un pensamiento local y retoma las transformaciones sociales para fundamentar su actividad educativa en la acción cultural y comunicativa, sin discriminar el escenario en que se presenten ni el grupo societal que les postule.
37 La comunicación-educación tiene como fin generar una conciencia colectiva, ya que la educación se debe asumir como “un proceso sistemático de participación, formación e instrumentación de prácticas populares, culturales y sociales” (Brito, 2008, p. 5) que, en caso específico de la presente investigación, se agrupan en torno a las prácticas administrativas del ecosistema de humedal El Burro para potenciar procesos autogestionados de apropiación ambiental y gobernanza de los recursos hídricos.