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COMUNIDAD, TERRITORIO Y GLOBALIZACIÓN

EL PUEBLO MAPUCHE EN EL CONTEXTO DE LA ERA POSCOLONIAL CAMBIOS Y TRANSFORMACIONES LOCALES Y

3. COMUNIDAD, TERRITORIO Y GLOBALIZACIÓN

El estudio de las sociedades catalogadas como “primitivas”, a las que prefiero llamar pueblos originarios, constituyó desde el origen de la antropología el principal foco de investigación. Este tipo de antropología se erigió desde la particular mirada de académicos procedentes de las grandes potencias mundiales, que veían el desarrollo como un proceso gradual y similar a nivel mundial, por este motivo el evolucionismo88 fue la primera teoría que permeó ideológicamente en los procesos de conquista y colonización, que sentó las bases para planteamientos teóricos que diferenciaban las sociedades en superiores e inferiores, justificando las empresas de colonización.

La mayor parte de las teorías que dieron vida a las Ciencias Sociales en un comienzo estuvieron impregnadas de ideas de evolución y progreso. De acuerdo a

88 Teoría que en antropología plantea que las sociedades evolucionan desde sociedades primitivas a civilizadas, para lo cual los antropólogos de la época proponían diversos estadios de desarrollo, que de este modo, podían ser identificados en las poblaciones estudiadas. Si bien Tylor, Morgan y Spencer constituyen los teóricos fundamentales de esta teoría entre 1860 y 1890, con anterioridad hay una serie de estudiosos que venían planteando estos temas, tales como Sait Saimon, Comte, Hegel y Charles Darwin, este último a través de la teoría biológica de la Evolución de las Especies.

188 éstas, y en el contexto de la puesta en marcha del colonialismo en medio de los territorios mapuche, ubicó a los mapuche en una escala de tiempo pasado y se anunció su definitiva incorporación como chilenos a los destinos de la patria. En este sentido, el evolucionismo, una de las primeras y más influyentes teorías antropológicas, situaba a los mapuche en los primeros estadios del marco evolutivo.

El transcurso del tiempo, sin embargo, se ha encargado de demostrar que los pueblos originarios lejos de asimilarse a las costumbres occidentales y desaparecer, se han adaptado, transformado sus costumbres, desarrollando una serie de estrategias para desenvolverse. En el caso mapuche, la pérdida de su territorio ancestral y el confinamiento a reducciones, transformó el modo de vida, forzando a las familias a insertarse en un sistema de vida occidental. Sin embargo, también es cierto que al revisar la historia, este pueblo ha sido ejemplo de resistencia, lo que podemos ver en las diversas formas de organización y demandas que han desembocado en la creación por parte del estado de políticas públicas indígenas.

En el contexto de la antropología surgen otras teorías sobre el desarrollo de la humanidad. La teoría difusionista planteó que algunas sociedades con un mayor desarrollo intelectual y tecnológico habrían difundido los elementos culturales en base a la imposición o préstamos, de este modo se habría logrado implementar en el mundo la civilización. El funcionalismo se convirtió en otra teoría que subrayó el hecho de que las sociedades y grupos humanos se mueven en torno necesidades, por lo tanto crean instituciones capaces de cumplir una función específica dentro de su estructura social. La estructura social fue vista como un sistema integrado por instituciones que cumplían funciones interrelacionadas.

Fue fundamental entonces describir y levantar catastros de rasgos culturales de las sociedades que supuestamente iban a desaparecer con el paso del tiempo, absorbidas inevitablemente por sociedades más evolucionadas, llamadas modernas. De este modo, el centro de estudio de la disciplina en un inicio se enfocó en la comunidad, como un espacio perfectamente delimitable y descifrable. Esta concepción coincide con la visión cientificista de las ciencias sociales, donde lo que importaba era describir los “hechos sociales”, donde la comunidad o la cultura eran concebidos como objetos que el cientista social en su laboratorio podía describir, con el fin de prever el cambio cultural que experimentarían los pueblos originarios.

189 La ciencia social y en este caso la antropología tenía por misión estudiar estos pueblos que inevitablemente fueron colonizados, para procurar como diría Malinowski (1929), un cambio cultural feliz de estas sociedades, así la antropología se erigía como una ciencia aplicada. Los procesos de conquista y colonización, que operaron en América, primero con el poder monárquico y sus instituciones y en segundo lugar desde el estado hacia los pueblos originarios, provocaron situaciones similares a lo largo del mundo.

Los pueblos originarios se vieron obligados a modificar su economía de trashumancia estacional a una economía sedentaria. La trashumancia se basó en la caza-recolección de frutos de la tierra y de los bosques naturales; la pesca y recolección de especies marinas. Solo algunas culturas de América desarrollaron una agricultura de regadío, sociedades estructuradas con poder central como los incas o mayas, no fue el caso del pueblo mapuche, ya que a la llegada de los españoles éstos no eran agricultores. El impacto de la sedentarización fue notable, los terrenos mapuche disponibles luego de la radicación, ahora notablemente disminuidos, fueron sometidos a una sobreexplotación. La tierra y los recursos naturales como el agua y la vegetación se convierten en mercancías, transferibles en el mercado y sometidas a la lógica de las leyes occidentales. La reciprocidad, la redistribución y el intercambio no monetario van desapareciendo y son reemplazados por las transacciones monetarias, propias del capitalismo, lo que ocasiona una mercantilización de gran parte de las relaciones sociales.

Estos cambios socioculturales han sido motivo de estudio no solo de antropólogos, también de sociólogos, a quienes les ha interesado comprender las diferencias entre las sociedades primitivas y las modernas, la primera portadora de la comunidad y la segunda de la sociedad. Profundizando en los cambios experimentados en nuestras sociedades cuando aparecen las ciudades, las industrias y se van complejizando las relaciones humanas.

El sociólogo alemán Ferdinand Tönies (1855-1936) fue el primero en utilizar los conceptos de comunidad (Gemeinschaft) y sociedad (Gesellschaft). Describió la comunidad como una sociedad donde primaban las relaciones personales y afectivas, donde la división social del trabajo se realizaba por sexos. A diferencia de la sociedad moderna, donde las relaciones tienden a ser impersonales y donde la

190 división social del trabajo estaba caracterizada por el surgimiento de clases sociales, una sociedad de tipo estratificada, en un sentido claramente evolucionista.

[…] comunidad es la vida en común duradera y auténtica; sociedad es sólo una vida en común pasajera y aparente. Con ello coincide el que la comunidad misma deba ser entendida a modo de organismo vivo, y la sociedad como agregado y artefacto mecánico. (Tönies, 1947: 21).

Emile Durkheim (1972) describe a las sociedades primitivas como comunitarias, con una conciencia colectiva y compromiso con el grupo. A diferencia de la sociedad urbana, que se caracteriza por presentar intereses individuales, donde la especialización es parte de la competencia necesaria para subsistir. El autor describe al primer tipo de sociedad como portadora de una solidaridad mecánica, donde no habría una gran diferencia entre los individuos, las relaciones tienden a ser horizontales, en cambio la sociedad urbana se caracteriza por presentar una solidaridad orgánica, donde las instituciones deben cumplir el papel de regular las diferencias propias de una sociedad estratificada. La sociedad implica individuos cada vez más diferenciados y distante de lo común, una sociedad especializada que requiere una forma de organización donde la educación formal permita a los individuos ocupar un papel relevante en el desarrollo de la sociedad y donde la industria es la esencia de desarrollo y especialización. Para Durkheim y para otros sociólogos de la época, la modernidad tiende al fin de las creencias colectivas y por consiguiente tiende a la fragmentación.

Durante largo tiempo los científicos sociales siguieron observando a los pueblos originarios como comunidades cerradas, muchas de ellas inmutables, mirada que no permitía evaluar el papel de los cambios reales que estaban ocurriendo. Las comunidades indígenas, bajo los impactos del colonialismo fueron campesinizándose, ahora no eran sociedades primitivas, ni menos urbanas. Robert Redfield describió a éstas como sociedades folk, sociedades en tránsito o movilidad hacia la urbanidad. La sociedad campesina era vista como una sociedad más bien cerrada, donde sus miembros no aspiraban más que a vivir en la comunidad, sin mayores expectativas. Parafraseando a Redfield “La conducta en la sociedad folk es tradicional, espontánea y críticamente inobservable” (Redfield, 2002: 83). En palabras del mismo autor la sociedad campesina es descrita como:

191 …aislada, con mínimos contactos con el exterior, sus miembros mantienen una íntima comunicación entre sí, hay poca o no existe, movilidad física, no hay escritura, ni lectura que compita con la tradición oral o la limiten. Los miembros de la sociedad son muy parecidos, al estar en contacto unos con otros, aprenden las mismas formas de pensar y actuar, “los hábitos son los mismos que las costumbres”, los viejos ven hacer a los jóvenes lo que ellos mismos hicieron, hay un fuerte sentido de unidad y pertenencia, la división del trabajo sólo se da entre hombres y mujeres, la división del conocimiento también. Producen lo que consumen y consumen lo que producen. Normas, creencias y valores son compartidos por la sociedad. (Redfield, 2002:83) Una situación similar ocurre con lo planteado por el antropólogo norteamericano George Foster en su libro Tzintzuntzan. Recordemos que uno de sus trabajos de campo más importantes lo realizó en esta comunidad de México. Al respecto, el autor describe a esta comunidad como un grupo sin movilidad espacial y con poco contacto con la sociedad dominante, un grupo humano con pocas aspiraciones, surgiendo la teoría de la limitación de lo bueno. Esta teoría describe que en este tipo de sociedades los bienes materiales e inmateriales son limitados, por lo cual la sociedad regula su acceso, de modo de hacer parecer que no existen diferencias, las que tienden a ser latentes.

Para establecer el control existirían una serie de sanciones que los miembros de la comunidad regulaban. Una sociedad de este tipo no aspira al cambio social y no le interesa el progreso. A pesar de esto, la movilidad social es posible para Foster, bajo condiciones excepcionales. Los casos descritos por el autor, en los cuales se da la ascensión social son: cuando las personas migran a trabajar a la ciudad y pueden generar ingresos extraprediales que les permiten aumentar los ingresos y mejorar su situación económica; otra forma se da cuando una persona ha adquirido fortuna o bienestar de algún tipo, en tal caso se dice que tal persona podría haber hecho un pacto con el diablo; otra forma de ascender socialmente es cuando alguien roba a otros.

Por supuesto, todas estas propuestas y enfoques de investigación no dejaron nunca de estar permeadas y conducidas por la teoría de la modernización (Kearney, 1996). De acuerdo a ella, lo rural aparecía como una categoría absolutamente distinta

192 de lo urbano, en un juego contrapuesto en un polo lo rural como sinónimo de atraso versus lo urbano, como sinónimo de progreso o civilización. El racismo y la violencia discursiva basada en el progreso que implica superar la condición de mapuche – atrasado, fue y es la tónica del colonialismo en Chile. En esta concepción la modernización juega un rol esencial en la dominación.

La situación de relativa inmovilidad social de los campesinos hoy es desechada, más aún destaca el hecho de que éstos están cada vez más incorporados al mercado de productos y al mercado del trabajo. Así, un rasgo definitorio de lo campesino estaría dado por la relación asimétrica que los campesinos establecen con los centros urbanos, como grupo subordinado a las relaciones de poder que ejerce la sociedad dominante. Kroeber (1948) ya había descrito a estas sociedades diciendo: “sociedades parciales con culturas parciales”, es decir, destacando su inevitable tránsito a la modernidad.

Eric Wolf (1982) es quien destaca esta relación subordinada de lo campesino frente a la sociedad urbana. Describiendo los diferentes fondos que los campesinos deben generar para subsistir, a saber: fondo de reposición, fondo ceremonial y fondo de renta. El fondo de reposición es la parte de la producción dedicada a amortizar la inversión e incluye la alimentación del campesino y su familia, la compra de semilla, la alimentación de los animales, reemplazo de herramientas.

El fondo ceremonial es la parte de la producción destinada a cubrir el costo de las distintas ceremonias, como las relacionadas con el trabajo agrícola manifiestas en la ayuda mutua y la celebración del año nuevo agrícola. Finalmente, el fondo de renta es la parte de la producción que pasa a manos de la sociedad mayor, por el poder que sectores de ésta detentan sobre los campesinos, siendo indiferente que éste se pague en trabajo, productos y dinero. Un ejemplo típico es la producción que los campesinos deben vender en centros urbanos para poder subsistir, transfiriendo lo producido a clases y sectores que no producen, pero que tienen el capital. Este último fondo es lo que críticamente, distingue al campesino del agricultor primitivo. La antropología actual reconoce el papel que juega el contacto en la conformación de la identidad, el impacto de la implantación del capitalismo en la fragmentación de las identidades. Además del impacto que ha provocado la expansión de la economía de mercado.

193 El mercantilismo marca un cambio en la esfera económica a nivel mundial, ya que comienza la expansión de un sistema económico basado en empresas de conquista, desde occidente al mundo desconocido: América, África. El objetivo de estas empresas era lograr establecer el control sobre esos territorios, explotar las materias primas, símbolos de poder de las monarquías. La economía se basó en la acumulación de metales preciosos, por medio de la sobreexplotación de la mano de obra indígena, en América a partir del régimen de encomiendas89.

Este proceso de expansión constituye el origen del capitalismo, favorecido por el desarrollo de nuevos medios de transporte marítimo. Nuevos inventos van revolucionando el conocimiento, aumentando el contacto entre países, originando las relaciones de dependencia. Las empresas de conquista irán de la mano del desarrollo intelectual de tipo racionalista, que abogará luego del mercantilismo, por el desarrollo del libre mercado. Los países desarrollados importarán materias primas – alimentos, metales preciosos- para posteriormente a través de la industrialización dar un valor agregado a los recursos importados.

La monarquía como forma de gobierno fue perdiendo poder, entonces comienza a gestarse un nuevo orden social, el capitalismo, de la mano de la industrialización. De este modo, los países dependientes de las monarquías comienzan, a partir de los nuevos grupos sociales que se originan producto del mestizaje, a desarrollar la idea de gestar una independencia que de origen a diferentes estados nacionales.

Los pueblos originarios de todo el mundo -América, África y Asia- sufren nuevamente episodios de violencia, que ya habían vivido en la defensa de sus territorios conquistados por las monarquías europeas. En Chile, el pueblo mapuche logra con la monarquía española pactar acuerdos, celebrados en parlamentos o acuerdos de paz, que le otorgan soberanía sobre una parte importante del territorio que dominaban antes de la conquista. Sin embargo, el surgimiento del estado chileno, a principios del Siglo XIX, traerá consigo un nuevo episodio similar al ocurrido en

89 Institución instaurada en América por la monarquía española. Consistía en un sistema de trabajo forzado de la mano de obra indígena, para explotar yacimientos de oro y plata. A cargo de un encomendero, quien debía evangelizar a los indígenas. Por su carácter explotador, sumado al aumento de las muertes por enfermedades de los indígenas, fue abolida en 1791.

194 toda América, el colonialismo interno, el cual se expresa en el caso mapuche y de los pueblos originarios, en el desconocimiento del estado chileno respecto al territorio del cual el pueblo mapuche era soberano. Se suceden enfrentamientos violentos con los ejércitos que proclamaron la independencia de la población criolla respecto a sus colonias, esto sucedió en toda América, lo cual constituye una herida profunda en la memoria oral de los pueblos originarios.

La formación de los estados nacionales es un proceso global que afectó a todos los pueblos originarios, transformó la relación del hombre con el medio social y natural. Comienza a gestarse y a desarrollarse cada vez con más fuerza un sistema económico capitalista, de extracción de materias primas que son exportadas a occidente, con intentos de industrialización que no rompen la barrera de dependencia que cada vez se hace mayor respecto a occidente. El capitalismo global se transformó en un capitalismo financiero y altamente especulativo, donde el poder económico quedó controlado por los grandes poderes económicos. En este marco, los pueblos originarios quedaron al margen, en un desarrollo mundial que los incorporó bajo el precepto de la asimilación cultural y económica.

En este breve análisis, hay conceptos centrales que nos permiten situarnos en las relaciones interétnicas conflictivas, entre los pueblos originarios y los nuevos estados nacionales. Al respecto, el concepto de territorio es fundamental para iniciar esta discusión, por cuanto las guerras se originaron por disputas territoriales, lo mismo ocurrió y ocurre en la actualidad con los pueblos originarios a través de sus desplazamientos poblacionales.

En el caso mapuche aunque hay evidencias etnohistóricas que describen el antiguo territorio que ocupaban éstos en Chile y que abarcaba desde la IV Región y hasta la X Región. El mismo territorio con el tiempo se vio disminuido, quedando en la actualidad ubicado desde la VIII Región y hasta la X Región, con áreas con mayor densidad de población mapuche en la IX Región. Sin embargo, el pueblo mapuche debido a las relaciones de dependencia económica con los chilenos, generan a partir del año 1960 un éxodo masivo hacia la ciudad de Santiago, capital de Chile.

Estas migraciones de fuerza de trabajo cambiaron la estructura de su población, situando la mayor cantidad de habitantes mapuche en la capital, de ahí

195 que se hable de una nueva identidad, basada en la diáspora mapuche. Estos desplazamientos poblacionales fueron ocasionados inicialmente por la guerra; primero a partir de relaciones interétnicas mapuche-incas, luego mapuche-españoles y finalmente mapuche-chilenos y argentinos.

Estos desplazamientos son bastante claros en nuestra investigación. Abundan los relatos mapuche que describen procesos forzados de desplazamientos, donde familias enteras se trasladaron grandes distancias para ubicar espacios donde vivir, colonizando nuevos territorios, los cuales necesariamente fueron definidos bajo su propia lógica cultural. Este proceso de significación permitió una apropiación lingüística del espacio territorial, a través de lo que explicamos más adelante en el texto que entendemos como etnoclasificación del territorio, a partir de la toponimia.

Respecto a los aspectos teóricos, el territorio es un concepto que se ha usado desde diversos enfoques, la mayor parte de los cuales es a partir de relaciones de poder. Los estados nacionales hablan de unidad territorial, para ellos se crean leyes y constituciones políticas que hablan de la homogeneidad cultural de la población. De este modo, el concepto aparece asociado a fronteras, que definen el concepto de soberanía.

También el territorio es un concepto usado en políticas públicas, como una herramienta de planificación. En Chile el concepto se aplica a la división territorial conocida como regionalización, la que dividió el territorio nacional en regiones, provincias y comunas, estas últimas con gobiernos municipales. Este proceso fue llevado a cabo en Chile por la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN) a partir del año 1965, en la cual se dividió los casi 4.000 kilómetros de extensión del