América Latina y complejo de la soja a nivel mundial
HARINA DE SOJA ACEITE DE SOJA
3.3 Concentración empresarial
Sin embargo, más allá de la localización geográfica de la producción, industrialización y consumo de la soja y sus derivados, es necesario estudiar quiénes son los que llevan adelante la producción, considerando la fuerte presencia de capitales transnacionales en los países sudamericanos en las distintas fases del complejo.
Con respecto a la fase de provisión de insumos, ya en el primer capítulo se abordó la concentración en la producción de semillas, biocidas y productos biotecnológicos en términos generales. En particular, en el caso de los insumos destinados a la producción de soja es posible identificar la presencia de varias trasnacionales dominando el mercado.
En el ámbito de las semillas, en el 2004 la transnacional Monsanto controlaba el 25% del mercado mundial de semillas de soja, abarcando el 91% del área mundial cultivada con soja transgénica lo que asciende a 44 millones de has.142 (ETC, 2006).
En cuanto a otros insumos, es más complejo desglosar el uso de, por ejemplo, biocidas por cultivo. A pesar de ello se señalan algunos datos relevantes. Según ETC (2005) la aparición de la roya de la soja fue la razón principal para el incremento en el mundo de la venta de fungicidas, disparando las ventas de los productos de BASF en un 21%; por su parte, en Latinoamérica contribuyó a un aumento del 18% en las ventas del fungicida de Syngenta durante el año 2004. En la fase productiva también es evidente el proceso de concentración, y más recientemente el de transnacionalización (algo evidente en el caso de Uruguay). A modo de ejemplo, en Brasil el “Grupo Maggi” del magnate y gobernador del estado de Mato Grosso por el Partido Popular Socialista, Blairo Maggi, maneja 140.000 has de soja. En Argentina se destaca el empresario Grobocopatel que
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Monsanto ese año controló el 88% del área mundial cultivada con transgénicos. A su vez la masificación de estos cultivos dinamiza el uso de biocidas. Así transgénicos de maíz, soja y algodón han conducido a un incremento de 55.338 toneladas en el uso de plaguicidas desde 1996 (ETC, 2006).
controla 32 mil has de soja de las cuales 20 mil son de su propiedad, y arrienda 12 mil en Uruguay (Gudynas, 2004). Por su parte en Uruguay en la zafra 2005/06, 11 grupos empresariales manejaban un 25% del área (Arbeletche et. al., 2006).
Por último en la fase industrial, considerando los tres principales productores de soja en el mundo, Estados Unidos, Brasil y Argentina, se constata que, en cualquiera de los casos, las tres principales empresas controlan el 50% o más de la capacidad instalada de plantas industrializadoras.
En EE.UU., de un parque total de 70 plantas en funcionamiento, cinco concentran el 87% de la capacidad instalada total y las tres primeras, las transnacionales ADM143, Cargill, y Bunge concentran el 67% (López, 2005). La mayoría de ellas, al igual que en Brasil y Argentina, exportan tanto grano como productos elaborados, lo que les ofrece una flexibilidad tal que les permite posicionarse en ambos mercados, maximizando los beneficios coyunturales de cada actividad.
El caso de Brasil es muy similar al de EE.UU. Con un total de 116 plantas, el 50% de la capacidad de procesamiento de grano de soja se concentra en las cuatro firmas principales. De ellas, las tres primeras coinciden con las que dominan el parque norteamericano; Bunge, ADM y Cargill, a las que se agrega la empresa local Coimbra (López, 2005).
Finalmente en Argentina, con 47 plantas activas (algo más de la mitad que en el caso de EE.UU., y un 40% respecto a la cantidad de plantas ubicadas en Brasil), el 50% de la capacidad instalada se centra en tres empresas, nuevamente las transnacionales Bunge y Cargill, y una empresa de capitales nacionales, Vicentín (López, 2005).
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Archer Daniels Midland. Son varios los juicios perdidos por esta transnacional producto de la manipulación de precios. Así, en mayo de 2006, la Corte Europea de Justicia le impuso una multa de 43,9 millones de Euros por su papel en la fijación de precios y asignación del mercado de la lisina. En 1996, el Departamento de Justicia de EE.UU. le puso a ADM, la que fue la multa criminal antimonopólica más grande en la historia de éste país, US$ 100 millones, por su rol en el “cartel” de lisina y ácido cítrico (Murphy, 2006).
Las cifras intentan mostrar que el análisis de la división internacional del trabajo a partir de las naciones como marco de abordaje es limitado. Quienes producen no son los países sino determinados grupos económicos, que desarrollan y controlan los procesos productivos a nivel mundial. Para comprender adecuadamente la división internacional del trabajo, es necesario tomar como marco de análisis la lógica del capital a nivel global. Como dice Segrelles Serrano (1999: 20) “(…) el capital carece de nacionalidad, credo o etnia, irá allí donde pueda generar más beneficios y reproducirse con eficacia (...)”. De esta manera, más allá de las naciones, quienes controlan y dirigen el proceso de división internacional del trabajo son los grandes conglomerados económicos a nivel transnacional, imponiendo sus propias lógicas e intereses en la organización de la producción. A partir de esta lectura es posible comprender las causas de la inserción subordinada de los países subdesarrollados en el mercado mundial como productores de materias primas, y la predisposición de muchos de los gobiernos de estos países a impulsar medidas de liberalización comercial acordadas en los ámbitos de negociación mundial (rondas GATT y posteriormente OMC).