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Concepciones actuales de Ciudadanía

1. Introducción

2.2 Referentes teóricos

2.2.2 Modelos de ciudadanía

2.2.2.3 Concepciones actuales de Ciudadanía

En el tercer milenio la ciudadanía es considerada como una categoría clave para entender el desarrollo democrático de una nación. Pero, es complejo tratar de definir el concepto porque constituye un término demasiado amplio estrechamente ligado a otras nociones teóricas, como régimen político, democracia, cultura política y espacio público/privado, utilizadas para referirse a una pluralidad compleja de fenómenos.

De acuerdo con esta perspectiva, Gutiérrez Vidrio (2011) plantea que la ciudadanía tiene que ver con una variedad de fenómenos que, en cuanto a su descripción y explicación, conciernen a disciplinas tan diversas como la ciencia política, la sociología, la antropología y la psicología social. Por ello, existen varias conceptualizaciones sobre su significado (cfr. Marshall, 1998; Durán, 2004; Giroux, 1993; Kymlicka, 1996). No obstante, toda persona del común tiene un sentido o preconcepción de ciudadanía.

Con relación a lo anterior, sostiene Gutiérrez V., que en todas esas disciplinas lo que podemos encontrar en común es que la ciudadanía implica la relación entre el individuo, el estado y la sociedad y, por consiguiente, tiene que ver tanto con derechos como con deberes relacionados con la participación en la esfera pública.

En este orden de ideas, es importante reconocer que el sentido mismo de ciudadanía está siendo transformado en el contexto de la globalización tanto en el plano conceptual como en la práctica (Durston, 1996). Actualmente su definición moderna abarca terrenos más amplios que la participación en la política formal, lo que ha implicado colocar en el debate aspectos no considerados en las clásicas dimensiones de la ciudadanía: civil, política y social (Gutiérrez, 2011). Hoy cuestiones como la cultura en cuanto plataforma para la ciudadanía, que constituye un componente indisociable en la definición de la ciudadanía que requiere ser considerado (Reguillo, 2003).

De acuerdo con el pensamiento anterior, las sociedades contemporáneas son cada vez más multiculturales, se fragmenta la teórica homogeneidad de los Estados-Nación y emerge la diversidad local, regional o nacional como una realidad que cada vez se impone con mayor fuerza.

Para los autores mencionados, las nuevas ciudadanías trascienden los límites históricos, para abarcar de manera integral a todos los ciudadanos indistintamente de su origen, procedencia, género, etnia, orientación sexual, capacidad física o mental, religión, edad, etc.; todos son sujetos de derechos y responsabilidades que comparten, aceptando y complementando sus diversidades, un proyecto común de humanidad (Magendzo, 2004).

Teniendo en cuenta las afirmaciones anteriores, ha surgido un reconocimiento del sentido contemporáneo del concepto de ciudadanía que se ha extendido a otros campos de la vida como la cultura, la comunicación, el medio ambiente o la educación (Kymlicka, 1996; Cortina, 1997) En esta óptica de globalidad y diversidad, Estévez (2008), hace una clasificación de la

Ciudadanía política que viene a ser una condición de la democracia y del ejercicio de la soberanía por parte del pueblo.

Ciudadanía económica- social que vincula el desarrollo humano, la equidad y la

igualdad de oportunidades.

Ciudadanía ecológica que se orienta por un proyecto de sociedad fundado en el

desarrollo sustentable con la conservación de la naturaleza.

Ciudadanía cultural que se ubica en una apuesta de interculturalidad, pluralidad y no-

discriminación.

En esta línea de ideas, la ciudadanía es un elemento focal en las sociedades contemporáneas y por tanto no es ajena a la vida académica y cultural en las instituciones educativas. En este concepto están imbricadas nociones básicas: justicia, libertad, derecho, equidad, legitimidad, legalidad, dignidad, participación y representación. Además, las personas en su vida cotidiana establecen relaciones sociales que dan cuerpo a estos conceptos, por lo tanto, la ciudadanía es una construcción social fruto de las relaciones que se establecen entre el individuo y el estado, el ciudadano y las instituciones, el ciudadano y sus familias.

Como ya se ha tratado de aclarar, el concepto de ciudadanía ha evolucionado desde

determinados enfoques teóricos y valoraciones, dando respuesta a las características del contexto político, social y económico. Autores como Knight y Harnish (2006) acentúan, tanto los

derechos individuales como las metas comunitarias; participación activa y la pertenencia e identidad en grupos excluidos.

En la misma línea de la idea anterior, se puede comprender cómo las prácticas de los ciudadanos son mayoritariamente herederas de la cultura imperante en una sociedad y, en particular, de las comunidades que la componen. De esta manera, los hábitos, las preferencias, las costumbres, las creencias, los valores, las representaciones sociales, entre otras, se integran en la vida de los ciudadanos y en conjunto, determinan una forma singular de ciudadanía.

Por tanto y por la gran diversidad de enfoques y valoraciones es importante repensar el término de ciudadanía (Martínez, 1999). Para éste autor, la juventud es la generación más

influida por esta época y por tanto resulta más relevante preguntar por sus creencias y aspiraciones en relación con el ejercicio de la ciudad; así asumir el tema de la ciudadanía se convierte en una labor importante, ya que, se necesita investigar profundamente sus

implicaciones en todos los contextos. Se hace esencial por tanto, comprender desde un enfoque cualitativo cómo es que los estudiantes de un colegio público de la capital del país construyen, perciben, creen y valoran su rol como ciudadanos y su participación en la vida política, social, cultural, ambiental partiendo desde su entorno.

Esta visión implica desarrollar un proceso indagación de las opiniones, creencias, actitudes, representaciones, valores, tomas de decisión, procesos de socialización, relaciones inter-grupales, prácticas y dinámicas de influencia social.