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CAPÍTULO 3. REFERENTES CONCEPTUALES

3.2. PLANIFICACIÓN PARA EL DESARROLLO

3.2.5. Concepciones del desarrollo

El desarrollo es una construcción social e histórica relativa en la que no existe un acuerdo (Carvajal, A., 2009; Solarte-Pazos, L., 2014). Es una construcción occidental, que aunque “sus raíces yacen en procesos históricos más profundos de la modernidad y el capitalismo” (Escobar, A. 2005. p.19); empieza a ser estudiada en los años sesenta, en la posguerra; por lo tanto, no es un concepto arraigado a la tradición científica o de los pueblos (Solarte-Pazos, L., 2014).

Según Escobar A. (2005) “la conceptualización sobre el desarrollo en las ciencias sociales ha visto tres momentos principales correspondientes a tres orientaciones teóricas contrastantes” (p.18), las cuales corresponden a los paradigmas de los que emergen, siendo éstos: teorías liberales (años cincuenta y sesenta), marxistas (años sesenta y setenta) y postestructuralistas (años ochenta y noventa).

Mediante el concepto de desarrollo se ha hecho referencia a diferentes concepciones u objetivos, a lo largo del tiempo (Escobar, A., 2005; Carvajal, A., 2007; Solarte-Pazos, L., 2014). Sin embargo, este término tiende a ser relacionado con el concepto de bienestar o de un estado de superación de, que representa una concepción específica del mundo, un imaginario (Solarte-Pazos, L., 2014).

Según Carvajal, A. (2007) cuando se hace un rastreo sobre la concepción de desarrollo encontramos: el desarrollo como proceso histórico, el desarrollo como discurso, el desarrollo como invención, el desarrollo como imaginación, el desarrollo como promesa, el desarrollo como salvación, el desarrollo como narrativa dominante, el desarrollo como patrón “civilizatorio”, el desarrollo como dispositivo para la conquista técnica de la vida, la naturaleza y la cultura, el desarrollo como instrumento para normatizar el mundo (especialmente el tercer mundo).

De igual manera, el desarrollo se vincula a otras acepciones como lo son la: alteridad, progreso, modernización, modernidad, evolución, cambio social, planificación, calidad de vida, bienestar, felicidad, práctica (Carvajal, A., 2007).

También se encuentran críticas a estas concepciones tradicionales del desarrollo como una creación mítica de bienestar y calidad de vida, frecuentemente ligado a la concepción de progreso. Por ejemplo, para Latouche (2009) “es evidente que sólo existe un tipo de modelo de desarrollo que es el de crecimiento económico” (p.115) y propone como alternativa -al concepto de desarrollo- la visión del decrecimiento, apostándole a una perspectiva de no evolución o progreso, que históricamente ha sido promovida en la lógica del capitalismo, la acumulación y el neoliberalismo. Según el autor, es esta reevaluación la que permitirá una verdadera libertad como individuos y como sociedad. Sin embargo, reconoce las dificultades de este proceso:

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“La dificultad de esta necesaria reevaluación proviene de manera muy clara del hecho que el imaginario dominante es sistémico. Esto significa que los valores actuales son suscitados y estimulados por el sistema (especialmente por el sistema económico) y, como retorno, éstos contribuyen a reforzarlos. En consecuencia, es necesario ir más allá y poner en duda lo que se encuentra detrás de ese sistema portador de valores. (…) Es necesaria una descentralización cognitiva. Es indispensable deconstruir el progreso y el progresismo.” (Latouche, S., 2009, p.145).

Estas concepciones determinan el modelo de intervención. Según plantea Carvajal, A. (2009) “el tipo de mirada sobre “el otro”, en cierta medida también nos determina el tipo o modelo de desarrollo para ese “otro” (Carvajal, A., 2009. p.04).

Como lo expresan Gimeno, J. & Monreal, P. (1999), “el desarrollo es un producto de la imaginación de unos y otros, una imaginación que siempre es resultado de una historia social, cultural y material. Considerar el desarrollo como una construcción social e histórica es reconocer que es un producto contingente y, por lo tanto, puede ser modificado” (citado en Carvajal, A., 2009. p.03).

De manera similar, Rist, G. (2002) aborda el desarrollo como “una construcción de quien lo observa”. “Las representaciones que se asocian con él y las prácticas que implica varían radicalmente según se adopte el punto de vista del “desarrollador”, comprometido en hacer llegar la felicidad a los demás, o el del “desarrollado”, obligado a modificar sus relaciones, sociales y con la naturaleza, para entrar en el mundo nuevo que se le promete” (citado en Carvajal, A., 2009. p.03).

“El supuesto inherente es que son las personas más cercanas a la realidad local quienes están en mejor capacidad para definir las soluciones más apropiadas, garantizando a la vez la viabilidad en la implantación de estas soluciones a través de la aceptación social de la intervención” (Solarte-Pazos, L., 2004).

3.2.5.1. Concepto Estatal/Institucional del Desarrollo

Desde un punto de vista institucional el desarrollo se concibe como “un asunto de largo plazo, que requiere de un enorme y prolongado esfuerzo colectivo, con fuerte participación y liderazgo estatal, apuntalado en políticas que se mantengan más allá de las administraciones gubernamentales. Por ello, los países están poniendo una creciente dedicación a la construcción de visiones de futuro, en las que la reducción de la desigualdad es hilo conductor y principal aspiración (Armijo, Marianela, 2011; CEPAL-ILPES, 2013a; CEPAL-ILPES, 2013b)” (CEPAL, 2014, p.12).

Desde el Departamento Nacional de Planeación (DNP) el Estado promueve los esfuerzos en búsqueda del desarrollo integral, que es propuesto como “un derecho humano fundamental

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reconocido internacionalmente, un proceso de transformación multidimensional, sistémico, sostenible e incluyente que se genera de manera planeada para lograr el bienestar de la población en armonía y equilibrio con lo ambiental (natural y construido), lo socio-cultural, lo económico, y lo político-administrativo en un territorio determinado (un municipio, un distrito, un departamento, una región, un país), y teniendo en cuenta el contexto global” (DNP, 2011. p.16).

La declaración internacional sobre el derecho al desarrollo establece que el derecho al desarrollo “busca la completa realización del ser humano y de los pueblos, y considera que todos los derechos humanos y las libertades fundamentales son indivisibles e interdependientes y que, a fin de fomentar el desarrollo, debe examinarse con la misma atención y urgencia la aplicación, promoción y protección de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. El derecho al desarrollo debe realizarse de manera que satisfaga equitativamente las necesidades en materia de desarrollo y medio ambiente de las generaciones actuales y futuras” (ONU, 1986).

Así, la planificación para el desarrollo16 se presenta como un instrumento necesario del Estado “para coordinar el proceso hacia un desarrollo con igualdad, que necesariamente es de largo plazo” (CEPAL, 2014, p.13). “No hay forma de alterar tendencias concentradoras de siglos en una única administración de gobierno, pero sí existe el espacio para sentar las bases de la transformación hacia esa imagen de nación que se construye colectivamente. Por ello apuntamos a la importancia de construir visiones de país, mediante procesos participativos liderados por el Estado, de modo que la sociedad se empodere de esa visión y, más allá de los sesgos que cada gobierno pueda imprimir a sus políticas, pueda exigir que se mantenga el rumbo hacia esa visión de país en el largo plazo.” (CEPAL, 2014, p.13).

Algunos de los elementos identificados para lograr un proceso de desarrollo local exitoso incluyen: adoptar un enfoque multidimensional para escapar de los planes tradicionales que ponían mayor énfasis en lo sectorial, sin olvidarse de nutrirse de experiencias anteriores; participación de todos los actores para poder contar con una masa crítica que pueda repensar lo local y además lleve a un proceso que se oriente a la cooperación y negociación de los diferentes interesados a fin de construir en consenso una visión común de desarrollo; contar con agentes e instituciones de desarrollo que ponga a disposición de los actores locales los instrumentos y las herramientas para que dinamicen sus actividades, sean económicas, sociales o culturales; buscar una unidad de criterio entre los procesos inducidos y los procesos endógenos; el agente público debe provocar contextos de desarrollo, ambientes industriales y espacios de innovación para que la iniciativa privada encuentre atractivas localizaciones para la inversión; finalmente, el gobierno local es capital

16 “Distinguimos a la planificación para el desarrollo de la planificación del desarrollo, término que se ajusta al ejercicio

de la disciplina en las décadas de los sesenta y setenta, cuando se planificaba el desarrollo desde las oficinas de planificación, sin procesos de consulta o discusión con el resto de los actores sociales, políticos y económicos, y con un enfoque económico y escasa consideración de lo social y ambiental.” (CEPAL, 2014, p.13).

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para trasladar los valores, principios y criterios de la globalización a lo concreto del municipio o provincia. “El desarrollo local pasa necesariamente por la potenciación de mesoestructuras urbanísticas y el fortalecimiento del tejido social empresarial local, el aprovechamiento de los recursos endógenos, la eliminación de las desigualdades territoriales y la movilización del ciudadano a través de nuevas fórmulas participativas en los ámbitos político, social y obviamente en el económico” (ILPES, 2003, p.16).

Por otra parte, entre los elementos que retrasan el desarrollo local se identifican: debilidad y poca convicción en el Gobierno Central sobre el papel de la planificación estratégica; autoridades locales con débil percepción de la necesidad de crear en consenso una visión de futuro; sectores productivos desvinculados de reales oportunidades de desarrollo y del consenso local; líderes sectoriales con una visión cortoplacista y excesiva dependencia del nivel central; y temor de abrir espacios de debate por posiciones políticas, autoridades con una visión del desarrollo y estilo de gestión tradicionales (ILPES, 2003, p.16).

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