2. PARTICIPACIÓN: CONTEXTOS, INTERACCIONES Y PLURALIDAD DE VOCES
2.2. Las voces de las personas mayores 57
2.2.2. Las concepciones de las personas mayores sobre la participación 64
Para presentar la perspectiva de las personas mayores, voy a tomar como marco la investigación realizada por Emilie Raymond, Andrée Sevigny y André Tourigny (2012). Se trata de una amplia investigación cualitativa en la que se estudian los significados que la participación reviste para las personas mayores. A partir del análisis de las narraciones, los investigadores trazan seis líneas de significado que estructuran las concepciones.
En la primera de las líneas, participar socialmente es ver el mundo y desarrollar relaciones significativas. En esta visión, lo que las personas subrayan no es el tipo de actividad o su contenido; las personas subrayan que las actividades son la oportunidad para desarrollar relaciones sociales, pues estas son el denominador común que se realza. Además, más allá de la intensidad o de la densidad emocional, las personas recalcan que lo importante son los vínculos sociales.
En unos casos, por ejemplo, se muestra cuando se pone el acento en la posibilidad de no estar solo cuando se hace algo con una persona. En cambio, para otros, lo central es la calidad de la relación, la calidez del contacto, el afecto.
La participación puede suscitar situaciones de reciprocidad en las que las diferentes personas implicadas obtienen algo positivo en su interaccionar con los otros. También
se valora positivamente el resultado de conectividad con otras personas como estrategia para combatir el aislamiento.
En la segunda de las líneas, participar socialmente es vivir actividades placenteras, agradables, en grupo; tomar parte en actividades de ocio, que son valoradas porque pueden elegirse y apreciadas por su función de distracción. La participación en actividades ofrece estímulos para salir de casa, del espacio doméstico o de la habitación en la residencia, y brinda oportunidades de socialización. Las personas mayores transmiten a la vez la idea subyacente de que con la diversión se pueden establecer relaciones positivas entre las personas, descubrir intereses que se comparten y también sentir que se mantienen en forma.
En la tercera de las líneas, la participación social se concreta en implicarse en un proyecto colectivo. La dimensión colectiva se plasma tanto en el contexto dónde se lleva a cabo el proyecto como en su contenido. Así, las personas presentan en sus explicaciones los entornos en los que participan y también los diferentes tipos de proyectos en los que converge el grupo de personas implicadas.
No se valora la envergadura del proyecto, sino que la configuración del proyecto y su contexto permitan que todas las personas puedan contribuir. Es decir, lo que se valora principalmente es el hacer conjuntamente y el reconocer la diversidad. A la vez, se considera importante que la contribución se produzca en el terreno de lo tangible, que se posibilite la variedad de las aportaciones en una construcción que tenga resultados identificables e impactos.
En la cuarta línea, participar socialmente es ayudar a otros así como la ayuda mutua. Hacer algo para que otras personas se sientan mejor en su vida cotidiana, a menudo personas vulnerables, pero no sólo, puesto que los jóvenes son un grupo mencionado como receptor. De hecho, las personas mencionan las relaciones intergeneracionales, en formas variadas, muy a menudo a lo largo de las diferentes definiciones, cosa que no suele suceder habitualmente. La imagen de la ayuda a otras personas mayores es concebida como ayuda entre pares o expresión de solidaridad, sobre todo cuando se trata de personas aisladas o cuya vulnerabilidad repercute en la invisibilidad de sus necesidades.
Se trata de una visión de la participación social en la que se ponen de manifiesto las habilidades requeridas; habilidades de tipo relacional como la actitud de acogida y la escucha del otro; habilidades de cuidado para sostener apoyo, expresar afecto y construir un vínculo de confianza con la persona a la que se ayuda. Asimismo, resulta de interés la perspectiva aportada por algunas personas que conciben la ayuda mutua a través de pequeños gestos cotidianos como un proceso cuyos gestos iniciales pueden preceder otras prácticas, por ejemplo el intercambio de informaciones o la implicación en formas más organizadas de participación.
En la quinta línea, participar socialmente es transmitir saberes. Basada en la idea de transmitir los saberes construidos a lo largo de la historia de vida y en concebir esa transmisión como expresión de la generatividad, la aportación de algo que ayuda o que puede servir de orientación para las generaciones siguientes. Esa forma de participación pone en primer término que las experiencias personales se ponen al servicio del bienestar del entorno próximo o de la comunidad. Se trata de una transmisión susceptible de realizarse en diferentes esferas de actividad y en diferentes entornos, actividades sociales, de voluntariado, y también en el entorno familiar. Cuando las personas mayores formulan esa concepción de la participación, a menudo la plantean como una reivindicación adecuada para redefinir el rol social de las personas mayores. En todos los entornos la transmisión de saberes puede contribuir a reafirmar los lazos entre los grupos sociales, entre maneras diferentes de vivir y de pensar. Algunas personas mayores con discapacidades motoras o sensoriales plantean que este tipo de participación constituye una oportunidad para transmitir –tanto a sus pares como a jóvenes con discapacidad– ‘los trucos’ que han construido a lo largo de años afrontando el desafío de su integración social.
Finalmente, en la sexta línea, participar socialmente es aumentar el poder en las decisiones acerca de cuestiones que les conciernen. En esta definición, la participación se plantea como un elemento de mediación entre las personas y las dimensiones colectiva o política de la vida en sociedad. En este tipo de participación se traza un espacio dónde cada uno es escuchado y en el que todas las opiniones sirven para definir las elecciones colectivas. La participación vinculada a las decisiones se concibe como una forma de enfrentar el apartamiento social o político de las personas
mayores. Las prácticas que explican son variadas y se sitúan tanto en el nivel nacional como local y en el marco de organizaciones públicas y comunitarias.
En su conjunto, las seis líneas de significado cuestionan la mirada reduccionista de la participación social de las personas mayores. La preeminencia de una visión simplificadora según la cual las personas conforme avanzan en edad se vuelven pasivas y se repliegan en sus intereses individuales, resulta cuestionada cuando modificamos el foco aplicado para estudiar el envejecimiento y nos acercamos de manera diferente a analizar sus vidas cotidianas, priorizando y poniendo en primer plano sus experiencias, las concepciones y las prácticas en sus propios relatos. Lo individual y lo colectivo se combinan de forma diferente y las visiones de la participación se pluralizan.
2.2.3. Las voces y los entornos de participación: la participación de las