2. PARTICIPACIÓN: CONTEXTOS, INTERACCIONES Y PLURALIDAD DE VOCES
2.2. Las voces de las personas mayores 57
2.2.3. Las voces y los entornos de participación: la participación de las personas
2.2.4.2. Las personas que necesitan cuidados y ayudas como actores en la
Para que los procesos deliberativos incluyan a las personas tradicionalmente excluidas se necesita concepción más amplia de las modalidades. Los paneles de un proyecto puesto en marcha en el condado de Fife, en Escocia, ofrecían a las personas una posibilidad de implicarse y de desarrollar confianza en sí mismas y también competencias para expresar su opinión. En este sentido abren perspectivas en materia de implicación ciudadana.
Este proyecto nace con el objetivo de aumentar la influencia de las personas dependientes en los servicios sanitarios y de atención social en su calidad de usuarios de esos servicios. Para alcanzarlo, son dos las vías formuladas. En primer lugar, el refuerzo de la capacidad de las personas para expresar y afirmar sus necesidades individuales gracias al empoderamiento derivado de su participación en los paneles; en segundo lugar, el aumento de la influencia colectiva a través de los paneles como marco de representación en la relación con los prestatarios de servicios.
Los paneles se concibieron para permitir que las personas mayores identificaran los asuntos que ellas consideraban importantes, antes de iniciar el diálogo con los funcionarios en vistas a actuar sobre los servicios en cuestión.
El diseño de los paneles permite a las personas mayores hablar sobre sus experiencias y circunstancias cotidianas. El espacio que se propone con el panel favorece no sólo el
intercambio de informaciones sino compartir lo que les ha sucedido y también los efectos. Todo ello se lleva a cabo a lo largo de un período suficientemente largo, lo que permite evitar la rapidez o la presión para obtener resoluciones.
A partir de la identificación de la prioridad de los servicios de atención en casa, se planteó que las personas mayores formulasen cuáles eran sus prioridades, y todas ellas se compararon con las establecidas por los servicios sociales. Los panelistas identificaron los aspectos clave que posteriormente le plantearon al directivo invitado al panel. En esa reunión, con tiempo suficiente, formularon sus propias visiones y a partir de ahí empezaron a dialogar con el directivo.
Respecto a la concepción del proyecto, es interesante tomar en consideración cómo se define la interacción con los directivos: cada uno de los directivos que participaron había sido invitado a incorporarse al panel en vez de recibir a los panelistas en su despacho. La secuencia en la que se inscribían las interacciones era distinta a la habitual: en este caso, lo que se esperaba de él era que reaccionase ante lo que las personas le planteaban. Comúnmente, la interacción entre los directivos y los grupos de usuarios se iniciaba con la explicación por parte del directivo sobre las líneas de acción y las prioridades con su justificación. Así pues, esta situación requirió que el directivo se adaptara a una nueva posición, lo que en algunos casos produjo un cierto malestar inicial.
También me parece interesante considerar dos de los aspectos expresados por las personas participantes en sus valoraciones. Las personas mayores manifestaron reacciones ambivalentes ante un aumento del control de los aspectos de la vida diaria, pero expresaron un sentimiento de confianza sobre la posibilidad de poder influir. Para los miembros de los paneles fue importante no sólo que se valoraran sus opiniones y experiencias, también lo fue para sí mismos, por el propio reconocimiento del valor de la queja ante un trato inadecuado. En esa misma dirección, destacaron que la participación en los paneles había contribuido a su desarrollo personal y al aprendizaje sobre la interacción con los servicios. También transmitían su conciencia de que, aunque los cambios podían tardar, con su participación habían contribuido a cambios y mejoras para las próximas generaciones. El contacto con las demás
personas, así como el compartir y comparar experiencias fueron aspectos muy apreciados (Barnes y Bennet-Emslie, 1997, 1998).
En otro plano, resulta sugerente observar las reacciones de los directivos públicos y de los prestatarios de servicios. La legitimidad de las contribuciones fue puesta en duda. Para algunos de los funcionarios, los contenidos de los paneles eran valorados como “anécdotas” que carecían de credibilidad debido a la falta de datos cuantificados. Ese cuestionamiento advierte acerca del desconocimiento o el desprecio ante un aspecto clave de las historias o relatos: constituyen un proceso mediante el que las personas toman conciencia de los acontecimientos que les han ocurrido y con el intercambio de experiencias pueden construir una historia colectiva que englobe aspectos clave de estas experiencias. Por ejemplo, a partir de un conjunto de historias que tratan experiencias difíciles en la salida del hospital, se ha construido un documento de cómo debería ser una buena práctica (Barnes y Cormie, 1995). Sin embargo, esas reacciones no impidieron que, al finalizar, los paneles fueran valorados como un buen sistema para conocer las opiniones de las personas mayores y para resolver temas, y los organismos involucrados estuvieron dispuestos a continuar la financiación.
De los numerosos elementos que sugiere este proyecto, selecciono dos. El primero, es el reconocimiento de la agencia de las personas mayores cuando necesitan atención y ayudas continuadas en su vida cotidiana. El segundo es el diseño: dinámicas que promueven interacciones que empoderan. Ambos aprendizajes enriquecen la concepción de la participación para todos los grupos de personas mayores.