Ha quedado establecida una breve noción del objeto de estudio, ahora bien resulta útil formular una definición que satisfaga el contenido del mismo. Su elaboración es en apariencia simple; no obstante, dada la complejidad y amplitud del fenómeno fascista el mayor número de elementos a resaltar no resulta proporcional a la objetividad de nuestra definición; siendo que el modelo aglutina un complejo de caracteres acorde a contextos en primer lugar geográficos e históricos, seguido ya en lo específico de condiciones económicas, políticas y sociales propias de cada país. En este sentido, suena atrevido afirmar la existencia de una pluralidad de fascismos, más en esencia y a efecto de no desviar el cause de esta investigación, conveniente es generalizar y englobar; las particularidades desde luego se analizarán en los
apartados propios. Por tanto debemos partir de la generalidad, resaltando el aspecto de que la definición más simplificada puede ofrecernos un panorama lo suficientemente claro para referirnos de manera acertada al Estado Fascista.
Arturo Enrique Sampay, citado por Porrúa Pérez, al referirse al Estado Fascista, expresa de manera condensada y precisa la esencia de su contenido:
“la absolutización política y moral del Estado”76
. Una definición breve y contundente; que en función de la esencia del concepto no compromete la referencia a una limitación espacial y temporal, sino que da la pauta para referirse no sólo a contextos pretéritos, sino a situaciones actuales, incluso futuras. En cuanto a su contenido sugiere la sumisión a la institución Estatal dejando de lado la validez, legitimación o justificación de los medios en pro de la realización de los fines del mismo.
Una definición radical en cierta medida la tomamos de los textos del XIII Plenum de la Internacional Comunista, que define al Fascismo como “una
abierta dictadura terrorista de los elementos más reaccionarios, más
chovinistas, más imperialistas del capital financiero.”77
Esta definición obedece a un contexto histórico determinado, acorde a la interpretación comunista del Fascismo, las instituciones burguesas tienden a volverse reaccionarias con el claro objetivo de ejercer presión sobre la clase trabajadora ante el riesgo que corren sus ganancias.
Es importante resaltar el carácter netamente clasista con el que el Comunismo etiqueta al Fascismo, identificándolo con la pequeña y gran burguesía, sintetizando la paulatina evolución al grado de radicalizarse y autodestruir las bases que impiden el curso de su desarrollo. Los comunistas al elaborar esta noción niegan la debilidad del capitalismo en Italia, asumiendo que se encuentran frente a una estructura orgánica avanzada. El carácter reaccionario, según Toggliatti se muestra al momento en que el Fascismo se consolida a
76 PORRÚA Pérez, Francisco. TEORÍA DEL ESTADO. Vigésimo quinta edición. Editorial Porrúa. México. P. p. 495 77
TOGLIATTI, Palmiro. LECCIONES SOBRE EL FASCISMO. Primera edición en español. Ediciones de Cultura Popular, S. A. México 1977. P. p. 25.
través del partido, unificando de manera hábil la mayoría si no la totalidad de las fuerzas de la burguesía.
Stalin, en la definición adoptada por la Internacional Comunista tilda al Fascismo de chovinista, más reflexionando es preciso atenuar tal carácter, al menos al contexto referido (Italia), dado que si bien es cierto encontramos una considerable influencia nacionalista, el Fascismo se vale de otras características para la dirección y el control de las masas, como el corporativismo, por ejemplo.
Es una dictadura abierta en cuanto al grado de independencia respecto al parlamento y a la influencia de las instituciones tradicionales del Estado burgués.
Como apunta acertadamente Paul M. Sweezy, citado por S.J. Wolf al referirse a una nación cuya estructura económica y social está quebrantada por los estragos de una guerra de tal magnitud puede entrar “a menos que surja una
victoriosa revolución socialista, en un periodo de equilibrio de clases sobre la base de relaciones capitalistas de la producción. En tales condiciones, la intensificación de las contradicciones del capitalismo lleva a una severa crisis interna que no puede ser resuelta acudiendo a los métodos normales de la expansión imperialista. Tal es, por así decirlo,
el suelo en que el fascismo hecha raíces y fructifica.”78
De manera consecuente a la anterior afirmación el Fascismo para S. J. Wolf es
“la solución hallada para las contradicciones causadas por el desarrollo del capitalismo en un punto característico del equilibrio fundamental de clases”.79
Es la clase gobernante, la que se sirve de esta solución, no sólo en su rol de entidad pública, es decir, es nota característica la combinación del sector estatal y el sector privado de la economía, una vez consolidado como totalitarismo, el Fascismo se flexibiliza a efecto de hacer operantes las instituciones políticas que garanticen la acumulación de capital, debilitan las
78
S. J. Wolf. LA NATURALEZA DEL FASCISMO. P. p. 47
79
latentes iniciativas de organización que pudiesen desembocar en futuras crisis, y continúa con su evolución paralela al capitalismo.
Trotsky, tomando como base los análisis marxistas se refería al Fascismo como “bonapartismo”, una noción válida aplicada durante el periodo de desarrollo del capitalismo, sin tomar en consideración el punto en que llega al imperialismo. Por lo tanto, bonapartismo implicaría sólo un elemento del concepto, dado que consecuentemente induciría a la afirmación de que el Fascismo es Mussolini, los generales, dejando de lado los intereses de la clase burguesa, influencia que sin duda nutrió el surgimiento y auge del movimiento.
Gramsci, afirma que el Fascismo, observado en escala internacional “es la
tentativa de resolver los problemas de producción y de intercambio con
las ametralladoras y a balazos”80
. Esto significa que un movimiento de corte fascista como tentativa, puede proyectarse a cualquier Estado capaz de disponer de la fuerza con el objeto de afrontar las crisis por las cuales atraviesa, y que en determinado momento representen un detonante que ponga en riesgo la estructura económica del mismo. El derecho emanado de quien dispone de los medios para hacerse obedecer (la fuerza pública como violencia legalizada), como apuntaba la Doctora Arnaíz Amigo.
El autor toma como principal modelo Italia, devastada por la guerra, las considerables bajas (tanto de civiles como de militares en edad productiva), el severo trastorno en las relaciones de producción, las crisis de cada nación que se agudizan y sumadas a las de las demás crean un panorama de crisis general. Es justamente en este punto donde el modelo supera los límites geográficos y se desarrolla simultánea pero paulatinamente con un matiz internacionalista, es decir, para Gramsci en cada país existe un estrato de la población que considera que la forma de afrontar la severa problemática de la economía es a través de la fuerza, con ametralladoras y a balazos, considera que se trata de un fenómeno latente que no surgió meramente en Italia, sino se
80
ha nutrido de la experiencia de movimientos previos, influyendo a su vez en la diversidad de modelos que florecieron en la Europa de entreguerras.
Ludovico Incisa, citado por Juan Federico Arriola, define al Fascismo como un
“sistema político que trata de llevar a cabo un encuadramiento unitario de una sociedad en crisis dentro de una dimensión dinámica y trágica, promoviendo la movilización de masas por medio de la identificación de
las reivindicaciones sociales con las reivindicaciones nacionales”.81
Otro punto de vista, cuyo enfoque describe al Estado Fascista como un sistema político, refiriéndose en determinada medida al caso de Italia, en crisis posterior a la primera guerra mundial, de la cual deriva la simple y acertada alusión al Fascismo como nacionalismo de vencidos, que incluiría también al Nacional- Socialismo alemán.
Esta postura singularizante, en principio estéril, sin duda es útil para entender el origen y parte del desarrollo del modelo, que en el caso de Italia más que un modelo político con fines imperialistas, fue un movimiento de masas, populista y sugestivo, si tomamos en consideración la inferioridad del ejército italiano comparado con el alemán, el británico y el soviético, resta el aspecto ideológico, básico, puesto que sentó las directrices del movimiento, nutrió, dotó de dirección de un modo pragmático, resaltando aspectos como el mito de la romanidad, la importancia de las estructuras, la ilusión de la conquista, anhelos expansionistas, etcétera. Es precisamente el pragmatismo uno de los puntos clave, dado que Mussolini hábilmente conjugó la crítica situación socioeconómica de principios del siglo pasado con la retórica política que dirigió con absoluto éxito hacia las masas.
Tal éxito fue posible a través del encuadramiento, que implica la idea de inclusión y distribución de las masas acorde a un esquema de organización predeterminado acorde a fines que en este caso son de naturaleza meramente política.
81 ARRIOLA, Juan Federico. TEORÍA GENERAL DE LA DICTADURA. UN ESTUDIO SOBRE POLÍTICA Y LIBERTAD.
Esta subordinación al Estado y a la figura del líder tendiente a atenuar la inevitable pugna de intereses contrapuestos se traduce en la frase alguna vez proclamada por el Duce:
“Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado ni contra el Estado”
Carlos S. Fayt, citado por María de la Luz González González generaliza el concepto, lejos de limitarlo al régimen político que surgió en la Italia de entreguerras considera que “bajo el término Fascismo se denomina a todas
las dictaduras capitalistas de partido único”.82
Esta concepción se encamina a interpretar la existencia del régimen en su carácter de clase y en respuesta a una situación específica, no siendo por lo tanto tan generalizante dado que parte del supuesto de la amenaza inminente del Socialismo o el Comunismo tendiente a la abolición de la propiedad privada de los medios de producción en un Estado industrializado, situando por tanto al capitalismo en una situación de alerta y peligro.
Consecuentemente, es necesario dejar a un lado la flexibilidad y fragilidad de las instituciones propias del sistema liberal, la democracia por ejemplo, ante la amenaza revolucionaria y recurrir a la dictadura como única forma de conservar el status. En cierta medida, el Estado Fascista corresponde a una evolución del capitalismo, correspondiente al advenimiento del neocapitalismo, que lejos de afrontar la crisis latente bajo sus propias instituciones lo dota de un matiz reformista a diferencia de otros capitalismos, que manejan la situación con sus propios mecanismos.
Este aspecto denota que el carácter conservador del Fascismo, lo es sólo en apariencia, dado que al considerarse un instrumento del cual se auxilia el Estado capitalista liberal para entrar en su fase neocapitalista, lejos de manifestar hostilidad a la modificación de las estructuras económicas y políticas se auxilia de éstas, de ahí la afirmación de que el Fascismo es reformista.
82
GONZÁLEZ González, María de la Luz. LINEAMIENTOS DE TEORÍA POLÍTICA. Editorial Mc. Graw Hill. Primera edición. México, 2000. P. p. 101.
Cada definición indudablemente se encuentra dotada de validez, sin embargo, la elaboración de una definición tentativamente compleja con postura ecléctica nos ofrecería un panorama vago en cierta medida, por tanto poco cauteloso respecto a la cobertura del objeto de estudio.
Un acercamiento a tal noción nos impulsa a manifestar que el Fascismo se define como una ideología y movimiento político que surgió en Europa en el periodo de “entreguerras” (de 1918 a 1939), cuyo proyecto consiste básicamente en instaurar un corporativismo estatal de carácter totalitario. Tiene como base intelectual la idea de que la voluntad y la acción deben prevalecer sobre la razón. Se sirve de un eficaz y poderoso aparato propagandístico cuyo contenido implica un sometimiento, estrechamente relacionado a componentes victimistas que deforman al nacionalismo al extremo de llevarlo a la violencia contra aquellos que se consideran opositores, y un partido único que forma parte del Estado como institición.
Ahora bien, al no vincularse con una tendencia en lo singular, las nociones minimalistas resaltan la esencia del concepto, de esta manera, en primera instancia concuerdo con Sampay, a reserva de que como conclusión de parte de esta investigación, el estudio a detalle no de la totalidad de los modelos Fascistas, sino de los principales, nos proporcione los elementos que desemboquen en una abstracción más certera que condense de manera irreducible las notas características del objeto de análisis.
a) Conceptos de Fascismo
.Mientras que el Liberalismo, así como el Comunismo aunque antagónicos, adoptan diversas directrices y premisas tendientes a reconocer la igualdad entre los individuos, el papel del gobierno como reflejo de la voluntad general, obligaciones recíprocas entre gobernantes y gobernados; todo ello con la finalidad de obtener, cuando menos acercarse al bien común, la armonía, el bienestar, la justicia, etcétera, el Fascismo pugna por la desigualdad de clases, reconoce el derecho de los mejores (las minorías) a gobernar, las élites predestinadas a dirigir el rumbo que las masas adoptan.
Concibe al Estado como ente supremo, cuya superioridad reside, más bien se encarna en los menos, con la correlativa sumisión del resto de la población.
La población tenía a su cargo el deber de considerar principios inviolables – según Mussolini-, disciplina, autoridad, jerarquía, convicciones ciegas del heroísmo, santidad, sacrificio en manos de la minoría llamada a dominar. Todo ello concebido una vez en el poder, no olvidemos que el Fascismo, en el caso de Italia, carecía de un esquema teórico.
K. D. Bracher, citado por Hernández Sandoica, considera que previamente a acercarnos a una definición de Fascismo, como fenómeno singular, es preciso dirigirnos en primer lugar a la esencia, propone un “concepto genérico para
la caracterización polémica de todos aquellos movimientos
antidemocráticos de derecha que tienen como meta un Estado nacional – autoritario de un partido, y que ha de ser visto como contragolpe frente a los ordenamientos estatales y sociales comunistas y socialistas, pero
también liberal democráticos”. 83
Posibilidad, no régimen, previo a la consolidación de un modelo, es factible considerar que la iniciativa de un cambio proviene propiamente de una cúpula dirigente, más relativamente aislada de las autoridades establecidas, en tanto que la pretensión totalizadora o prefascista implica la defensa de un interés. En el caso de esta interpretación, al márgen en principio, de la esfera estatal, un interés de clase y predominantemente conservador, no por ello menos reformista; el germen del Fascismo se nutre precisamente de la conjugación de antípodas y ambigüedades, un camaleón político.
Ese camaleonismo traza una directriz que al final, como toda meta planteada dentro de la dinámica política, pretende la conquista y conservación del poder, con medios y mecanismos sui géneris tanto para arribar, como para ejercerlo, convertirse en el Estado, luego mutar a conveniencia, abusando de su condición y de los instrumentos más radicales, poseer la violencia y al mismo tiempo la legitimación para su empleo.
83
HERNÁNDEZ Sandoica, Elena. LOS FASCISMOS EUROPEOS. Ediciones Itsmo. Colección, la Historia en sus textos. España 1992. P. p. 16.
De manera simple, clara e ilustrativa, Gino Germani generaliza el fenómeno fascista, lo concibe como un método de dominación social, ajeno a la democracia, que propone una solución al entramado de conflictos que tienen lugar en la pugna de la época (tradición contra modernidad), más el clima propicio para su desarrollo, denota una crisis, en principio económica, ante la cual, el Fascismo se presenta como una alternativa, una tercera vía entre el Liberalismo y el Comunismo.
No por ello opuesto en sus postulados, por ejemplo, del modelo liberal asume el no cuestionar las leyes de mercado, aceptar las ventajas que ofrece la tecnología, aunque por otro lado, repudiaba el individualismo, el universalismo y sobre todo, la democracia.
Punto coincidente con las ideas marxistas, es la consideración de la violencia como efectivo motor histórico; sin embargo, las ideología Fascista evidentemente rechaza la organización de los obreros, que pudiese, si no desembocar, al menos contribuir con una revolución. El Fascismo plantea la superación de los enfrentamientos por motivos clasistas, los que deberán ser evitados no para su supresión, sino para llegar a una integración basada en aspectos nacionalistas.