III. MARCO TEÓRICO 25
3. AUTOEFICACIA Y CONDUCTA ADICTIVA 51
3.1. CONCEPTO DE AUTOEFICACIA 52
La autoeficacia es un concepto central en la teoría del aprendizaje social de Bandura (1986) que la define como el “juicio personal sobre las propias capacidades para organizar y ejecutar las líneas de conducta requeridas para obtener determinados resultados” (p. 391).
Otra definición que el propio Bandura da al término es “la confianza que una persona tiene en su capacidad para comportarse de una cierta manera para lograr una meta, influyendo en el rendimiento a través de sus efectos sobre el desarrollo cognitivo, afectivo, o en los procesos de motivación que intervienen” (Bandura, 1989. p. 731).
Bandura sostiene que el pensamiento autorreferencial constituye un mediador de primer orden entre el conocimiento y la acción, y es por ello que el individuo no siempre actúa de forma óptima aunque conozca con exactitud cuál es la conducta más correcta a desarrollar (Bandura, 1986). El autor plantea que la autoeficacia está constituida por los juicios sobre el grado en que uno mismo puede organizar y ejecutar patrones de acción requeridos para tratar con situaciones futuras que contienen elementos ambiguos, impredecibles y a menudo estresantes (Bandura, 1986). La autoeficacia es definida como un proceso cognitivo de evaluaciones o apreciaciones percibidas que las personas hacen sobre su competencia para realizar adecuadamente una tarea en una situación específica. Por ello, las percepciones de eficacia varían de modo significativo entre las distintas situaciones y tareas, de esta manera la autoeficacia se centra en los pensamientos que los individuos tienen acerca de su capacidad para actuar (Bandura, 1977, 1997).
Las creencias sobre nuestra autoeficacia influyen sobre nuestro modo de pensar, sentir, motivarnos y actuar. De manera que si alguien ha desarrollado la convicción en su propia capacidad de superar los retos que le plantea la vida, pensará que los puede superar, se sentirá seguro a la hora de emprender una tarea, la motivación para el esfuerzo que tendrá que desarrollar será alta y llevará a cabo acciones necesarias para conseguirlo (Barberá, 2002).
Bandura introduce el término de autoeficacia dentro de la Teoría del aprendizaje social como el elemento explicativo más importante relacionado con la adquisición, mantenimiento y cambio de conducta (Bandura, 1995). Esta teoría asume la importancia del condicionamiento clásico, operante y vicario, entendiendo que todos ellos pueden estar modulados por el proceso cognitivo de la autoeficacia.
Mediante este concepto, Bandura intenta integrar la noción de cognición dentro de la modificación de conducta, introduciendo los elementos inobservables (juicios de autoeficacia) como causales de la ejecución conductual (López Tordecillas, 2002).
Autoeficacia y conducta adictiva
Cuando hablamos de autoeficacia, hablamos también de expectativas, y en este sentido hay que diferenciar entre las expectativas de eficacia personal y las expectativas de resultado. La autoeficacia percibida o expectativa de eficacia es un juicio personal, creencias sobre la propia capacidad para alcanzar un cierto nivel de ejecución, es “la creencia de la persona de que puede ejecutar satisfactoriamente la conducta requerida para producir resultados” (Bandura, 1977, p. 193), sería equivalente al “control personal”. Tanto las expectativas de autoeficacia como de resultado intervienen en la habilidad de una persona para afrontar situaciones de alto riesgo. Dichas expectativas están influenciadas por creencias sociales y culturales, por la autoestima del individuo, por factores ambientales y por el condicionamiento del deseo. Las expectativas de la consecuencia positiva son los determinantes del uso del alcohol y otras drogas (López Tordecillas, 2002).
Sin embargo, la expectativa de resultado hace referencia a la percepción personal de las consecuencias más probables que producirá dicha ejecución, es “la estimación de la persona de que una conducta determinada conducirá a ciertos resultados” (Bandura, 1977, p. 193). El resultado en este caso, es la consecuencia de un acto, no el acto en sí.
Bandura (1982) reconoce el rol de las expectativas de resultado y argumenta que éstas dependen usualmente de un gran número de autopercepciones aptitudinales, aunque generalmente son menos importantes en la determinación de la conducta. Las expectativas de eficacia y de resultado se diferencian en que una persona puede creer que seguir un curso de acción determinado producirá ciertos resultados, pero se inhibirá en su acción desde el momento que piense que carece de habilidades necesarias para ejecutarlas.
En el caso de pacientes dependientes de alcohol, por ejemplo, se ha observado que es la expectativa de autoeficacia la variable que más fuertemente se asocia con el nivel de consumo de alcohol durante el seguimiento, y no lo es sin embargo la expectativa de resultados (Solomon y Annis, 2006).
El paciente bebedor puede tener una alta expectativa de resultado sobre el tratamiento que realiza o incluso sobre el seguimiento a largo plazo, pero si él no se siente autoeficaz para dejar de beber o no volver a hacerlo, no conseguirá la abstinencia. Lo mismo podemos explicar del adolescente fumador de cannabis o el joven adulto dependiente de cocaína. Incluso se ha visto, en pacientes dependientes a heroína, como es más influyente en la evolución de la abstinencia, el sentimiento de autoeficacia, que la satisfacción que el paciente refería con la dosis de metadona prescrita (Senbanjo, 2009).
Específicamente se ha encontrado que la autoeficacia es un determinante de la conducta, ya que a partir de la misma es posible predecir la conducta; en este sentido la autoeficacia se ha puesto a prueba para predecir el consumo de sustancias adictivas (Palacios Delgado, 2010). Por ejemplo, si
Autoeficacia y conducta adictiva
un adolescente no se siente capaz de resistir la tentación de consumir tabaco (baja autoeficacia percibida), tendrá mayor probabilidad de fumar o de actuar bajo la influencia social (Carvajal et al., 2006).
También hay autores que mencionan la autoeficacia como una variable de predicción para el consumo de drogas y ha demostrado ser un factor protector para el consumo (Martínez, 2008). Sin embargo, una alta autoeficacia no es condición suficiente para una actuación concreta, ya que han de poseerse además, las habilidades, los incentivos y los recursos materiales necesarios para actuar (López Tordecillas, 2002). Por lo tanto, los resultados de los tratamientos para abandonar el consumo de cocaína, no sólo dependen del nivel de autoeficacia que el paciente presenta o llega a desarrollar durante el proceso de intervención, ni únicamente de la historia de consumo que ha vivido, también de las habilidades que trabaja y adquiere durante el tratamiento (Ilgen, 2007). Por muy eficaz que una persona dependiente del alcohol se sienta para abandonar el consumo, si no cuenta con un tratamiento médico que le disminuya la sintomatología de abstinencia y determinadas habilidades que habrá de ir desarrollando durante la terapia, difícilmente podrá mantener el no consumo; sin embargo, si la primera parte no existe, la segunda tampoco se producirá.
Siguiendo en esta línea, los juicios sobre la autoeficacia contribuyen y determinan de manera fundamental el funcionamiento del individuo, influyendo en:
Las decisiones que se toman.
La cantidad de esfuerzo que el individuo empleará para enfrentarse a las dificultades, así
como la cantidad de tiempo que persistirá en el empeño.
Los patrones de pensamiento y las emociones aparecidas durante la interacción del
individuo, tanto real como anticipada e imaginada con el entorno.
Las conductas ejecutadas en una situación difícil.
Las personas intentamos, en mayor o menor medida, poder controlar los sucesos que afectan a nuestras vidas. Al poder influir en áreas en las que podemos imponer cierto control, nos sentimos más capaces de hacer realidad el futuro deseado y evitar el indeseado. Esta sensación de poder influir sobre los resultados, los convierte en predecibles, prefiriendo en general estos eventos a los impredecibles ya que los primeros nos permiten estar preparados y de esta manear afrontarlos mejor, con mayor capacidad y por tanto asegurarnos la consecución del objetivo y sentir una sensación de óptima autoeficacia.
El que una persona se crea incapaz para controlar o influir sobre las cosas importantes que afectan a su vida cotidiana, el creerse no eficaz, produce sentimientos de ansiedad e inseguridad, impotencia o indefensión, entre otros, que aumenta la probabilidad de que el individuo deje de intentar en un
Autoeficacia y conducta adictiva
futuro por lo menos inmediato, ejercer ese control sobre ciertos aspectos de su propia vida. Dependiendo del nivel de incapacidad que sienta la persona, las consecuencias pueden ser más o menos invalidantes.
Se observa que personas de alguna manera “obligadas” a abandonar el consumo de algún tipo de drogas por problemas con la ley (conducción bajo efectos del alcohol, tráfico de estupefacientes, etc.) pero no por una decisión inicial propia de abandonarlo, se sienten menos capaces de entrada que quien realmente ha decidido por sí mismo el querer dejar de hacerlo. Por el contrario, el hecho de sentir una “obligación legal” hace que la implicación en el tratamiento sea mayor y desarrollen habilidades para conseguir el objetivo antes en muchos casos que los pacientes que acuden por voluntad propia y con ello mayor sensación de autoeficacia.
Es más probable que nos involucremos en sucesos en los que tenemos la sensación de que disponemos de las estrategias necesarias para enfrentarnos a ellos que en sucesos en los que sentimos que no somos capaces de desarrollar y por tanto de llegar al objetivo deseado, anticipando el fracaso. La tendencia es posponer este tipo de acontecimientos.
El conseguir el objetivo deseado aumenta la sensación de control y la autoestima, creando sentimientos de bienestar, alegría y seguridad en uno mismo. Estos sentimientos aumentarán la probabilidad de que el individuo se enfrente de nuevo a la misma situación o situaciones parecidas, aumentando su sentimiento de eficacia personal.
Por ello, las personas que han conseguido abandonar el consumo pero recaen al cabo del tiempo, si en un primer momento llegaron a sentir que eran capaces de mantenerse sin consumir el resto de su vida, es más probable que retomen la abstinencia que cuando no alcanzaron el sentimiento de capacidad (o consiguiéndolo, se soportaba sobre creencias fantasiosas).
Pero la creencia en la propia capacidad no es cuestión de todo o nada, depende de diferentes factores.
Desde una perspectiva evolutiva, la presunción de expectativas de resultado y autoeficacia, implican un nivel relativamente alto de funcionamiento cognitivo, es decir, representaciones cognitivas bastante elaboradas del self y del no self, de los medios y de los fines, del conocimiento de metas (Diethelm, 1991).
De esta manera, la autoeficacia no sólo influye en el resultado del tratamiento, en la consecución de la abstinencia y el mantenimiento de ésta, también influye en la decisión inicial de disminuir el consumo de una droga (Bandura, 1982; DiClemente, Fairhurst y Piotrowski, 1995).
Bandura diferencia la autoeficacia de otros constructos relacionados, como la autoestima o el autoconcepto, remarcando que la autoeficacia se refiere a la competencia percibida en situaciones específicas, mientras que estos otros constructos se refieren a una autoimagen global a través de una
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amplia variedad de situaciones. Este énfasis en los juicios para tareas o situaciones específicas subraya la importancia como determinantes directos de la conducta de los “estados” (interacciones entre la persona y el ambiente inmediato) en contraste con los “rasgos” (tendencias disposicionales a largo plazo) (Díaz, 2001).