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II. MARCO TEÓRICO

II.1. Salud mental

II.1.2. Concepto y determinantes

Existen múltiples definiciones de salud mental, exponemos aquí algunas de ellas para complementar entre todas una idea fundamental del concepto. La salud mental es concebida como una noción libre de valores y construida desde la psicología:

La noción de salud (comporta) mental no es una impostura seudocientífica que se limite a consagrar valores y prejuicios sociales. Es, sin embargo, una noción no "libre de valores" y es además una "construcción", si bien imprescindible en psicología. Aquí se ha argumentado en favor de conceptuarla como capacidad o potencial de cuidado de sí mismo en orden a una experiencia apetecible de la vida, términos todos ellos comportamentales y susceptibles por tanto de validación y puesta a prueba en una ciencia del comportamiento” (Fierro, 2000)

Lo relevante de este concepto es justamente la visión positiva que expone, puesto que concibe el término como el “cuidado de sí mismo” que el individuo ejerce en su cotidianeidad, con el fin de vivir en armonía. Está relacionada con una ciencia del comportamiento y en consecuencia con la psicología. Este concepto es asociable a la criminología en tanto que la búsqueda de sentido, del individuo que

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incurre en el delito, se concentra en la necesidad de superar su destino y su culpa irreversible, a través del cuidado de su propia existencia que será, por un largo período, el blanco de todas sus reparaciones.

Podemos complementar este concepto añadiendo la definición enunciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011):

La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. La dimensión positiva de la salud mental se destaca en la definición de salud que figura en la Constitución de la OMS: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. (OMS, 2011)

La afirmación final de esta cita es crucial, pues ciertamente la salud mental va más allá de un comportamiento en el que la enfermedad está ausente, se trata también de la capacidad de afrontar la vida de forma productiva y contribuyendo a la sociedad.

Otras aplicaciones esquematizan el concepto bajo cuatro concepciones distintas:

La salud mental como ausencia de síntomas: Es así como los criterios diagnósticos utilizados en psiquiatría consideran la presencia de síntomas, el funcionamiento alterado y la duración de tales síntomas.

Dentro de este concepto, el trastorno psicológico se mide de dos formas: que el propio individuo refiera sus síntomas, confrontándose con índices predeterminados, o que personal especializado evalúe el trastorno mediante entrevistas estructuradas. Así, excluye un número de personas que manifiestan una disminución de su nivel de salud mental sin llegar a constituir un cuadro digno de ser diagnosticado.

La salud mental como bienestar físico y emocional: Se refiere a un equilibrio positivo de afectos en el que los positivos predominan sobre los negativos. Bradburn (1969) supone que estas dos dimensiones son independientes y tienen distintos fines, Mirowsky y Ross (1989) consideran que

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son los dos polos de un continuo dimensional y, en general, las personas consideran que lo normal es un equilibrio afectivo con un predominio de niveles moderados de afectos positivos.

La salud mental como calidad de vida: Se refiere tanto a aspectos objetivos del nivel de vida como a los subjetivos, incluyéndose aspectos sociales, físicos y psicológicos. Desde esta perspectiva, la satisfacción vital y las necesidades psicosociales son esenciales para el logro de la salud mental. Las escalas inscritas dentro de esta concepción se preocupan de medir síntomas, bienestar y el funcionamiento integral de la persona.

La salud mental como presencia de atributos individuales positivos: Autores como Jahoda consideran la salud mental como determinada por el éxito logrado en múltiples áreas de la vida como por ejemplo, las relaciones interpersonales, el trabajo y la resolución de conflictos. (Psicología social de la salud mental, 2011)

La visión de la salud mental en confrontación con la enfermedad es uno de los conceptos más utilizados y polémicos, la salud y la enfermedad deben ser vistas como dos polos opuestos, positivos y negativos, en un ciclo que estará determinado por variables biológicas, psicológicas y sociales entre otras. A continuación este panorama está planteado en el concepto ofrecido por Silvia Bermann:

Podría decirse que la salud mental consiste en el aprendizaje de la realidad para transformarla a través del enfrentamiento, manejo y solución integradora de conflictos, tanto internos del individuo como los que se dan entre él y su medio. Cuando dicho aprendizaje se perturba o fracasa en el intento de su resolución, puede comenzarse a hablar de enfermedad. (Citado por: Oramas et al, 2007)

La resolución de conflictos es una de las constantes que del término podemos conservar en nuestro ámbito de estudio, puesto que la labor del criminólogo, tal como lo hemos acotado en la introducción a través de Vinyamata (2005), está centrada en la resolución y mediación de conflictos, ya no únicamente en el delito, sino en todo lo que pueda conllevar al mismo.

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El concepto también ha sido visto como una capacidad para resolver contradicciones internas, Pichón Riviere refiere lo siguiente: “La salud mental se concibe como la capacidad de mantener con el mundo relaciones dialécticas y transformadoras que permitan resolver las contradicciones internas del individuo y las de éste con el contexto social” (Vinyamata, 2005) Una de las constantes del ámbito de la criminología, son las contradicciones internas que el individuo debe resolver en relación a su sentimiento de arrepentimiento ante la culpa.

En todos las definiciones de una u otra forma están implícitas las condiciones sociales, económicas, familiares y laborales que rodean al individuo. En la mayoría de los casos las personas son influidas de manera positiva o negativa por el nivel de aceptación en la sociedad, los niveles de participación que éste tenga en dicha sociedad de alguna forma lo hacen sentirse integrante de un colectivo que es vital para el desarrollo de la vida y que se vale por principios y normas de convivencia. En este sentido un individuo que posee salud mental, es un ciudadano con todos los requerimientos sociales y morales que este calificativo comporta. Es importante destacar, que todas estas circunstancias aportan efectos positivos sobre el individuo, llevándole a configurar dentro de su sistema de vida una sensación de autonomía y autoeficacia, ambas variables de la salud mental. Dada la extrema importancia de la sociedad en la concepción de la salud mental, debemos entonces comprender que la sanación desde el punto de vista biológico de la enfermedad, no implica del todo la recuperación absoluta del individuo. Es necesaria la reinserción en la sociedad de dicho individuo y el desarrollo de sus potencialidades en el contexto de la misma. Al respecto Parales-Quenza manifiesta lo siguiente:

Visto en esta perspectiva la salud mental se relaciona con la realización de potencialidades del individuo por lo que las intervenciones orientadas a la prevención y tratamiento de trastornos mentales, no se traducen necesariamente en mejoramientos de la situación de salud mental del individuo. Si no se estudian condiciones como la anomia y se conciben estrategias para aminorar su impacto, es probable que cada vez más personas estén en riesgo de desarrollar condiciones graves de discapacidad de su salud mental, como el trastorno depresivo mayor y trastornos de ansiedad, además de otras condiciones con carga de enfermedad alta como accidentalidad, violencia, suicidio

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y Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) (Citado por, Pereira, 2011, p. 70)

Los determinantes que la salud mental comporta son en su mayoría factores socioeconómicos y culturales, que se traducen en: pobreza, desempleo, discriminación, cohesión social, urbanización y urbanidad, y todas las normas y valores que una sociedad impera y que nos incluyen dentro del sistema. La OMS (2010) nos refiere sobre estos determinantes que los indicadores más frecuentes son la pobreza y el bajo nivel educativo. Por su parte, los cambios sociales drásticos, las condiciones de trabajo bajo un nivel frecuente de estrés, las discriminaciones de género, los modos de vida poco saludables, así como la exposición frecuente a situaciones de violencia y mala salud física y en conclusión todo lo que implica la violación de nuestros derechos humanos, constituyen de uno u otro modo vías abiertas para la alteración de nuestro estado de salud mental. (Criminología de la salud mental, 2011)

Sin embargo, es importante señalar, tal como lo afirma la OMS (2011), que existe cierta vulnerabilidad ante estas determinantes cuando el individuo presenta previamente alteraciones de la personalidad y psicológicos específicos. De igual manera, pueden influir los factores biológicos dependientes de la constitución genética de la persona o de desequilibrios bioquímicos cerebrales.

Hasta aquí hemos concebido el concepto de salud mental bajo distintas perspectivas y hemos obtenido un panorama general de las condiciones y variables que afectan al mismo. A continuación conozcamos un poco sobre las Teorías Sociales de la Salud Mental y algunas estrategias.

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