4. CONCLUSIONES
6.2.3. Concepto de Vejez
Conviene construir un panorama general de la vejez. El artículo “Antropología de
los cuidados en el anciano: evolución de los valores sociales sobre la vejez a
través de la historia” de Manuel Lillo Crespo (2002)30 ofrece esa posibilidad. A lo
largo de la historia, las etapas del ciclo vital han tenido diferentes significados, condicionamientos y requerimientos, según el período y la organización social. En la prehistoria (desde el año 600.000 hasta el 10.000 a. C.) la vida tribal, marcada por las luchas, la cacería, las dificultades para adaptarse al medio y las
28
Citado en: Pontificia Universidad Javeriana (2003), Estado del arte Bogotá: 1990-2000, Bogotá, Departamento Administrativo de Bienestar Social D.C., pp. 76-95.
29
Ibíd.
30
Citado en: Sandoval, Diana (coord.), (2010), Estado del arte sobre las prácticas culturales de la población de adultos mayores en Bogotá D.C., Bogotá, Subdirección Imprenta Distrital-DDDI, pp. 27-49.
137
enfermedades, determinaba una estructura social básica de convivencia, cuyo único objetivo era la supervivencia, lo cual hacía que la longevidad fuera
considerada un valor especial, “sobrenatural”, con “protección divina”. En este
contexto, los ancianos eran transmisores de la memoria de la organización social a la que pertenecían.
Por el contrario, hacia el año 2450 a. C. en Egipto, la vejez era un proceso penoso, por el debilitamiento y la pérdida paulatina de algunas capacidades sensoriales e intelectuales de la persona; a pesar de todo, el anciano desempeñaba el rol de guía y educador de los jóvenes. En Grecia, la percepción naturalista y el sentido de perfección de esa cultura hicieron que los ancianos fueran relegados pues, en una sociedad en la que se rendía culto a la belleza, la vejez significaba una ofensa al espíritu y objeto de bromas; lo que es más, en Atenas su poder fue relegado y el consejo de ancianos sólo constituía un órgano consultivo. Una excepción fue Esparta, donde los ancianos eran considerados transmisores de sabiduría.
Al contrario, en la civilización hebrea el concepto de vejez sufrió modificaciones, causadas por las visiones positivas o negativas determinadas por los avatares sociopolíticos. En la cultura romana, la vejez era vista desde una concepción pesimista. Como según el derecho romano, al anciano se le concedía autoridad bajo la figura del Pater Familia, lo que generaba una concentración importante de poder, que a la larga estableció una relación intergeneracional tan asimétrica que generó grandes conflictos y condujo a un verdadero odio hacia los viejos; aun cuando los viejos cayeron en el desprecio, y sufrieron los rigores de la edad, la cultura romana fue tolerante con esta población.
En la Edad Media (siglos V al X) el predominio de la fuerza y la brutalidad afectó la situación de los individuos más débiles, entre ellos los ancianos. Afirma Lillo
(2002) que “Para la Iglesia no constituyó un grupo específico, sino que estaban en
138
monasterios, para luego reencontrarse con la persistencia de sus miserias”. Aún
más, entre los cristianos, la perspectiva de la vejez era que se trataba de un mal que provenía del castigo divino por los pecados del hombre; de manera que la imagen de la vejez era alegórica del pecado, de la fealdad y la decrepitud.
En el Renacimiento, el redescubrimiento del mundo grecorromano, se presentó un rechazo abierto y sin disimulos a la vejez, así como a todo aquello que representaba la fealdad, la decrepitud inevitable, el carácter melancólico y la decadencia, siendo así una de las épocas más hostiles con los ancianos, especialmente con las ancianas.
En el mundo moderno, al convertirse el Estado en una institución impersonal, reglamentada, y donde el poder se caracterizaba por ser representativo, surgió una progresiva despersonalización, y un predominio creciente de los funcionarios que ocupaban cargos en la naciente organización, y cuyo retiro dio paso a lo que aún se llama jubilación. Esta nueva visión supuso una visión economicista y especializada del cuidado del anciano, que antes fue realizado por la familia, como un deber independiente. Finalmente, con la revolución industrial, el Estado se sintió obligado a compensar el trabajo y el retiro de los individuos que realizaron actividades dentro de su estructura.
Como puede observarse, en su origen la jubilación surge como una recompensa a trabajadores de más de cincuenta años que fundamentalmente se desempeñaran en la sociedad como funcionarios públicos. Por ejemplo, en los Países Bajos se conocen pensiones a los funcionarios públicos desde 1844; de igual manera, en Francia los primeros en obtenerlas fueron los militares y los funcionarios públicos. Ahora bien, posteriormente de que en Francia obtuvieran jubilaciones los funcionarios públicos, también los mineros y trabajadores de labores consideradas peligrosas las obtuvieron, lo que condujo a que con el tiempo se pasara del concepto de gratificación a través de la jubilación a aquel derecho de los
139
trabajadores, que pasó a ser reglamentado por la edad para obtenerlo, y así surgió el sistema de seguros sociales.
A finales del siglo XIX comenzó a abrirse paso la gerontología y la geriatría. En 1834, en Gran Bretaña surgió la necesidad de acoger y cuidar a numerosos grupos de viejos sanos, enfermos y perturbados mentales, con lo cual se fundaron los primeros asilos de ancianos. En 1903, Elie Metchnikoff propuso la gerontología como ciencia para el estudio del envejecimiento; en 1909, Ignatz L. Nasher creó el Departamento de Geriatría en Estados Unidos. En 1929 se introdujeron variaciones en los asilos, y en 1935 Marjory Warren inició la geriatría contemporánea con los siguientes principios: la vejez es una enfermedad, es esencial establecer un diagnóstico exacto, muchas enfermedades son curables, el reposo injustificado puede ser peligroso. [Fong y Bueno, 2002]31.
En el mundo contemporáneo, el predominio de la cultura tecnocientífica ha influido en gran medida en la vida de los ancianos, no sólo porque ya no son considerados los depositarios de la sabiduría, sino porque se encuentran alejados del conocimiento moderno, concepto agravado por la percepción de que son incapaces de aprender lo nuevo, donde el concepto de experiencia entra en decadencia, incluso la experiencia laboral, y su relación con el pasado la lleva a la obsolescencia. Además, la vejez, física y estéticamente, no es deseable para la sociedad.
Al respecto, la CEPAL (2004) afirma que los estudios sobre la imagen del envejecimiento indican que en la actualidad la visión hegemónica en las sociedades occidentales es negativa y se expresa en la representación social de la vejez como pasividad, enfermedad, deterioro, carga o ruptura social. Esta representación como deterioro se articula con la configuración cultural de la vejez como etapa de pérdidas, de todo tipo, con consecuencias como la exclusión en
31
Citado en: Sandoval, Diana (coord.), (2010), Estado del arte sobre las prácticas culturales de la población de adultos mayores en Bogotá D.C., Bogotá, Subdirección Imprenta Distrital-DDDI, pp. 27-49.
140
tanto grupo, y como la invisibilidad a nivel de políticas públicas, investigación y academia.
Lo que es más, Juliana Holguín (2004) indica que:
Cuando se habla de la vejez usualmente se usan términos equivocados como: “senil”, “abuelo”, “tercera edad”, “mayor”, “añoso”, “geronte”, “anciano”, etc. “Senil” es un término que está
estrechamente relacionado con patología y la vejez no tiene necesariamente relación con esta;
“Abuelo” tampoco denomina correctamente porque no todos los viejos tienen hijos, ni nietos; “la tercera edad” no existe porque cuando uno habla de la niñez, la juventud o de la adultez nunca se
utiliza los conceptos de “la primera edad” o “la segunda edad” y sí existiera una “tercera edad” no es claro si correspondería más bien a los adultos y no a los viejos; las palabras “mayor” y “añoso”
son expresiones relativas, pues dependen de con quien se compara; ”Geronte” apela la etimología
griega y “anciano” posee una implicación más moral que de edad cronológica. Internacionalmente
se utiliza el término “Adulto Mayor” y en Colombia se está trabajando para posicionar este
apelativo.
6.2.4. Descripción Histórica de Derechos, Políticas Públicas y Programas