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CAPÍTULO 2: REVISIÓN DE LA LITERATURA

3. El Arte Religioso luego de Vaticano II

3.1. Conceptos

“No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas” afirma E. H. Gombrich (La Historia del Arte, 2004, pág. 15). Al igual que él, muchos de los estetas modernos han renunciado a dar una definición estricta de los que es el Arte: “La eliminación de la noción de belleza en la moderna estética se explica, sobre todo, por razones metodológicas. A falta de una verdadera metafísica de lo bello en conformidad con la mentalidad actual, y supuesta la idea equívoca y superficial que de la belleza tiene la gente, los estetas del siglo XX prefirieron concebir y describir el arte como «creación de formas»” (Plazaola, 2006, pág. 14).

Para los fines de nuestra investigación, que no pretende introducirse en el debate semántico de lo que es el arte, nos basta una definición enciclopédica convencional, que considera arte tanto a la labor creadora como al goce estético:

“Arte, actividad que requiere un aprendizaje y puede limitarse a una simple habilidad técnica o ampliarse hasta el punto de englobar la expresión de una visión particular del mundo. […] en un sentido más amplio, el concepto hace referencia tanto a la habilidad técnica como al talento creativo en un contexto musical, literario, visual o de puesta en escena. El arte procura a la persona o personas que lo practican y a quienes lo observan una experiencia que puede ser de orden estético, emocional, intelectual o bien combinar todas esas cualidades” (Encarta, 2004).

Nos resultará útil presentar, antes de entrar de lleno en el concepto de Arte Religioso, tres declaraciones sobre el arte hechas por los papas Pío XII, Juan Pablo

27 II y Benedicto XVI, que conciben al arte como vehículo de comunión y diálogo, y de acercamiento a la trascendencia:

“El arte es, en ciertos aspectos, la expresión más viva, la más sintética del pensamiento y sentimiento humano, la más ampliamente inteligible, ya que, hablando directamente a los sentidos, el arte no conoce la diversidad de lenguas, sino sólo la diversidad extraordinariamente sugestiva de temperamentos y de mentalidades. Además, por su finura, su delicadeza, el arte auditivo o visual penetra en la inteligencia y en la sensibilidad del espectador o del oyente con más profundidad que la palabra escrita o hablada […] el arte ayuda a los hombres, no obstante las diferencias de caracteres, de educación, de civilización, a conocerse, a comprenderse o, al menos, a adivinarse mutuamente y, por consiguiente, a unir sus respectivos recursos para completarse los unos con los otros”32.

“La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido. Digna intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas. […] Toda forma auténtica de arte es, a su modo, una vía de acceso a la realidad más profunda del hombre y del mundo”33.

“La belleza, desde la que se manifiesta en el cosmos y en la naturaleza hasta la que se expresa a través de las creaciones artísticas, a causa de su característica de abrir y ampliar los horizontes de la conciencia humana, de llevarla más allá de sí misma, de asomarla al abismo de lo infinito, puede convertirse en un camino hacia lo trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios. El arte, en todas sus expresiones, en el

32 PÍO XII, “Discurso ante los miembros del I Congreso Internacional de Artistas Católicos (3-sep-1950)”

recopilado en Arte Sacro Actual (Plazaola, 2006, págs. 429-430)

28 momento en el que se confronta con las grandes interrogantes de la existencia, con los temas fundamentales de los cuales deriva el sentido de vivir, puede asumir una validez religiosa y transformarse en un recorrido de profunda reflexión interior y de espiritualidad”34.

Para definir al Arte Religioso, conviene precisar el sentido del calificativo “religioso”. Lo religioso remite a lo sagrado. Siguiendo a Plazaola, existen diferentes ámbitos de sacralidad: lo sacro entitativo, experiencial, expresivo y relacional. Lo entitativamente sacro es el mundo de lo sobrenatural, las realidades trascendentes que cuentan con el reconocimiento mental y la adhesión afectiva de los creyentes. Lo sacro en un sentido experiencial consiste en la vivencia religiosa, se concibe como una fuerza que, al hacerse presente «sacraliza» todo lo que alcanza, eliminando lo profano. Lo sacro en el sentido expresivo es la manera cómo el hombre expresa la polifacética vivencia religiosa, tal expresión es diversa ya individual o colectiva, ocasional o institucionalizada, espontánea o comisionada, gestual y oracional o pragmática, vulgar o artística; el culto es la forma más común de esta expresión. La sacralidad relacional, guarda estrecha relación con el culto: a los objetos materiales relacionados con el culto, se les atribuye una sacralidad relacional (Plazaola, 2006, págs. 3-5). Cuando hablamos de Arte Religioso o Arte Sagrado, nos referimos a los niveles expresivo y relacional de lo sagrado.

Dentro del ámbito específicamente cristiano, lo sagrado, lejos de expresar una separación de lo profano, significa comunión o consagración. Con la encarnación de Cristo, lo sacro se hace objetivo y real; con el bautismo el fiel se «consagra», se hace sagrado. Por ello, Plazaola, junto con otros autores cristianos, prefiere el término religioso (religare) para enfatizar esta experiencia de comunión entre la trascendencia y las personas (Plazaola, 2006, págs. 5-6).

Entendido así, lo religioso, podemos señalar que cuando le aplicamos dicho calificativo a la actividad artística y a las obras de arte producto de ella, apelamos a su carácter expresivo o evocativo de la experiencia religiosa, o también a su

29 naturaleza funcional de servicio al culto o la liturgia. El arte religioso entonces es una categoría que engloba al arte sacro y al arte litúrgico:

“El arte religioso es el más vasto y extenso, y comprende todo lo que hace sentir lo sobrenatural o levanta hacia Dios, aunque no tenga un contenido específicamente sacro, o católico o cristiano. La representación de un paisaje puede conseguir ese efecto.

”Más restringido es el fin del arte sagrado, cuyo contenido excluye lo profano para ocuparse de lo que promueve la santidad, como las Sagradas Escrituras, los beatos, los santos. Puede, por tanto, haber arte sin sacralidad, como puede haber sacralidad sin arte.

”Al contrario, el objetivo del arte litúrgico […] resulta aún más restringido por cuanto concierne al culto divino. El arte litúrgico es el reservado al servicio del culto. A él se aplican con mayor rigor los cánones eclesiásticos a fin de que favorezca la mejor comprensión de nuestros dogmas y de la moral cristiana mediante la interpretación fiel de las enseñanzas de la Iglesia y el desarrollo de la piedad y de la devoción en los que aprecian y contemplan tales obras artísticas. ”No puede, por tanto, clasificarse entre las obras de arte litúrgico cualquier producto que no suscite espontáneamente en el espectador cierta inclinación a la oración”35.

En el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica se declaró amiga de las bellas artes36, declaración que resulta importante, pues evidencia que en la etapa preconciliar la relación entre los artistas y la institución eclesial tenía ciertas “distancias”, como así lo señalaron los papas Juan XXIII y Pablo VI37:

“Y las perspectivas que se abren en un futuro próximo con la celebración del concilio ecuménico encierran nuevos horizontes para vuestra actividad: las relaciones entre arte y liturgia; la inserción de

35 Cardenal JAIME DE BARROS CÂMARA, arzobispo de Río de Janeiro, “Carta Pastoral sobre Arte

Litúrgico”, recopilado en Arte Sacro Actual (Plazaola, 2006, pág. 594)

36 Constitución sobre la Sagrada Liturgia (SACROSANCTUM CONCILIUM) Numeral 122.

37 El Concilio Vaticano II se inició durante el pontificado de Juan XXIII en 1962 y culminó durante el

pontificado de Pablo VI en 1965. Fue un gran esfuerzo de la Iglesia Católica para mirar positivamente al mundo, abrirse a él y buscar estar al día en la lectura de los “signos de los tiempos” (aggiornamiento).

30 las corrientes vivas del arte y profesiones de hoy en la gran tradición católica, que ha sido siempre sana y sabiamente moderna; la restauración del maridaje entre la teología y el mundo figurativo, como ha sucedido en las grandes épocas artísticas de todos los tiempos; las nuevas exigencias de la arquitectura para servir al decoro del altar; todo esto ofrece a vuestra capacidad e inteligencia nuevos estímulos en la constructiva búsqueda de lo bueno y lo bello”38.

“Vosotros [los artistas] nos habéis abandonado un poco, os habeís ido lejos, a beber otras fuentes, con la intención legítima de expresar otras cosas, pero ya no las nuestras […] reconocemos que también nosotros os hemos ocasionado algunas tribulaciones […] os hemos impuesto como canon principal la imitación, a vosotros que sois creadores, siempre vivos y fértiles en mil ideas y novedades […] quizás os hayamos puesto, podemos decir, un peso de plomo a vuestras espaldas; perdonadnos. Luego también nosotros os hemos abandonado. No os hemos explicado nuestras cosas, no os hemos introducido en la celda secreta donde los misterios de Dios hacen vibrar el corazón del hombre de gozo, de esperanza, de alegría y de embriaguez”39.

Tal situación de distanciamiento y posterior recuperación del diálogo entre la iglesia preconciliar y la iglesia post-concilio, queda descrita claramente en un documento de la Conferencia Episcopal Italiana:

“Si tomamos en consideración la primera mitad del siglo XX, se nos presenta una situación de incomprensión y de polémica abierta. Por un lado la Iglesia se sitúa en una actitud de cerrazón hacia las novedades y en defensa de las formas tradicionales, se siente traicionada e incomprendida por el arte y los artistas más innovadores. Por otra parte, las artes y los artistas reivindican una libertad absoluta, acentúan su autonomía respecto a cualquier mundo de valores, elevan

38 JUAN XXIII, “Discurso a la IX Semana de Arte Sacro (28-oct-1961)”, recopilado en Arte Sacro Actual

(Plazaola, 2006, pág. 443)

39 PABLO VI, “Discurso a un numeroso grupo de artistas italianos (7-may-1964)”, recopilado en Arte Sacro

31 a teoría la provocación, el rechazo de la tradición, el alejamiento del gran público.

”La necesidad de renovar radicalmente lenguajes y planteamientos es expresión propia de las vanguardias históricas, en sintonía con las fracturas filosóficas características de las tres primeras décadas de nuestro siglo. Dichas vanguardias, a este respecto, juzgaron indispensable distanciarse de las formas de expresión artística, de las instituciones formativas, de las referencias y de las fuentes de inspiración tradicionales.

”En este contexto muchos artistas vieron en la Iglesia a la principal adversaria de la modernidad, ya que era la mayor institución que se amparaba en la conservación de los valores de la tradición. […] ”Con el concilio ecuménico Vaticano II, especialmente en la constitución pastoral Gaudium et spes, la Iglesia valoró finalmente la aportación innovadora de los movimientos eclesiales y artísticos activos desde principios del siglo sobre todo en Francia y Alemania, y propuso un diálogo abierto, respetuoso y cordial con la sociedad contemporánea y especialmente con el arte y la cultura de nuestro tiempo. […]

”En síntesis, en la segunda mitad del siglo XX muchos síntomas dan a entender que en las relaciones entre la Iglesia Católica y las artes la situación ha mejorado. Subsisten aún muchos obstáculos: las disciplinas teológicas no muestran especial interés por el mundo del arte, y viceversa; la formación artística del Pueblo de Dios aún está en mantillas; las relaciones entre Iglesia y artistas encuentran dificultades para desarrollarse; las nuevas obras de arte que la Iglesia promueve son frecuentemente de nivel modesto, cuando no son decididamente insatisfactorias”40.

40 “El arte y los artistas en la vida de la Iglesia: Instrumento de trabajo de la Oficina nacional para los bienes

culturales y eclesiásticos de la Conferencia Episcopal Italiana”, recopilado en Arte Sacro Actual (Plazaola, Arte Sacro Actual, 2006, págs. 541-542)

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