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Conceptualizaciones de tiempo Paul Ricoeur

En el texto Tiempo y narración el filósofo francés Paul Ricoeur aborda conceptos, propuestos en distintos siglos, como respuesta al interrogante por el tiempo, coteja las propuestas interpretativas y las enriquece. El texto inicia con uno de los señalamientos que direccionará su reflexión: “El tiempo se muestra humano por medio de la narración y a la vez da cuenta de la experiencia humana”; por una parte, el tiempo se humaniza en la narración pues la narración se opone a varios de los argumentos escépticos de la existencia del tiempo en sí mismo; es decir, que el tiempo se muestra humano por medio de la narración porque en ella se concreta su existencia, se materializa con palabras, se atrapa la

sensación que el tiempo implica en las experiencias humanas y además, a través de la narración, se expresa que algo ha sucedido efectivamente en algún momento de la existencia, lo que implica necesariamente un momento en el tiempo.

Por otra parte, el tiempo narrado da cuenta de la experiencia humana porque el tiempo de la narración va más allá de una concepción (pasado, presente, futuro) llegando a concretar verbalmente las sensaciones del tiempo, sus variaciones imaginativas9, sus dilataciones, en último término,

su manera de ser vivido por los hombres, la experiencia humana del tiempo. La creación verbal, al hacer suya la experiencia humana del tiempo, al narrarla de un modo deliberado, la dota de sentido.

La dilatación del instante en Crónica de la intervención permite que se narre el tiempo de la matanza (que implica presente, pasado y futuro de la misma) y que ese tiempo se humanice, se le dote de la semántica humana. Es decir, que a través de este primer señalamiento de Ricoeur puede explicarse muy bien que el tiempo en dicha novela se halle dilatado, ya que de este modo se expone la profundidad significativa de la matanza y la forma como ésta fue vivida por los hombres, se implicaba su pasado, su presente y su futuro contenidos en un solo instante (o sea, el tiempo se muestra humano, se muestra como lo sienten los humanos) y a la vez, para narrar la matanza, el autor ha contado todos los eventos ocurridos alrededor de ella y ha recreado el mundo en que ésta se dio, todo esto sucedido en el tiempo (o sea, el tiempo da cuenta de la experiencia humana).

9 Más adelante trataré este asunto con mayor profundidad, bajo el concepto Variaciones imaginativas.

Ahora bien, a pesar de la multiplicidad de teóricos fascinados por el tema del tiempo y de su relación con la narración, Ricoeur se sirve especialmente de las reflexiones de San Agustín, consignadas en el libro IX de las Confesiones, como iluminadoras en el proceso de alcanzar la comprensión del tema y de su inclusión en el relato histórico y de ficción. Así, el primer elemento que Ricoeur señala en San Agustín es su abordaje de la aporía del “Ser y no-ser del tiempo” con la que se refuta la idea de que el tiempo entendido en sus tres dimensiones (pasado, presente y futuro) en efecto sea, pues el tiempo pasado ya no es, el futuro aún no es y el presente no permanece.

Sin embargo, Ricoeur resalta que este argumento escéptico se anuda a su contraparte: la afirmación de que (no obstante) es posible hablar de cosas que han sucedido, que suceden y que sucederán, como en una aceptación de que el tiempo existe; es decir, que el argumento escéptico, que alumbra la aporía, encuentra su primer combatiente en el lenguaje y por ende en la narración.

Dada esta ruptura con el concepto del tiempo como pasado, presente y futuro, lo que habría más bien, según San Agustín, es un triple presente desde el cual se habla: un presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas futuras y un presente de las cosas presentes, a este triple presente lo llamará distensión. Para explicarse más detalladamente, San Agustín expone el siguiente ejemplo de la vida cotidiana, (que cita

Ricoeur) en el que se evidencia el triple presente: un presente desde el que se recuerda, un presente desde el que se espera y un presente desde el que se habla:

Cuando deseo cantar una canción conocida, antes de comenzar, mi expectación abarca su totalidad, pero apenas comienzo, todo lo que voy recordando de ella relacionado con el pasado se amplía en mi memoria. Y la vitalidad de esta acción mía se dilata en ella por lo que ya he recitado y en expectación por lo que aún recitaré. Pero mi atención sigue estando presente, y por ella pasará lo que era futuro para convertirse en pasado, Y a medida que esto se va realizando, disminuye la expectación y se prolonga la memoria, Al fin disminuye la expectación, al acabarse toda la acción y pasar enteramente a la memoria (Ricoeur, 2004, 63)

La canción y la manera en que ésta se extiende en el tiempo ya sea, teniendo lugar (siendo cantada), estando expectante (próxima a ser cantada) o prolongada en la memoria (habiendo sido cantada), es lo que San Agustín denominará distensión, pues en cada instante de la canción se repite la expectación y la memoria. Dicho de otro modo, cada parte de la canción, ya sea entendida en palabras, sílabas, versos u otra, es parte de una misma canción que no tiene lugar en un único instante del presente, sino en un presente llamado distensión. A decir: un presente desde el que se rememora el pasado (la parte que ha sido cantada, elementos del lenguaje ya producidos), un presente desde el que se expecta el futuro (la parte que aún no ha sido cantada, elementos del lenguaje que se producirán) y un presente desde el que se canta (elementos del lenguaje que se están produciendo).

En el caso de Crónica de la intervención la narración, en su carácter verbal, es por supuesto lineal, una sucesión de palabras; sin embargo la memoria y la expectación contribuyen a que el instante pueda ser dilatado. Es el papel del lector conservar en su memoria la representación de un mundo externo, la representación de las interioridades de los personajes y el devenir de unos hechos que van entretejiendo sutilmente el escenario en el que finalmente se da la matanza (una matanza que contiene dentro de sí el pasado, el presente y el futuro de esas representaciones). Estas representaciones y este devenir de los hechos tienen un lugar en el tiempo, pero dado que el instante de la matanza es tan breve, hay que entender dicho lugar en el tiempo a través de una elaboración especial del mismo: la dilatación.

Dadas estas condiciones lineales del lenguaje y en búsqueda de explicar que, sin embargo, sucede la distensión, San Agustín establece la siguiente equivalencia (citada por Ricoeur):

El presente de las cosas pasadas es la memoria; el de las cosas presentes, la visión y el de las cosas futuras, la expectación (Ricoeur, 2004, 51)

Esta respuesta a la aporía, según Ricoeur delega una gran confianza en la memoria, que se encargará de las cosas pasadas y una gran confianza en la espera, que velará por las cosas futuras. De manera extensiva puede decirse que la confianza en la memoria y en la espera encuentra

su realización mejor en la narración literaria, y a la perfección en Crónica de la intervención, pues allí el autor crea un momento (la obra, a partir de lenguaje) que el lector recorrerá guardando memoria de lo ocurrido (de lo dicho) y espera de lo que está por venir (de lo que se dirá) sin salirse del tiempo del recorrido. El tiempo que se da en este recorrido por la obra es doble: por una parte, el tiempo cronológico que se tarda el lector en conocer toda la obra (o sea, el tiempo de lectura, o tiempo del relato, según los estructuralistas) y, por otra parte, el tiempo interno de la narración (el tiempo en el que sucede lo narrado, o tiempo de la narración, según los estructuralistas) en el que el lector se sumerge cuando entra al mundo de la obra.

En el caso de la novela Crónica de la intervención, la distensión del presente se da en el instante de la Matanza de Tlatelolco. Ésta es contada en sólo seis páginas del escrito, pero en realidad todo lo que le pertenece, todos los hechos ligados a ella y que la dotan de una significación esclarecedora, están en el pasado y en el futuro de la misma, narrados a lo largo de las 1562 páginas del relato. Adicionalmente, a lo largo de estas páginas, García Ponce construye un mundo en el que retrata el contexto mexicano del año 1968 y se sirve especialmente de la configuración de los personajes, para crear toda la sensación de la vida que se vivía en México cuando sucede la matanza. Por ejemplo en fray Alberto está contenida la crisis de la religión y de la fe cristiana de la época; en Anselmo está contenida la intención de buscar la transcendencia dentro de las ideas de oriente; en Evodio está contenida, por contraste con Esteban o con otros personajes, la diferenciación de

clases sociales de la época; etcétera10. Así y aunque la matanza se narre

sólo en seis páginas, el instante de la misma se dilata para que contenga el pasado y el futuro de ella y permita que el lector la entienda, la dimensione. La narración de la matanza se alimenta de la memoria (antecedentes históricos y vitales), de la visión del presente de quienes la vivieron (protagonistas de la historia asesinados en la matanza) y de la desesperanza como suceso posterior a la muerte de los allegados, así el instante de la matanza está distensionado (dilatado11).

Expuesto el concepto de distensión, Ricoeur lo relaciona directamente con la construcción de la trama (desde el concepto propuesto por Aristóteles) y con el de mythos: “como disposición de los hechos”, señalando que así como en la trama se configura la organización de una historia unitaria a partir de elementos dispares y posibles en su multiplicidad, en la distensión elementos que no pertenecen exclusivamente al presente de un hecho central de la narración son presentados en una sola unidad significativa.

Así que, la dilatación de un instante, la Matanza de Tlatelolco, es nutrida de antecedentes y de consecuencias que se consideran significativamente determinantes en el curso que tomaron los hechos, que le pertenecen dentro de una misma unidad significativa. De modo que la

10En el capítulo cuarto ahondaré en estas configuraciones de los personajes y su influencia en la recreación del mundo que produce la matanza.

11 En el segundo apartado de este capítulo explicaré por qué utilizo el término “dilatado” preferido sobre “distensionado”.

elaboración estética de este hecho es también una elaboración histórica pues intenta dilucidar las causas, seleccionar eventos o decisiones que posibilitaron la matanza y que la presentan como un todo que tiene sus partes en distintos instantes temporales. Esta trama que se construye dota de profundidad significativa el hecho y contribuye a facilitar su comprensión: dado que fue un suceso de corta duración, hace falta ver todo el devenir histórico y la unidad que éste forma, para dilucidar su magnitud vital. En otras palabras, en el proceso de esclarecer lo sucedido antes y después de la matanza se dará una unidad significativa, una trama, en la que se excluirán hechos no relacionados con ella.

Mucho más adelante en su texto, Ricoeur trae a la escena de reflexión la propuesta de Husserl acerca del tiempo. Ésta encaja perfectamente con la reflexión de San Agustín pues se plantea que el “ahora” no se refiere exclusivamente a un instante puntual sino que alude a un encadenamiento de instantes pasados hasta el más reciente, llamado “gran ahora”, a través de una retención de instantes. Es decir que la distensión de San Agustín, ese presente que es el presente de las cosas pasadas, presente que se vive y presente de las cosas futuras, se acerca al gran ahora, momento del presente en el que se recoge lo que ha sido el pasado, lo que se está sumando en el presente y que irá hacia el futuro. Ricoeur cita a Husserl:

Se puede afirmar que el presente y el pasado reciente se pertenecen mutuamente, que la retención es un presente dilatado que garantiza, no sólo la continuidad del tiempo, sino también la difusión progresivamente atenuada de la intuitividad del punto fuente a todo lo que el instante presente retiene en él y bajo él. El presente es llamado punto-fuente precisamente porque lo que deriva de él

le pertenece “todavía”: comenzar es comenzar a continuar; el presente mismo es así “una continuidad en crecimiento continuo, una continuidad de pasados (Ricoeur, 2004, 674)

Esta cita frente a Crónica de la intervención permite decir que el presente y el pasado se pertenecen porque el presente lleva dentro de sí lo que el pasado ha sido, el presente no es sólo su propia identidad sino lo que el pasado le hace ser. Por eso el instante de la matanza no es sólo ese presente, sino un presente que es lo que el pasado ha forjado de él, lo que la dilatación de ese instante incluye en él. Adicionalmente, el punto fuente se encuentra en la matanza pues en ella se retiene lo que ha sido y lo que está sucediendo en relación con ese pasado, que es la matanza misma, y es también el punto fuente, porque en ese instante se incluirá el futuro que le pertenece, el futuro que comenzará a continuar, a decir, el futuro de la desazón.

Por ese futuro, habría que agregar a la cita la oración: una continuidad de futuros o una continuación, que se da en el presente, de la expectación de lo que el futuro será o podrá ser, como un presente de las cosas futuras. Es decir que en la propuesta de Husserl, al igual que en la de San Agustín, puede hallarse una comprensión, no de un tiempo fragmentado, en presente, pasado y futuro, sino una distensión o dilatación de un instante cuya naturaleza está más allá de sí mismo, y que se encuentra en lo que éste ya no es y en lo que aún no es.

Así mismo, la propuesta de Husserl expone un elemento que jugará un papel fundamental en la comprensión histórica del instante: la cadena de retenciones o retención de retenciones, citada por el filósofo francés:

Cada nuevo “ahora”, al enviar al pasado reciente el “ahora” anterior, crea una retención que tiene sus propias retenciones; esta intencionalidad de segundo grado expresa el cambio incesante de las retenciones más antiguas por las más recientes, en lo que consiste el distanciamiento temporal: “Cada retención es en sí misma una modificación continua, que lleva en ella, por decirlo así, en la forma de una serie de oscurecimientos, la herencia del pasado (Ricoeur, 204, 677)

Esta cadena de retenciones implica, entonces, un presente dilatado en el que se contiene la ‘herencia del pasado’, una herencia oscurecida o no evidente pero que es parte integral del presente que la lleva consigo. Esta cadena, este ser más que sólo el presente, es lo que agudiza la significación de un hecho, lo que lo dota de toda su significación semántica, pues al instante – en el que ocurre el suceso - se le anudan otros que son determinantes en que haya ocurrido lo ocurrido y no otra cosa. En el caso de la narración de Crónica de la intervención, el autor expone a lo largo de la novela los instantes de la cadena de retenciones, cuyo punto fuente será la matanza, con lo cuál esclarece todo lo anudado a ella, y por tanto posibilita una mayor comprensión histórica por parte del lector.

Esta conceptualización del tiempo como cadena de retenciones o presente dilatado hará que la narración, en sí misma, desempeñe al

menos dos funciones. La primera, como una constante en la que se sobrepone la variabilidad, es decir la diversidad de instantes que suceden en distintos momentos temporales (presente, pasado, futuro) y que componen una misma historia, estos instantes son ajustados a ella que les sirve como constante cohesiva; o sea que gracias a la unidad de la narración puede conectarse lo aparentemente dispar. La segunda función, como material de los juegos narrativos-temporales con los que se rompe la obligada linealidad del recuento, pues la narración que encierra una dilatación del instante posibilita la puesta en escena de elementos simultáneos, lo que no es posible en una cadena de habla obligadamente lineal.

A estos juegos narrativos-temporales se acercará Ricoeur bajo el término “Variaciones imaginativas”, a decir:

Hablaremos de variaciones imaginativas para designar estas figuradas variadas de concordancia discordante, que van más allá de los aspectos temporales de la experiencia cotidiana, tanto práxica como pática, tal como lo hemos descrito en el primer volumen con el nombre de mimesis I. Son variedades de la experiencia temporal, que sólo la ficción puede explorar y que se ofrecen a la lectura con objeto de refigurar la temporalidad ordinaria. (Ricoeur, 2004, 535)

Como señala Ricoeur, las variaciones imaginativas son propias de la narración de ficción que toma lo cotidiano y le da un vuelco a través de la particular experiencia del tiempo que construye. Adicionalmente, las variaciones imaginativas están ligadas a la concordancia discordante, entendida como el resultado de la decantación de hechos inconexos y

conexos; es decir, hechos que agrupados alrededor de un hecho particular, determinan un hilo conductor en medio del caos de todo lo que sucede. En el caso de Crónica de la intervención la concordancia discordante se soluciona en la novela, en la que se separa lo que sucede en el mundo para dejar sólo la historia de la matanza, aunque en esa historia se hable de otras cosas más.

Crónica se convierte en un ejemplo claro de la selección de elementos que en medio de lo discordante forma la concordancia: la matanza, y que para que sean entendidos como tal, como una concordancia entre lo discordante, se dan en una temporalidad no ordinaria. Además, según lo señala Ricoeur las variaciones imaginativas, que sólo puede explorar la ficción, permiten a través de su lectura que la temporalidad cotidiana sea refigurada; así en Crónica de la intervención, es justamente la dilatación del instante, como variación imaginativa, la que hace posible que el lector comprenda que hay más de un hecho en el instante de la matanza, pues ese instante, incluye muchos otros, del pasado y del futuro. Tal como veremos a profundidad en el capítulo cuarto de esta tesis, la construcción particular del tiempo en Crónica de la intervención se logra a través de cinco elementos: la sensación del tiempo (desde los personajes y el narrador), la construcción de los personajes, el rol de la memoria en el relato, los índices en la historia y la estructura laberíntica.