• No se han encontrado resultados

La matanza de Tlatelolco: la muerte de la juventud

“Ilusamente creíamos que el gobierno nos iba a dar el diágolo, yo así le digo, porque así nos decían los granaderos cuando nos daban de culatazos y de macanazos: ‘Tengan su diágolo, tengan su diágolo’ Por eso pensábamos que debíamos estar preparados para una discusión legal, pero oh, hete aquí que nos dieron una golpiza ilegal y

antidemocrática y el diálogo se quedó en un monólogo de dieciséis años de cárcel a los que estoy condenada...”15

Las decisiones tomadas por el gobierno y por los estudiantes, las imposibilidades de comprenderse y la ambición desmedida de demostrar poder, dejan como resultado la llamada Matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968: suceso en el que muere un número indeterminado de estudiantes, amas de casa, padres de familia, niños, obreros, profesores y policías, y que llena las cárceles de México con cerca de 2000 estudiantes durante largos periodos de tiempo.

La lucha del movimiento estudiantil se concreta en un pliego petitorio de seis puntos:

1. Libertad de todos los presos políticos.

2. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal.

3. Desaparición del cuerpo de granaderos.

4. Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías.

5. Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.

6. Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.

15

Testimonio de Roberta Avendaño Martínez, Tita, delegada de la Facultad de leyes de la UNAM ante el CNH, presa en la Cárcel de Mujeres y recogido en La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska.

Tras dos meses de enfrentamientos, protestas, mítines, propaganda del movimiento, quema de buses, encarcelamientos y muertes, ninguno de los puntos es aprobado por el gobierno.

Aunque los cronistas suelen ubicar en agosto de 1968 los comienzos de los sucesos relacionados con la Matanza de Tlatelolco en México, lo cierto es que circunstancias anteriores a esa fecha tuvieron peso significativo en lo ocurrido. Adicionalmente, es necesario aclarar que el movimiento estudiantil no se constituye en agosto de 1968, sino que encuentra su punto máximo durante ese año, más que por las peticiones (que ya se habían hecho) por la reacción desmedida del gobierno frente a las protestas. En segunda medida, aunque el 68 fue un año convulsionado en otros países y cercano aún a la Revolución Cubana, en realidad nunca se comprobó que los estudiantes involucrados en la dirección del Movimiento pertenecieran al partido comunista o que tuvieran un respaldo político de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Ahora bien, entre las circunstancias que ejercieron influencia en lo ocurrido el 2 de octubre, quizás la más importante, por estar reforzada por el poder y por convertirse en el principal obstáculo de la comprensión entre las partes involucradas, fue protagonizada por el gobierno. El Presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz, basado en mitos y rumores asume que hay un complot con el que se busca sabotear los Juegos Olímpicos 1968 (cuya sede es México) y alega que jóvenes comunistas pretenden hacer quedar en ridículo al país y a su gobierno, y de paso sumergirlos en el atraso.

De esta peligrosa idea del gobierno, se desprende una actitud castigadora y castradora cuyos métodos para evitar el complot sobrepasan el respeto por la vida. De igual modo, cada una de las circunstancias anteriores a la matanza eran interpretadas de una manera distinta por el gobierno y por los estudiantes: el primero veía en las protestas, mítines y paros, una confirmación del complot; los segundos veían a un gobierno testarudo que se cerraba al diálogo. Esta imposibilidad de comunicarse o de comprenderse fue el combustible para la matanza del 2 de octubre de ese año.

Adicionalmente, aparece en escena la confrontación de los estudiantes con sus padres: a decir, hay una juventud que lucha contra la resistencia paterna a cambiar los principios éticos establecidos. Aunque esta es una circunstancia repetitiva en las generaciones, en esta ocasión toma un curso peligroso porque la oposición implicó también una toma de partido frente al movimiento estudiantil:

Cada uno se encierra en su medio. Los adultos ven cualquier cosa de la juventud como una agresión a sus principios y a sus bases morales. Así se explica ese ilógico ataque, por ejemplo, a las melenas ¿Qué tienen que ver las melenas con la decencia o qué tienen que ver con que uno sea malo o bueno?” (Poniatowska, 2009, 23)16

En mis tiempos a una bola de vagos y malvivientes no solía llamárseles estudiantes. (Poniatowska, 2009, 79)17

16Testimonio de Gustavo Gordillo, estudiante representante en el CNH 17

¿Qué se han creído estos mozalbetes? Lo primero que yo les pediría son sus calificaciones. (Poniatowska, 2009, 87)18

Testimonios como los recopilados por Elena Poniatowska en La noche de Tlatelolco dan prueba de los roces entre los distintos grupos de la sociedad y exponen un país que con la pretensión de no perder prestigio internacional evita un análisis crítico combativo de las injusticias sociales que los han contaminado durante décadas. Injusticias (a las que los estudiantes buscaban afanosamente soluciones) tales como la falta de educación de calidad, la ausencia de condiciones laborales justas, la pobreza extrema en más de doce millones de mexicanos, el hambre en miles de niños, etc. De igual manera, el mantenimiento del orden y de la “paz interior” hace que la respuesta a la desigualdad económica y social sea el “aguante”; de modo que la situación se hace cada vez más asfixiante hasta estallar en la matanza.

Puede concluirse que parte de la explicación de por qué un pliego petitorio termina en la muerte de más de 400 personas se encuentra en que no se alcanzó una comunicación efectiva entre los implicados, ni los estudiantes fueron comprendidos por el gobierno, por sus padres ni por la sociedad masificada. Lo anterior a pesar de que era toda la sociedad mexicana quien se encontraba sumida durante décadas en problemáticas como la desigualdad social extrema, la dependencia colonial, la inexistencia de partidos políticos opositores al gobierno, la baja vida

intelectual de los nacionales, la baja calidad en estudiantes y profesores, entre otras.

El panorama construido por estas circunstancias es descrito a precisión por Alonso Aguilar y Fernando Carmona en su libro México: riqueza y miseria19, en el que se revelan las siguientes cifras para el país: más de

un millón de personas que sólo hablan dialectos indígenas; alrededor de 2 millones de campesinos sin tierra; más de 3 millones de niños entre 6 y 14 años que no reciben educación; 4.6 millones de trabajadores que, entre 1948 y 1957, pretendieron internarse ilegalmente en los Estados Unidos; cerca de 5 millones de mexicanos que andan descalzos y aproximadamente 12.7 millones que en general no usan zapatos; más de 5 millones de familias cuyo ingreso mensual es inferior a mil pesos (cerca de 76 dólares); alrededor de 4.3 millones de viviendas y 24 millones de personas que en ellas viven, que carecen del servicio de agua; más de 8 millones que no comen carne, pescado, leche o huevos; y más de 10 millones que no comen pan; casi 10 millones de trabajadores no agremiados; cerca de 11 millones de analfabetos.

Sin embargo, no son los estudiantes los únicos que intentan presionar al gobierno con reformas que cambien este panorama. Las presiones y sucesos relacionados con la matanza se remontan a 1958 cuando los sindicatos obreros se enfrentan en varias ocasiones con el cuerpo policial de los granaderos. Durante el año se da un paro ferrocarrilero, se

19Citados por Ernesto Olivera, profesor de matemáticas de la preparatoria 1 de la UNAM en el texto de la Matanza de Tlatelolco de Elena Poniatowska. –p. 136-

fortalece el Movimiento Revolucionario del Magisterio y se encarcelan algunos dirigentes que siguen siendo elegidos popularmente en la cárcel. Los conflictos desembocan en una condena de varios años, a dos de los más importantes sindicalistas: Demetrio Vallejo y Othón Salazar, con la intención de dar un escarmiento a los demás protestantes.

Posteriormente, en 1964 con la llegada a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz bajo el partido PRI, dominador del poder de todo el siglo, se fortalece la lucha anticomunista (también adelantada en otros países bajo dictadura, como Chile y Argentina), materializada, en realidad, en suprimir las peticiones de libertad ideológica y justicia social. Así, en 1965 a las peticiones del Movimiento Médico por mejoras en el salario y en las condiciones de trabajo, el gobierno responde a través de la violencia física y del encarcelamiento de varios médicos. Un año después y basados en la creencia del complot, que para este instante es ya una obsesión del gobierno, las tropas ocupan las universidades de Nicolaíta en Morelia y la de Sonora. Para 1968, la paranoia del gobierno ante un supuesto golpe de desacreditación al mismo y al país, toma un lugar que definirá la reacción exagerada de los granaderos y pondrá paradójicamente, al presidente, en el lugar del mayor propiciador del desacreditamiento del gobierno mexicano a nivel mundial, tras la matanza del 2 de octubre.

Los sucesos mayormente relacionados con la matanza comienzan el día 22 de julio de 1968. Las pandillas “Los arañas” y “Los ciudadelos” junto con algunos estudiantes de la escuela Isaac Ochoterena, se enfrentan a

estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del Politécnico. El día 23 de julio los enfrentamientos comienzan nuevamente desembocando en la incursión del cuerpo de granaderos en las Vocacionales y en el maltrato a los estudiantes a través de macanazos y bombas lacrimógenas. Cerca de 3000 estudiantes se defienden con piedras en un enfrentamiento de cinco horas. El número de estudiantes y maestros golpeados es alto, por lo cual los ánimos no se calman; se programa una marcha que tiene el lugar el día 26 de julio.

En la marcha de protesta coinciden los estudiantes y maestros, con la Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos, de filiación comunista. De repente un grupo de personas, aparentemente agentes judiciales, apedrean distintos paraderos, negocios y joyerías y golpean a jóvenes y transeúntes. Unidos a los abusos de estos agentes, llegan a la escena los policías, el caos se hace incontenible; adicionalmente, los estudiantes de la preparatoria 2 y 3 salen de un festival y son sometidos al ataque policial; para protegerse forman barricadas y comienza una pedrea. Los enfrentamientos duran cerca de 4 horas, como resultado: detenidos, heridos, cientos de zapatos perdidos y un gobierno que ratifica públicamente su teoría del complot y que cuenta con el apoyo de los medios de comunicación para hacer que la sociedad se asuste ante la amenaza.

No obstante, los estudiantes no se asustan y hablan de su triunfo en la marcha del 26 de julio. Entonces, sin que sea previsto, la madrugada del 30 de julio, soldados de la Primera Zona Militar entran a las preparatorias

1 y 3 en San Ildefonso, a las preparatorias 2 y 5 en la UNAM y a la Vocacional 5. A pesar de que se trataba del ingreso a un centro educativo, es realizado por tres batallones de infantería, un escuadrón de reconocimiento, un batallón de transmisiones, dos batallones de la guarnición de la plaza, un batallón de guardia presidencial y otro de paracaidistas. Por si fuera poco, cuentan con tanques, jeeps con bazucas y cañones, y bayonetas caladas para toda la tropa. En la desmedida acción la puerta es volada de un bazucazo, un número no determinado de estudiantes es herido o asesinado, y 127 son llevados a la cárcel sin que se les realice ningún procedimiento judicial. Al día siguiente, la versión del gobierno es muy distinta, alegan que un grupo aproximado de 300 a 400 estudiantes se establecieron en la Preparatoria 1, negándose a salir y atacando a los militares a balazos, bombas molotov y otras bombas caseras; además que los militares apuntaron en efecto con una bazuca a la puerta, pero que lo que la voló fue una explosión de una de las bombas caseras de los estudiantes y que dado este hecho, los militares pudieron ingresar y capturar a 127 de ellos.

A estas versiones tan distintas Carlos Monsiváis realiza el siguiente análisis:

Otra vez se despliegan las contradicciones que nadie se toma el trabajo de señalar. Si los ‘alborotadores’ reciben a balazos a los soldados ¿por qué no se encuentra un arma en el decomiso? Si son de 300 a 400 los estudiantes parapetados en San Ildefonso, de los cuales ninguno consigue salir ¿Por qué sólo se captura a 127 de ellos? ¿Por qué se niega haber usado la bazuca, pese a los testimonios fotográficos? Y sobretodo ¿Por qué desde el principio se

recurre al ejército, a los puestos de socorro, a los vehículos protegidos, al calificativo de ‘Zona de acción’ para el terreno del conflicto? Sólo hay una respuesta: porque el Presidente Gustavo Díaz Ordaz cree hallarse ante el bosquejo de un golpe de Estado. Las pesadillas de la paranoia se militarizan. (Monsiváis & Scherer García, 1999, 150)

Sin embargo, el gobierno se sostiene en sus versiones y acusa a los estudiantes capturados de ser elementos del Partido Comunista que pretenden desvirtuar la misión de la universidad y hacerla el terreno de sus intereses.

Por todo lo sucedido el rector Barros Sierra pone la bandera nacional a media asta en la universidad frente a los estudiantes y maestros que denuncian la violación de la autonomía, y se canta el Himno Nacional. Posteriormente, el rector lee una cuartilla que permaneció durante décadas posteriores a la matanza como el símbolo de la legitimación del movimiento estudiantil:

Hoy es un día de luto para la Universidad; la Autonomía está amenazada gravemente. Quiero expresar que la institución, a través de sus autoridades, maestros y estudiantes, manifiesta profunda pena por lo acontecido.

La Autonomía no es una idea abstracta, es un ejercicio responsable, que debe ser respetable y respetado por todos.

Una consideración más: debemos saber dirigir nuestras protestas con inteligencia y energía.

¡Que las protestas tengan lugar en nuestra Casa de Estudios! No cedemos a provocaciones, vengan de afuera o de dentro… La universidad es lo primero, permanezcamos unidos para defender, dentro y fuera de nuestra casa, las libertades de pensamiento, de reunión, de expresión y la más cara: ¡nuestra Autonomía! ¡Viva la UNAM! ¡Viva la Autonomía Universitaria!20

El mismo día de la lectura de esta cuartilla por parte del rector, el presidente se pronuncia; un breve discurso que también ha pasado a la historia como muestra de la hipocresía del gobierno:

Una mano está tendida, la de un hombre que a través de la pequeña historia de su vida, ha demostrado que sabe ser leal. Los mexicanos dirán si esa mano se queda tendida en el aire o bien si esa mano, de acuerdo con la tradición del mexicano, con la verdadera tradición del verdadero, del genuino, del auténtico mexicano, se ve acompañada por millones de manos que, entre todos, quieren restablecer la paz y la tranquilidad de las conciencias (…) Estoy entre los mexicanos a quienes más les haya herido y lacerado la pérdida transitoria de la tranquilidad en la capital de nuestro país por algaradas en el fondo sin importancia. A mí me ha dolido en lo más intenso del alma que se hayan suscitado esos deplorables y bochornosos acontecimientos.21

Los estudiantes ofendidos ante un discurso que consideran cínico y sensiblero contestan a la frase “A la mano tendida” “la prueba de parafina”. Adicionalmente, comienzan a convocar asambleas y a discutir los seis puntos que presentan en su pliego petitorio.

20 Citado por Carlos Monsiváis en: Parte de Guerra: Tlatelolco 1968 21 Citado por Carlos Monsiváis en: Parte de Guerra: Tlatelolco 1968

Ahora bien, el movimiento no logra escaparse de ciertas paradojas. Quizás la más influyente es la del lenguaje; a decir, los estudiantes quienes se sienten incapaces de establecer una comunicación eficaz con el gobierno y con las demás autoridades, también sufren la imposibilidad de encontrar entre ellos mismos un lenguaje común. Aparece de hecho, con mucha constancia, una fuerte crítica al academicismo con el que se tratan hechos que afectan a la humanidad en su convivencia más íntima. Por ejemplo, las largas discusiones acerca de los presos políticos, son debatidas por los estudiantes en los siguientes términos:

Los teóricos no salían a las brigadas; se quedaban encerrados cotorree y cotorree no más perdiendo el tiempo. Hablaban por ejemplo de los presos políticos. Nosotros los brigadistas comenzamos a entender lo que eran los presos políticos cuando nos empezaron a perseguir sin que estuviéramos haciendo nada ilegal (Poniatowska, 2009, 35)

Los “teóricos” son los estudiantes de la UNAM quienes, según sus compañeros del Politécnico o de otras escuelas, se encontraban derrotados desde el principio. Esto porque más que perseguir el objetivo de que les fueran concedidos los seis puntos del pliego petitorio, se dedicaban a explicar por qué el gobierno negaría sus peticiones. En términos generales, los estudiantes de la UNAM son vistos como la élite académica que, en potencia, comenzará siendo revolucionaria pero que se acomodará muy rápidamente en el sistema desigual, replicando durante una nueva generación las injusticias del país. Por fortuna, la dificultad de encontrar un lenguaje común disminuye a medida que el movimiento avanza, pues el lenguaje se traduce en acciones, en unos sucesos en los que todos los que deciden hacer parte encuentran el lenguaje común.

De hecho, la conquista de un lenguaje común se fue extendiendo a otros grupos distintos a los estudiantiles, por ejemplo, con los obreros, según lo cuenta el estudiante Salvador Martínez della Rocca, citado por Elena Poniatowska:

No había comunicación. Al contrario, se levantaba un muro de desconfianza. Lo mismo pasaba con Humanidades. Las muchachas de Filosofía regresaban de las brigadas todas monas, todas sonrientes y nos decían: ‘Compañeros, hoy fuimos a ver a los obreros y fue retebonito, retemocionante. Les dimos su volante: Toma obrero, toma obrero, toma obrero’ Los obreros decían: ‘¿Y ahora éstas qué se traen?’ Los estudiantes les parecíamos medio payasitos, si no es que pendejitos. Yo fui testigo de que el lenguaje fue cambiando, o mejor dicho, de que fuimos encontrando un lenguaje común, y ésta es la experiencia más bonita que saqué del Movimiento. (Poniatowska, 2009, 29)

A la par de estos acercamientos verbales, se suman acercamientos y apoyos que los estudiantes encuentran en otras personas, gracias a las acciones motivadas por el Movimiento. Ejemplo de ello es la adhesión de algunos campesinos, en el marco de la siguiente situación: durante el mes de agosto, en cercanías del pueblo Topilejo, un autobús que se dirigía a esa población se volcó, provocando varios muertos y heridos. Entre las causas del accidente los pobladores argumentaban que los autobuses eran demasiado viejos y que las vías se encontraban en mal estado. Los campesinos empezaron una serie de protestas y comenzaron a apoderarse de las unidades de transporte de la línea, exigiendo la modernización de la flota, el mejoramiento de las vías y un mayor monto en la indemnización ofrecida a las familias de muertos y heridos, que inicialmente había sido de 2000 pesos mexicanos por familia.

A pesar de las protestas y de la retención de los autobuses, el encargado de la empresa empezó a dar largas a la solución de las peticiones de los campesinos, por lo cual éstos decidieron recurrir por asesoría a los estudiantes de economía de la UNAM. Los estudiantes deciden intervenir en las protestas y presionar junto con los campesinos para que las peticiones les sean concedidas. Tras varios ires y venires en las conversaciones, en las protestas y en los intentos de evasión de los empresarios, la situación se hace extrema. Hacia los primeros días de septiembre la empresa se ve obligada a ceder, concediendo cambiar