a conciencia cósmica es infinita y no puede describirse con unas pocas palabras. Apenas puede comprenderse cuando la comparamos con internet, que cada día crece con miles de nuevas páginas web y no para de expandirse. La mayoría de los usuarios de internet tienen determinadas páginas webs que siempre visitan una y otra vez. Tal vez pertenecen a un foro o a una comunidad e intercambian opiniones regularmente. Aceptan la información que hay disponible allí de forma consciente o inconsciente y se dan por satisfechos. La necesidad de estar de acuerdo con un grupo, por ejemplo, con lo que se acaba de decir en ese grupo, es de sobra conocida a nivel mundial, como en la industria de la moda. ¿Quién decide realmente lo que se lleva y lo que no? Nadie cuestiona eso. Normalmente, las personas se encuentran en un campo de conciencia, como el de un diseñador de moda, y se comportan en consecuencia. Diseñador de moda es también una palabra interesante, ya que, al menos, este diseñador es un creador consciente de sus colecciones que el resto de personas, más o menos conscientemente, compra y viste.
El biólogo Rupert Sheldrake habla en este contexto de un hipotético campo con «causación morfogenética para el desarrollo de estructuras». Le doy la razón. Sin embargo, considero que estos campos existen como campos de conciencia y que no son, de ningún modo, hipotéticos, sino que tienen un gran efecto. Existen campos de conciencia colectivos con opiniones predominantes, bien en política u otros ámbitos, donde se decide lo que está bien y lo que está mal, lo que es correcto y lo que no. Dichos campos marcan el programa inconsciente, el patrón de pensamiento, la manera de pensar, las opiniones, los comportamientos y las experiencias de toda la cultura o subcultura de las personas. Cuando uno tiene unas convicciones culturales o religiosas distintas puede ser que le parezca absurdo o completamente irritante aquello que se da por normal en un grupo.
Cuando yo hablo de conciencia cósmica, no me refiero a los distintos campos de conciencia colectivos, sino más bien a una conciencia superior libre de opiniones, valoraciones y juicios. En la recodificación cósmica se trata de desenclavarnos de los campos de conciencia colectivos y limitantes y de transformar y neutralizar su efecto. Cuando un determinado campo de conciencia considera, por ejemplo, que una
enfermedad es incurable, uno puede desligarse de él y lograr su propio campo en el que la buena salud es lo normal.
Una cliente mía, Elisa, se encontraba en un campo de conciencia que su madre y sus antepasados habían preparado para ella. Decía: Niña, no vas a conseguir eso. Daba igual que quisiera aprender a andar, a montar en bici, a ir al instituto o cualquier otra cosa, Elisa escuchaba una y otra vez: Niña, no vas a conseguir eso. Naturalmente, a Elisa todo le resultaba muy difícil, pero había conseguido algo. Su subconsciente no había escuchado la palabra «no». A pesar de ello, sentía la energía con la que le hablaba su madre y siempre tenía miedo de no llegar a conseguirlo realmente.
Sumergirse en la conciencia cósmica significa liberarse de todas las limitaciones y de todo miedo. Uno puede conseguirlo todo porque la verdad es: todos somos creadores. A partir de ahora podemos conseguir todo aquello que percibimos conscientemente con los códigos cósmicos luminosos.
Cuando nos sumergimos conscientemente en el cosmos infinito tenemos acceso a la base de datos cósmica. Todo está almacenado ahí, independientemente del pasado, del presente o del futuro, porque, como hemos visto antes, estos no existen. Esta base de datos es, por expresarlo de un modo terrenal, como un enorme almacén con innumerables estantes a los que podemos acceder. Y, al mismo tiempo, nada está ahí porque se trata de un potencial de la creación. Todas estas cosas podremos «solicitarlas» cuando nuestra alma entre en resonancia con aquello que deseamos conseguir, cuando los códigos se activen y ya estemos sosteniendo nuestros deseos en la mano.
LA CREACIÓN ES MULTIDIMENSIONAL Y NO SECUENCIAL
En el momento en el que percibimos los códigos luminosos ya se ha formado un holograma que aparece ante nosotros como manifestación de la materia.
Por ejemplo, mientras escribo este libro, experimento cómo lo sostengo en las manos, paso alegremente sus hojas y se lo firmo con mucho gusto.
En mi corazón suena una canción de Led Zeppelin de los años 70 que me gusta escuchar. En ella se habla de lo que realmente es importante en nuestro viaje a la conciencia. La canción se llama Stairway to Heaven (Escalera al cielo). Trata sobre una dama que está segura de que todo lo que brilla es oro. Ella quería comprar esta escalera hacia el cielo. Pero su sombra (ego) era mayor que su alma. Solo en la última estrofa se encuentra con los seres de luz radiantes que todos conocemos y que
le enseñan que no todo lo que brilla es oro. «Y si escuchas atentamente, la melodía (y con ella la vibración) al fin te llegará. Cuando todo sea uno y uno sea todo. Ser una roca y no rodar. Y va a comprar una escalera al cielo».
En la portada original del disco (de 1971) hay dibujada una escalera al cielo/al cosmos y delante de la entrada luminosa hay un ángel blanco con unas grandes alas que está esperando.
Viaje 10: e l cosmos – Stairway to Heaven