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I. LA QUERELLA ENTRE PROSA Y POESÍA

4. Conclusión: la querella de las artes hermanas

La revisión que hemos hecho de las propuestas que intentaron establecer la naturaleza de la literatura nos permite determinar un rasgo en común que todas comparten, a saber, que su supuesto inicial es la incompatibilidad de la prosa y la poesía. Con la disputa de los novelistas y de los poetas franceses en el XIX, se obtuvo una caracterización específica de estas artes compartida tanto por Valéry como por Sartre: la novela como una expresión realista, cargada de contenido ideológico y atada a un lenguaje descriptivo y cotidiano; la poesía como un trabajo especial de la palabra que la transforma, alejado de cualquier ideología y creador de un mundo propio. Este legado sería la justificación de ver entre ellas la imposibilidad de interactuar sin tener que enfrentarse, pues, como lo decía Valéry, la poesía vista de esta forma es todo aquello que la prosa no.

Esta es una de las manifestaciones de una antigua querella, se trata de una competencia por establecer cuál arte, prosa o poesía, era más digna para guiar el campo de las letras. Es decir, las respuestas a la pregunta por la literatura eran un intento por demostrar la superioridad de las características de una de estas artes respecto a las de la otra, tratando al mismo tiempo de descalificar a como diera lugar a su oponente, para que de esta forma una de ellas pudiera llamarse lo verdaderamente literario. Pero, ¿son irreconciliables prosa y poesía o es posible una hermandad entre ellas?

30 En el segundo ensayo de

¿Qué es la literatura?, ¿Por qué se escribe?, Sartre intenta dar cuenta de esta contradicción acudiendo a dos recursos kantianos: el imperativo categórico y el juicio de gusto. Pretende con ello justificar que es posible la unión entre el compromiso ético y el desinterés que debe tener el arte para sostener el extraño estatuto de la literatura que en el primer ensayo deja entrever. A pesar de todo, es discutible la continuidad entre la argumentación del autor en ambos ensayos; mientras que en el primero el concepto de arte que sostiene es el expuesto en Lo imaginario, en el segundo se trata de un concepto mucho más flexible que facilita integrar lo que antes no había podido. Si Sartre consigue o no una organicidad entre estos dos elementos de la filosofía kantiana, es un tema que supera los alcances de nuestro planteamiento.

Un primer supuesto que está en el fondo de la oposición es la caricaturización tanto de la novela como de la poesía cuando se les otorga determinadas propiedades antagónicas: el realismo exagerado para la primera y un lirismo extremadamente formalista para la segunda. Evidenciamos entonces que éstas características se toman como los principios rectores de toda novela y poesía –presente o futura–, convirtiendo lo que podría ser simplemente una disputa de escuelas artísticas (Realismo vs Parnaso) en la gran querella de dos artes que, por su inconciliable relación, terminarían siendo enemigas.

Por tanto, tal incompatibilidad debe ser delimitada a determinadas corrientes literarias que la promueven, y a la vez, un alejamiento de los dominios que ellas abarcan nos dejará admirar que la prosa y la poesía son más cercanas de lo que aparentan. Evidentemente, son dos expresiones con recursos y características distintas, pero no por ello se excluyen, antes bien, se complementan una a la otra. Inclusive en su diferencia estas artes pueden ser hermanas, siguen teniendo un vínculo muy fuerte que las une: su trabajo con el lenguaje.

Aquí se revela el segundo supuesto que guió la problematización de la pregunta por la literatura y que mantiene la relación irreconciliable de prosa y poesía. Estamos hablando del supuesto de un lenguaje transparente y representativo que sostendría: 1) la equivalencia entre la palabra y objeto que ésta nombra, 2) el lenguaje cotidiano como aquel que presenta univocidad significativa y el desgaste de cada término, y 3) la identificación de la prosa con las características del lenguaje cotidiano.

A partir de los supuestos arriba citados preocupa el hecho de que la novela queda excluida de la dimensión poética, ya que se le presume como un trabajo inferior al del poema; no obstante,

En esta concepción hay un curioso olvido: el hecho que la novela es un arte del lenguaje, y que existe como universo de figuras y palabras. Posiblemente, sería razonable el buscar su necesidad menos en las relaciones exteriores que mantiene

con un modelo o un lector y más en las autenticas relaciones del lenguaje, en la fundamental unión, indisoluble, de una forma con el objeto del relato.31

Todo esto nos dice que el papel del lenguaje es fundamental cuando se tematiza la pregunta por la literatura, no en vano se trata del arte de las letras. Un concepto reducido de lenguaje conduce a una aproximación reducida de lo literario, por lo que un cambio en la noción de éste repercute directamente en la comprensión de aquella; pero también, es necesario reconocer que en la literatura se juega un intento por pensar el lenguaje y que a través de ella, como bien lo sugirieron Heidegger y Blanchot32, es posible realizar un completo estudio de todas las propiedades que éste posee, incluyendo aquellas que son las más fundamentales y pertenecen al dominio ontológico-existencial.

Presenciamos cómo la pregunta por la literatura se convierte en la entrada a los temas filosóficos más áridos e importantes, mereciendo un tratamiento mucho más amplio del que hasta el momento ha tenido. Se requiere entonces un análisis que dé cuenta del principal problema de la literatura –el lenguaje–, extrayendo las consecuencias de la ilusión representativa que lo rodeaba, para así encontrar el camino que facilite su superación y la formulación de una nueva conceptualización que sea capaz de abordar todo lo que aquí se implica. Este es el punto de partida de la propuesta merleau- pontiniana.

31Maurice Blanchot, “El enigma de la novela,” en

Falsos Pasos (Valencia: Pre-textos, 1977), 205. 32 Cfr. Martin Heidegger,

De camino al habla (Madrid: Ediciones del Serbal, 1987) y Maurice Blanchot,

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