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I. LA QUERELLA ENTRE PROSA Y POESÍA

3. Sartre y la literatura comprometida

3.4. La palabra como objeto

Una vez explicada la noción no-significativa del arte, ¿cómo la poesía hace parte de ella, si trabaja con el lenguaje, un recurso significativo? Sartre utiliza la definición de poesía que tiene Valéry, pero la trastocaría de una manera que el poeta francés jamás esperaría. Para Sartre al igual que para Valéry, no es igual el acercamiento que hace la poesía al lenguaje al que hace la prosa, ésta última asume el lenguaje en su plenitud tomando la palabra como un medio que sirve para comunicarse; en cambio, la poesía no utiliza al lenguaje y asume la palabra como un objeto que no tiene finalidad externa a él: “el

hombre que habla está más allá de las palabras cerca del objeto; el poeta está más acá. Para él primero las palabras están domesticadas; para el segundo continúan en estado

salvaje”28.

El poeta, según Sartre, toma al lenguaje de una manera no significativa, para él tienen mayor peso las otras propiedades de la palabra, aquellas que Valéry creía que constituían su forma (tono, sonoridad, materialidad, etc.) y pasan desapercibidas en la comunicación. Al darles prioridad, el poeta investiga el modo en que dichas propiedades configuran ciertas imágenes, esto hace que se adentre al microcosmos que conforma la palabra y no que actúe sobre los objetos de la realidad. El encantamiento que produce lenguaje sobre el poeta es la causa de su alejamiento del mundo; más que estar consciente de su contexto, lo contempla.

27 Sartre,

Lo imaginario, 266. 28 Sartre,

Así, aun siendo un arte del lenguaje, la poesía es más parecida a la música –aunque no de la misma manera como lo deseaban los poetas del XIX– o a cualquier otra expresión artística que a la misma prosa. Es arte en todo el sentido del concepto sartriano: ineficaz, inútil, separado del mundo y sobre todo, es imposible exigirle un compromiso ético con las situaciones de un momento histórico. Hasta aquí, se podría decir que el filósofo francés ha continuado la idea valeriana de una poesía pura, pero hay otro detalle con el cual toma distancia de Valéry, a saber, que al no tener significaciones, la poesía y el resto de las artes, están encerradas en una ‘actitud autista’. Se vuelven siempre a su

interior, creando un espacio propio, pero suprimen cualquier afuera. No tienen que ver con la verdad (no caracterizan objetos) y por ello no enseñan; no transforman, son pasivas; sólo producen un estado estético en su espectador. La única capacidad de las artes para Sartre sería la de crear la experiencia de lo bello en el hombre; nada más. 3.5. ¿Y dónde está la literatura?

Como hemos visto, la propuesta sartreana exige que se mantenga una estricta oposición entre la imagen y el signo, puesto que así se configura la idea de la literatura –la prosa–

como acción comprometida con la realidad; sin embargo, podríamos ver en esta misma

oposición razones para poner duda el deseo del autor por sostener un “análisis sin

prejuicios” de lo literario. Dicho de una manera más fuerte, si hacemos una

consideración detenida de este aspecto, encontraríamos suficientes restricciones como para afirmar que la tematización de la pregunta por la literatura que realiza Sartre es insuficiente para abordar el problema que el autor pretendía enfrentar.

En primer lugar, con la escisión entre signo e imagen, Sartre consigue separar a la literatura del resto de las artes, por considerarla superior al ser ésta la única poseedora de una capacidad significativa; pero también la aísla, porque la literatura es incapaz de relacionarse con otras expresiones artísticas que, en realidad, le abrirían todo un espectro de posibilidades por las que sería válido preguntarse, y a pesar de ello, Sartre quiere rechazarlas.

En segundo lugar, el concepto de literatura que nos quiere ofrecer el filósofo francés está limitado exclusivamente al de prosa y en apariencia, a un tipo de prosa bastante descriptiva. En su planteamiento, la poesía ha sido expulsada del campo literario por no tener significaciones con las cuales afectar al mundo, mas vale la pena preguntarle a Sartre qué tan válido es excluir de esta cuestión uno de los elementos que más la problematizan y de plantear una ruptura en lugar de investigar si hay o si es posible formar lazos entre las dos maneras de trabajar el lenguaje que ofrecen la prosa y la poesía.

En tercer y último lugar, si tomamos de manera consecuente los conceptos de imagen, arte, signo y literatura que nos ofrece Sartre, llegaremos a una contradicción que a su vez se convierte en incertidumbre. Teniendo en cuenta que el rasgo principal de la obra de arte es la ineficacia y la pasividad de las imágenes y que el de la literatura es la significación y la modificación de lo real, ¿es posible, sartreanamente hablando, todavía llamar arte a la literatura? ¿Cómo sostener el estatuto artístico de algo que por su propia naturaleza se opone a todas las características del arte? En ¿Qué es la literatura?,

algunas frases dan indicios de que el autor hace pasar desapercibida esta contradicción y desea sostener esta condición significativo-imaginativa para la literatura: “el arte de la prosa se ejerce sobre el discurso y su materia es naturalmente significativa”29.

Ya en un sentido estricto, es imposible que a partir de estos conceptos la literatura sea considerada un arte, su conexión con la realidad es demasiado estrecha como para tener

el nombre de ‘objeto irreal’ o de ‘obra de arte’. Pero aun así, tampoco está más cerca del

campo filosófico o el campo político (similares a ella por su acción significativa sobre el mundo) que podrían acogerla y darle un sustento suficiente, ya que la misma descripción sartreana prohíbe a toda costa que lo literario se vuelta un medio para la divulgación de

29 Sartre,

doctrinas. Entonces, ¿dónde está la literatura?, si hubiera cumplido con su tarea, el análisis sartreano no platearía este inconveniente, ya lo hubiese solucionado30.

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