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Al abordar que concluyo sobre mi trabajo de grado, seguramente no será nada nuevo tampoco algo que hizo falta por decir. Inclusive, ya lo habrán dicho en otras palabras. Pero la sustancia mayor, el provecho más grande que puedo aportar en estas conclusiones, será haberlo vivido desde el hacer, será haberme encontrado personalmente y de frente con preguntas que muchas veces no nos dejan descansar el

espíritu. Las conclusiones que hoy se plantean seguramente serán para ratificar la validez o no conceptual de algún discurso, pondrá en debate algunos pensamientos posados que hoy se ven en desequilibrio o tal vez me doy por bien servido y este aportando una semilla más a este jardín basto del arte escénico.

La utilidad de representar el pasado

El teatro fue el primero en hacer historia inclusive antes que hubiese escritura y palabra, lo sabemos, desde que el hombre mimo el fuego a otros hombres para contar su descubrimiento. Justo en ese momento, el hombre acababa de representar su pasado, en consecuencia ya toda representación teatral es representación del pasado.

La condición de posibilidad del teatro con referencia histórica o el teatro de la historia, no es aquello que diferencia unos tiempos de otros sino aquellos que atraviesa los tiempos y que permite sentir como contemporáneo al hombre de otro tiempo. Claro está, lo vemos como contemporáneo pero reconociendo cada una de nuestras particularidades, ya que estas nos dejan un sello para las otras épocas.

El hijo de las dagas o el teatro con referencia histórica, busca en los espectadores reflexiones sobre las condiciones históricas en que tuvo lugar la vida humana y que se hiciesen conscientes de su propia historicidad. El teatro de la historia en puesto en escena porque unos hombres de hoy se reconocen en esos personajes que representan a personas históricas. Dicho de otro modo el rasgo mayor del teatro de la historia es el hallazgo de lo universal en lo particular.

Aristóteles hace un tiempo lo comento en su poética, sección novena, que el historiador se ocupa de lo sucedido, de lo particular y que el poeta se ocupa de lo que podría suceder, de lo universal. Hoy esta búsqueda de lo universal, desde procedimientos como el análisis histórico y la imaginación histórica, puede exigir al poeta o concretamente al autor de obras dramáticas, renunciar a la fidelidad del documento a la que el historiador está obligado.

El Autor, dramaturgo o poeta no ha de ser fiel al documento sino a la Humanidad: a la del pasado, a la del presente y la del futuro. Ante toda es ella es responsable el autor del teatro con referencia histórica.

El teatro con referencia histórica medita o se piensa sobre sí mismo y se hace consciente de su sentido. A través de los personajes el teatro de la historia afirma que la representación de un tiempo puede ser valiosa para los hombres de otro tiempo. En otras palabras, la representación del pasado puede extraerse una enseñanza, una utilidad para la vida y el presente.

También el teatro con referencia histórica al construir una imagen del pasado, nos ofrece una representación del tiempo en que fue concebida dicha obra dramática. Porque el teatro histórico dice más de la época que lo produce que acerca de la época que representa.

Estas representaciones, que están permeadas por la historiografía, tienen inmerso los deseos y miedos de la época que lo pone en escena, esto permite que un pasado sea visto de una manera y no de otra. Por todo lo anterior, concluimos que el teatro con

referencia histórica es una historia de la humanidad y el teatro de la historia que producimos hoy es la representación de nuestro tiempo actual.

Si el Hijo de las Dagas o La Verdadera Muerte de Luis Vargas Tejada sobrevive al momento en que fue creada y logra trascender el tiempo y el espacio del autor, se convertirá en un nudo de tres tiempos: el pasado que fue representado, el presente que produce esa representación y cada futuro que actualiza ésta representación.

Esta obra innegablemente es un intento, de utilizar un tiempo pasado para representar el nuestro propio, ganando una distancia que permita subrayar los rasgos mayores de su nuestra propia época.

Ahora, alrededor de este panorama también queda pendiente el debate si al recurrir a la historiografía como una herramienta a la construcción del texto dramático no estaremos salvando lo que la Historia ha sacrificado y si es toda una pretensión el hablar a nombre de las víctimas. Cada construcción dramática con referencia histórica es un encuentro con el pasado y este encuentro puede ser como dos novios descubriendo el amor o como un golpe de palabra penetrado por la traición; cada encuentro con el pasado es caminar tanto como en terreno fehaciente como en un terreno arriesgado.

Pero es que resulta ingenuo aspirar a un teatro de referencia histórica desinteresado, el teatro de la historia es un teatro político; es un asunto de la vida misma antes que un asunto de la razón de la Historia. Responde a un problema del conocimiento práctico y no del conocimiento puro. La pretensión de escribir una obra dramática con referencias historiográficas desentendida de intereses actuales e intentar escribir “tal y como sucedió” es un peligro, una ingenuidad. Es lo que decíamos antes,

el poeta estaría contrariando su condición cuando asume el rol del Historiador: fidelidad a las pruebas documentales pues la recolección de referencias documentadas crea cierta ilusión de objetividad.

Este teatro historiográfico, es un teatro subversivo, de trastorno, de zarandear mentes, porque contribuye a la autocomprensión de su época y por tanto se extiende en una dirección de futuro para la misma. No obstante nos queda la pregunta ¿Acaso no se hacen procesos de olvido frente a la memoria cuando los procesos de violencia son tan catastróficos para una sociedad? ¿Un exceso de olvido de memoria están peligroso como su contrario? Grandes preguntas que no estamos obligados a responder…. Por ahora.

Otra pregunta que rodeo a este trabaja de grado fue: ¿Cómo convertir la información historiográfica en acción dramática? Y en resumenpodemos decir que:

- El contenido informativo es lo menos importante para un teatro con referencia histórica ya que una obra lograda no es aquella que consigue brindar una información al espectador, sino es aquella de la que el expectante puede hacer una experiencia. Por consiguiente, no significa que al autor o dramaturgo no se le pueda pedir cuentas, pero debemos recordar que el poeta se desplaza por un terreno singular que no puede comparársele con el del historiador académico

-El dramaturgo puede tomar decisiones propias del escenario, tales como, nuevos sucesos nunca antes acaecidos, encuentros entre personajes que nunca pasaron, alterar el espacio tiempo de los acontecimientos en que ocurrieron, se fusionen espacios distantes.

Todo esto en procura de la participación del pasado y a través de ella, en la construcción de un presente

- otra respuesta a nuestra pregunta sobre ¿Cómo convertir la información historiográfica en acción dramática? En primer lugar es a partir de una elaboración técnica: Los personajes, las acciones, los espacios y los tiempos históricos requieren estrategias de construcción específicas. De un análisis histórico, enseguida de un procesos de imaginación histórica y su ulterior proceso de dramatúrgico. Ello plantea al dramaturgo: ¿Qué conviene dar por conocido o qué conviene dar por conocer?

Siempre será posible una nueva representación de Luis Vargas Tejada, siempre será posible una experiencia nueva. Siempre será posible contemplar a este personaje histórico con asombro. Como si nunca ante fuera sido visto.

Esta visón es la que nos proponemos en este teatro con referencia histórica, ver el pasado con ojos nuevos o tal vez “por comparación” (Silva, 2014). El mejor teatro de la historia abre el pasado y en suma, su presente.

La importancia y la utilidad de la dramaturgia:

No es una necesidad superflua, que al ser humano le cuenten historias, por el contrario, se puede vivir sin hacer deporte, sin viajar, inclusive sin tener hijos. Pero no se puede vivir sin historias. Véase la biblia o los cuentos de hadas. El relato, ora para uno mismo, ora para los demás, ya cuente una realidad o una fantasía, sean en forma literaria o dramática, “es tan vital para nuestra psiquis como el oxigeno para nuestro cuerpo”(Lavandier, 2003, p 18)

La dramaturgia es tan útil y más directamente, para nosotros mismos, porque no solo distrae y alimenta nuestras representaciones imaginarias, sino que también, porque nos ayuda a resolver nuestros conflictos, nos da esperanza en el futuro y en palabras de Lavandier (2003):”nos permite madurar sin volvernos psicóticos”. En síntesis, porque nos ayuda a vivir.

El ser humano sigue necesitando historias, primero porque le distraen en el sentido de “lo llevan lejos”, le hacen olvidar la cotidianidad. Aunque hacen mucho más que eso. Después de todo, una copa de futbol, un festival mundial, una serie de televisión, unos juegos olímpicos, la visita de la familia, también distraen. Pero esto no nos permite entrar en el pensamiento del otro, que sintamos las emociones del otro, por eso es que es tan importante la imaginación histórica.

Las personas conocen bien su pensamiento, sus deseos y sus emociones pero bastante mal su imagen. Para la sociedad que nos rodea es el contrario. Nosotros conocemos más la imagen y emociones de las personas que su pensamiento o deseos. La dramaturgia posee la facultad de tenerlo todo, de hacer una comunión entre imagen, pensamiento, deseo y emoción, de hacer que el espectador comulgue con el otro, con el personaje.

Por último, es evidente, que no hay una objetividad pura en la escritura dramática, pues el autor verá este universo desde una perspectiva particular, con un camino planteado y un horizonte por resolver. En consecuencia, el autor se esconderá detrás de unos de sus personajes, muy probablemente en el del protagonista, así como Flaubert se escondía detrás de Madame Bobary, Sófocles detrás del viejo Edipo, Moliere detrás de Arnolfo, Hitchcock detrás de Christopher Balestero y así abundan un

montón de ejemplos en dramaturgia. La dramaturgia por lo tanto crea un doble vínculo: entre el autor y el espectador y a eso le llamamos identificación.

La utilidad de la tipología del texto dramático con referencia histórica en la experimentación

Inicialmente esta investigación de Darío Gómez (2006) nos sirvió como horizonte conceptual de un Teatro de la Historia de Colombia. Tener un referente clave de algún autor que ha reflexionado sobre las relaciones entre el teatro y la historia fue el interés inicial.

Pero la terquedad y la necesidad de identificar mecanismos creativos para abordar la historiografía de manera singular, nos llevo a no ver este texto como no una cartilla informativa sino como una posibilidad de herramienta práctica para una elaboración de escritura dramática y por qué no, escénica.

No es la primera vez que se ha hecho este tipo de experimentaciones pero si, la primera vez que se observa con gran detalle y de manera rigurosa en un Semillero de Investigación, propiamente el de Teatro y Memoria histórica y desde allí puedo decir que:

- La noción de referencialidad entre mundo real (La historia) y el mundo posible (ficción teatral o imaginación histórica) nos permite reconocer el nivel de elaboración dramático del ejercicio propio de la dramaturgia y más allá de reconocerlo, aplicarlo según el nivel de referencialidad histórica.

- Fue posible reconocer tres niveles de elaboración dramáticos de la tipología textual del Teatro de la Historia en los tres ejercicios de experimentación:

Teatro histórico circunstancial. Elaboración dramática de las

circunstancias: Referencialidad relativa. En este nivel la ficción dramática

se impone sobre la realidad histórica; Teatro histórico eventual. Elaboración dramática de la posibilidad: Pseudoreferencialidad. El teatro eventual hace énfasis en eventos inexplorados, ausentes del mundo real, hace parte del condicional ¿Qué pasaría sí…?. El mundo posible surge como una creación de situaciones alteradas del mundo real; y por último Teatro histórico

eventual figurado. Metareferencialidad. La preocupación en este ámbito deja

de ser histórico en tanto lo histórico se subordina a lo teatral.

- El ejercicio práctico del análisis de la tipología no solo es un hallazgo de análisis textual de las obras dramáticas con referencia histórica, sino la validez de una herramienta práctica y creativa para la creación de textos dramáticos con referencia histórica. Insistimos en ello porque los niveles de referencialidad como tratamiento creativo de un teatro de la historia es un logro fundamental de este trabajo.

Finalmente, La posibilidad de generar un conocimiento del pasado fundamenta la necesidad de esta escritura, y más aún de este tipo particular de escritura. Es la posibilidad de construir una comunidad de valores y de intereses, una sociedad adulta con autoconciencia.

Una sociedad informada de su pasado es una sociedad que logra pararse críticamente en los sitios que estuvieron parados sus antepasados. Por eso es necesario

establecer un diálogo con la historia desde distintas perspectivas, como lo son el texto teatral y su ulterior puesta en escena o la perspectiva individual, por ejemplo.

Lo que creemos necesario es que la sociedad y sus miembros particulares entren en relación con la historia. Contamos para ello con el teatro y los medios, lenguajes y recursos que le son propios.

En síntesis, el acontecimiento histórico funciona como un factor alterno o complemento de otra situación que es la actual y no la histórica.

REFERENCIAS

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TABLA DE FIGURAS

Figura 4. ACCIÓN DRAMÁTICA, FÁBULA, ARGUMENTO E HISTORIA. Recuperado de Ramírez ,2013 p34.

ANEXOS

1. Obra terminada: EL hijo de Las Dagas o La Verdadera Muerte de Luis Vargas Tejada

2. Diario de trabajo escaneado de las notas de proceso del texto dramático en el taller de dramaturgia de la Sala Vargastejada.

3. entrevista a Jonatan Camero por parte de Ángela del Mar Verdugo, actriz que interpreto los personajes en “El hijo de las dagas…” y quien posteriormente hizo su trabajo escrito de grado con esta obra en mención.

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