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Plantear que el Estado oligárquico de comienzos de siglo XX, no realizó ninguna acción por mejorar las condiciones de vida de los sujetos populares, termina siendo una falacia, al igual que indicar que todos los sujetos populares poseían la misma identidad o peor aún, que todos se sentían “obreros”. El Estado no realizó un programa pro industrialización, no capacitó a sus trabajadores en las nuevas tareas y no incentivó la adquisición constante de tecnologías. Al ingresar en al segunda fase de transición capitalista, el Estado olvidó que la inyección de capital debía ser constante y que el éxito de ésta dependía de los propios trabajadores.

A raíz de la llegada de la modernidad los sujetos populares vivieron drásticos cambios en sus formas de vidas. Algunos debieron emigrar a las ciudades y transformarse de peones a trabajadores, otros debieron viajar al norte del país a las zonas de explotación del salitre. Los cambios por los cuales pasaron los obligó a adaptarse dentro del sistema imperante y a ratos vivieron violentas expresiones de hastío, como la huelga de la carne.

Durante la huelga de octubre de 1905 se evidenciaron diversos actores sociales: artesanos, obreros y el bajo pueblo. Algunos autores han señalado que no es factible considerar a los artesanos dentro de los sujetos populares, sin embargo, a partir de la realización de esta investigación se ha determinado que, si bien los artesanos se encontraban mejor posicionados que el resto de los sujetos populares, esto debido a que poseían mayores niveles de calificación y autonomía laboral, de igual forma compartían elementos y características comunes con los trabajadores en vías de proletarización y con el bajo pueblo.

A lo largo de esta investigación se ha sostenido que el conjunto de los sujetos populares desarrollaron una identidad común que se encontraban en constante reformulación

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y evolución, pues respondía a las experiencias vividas en la cotidianeidad y de la percepción de ellos mismos y de los otros. La identidad corresponde a un proceso de construcción en el cual se une la forma en que los sujetos se perciben así mismos y como éstos son percibidos por los otros. En el caso de los sujetos populares enmarcados en la huelga de la carne de 1905, al cambiar sus condiciones de vida, su identidad se reformuló y de igual forma su proyecto histórico.

Los sujetos populares vivieron en común un contexto desbordado por la cuestión social, en el cual se encontraron imbuidos en la prostitución, el alcohol, la hambruna y una ciudad que no entregaba vivienda, trabajo ni salud. La cuestión social la hemos comprendido desde dos perspectivas adyacentes, primero como una falta de respuesta de la oligarquía y segundo, como un proceso de respuesta desde los sujetos populares. Poseyeron en común también enfrentarse a un proyecto político y económico que los dejaba fuera abiertamente, pues no se les consideraba como actores ciudadanos relevantes a la hora de tomar decisiones. Y además, tuvieron en común vivir bajo una desesperante crisis económica que estaba generando de forma sostenida y constante el aumento de los alimentos de primera necesidad.

No fue necesario que los sujetos populares se sintieran todos obreros, ni que todos levantaran organizaciones y discursos que los sostuvieran, como han planteado los autores de la escuela marxista clásica. Sino que estos desarrollaron lazos de solidaridad con otros sujetos que se encontraban en las mismas condiciones y estrecharan una interacción simbólica con ellos. Durante la huelga del 22 de octubre de 1905 es posible destacar que los sujetos que participaron de ella manifestaron, a través de diferentes mecanismos, dos expresiones identitarias: conciencia de clase y nacionalismo popular.

La huelga de la carne representó una expresión horizontal de conciencia de clase porque primero, la huelga fue capaz de unir en torno a la figura de San Martin en la Alameda

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a más de 50 mil personas (algunos periódicos de la época hablan de 75 mil e incluso de 100 mil). Claramente, para obtener tal convocatoria fue necesaria una amplia difusión previa que permitiría a los habitantes de las diez comunas de Santiago y a los diferentes gremios organizarse. En segundo lugar, una vez iniciados los disturbios se dio paso a la destrucción de los símbolos de poder y de gobierno y al saqueo de casas de los poderosos vecinos de la comuna de Santiago. A través de esto se expresó un sentimiento generalizado de malestar y frustración hacia las familias adineradas y de clase superior. En tercer lugar, representó una instancia de reunión que se generó a través de lazos de solidaridad entre diversos gremios, los cuales apelaron a la defensa del trabajo nacional y a la unión nacional de los trabajadores.

Se puede decir también que la huelga de la carne fue una expresión vertical de nacionalismo popular porque en primer lugar, el Comité organizador de la huelga redactó una carta para ser entregada al final de la convocatoria al Presidente Riesco. En ésta realizaba claras alusiones a la nación y reforzaba la necesidad de desarrollar en el país la industria ganadera nacional, la disminución de las barreras arancelarias y al mismo tiempo, reconocían la vergüenza nacional de tener que solicitar a nuestra República vecina alimentos de primera necesidad. En segundo lugar, los 41 gremios asistentes y los representantes de las diez comunas de Santiago portaban banderas chilenas y estandartes alusivos a emblemas patrios. La marcha correspondía a un tema de interés nacional en el cual se estaba perjudicando a los chilenos más pobres, en beneficio de los chilenos más ricos. En tercer lugar, debemos destacar que los hechos de violencia se desataron particularmente contra las casas de empeño y aquellos locales comerciales pertenecientes a extranjeros, como mencionamos en el tercer capítulo. En cuarto lugar, debemos mencionar que demócratas y artesanos cayeron en discursos con tintes racistas y xenófobos para referirse a la posible inmigración de trabajadores extranjeros y frente la importación de productos manufacturados provenientes de otros países.

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Durante la huelga del 22 de octubre de 1905 hubo un sector ampliamente definido que organizó el meeting y desarrolló la huelga. Estos fueron sujetos que participaban activamente en sus organizaciones de acuerdo a su gremio y algunos militantes del PD, reunidos en el Comité central del impuesto al ganado. Sin embargo, es imposible identificar con claridad a la totalidad de los actores que participaron en los hechos de violencia. No es factible indicar responsabilidades en los destrozos solamente en aquellas personas que fueron detenidas. Aquellos sujetos populares anónimos también compartieron y formaron parte de las expresiones de identidad que hemos abordado en ésta tesis. Si bien, no todos tuvieron acceso a emitir un discurso representativo, a través de un periódico por ejemplo, se puede deducir a partir del análisis de las acciones y representaciones simbólicas que éstos generaron.

La Ley del impuesto al ganado argentino no consiguió incentivar la industria de la ganadería nacional, ni acrecentar las ganancias del Estado, ni mucho menos igualar el comercio entre ambas repúblicas. El impuesto al ganado logró que algunos pocos terratenientes nacionales lograran manipular el comercio nacional, generando un monopolio, y obtuvo como consecuencia el enriquecimiento de estos mismos. La carne y un conjunto de productos de primera necesidad, aumentaron de precio de manera sostenida y constante a través del paso del tiempo en 1905, asociado al congelamiento de los sueldos.

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