3. MARCO TEÓRICO
3.4. CONCORDANCIA ENTRE VENTAJAS COMPETITIVAS DE LAS NACIONES Y
NACIONES Y VENTAJAS COMPETITIVAS DE LOS SECTORES ECONÓMICOS
Porter ha desarrollado un análisis de los factores generadores de productividad, llegando a cuestionar lo improcedente que sería tratar de “explicar la competitividad”, pues los conceptos de productividad y competitividad se encuentran estrechamente ligados, e inclusive su medición se realiza sobre conjuntos muy similares de variables. Porter realiza la búsqueda de los factores determinantes de productividad a nivel de sectores industriales, utilizando la premisa de que tales factores vienen a ser los mismos que promueven un desarrollo adecuado a nivel agregado nacional. Los aportes metodológicos se concentran en
la determinación de los aspectos específicos de un país que permiten a una empresa obtener éxito económico dentro de un sector productivo.
Desde esta posición, la pregunta central es: ¿Por qué se convierte una nación en la sede de competidores internacionales triunfadores en un sector?.
La respuesta a esta pregunta ha ido evolucionando, haciéndose más imprecisa en los últimos años. Las ventajas competitivas se van refinando, pasando de incluir únicamente condiciones estructurales o condiciones propias de los países a ventajas mucho más sofisticadas como la disponibilidad de productos y servicios de calidad superior, acceso y desarrollo de tecnología, certidumbre en la legislación o acuerdos internacionales que faciliten el desarrollo de los sectores económicos. Un enfoque enriquecido debe tener en cuenta factores estructurales, junto con características mucho más elaboradas.
Muchos de los desarrollos que se pueden generar en una nación, podrían ser aplicados a nivel mundial10. Sin embargo, las tecnologías destinadas a satisfacer los deseos y necesidades de los consumidores y productores de Europa, Japón o los Estados Unidos, no necesariamente responden a la necesidades, las condiciones y las limitaciones institucionales de los consumidores y productores de los países en desarrollo11
10 . Por ejemplo, la definición del mapa del genoma humano, avance realizado fundamentalmente por
investigadores del Reino Unido y los Estados Unidos, es igualmente valioso para la investigación biotecnológica de todo el mundo en muchos temas de investigación con distintos propósitos.
Las evaluaciones de competitividad a partir de conceptos económicos clásicos tales como el de la “teoría de la ventaja comparativa”12 propuestos, analizados y refinados por David Ricardo, Adam Smith, Heckscher y Ohlin, no tienen mucho sentido en este momento. En estos enfoques se asume que una nación exporta sus productos siempre y cuando sea el productor con más bajo coste en el mundo, o donde la nación consigue una ventaja comparativa basada en aquellos sectores que hacen un uso intensivo de los factores que el país posee en abundancia13. Se consideran exclusivamente los factores de producción utilizados tradicionalmente en la teoría económica: capital, tierra y trabajo. Se desconoce que muchos de los factores de producción no hacen parte del “inventario” de un país; por el contrario, son un recurso compartido por múltiples actores y su aprovechamiento depende de las capacidades intelectuales de cada nación, antes que de la posesión del factor.
Sólo unos cuantos sectores económicos dependen de los “antiguos” factores de producción y la “dotación” de factores es muy similar para diferentes naciones14. Inclusive, en muchos
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La expresión “ventaja comparativa” fue acuñada por David Ricardo (1772–1823). Una aclaración sencilla sobre el concepto es la siguiente: Suponga que el país A es mejor que el país B para fabricar automóviles, y que el país B es mejor que el país A para fabricar pan. Es evidente (un erudito diría que es “banal”) que ambos se beneficiarían si A se especializara en los automóviles, B se especializara en el pan y ambos intercambiaran sus productos. Este es un caso de ventaja absoluta. ¿Pero qué sucede si un país es deficiente para fabricar cualquier producto? ¿El comercio obligará a todos los productores a cerrar? Según Ricardo, la respuesta es negativa. La razón de ello es el principio de la ventaja comparativa, probablemente el concepto más pujante de la economía.
Según el principio de la ventaja comparativa, los países A y B aún se beneficiarán de comerciar entre sí aunque A sea mejor que B para fabricar cualquier producto (en el ejemplo, tanto los automóviles como el pan). Si A es muy superior fabricando automóviles y sólo ligeramente superior fabricando pan, entonces A debería de todos modos invertir recursos en lo que hace mejor — automóviles — y exportar ese producto a B. B debería seguir invirtiendo en lo que hace mejor — pan — y exportar ese producto a A, aunque no sea tan eficiente como A. Así, ambos se beneficiarían del comercio. No es necesario que un país sea el mejor en algo para beneficiarse del comercio. Esta es la ventaja comparativa.
Fuente: http://www.wto.org/spanish/thewto_s/whatis_s/tif_s/fact3_s.htm
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países los factores tradicionales son elementos inexistentes, o por alguna razón no pueden ser utilizados para proceso productivo alguno.
La aceleración de los esquemas de globalización en las economías, el auge de las industrias de servicios y bienes intangibles (que funcionan bajo parámetros e insumos muy distintos a los de las teorías económicas clásicas), las mejoras en los sistemas de transporte y telecomunicaciones, el flujo de capitales entre naciones, entre otros, desvirtúan muchas de las aproximaciones realizadas desde teorías tradicionales. Dados estos inconvenientes, la necesidad de aproximación desde puntos de vista que involucren un mayor número de elementos cobra mayor importancia.
3.6. CONSIDERACIONES DEL DESARROLLO ECONÓMICO RELEVANTES