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Condiciones de trabajo en el empleo doméstico

Condiciones de vida y trabajo

4.3.2. Condiciones de trabajo en el empleo doméstico

“Las condiciones de trabajo de las trabajadoras del servicio doméstico varían enorme- mente: se las trata a veces como miembros de la familia de sus empleadores, pero en otros casos se las explota, en condiciones que equivalen a la esclavitud y el trabajo forzoso. A menudo, la jornada de trabajo del personal del servicio doméstico es larga e incluso excesiva (15 ó 16 horas al día, por término medio), sin días de descanso ni compensación por las horas extraordinarias; su salario suele ser muy bajo y tienen una cobertura insuficiente en lo que atañe al seguro médico. Se las somete también al acoso físico o sexual, a la violencia y los abusos y, en algunos casos, se les impide física o legalmente salir de la casa del empleador recurriendo a amenazas o a la violencia, o a la retención del pago de los salarios o de sus documentos de identidad” (OIT, 2004: 68). El servicio doméstico y de cuidados, principal renglón de empleo de las migrantes laborales a nivel mundial, ejemplifica la segregación de género de los mercados de trabajo y la forma en que la nueva división internacional del trabajo reproduce y explota las desigualdades entre hombres y mujeres. Los factores que contribuyen a la vulnerabilidad especial de las trabajadoras de este sector son muchos, entre ellos:

La ausencia o insuficiencia de regulaciones legales

• : En muchos países re-

ceptores el trabajo doméstico o no se regula o se regula mediante ‘regíme- nes especiales’ que no contemplan los derechos y protecciones acordados a otros sectores laborales en materia de salarios, horarios de trabajo, seguro de salud, despido arbitrario, sindicalización, etc. Algunos países conceden permisos temporales de estadía a las migrantes que ingresan para trabajar en hogares, pero la informalidad es una característica muy extendida en este sector. Las trabajadoras con permisos temporales de residencia cuen- tan con mejores condiciones de trabajo que las irregulares empleadas de manera informal, pero sólo cuando el permiso permite a la migrante cam- biar de empleo. Por el contrario, cuando los permisos de trabajo y residencia están fusionados y la pérdida del empleo implica la pérdida del permiso de residencia, la vulnerabilidad de las trabajadoras a los abusos de los emplea- dores es mucho mayor.

La invisibilidad social de las trabajadoras domésticas:

• Los migrantes va-

rones se concentran en sectores laborales donde el trabajo se organiza en grupos (agricultura, construcción), por lo que las prácticas de explotación y abuso a que son sometidos por los empleadores son más visibles y están mejor documentadas (Piper, 2005). Por el contrario, el trabajo doméstico se caracteriza por la dispersión y el asilamiento social de las empleadas, sobre todo cuando residen en el hogar de los empleadores, haciendo menos visible los abusos y malas prácticas laborales que, consecuentemente, están menos documentadas.

Los bajos niveles educativos de las empleadas:

• Aunque el cierre de los cana-

les legales de entrada para muchas categorías de migrantes con calificación obliga a muchas mujeres calificadas a incorporarse al servicio doméstico a 36 La portavoz de una de las principales clínicas ginecológicas expresaba: “Si una mujer tiene que abortar

lo hará. Nos preocupan sobre todo las mujeres inmigrantes. Se corre el riesgo de que vuelvan a hacerlo con el Cytotec o que se pongan en manos de las aborteras. No olvidemos que siguen existiendo” (“Regresa el miedo a abortar”, El País, 20/12/2007.

Cruzando Fronteras II

su llegada al país receptor, ellas tienen mejores posibilidades de lograr algún grado de movilidad laboral al cabo de algunos años de estadía. Este no es el caso de las menos instruidas, que además suelen presentar los mayores niveles de pobreza, lo que aumenta su vulnerabilidad en varios sentidos: este grupo concentra los mayores niveles de irregularidad, por lo que tienen menos posibilidades de conseguir otro empleo; los bajos niveles de instruc- ción se asocian a un mayor desconocimiento de la sociedad receptora y de las protecciones y servicios a los que pueden acceder. Por esta razón son menos propensas a reclamar derechos, a reportar abusos y a hacer uso de las organizaciones sociales y comunitarias que prestan apoyo a personas migrantes. El aislamiento que caracteriza el trabajo doméstico significa que las mujeres están menos integradas a las redes sociales de migrantes y a los recursos formales e informales que éstas ofrecen.

Los bajos salarios percibidos por las domésticas

• , sumado a los bajos niveles

socioeconómicos de sus hogares de origen, hacen más fuerte el imperativo de permanecer en el empleo a fin de poder seguir enviando remesas regu- larmente para el pago de deudas y la manutención de la familia. Cambiar de trabajo puede suponer un período más o menos largo de desempleo, que muchas mujeres no están en condiciones de afrontar. Asimismo, el aislamiento social en los hogares de los empleadores reduce el número de contactos que ayudan a las mujeres a cambiar de empleo y el acceso a las redes sociales que brindan albergue y protección durante los períodos de desempleo.

Muchos de los problemas asociados al trabajo doméstico obedecen al hecho de que éste se realiza en la esfera privada del hogar, mientras que las normativas legales y los mecanismos de supervisión laborales fueron diseñados para la esfera pública, tradicionalmente asociada al trabajo masculino. Esto aumenta la desprotección de las trabajadoras domésticas que, aún en caso de gozar de algunas garantías legales, no siempre cuentan con los medios para hacerlas efectivas. Históricamente el ámbito privado ha estado libre de intervención estatal y el establecimiento de protecciones laborales para las empleadas domésticas supondría la necesidad de inspecciones u otras formas de supervisión que se perciben como una ‘invasión’ de la privacidad de los empleadores (Anderson, 2006). A esto se suman las dificultades prácticas y los costos que supondría extender el sistema de control y supervisión estatal al interior de los hogares. El ingreso masivo de las migrantes laborales al trabajo doméstico y de cuidados desafía tanto la división entre esferas pública y privada como la relación entre el mercado y el Estado en el ámbito de los cuidados, sobre todo a medida que la privatización de los servicios sociales conduce a nuevas prácticas como los subsidios estatales para la contratación de cuidadoras. Varios países, incluyendo Es- paña, Gran Bretaña y Francia, han instituido programas de ese tipo, donde el Estado realiza pagos directos a los hogares para la contratación de cuidadoras, sobre todo en el caso de ancianos y personas con discapacidad.

Estos no son los únicos desafíos que habría que enfrentar para mejorar las condi- ciones de vida y trabajo de las empleadas domésticas migrantes. La infravaloración del trabajo doméstico, como actividad de reproducción social y como ocupación ‘de mujeres’, constituye el obstáculo fundamental, junto a la relativa invisibilidad social de estas trabajadoras. Habría por tanto que empezar por revalorizar el trabajo de reproducción social que realizan las mujeres en los hogares, ponderando el carácter imprescindible de su contribución al sostenimiento de las familias y del sistema económico.

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Capitulo 3