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2. MARCO CONCEPTUAL

2.2 LA EDUCACIÓN AMBIENTAL

2.2.4 Conferencia de Río (Río de Janeiro, 1992)

La cumbre de la tierra se dio por la necesidad de relacionar el desarrollo con el medio ambiente, para lograr un desarrollo sostenible. Se elaboró el documento Agenda 21 que presenta las estrategias para lograr esta forma de desarrollo. Esta Agenda se organiza a manera de un plan de acción, en cuatro secciones así: 1. Dimensiones sociales y económicas, 2. Conservación y gestión de los recursos para el desarrollo, 3. Fortalecimiento del papel de los grupos principales y 4. Medios de ejecución. Los temas que componen cada sección se relacionan a continuación:

Sección I. Dimensiones sociales y económicas:

- Preámbulo

- Cooperación internacional para acelerar el desarrollo sostenible de los países en desarrollo y políticas internas conexas.

- Lucha contra la pobreza.

- Evolución de las modalidades de consumo.

- Dinámica demográfica y sostenibilidad.

- Protección y fomento de la salud humana.

- Fomento del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos.

- Integración del medio ambiente y el desarrollo en la adopción de decisiones.

Sección II. Conservación y gestión de los recursos para el desarrollo:

- Protección de la atmósfera.

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- Lucha contra la deforestación.

- Ordenación de los ecosistemas frágiles: lucha contra la desertificación y la sequía.

- Ordenación de los ecosistemas frágiles: desarrollo sostenible de las zonas de montaña.

- Fomento de la agricultura y del desarrollo rural sostenible.

- Conservación de la diversidad biológica.

- Gestión ecológicamente racional de la biotecnología.

- Protección de los océanos y de los mares de todo tipo, incluidos los mares cerrados y semicerrados, y de las zonas costeras, y protección, utilización racional y desarrollo de sus recursos vivos.

- Protección de la calidad y el suministro de los recursos de agua dulce: aplicación de criterios integrados para el aprovechamiento, ordenación y uso de los recursos de agua dulce.

- Gestión ecológicamente racional de los productos químicos tóxicos, incluida la prevención del tráfico internacional ilícito de productos tóxicos y peligrosos.

- Gestión ecológicamente racional de los desechos peligrosos, incluida la prevención del tráfico internacional ilícito de desechos peligrosos.

- Gestión ecológicamente racional de los desechos sólidos y cuestiones relacionadas con las aguas cloacales.

- Gestión inocua y ecológicamente racional de los desechos radiactivos.

Sección III. Fortalecimiento del papel de los grupos principales:

- Preámbulo

- Medidas mundiales en favor de la mujer para lograr un desarrollo sostenible y equitativo.

- La infancia y la juventud en el desarrollo sostenible.

- Reconocimiento y fortalecimiento del papel de las poblaciones indígenas y sus comunidades.

- Fortalecimiento del papel de las organizaciones no gubernamentales asociadas en la búsqueda de un desarrollo sostenible.

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- Iniciativas de las autoridades locales en apoyo del Programa 21.

- Fortalecimiento del papel de los trabajadores y sus sindicatos.

- Fortalecimiento del papel del comercio y la industria.

- La comunidad científica y tecnológica.

- Fortalecimiento del papel de los agricultores.

Sección IV. Medios de ejecución:

- Recursos y mecanismos de financiación.

- Transferencia de tecnología ecológicamente racional, cooperación y aumento de la capacidad.

- La ciencia para el desarrollo sostenible.

- Fomento de la educación, la capacitación y la toma de conciencia.

- Mecanismos nacionales y cooperación internacional para aumentar la capacidad nacional en los países en desarrollo.

- Arreglos institucionales internacionales.

- Instrumentos y mecanismos jurídicos internacionales.

- Información para la adopción de decisiones.

Este documento en su capítulo 36, presente en la sección IV, trata sobre el “Fomento de la educación, la capacitación y la toma de conciencia” para esto propone tres áreas:

a) Reorientación de la educación hacia el desarrollo sostenible b) Aumento de la conciencia del publico

c) Fomento de la capacitación.

Entre las medidas para orientar la educación hacia el desarrollo sostenible, se encuentra: “Reconocer que la educación incluida la enseñanza académica, la toma de conciencia del público y la capacitación, configuran un proceso que permite que los seres humanos y las sociedades desarrollen plenamente su capacidad latente. La educación es de importancia crítica para promover el desarrollo sostenible y aumentar la capacidad de las poblaciones para abordar cuestiones ambientales y de desarrollo. (….) Para ser eficaz la

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educación en materia de medio ambiente y desarrollo debe ocuparse de la dinámica del medio físico-biológico y del medio socio-económico y el desarrollo humano, integrarse en todas las disciplinas y utilizar medios académicos y no académicos y medios efectivos de comunicación”.

En esta conferencia no se presenta una definición puntual de la educación ambiental, ni de sus objetivos o propósitos, pero plantea una relación amplia de contenidos asociados al tema ambiental. Tiene un énfasis en la educación para la sostenibilidad, coherente con su eje central que es el desarrollo sostenible.

Entre otros eventos realizados en materia de educación ambiental se encuentra la reunión realizada por rectores y vicerrectores de las universidades de todas las regiones del mundo, dando como producto la Declaración de Talloires (1990). En esta declaración se comprometen los participantes en esta reunión a incentivar a todas las universidades para comprometerse en la educación, investigación, formación política e intercambio de información sobre la población, medio ambiente y desarrollo para alcanzar un futuro sustentable. Algunos de los compromisos que aceptaron los firmantes fueron: promover la conciencia hacia la necesidad de un futuro ambientalmente sustentable; comprometerse en la educación, investigación, formación política e intercambio de información para un futuro sustentable; establecer programas que produzcan expertos en el tema ambiental y asegurar que los graduados tengan información sobre el ambiente y la formación ciudadana; ser ejemplo de responsabilidad ambiental; ampliar el trabajo con ONG’s para encontrar soluciones a los problemas ambientales, entre otros.

En la Declaración de Halifax (1991), al igual que en la de Talloires, los rectores de varias universidades provenientes de los diferentes continentes, se reunieron para definir el papel que juegan las universidades en relación al ambiente y el desarrollo sostenible. A esta reunión también asistieron representantes del sector empresarial, financiero y organizaciones gubernamentales y ONG’s. En esta declaración se presenta un plan de acción para el diseño de estrategias que conlleve a la implementación del desarrollo sostenible en las universidades. Se valora el trabajo interdisciplinario y se hace énfasis en la

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importancia de la educación, la investigación y la información en el contexto del desarrollo sostenible.

En la Declaración de Swansea (1993), el tema central del evento fue «Gente y Medio Ambiente – Preservando el Balance». Allí los representantes de universidades provenientes de 47 países tenían como objetivo encontrar la forma en que las universidades, sus líderes, profesores y estudiantes pudieran responder de manera acertada a los desafíos del ambiente y el desarrollo sostenible. En esta declaración se insta a las universidades a buscar, establecer y diseminar información sobre el desarrollo sostenible, también fortalecer la capacidad de las universidades para enseñar e investigar los principios del desarrollo sostenible, e incrementar la información ambiental, y fortalecer también la ética ambiental.

En el mismo año se realiza el encuentro de la asociación internacional de universidades (AIU) en Kyoto, este encuentro se buscaba analizar el papel de las universidades en el siglo XXI, y se origina la Declaración de Kyoto (1993), en esta declaración se hace un llamado a las universidades para que utilicen todos los recursos posibles que permitan dar a conocer la interdependencia de las dimensiones del desarrollo sostenible. Enfatiza en la obligación ética de las generaciones presentes para conservar los recursos. Promueve el fortalecimiento de la capacidad de las universidades para enseñar, investigar y actuar de acuerdo a los principios del desarrollo sostenible, y anima a las universidades a revisar sus propias operaciones y a desarrollar e implementar un plan de acción particular que le permita alcanzar los objetivos de la declaración.

La Carta Copérnico (1994) expresa el compromiso de un número de universidades europeas para introducir el concepto y los objetivos del desarrollo sostenible en sus actividades, principalmente en su política institucional, la enseñanza de la ética ambiental, la capacitación de profesores, el desarrollo de programas de educación ambiental, el trabajo interdisciplinario y la difusión del conocimiento.

La conferencia internacional medio ambiente y sociedad: educación y sensibilización para la sostenibilidad, realizada en Salónica por la UNESCO (Grecia, 1997), de la cual sale la Declaración de Tesalónica, en la cual participaron 90 países, y, la cual contiene consideraciones, reafirmaciones y recomendaciones para la EA. Establece particularmente

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lo siguiente: La educación ambiental, tal como ha sido definida en el marco de las recomendaciones de Tbilisi y tal como ha evolucionado después, abordando toda la gama de cuestiones mundiales evocadas en la Agenda 21 y a lo largo de las grandes conferencias de Naciones Unidas, ha sido igualmente tratada bajo el ángulo de la educación para la sostenibilidad. De ahí la posibilidad también de hacer referencia a la educación ambiental y a la sostenibilidad. La cuestión de la sostenibilidad debe ser abordada según una aproximación holística, interdisciplinaria, en la que las diferentes disciplinas e instituciones se mezclan, conservando cada una su identidad propia.

El II Congreso Iberoaméricano de Educación ambiental (Guadalajara, México,

1997) Escuela, universidad y Educación ambiental, donde se llegó a conclusiones como: Deben incorporarse de manera creativa los problemas ambientales como temas de estudio en los currículos universitarios y formar profesionales con una visión amplia del mundo y con habilidades, actitudes y valores favorables hacia el desarrollo sustentable. La educación ambiental tiene que estar vinculada con la generación de valores rebasando a la intuición como método. Para generar un saber ambiental hay que tener en cuenta una interpretación sistemática de la realidad bajo un enfoque interdisciplinar. Se presentó al constructivismo como la base teórica del aprendizaje del concepto de educación ambiental. Se hizo notorio que existe una limitada percepción de la problemática ambiental de los maestros de los diferentes niveles escolares. La enseñanza de la educación ambiental requiere estar sustentada en modelos menos rígidos y autoritarios requiriendo de estrategias cada vez más democráticas y flexibles.

Y por último se relaciona la Declaración de Barcelona (2004), la cual trató sobre la educación en ingeniería y el desarrollo sostenible, en esta declaración se plantea que la educación en ingeniería debe tener un enfoque integrado sobre los conocimientos, las actitudes, las habilidades y los valores en la enseñanza; incorporar disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades; promover el trabajo en equipos multidisciplinares; reforzar el pensamiento sistémico y un enfoque holístico y concienciar de los desafíos que plantea la globalización. Para lograr lo anterior las universidades deben redefinir sus misiones para que se adapten a los nuevos requisitos en que la sostenibilidad es una de las

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principales inquietudes. También debe darse un compromiso institucional con la calidad y debe darse un apoyo institucional para cambiar los actuales paradigmas educativos.

Además de las anteriores conferencias que trataron diversos aspectos sobre la educación ambiental, se presentan autores como Toledo, Prieto y Lencastre y Ashford que han abordado el tema de universidad y sostenibilidad y educación en ingeniería para la sostenibilidad.

Toledo (2000) plantea que teniendo en cuenta la situación actual de crisis ecológica y social, la universidad debe dirigir sus acciones hacia la construcción de una sociedad sustentable, que él ha denominado “modernidad alternativa”, como una respuesta al modelo de desarrollo actual orientado al desarrollo industrial, y a la vez como una manera de contribuir a la supervivencia de la especie humana y del planeta. Es decir que la universidad debe estar comprometida con todo lo relacionado con el desarrollo sustentable, y para lograrlo efectivamente debe hacer una revisión y transformación significativa de su quehacer universitario, que logre permear a todos sus integrantes la conciencia de que cada uno es responsable de la construcción de esa nueva “modernidad”, donde la solidaridad y la ética sean principios que orienten sus acciones. También la universidad debe realizar una revisión y reforma de los programas curriculares en función de éstos principios, que busquen la articulación del conocimiento, como el de las ciencias sociales y las naturales. También debe propender por vincularse con su entorno social para la búsqueda de soluciones a los problemas sociales y ecológicos, permitiendo el diálogo de saberes entre los distintos actores sociales que se encuentran involucrados en las problemáticas, fomentando así la participación para una construcción colectiva de la solución a los problemas abordados. Este compromiso de la universidad contribuirá a la construcción de una sociedad sustentable.

Prieto y Lencastre (2000) establecen que la educación para la sustentabilidad requiere de métodos pedagógicos que favorezcan el contacto con las problemáticas del contexto más próximo (local) y busquen la solución a éstas, pero con una comprensión global de las mismas. Para los autores, un fundamento metodológico y epistemológico para la educación para la sustentabilidad, es la integración del conocimiento, la integración de saberes que

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incluyen el conocimiento sobre el desarrollo lo cal, las prácticas tradicionales y comunitarias de preservación ambiental, los valores, entre otras. Esperándose así que las reformas curriculares tendientes a la educación para la sostenibilidad propendan por la integración de conocimientos y la interdisciplinariedad, articulando por ejemplo las ciencias sociales y humanas con las ciencias naturales. También plantean como una forma de abordar esta educación, trabajar en la transversalización curricular de temas ambientales en la estructura curricular general, como una manera de ambientalizar algunas disciplinas lo que fomenta el trabajo en equipo de los profesores, y por lo tanto una mirada interdisciplinaria de los temas a abordar.

Ashford (2004) aborda el tema de la educación en ingeniería para el desarrollo sostenible, plantea que se ha convocado a las universidades a revisar el currículo de ingeniería, incluyendo su investigación, puesto que el avance industrial tiene fundamento en la ingeniería y teniendo en cuenta que los modelos económicos presentes son insostenibles, se establece una relación directa con la ingeniería. Entonces es imprescindible reflexionar si la ingeniería puede ser reorientada hacia el logro de transformaciones sostenibles. En esta tarea la universidad no está sola, debe estar acompañada por el gobierno y el sector empresarial. En la búsqueda de soluciones a problemas como la contaminación, cambio climático, agotamiento de los recursos, inequidad económica, entre otros; los esfuerzos por resolver estos problemas complejos, deben darse por medio del análisis de éstos por profesionales de diferentes disciplinas. El autor propone que un camino a seguir es avanzar hacia la enseñanza y la investigación trans-disciplinaria, que transciende el enfoque limitado de cada disciplina, y busca integrar conceptos cuyos orígenes se encuentran en diferentes disciplinas. Este enfoque le permite al ingeniero tener una visión más amplia y completa de los problemas. Pero este tipo de investigación debe ser concebida a largo plazo y fomentarse para que se den cambios en el sistema, de lo contrario los modelos actuales continuarán presentándose.

También se presenta la visión de diferentes autores que han manejado el concepto de educación ambiental como Bermúdez, Ángel y Torres.

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Bermúdez (2003) plantea que la educación ambiental busca promover competencias reflexivas y críticas acerca de la realidad, así como impulsar el desarrollo humano integral, y en este sentido tiene un papel fundamental en la estrategia de cambio cultural.

La EA, de acuerdo a lo que establece la autora, debe partir del conocimiento del entorno, de la identificación de sus potencialidades, de su diversidad natural y cultural. Colombia es considerado un país con alta prioridad ambiental, y hace énfasis en la importancia que tiene en este aspecto la Educación Ambiental, al permitir el reconocimiento y apropiación del entorno, para valorarlo y conservarlo.

Propone como objetivos de la Educación Ambiental los siguientes:

- Orientar la comprensión de la dimensión ambiental desde una visión interdisciplinaria, holística y compleja.

- Difundir valores de respeto a todas las formas de vida, contribuir a la convivencia y participación ciudadanas para lograr una gestión racional de los recursos con previsión hacia el futuro.

- Impulsar la investigación, con énfasis en la identificación y evaluación de problemas actuales, para propiciar la construcción de modelos económicos y sociales ambientalmente sustentables.

- Contribuir al cambio cultural desarrollando modelos educativos propios, acordes con las necesidades socio-ambientales, regionales y locales.

La EA requiere de tres soportes fundamentales para el logro de sus objetivos. Estos son la investigación, la participación ciudadana y la coordinación interinstitucional e intersectorial.

Ángel (1997) plantea que la mayor parte de los teóricos o tecnólogos de la EA intentan confundirla con la formación de una conciencia sobre el deterioro del medio físico. Tendencias que coinciden algunas veces con la visión reduccionista de lo ambiental a una comprensión de los equilibrios del sistema natural y posteriormente a la corrección tecnológica de las alteraciones naturales. Establece que una concepción sistémica de la EA está ligada a la construcción de una sociedad participativa, en la que la ciencia sea un instrumento de transformación, de cambio. La educación basada en la investigación

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participativa busca poner al servicio de las comunidades los resultados de los análisis científicos y los elementos metodológicos, para que ellas sean las constructoras de su propio desarrollo.

Presenta diferentes enfoques que ha tenido la EA, de acuerdo al punto de vista que se aborde. Presenta como ejemplos el punto de vista ecológico, tecnológico, económico y político. Según la perspectiva ecológica se concibe que la causa del problema, es que el ser humano no acata las leyes que rigen el equilibrio de los ecosistemas. Dentro de esta perspectiva, la solución al problema ambiental se puede dar por medio de un reacondicionamiento del hombre a través de la educación, para que se inserte nuevamente al nicho ecológico. Otro punto, considera que el problema ambiental es tecnológico, donde el ser humano ha transformado al medio a través de su tecnología. La EA consiste, en este enfoque, en crear tecnologías ambientalmente adecuadas y capacitar para su uso apropiado.

La visión economista sostiene que faltan recursos para resolver los problemas ambientales. En este sentido la EA se orienta en el conocimiento de los impactos que se dan en el ambiente, e insiste en la necesidad de reorientar el flujo del capital en la solución de las problemáticas. El punto de vista político plantea que es él quien decide como se usan los recursos atendiendo a los lineamientos establecidos a nivel nacional e internacional. La EA se plantea como una estrategia de cambio cultural, para la construcción de una nueva sociedad. Se requiere de un análisis interdisciplinario para el estudio del ambiente, del diálogo de saberes; este análisis incluye a la sociedad en su conjunto y a las interacciones con el sistema natural próximo.

Teniendo en cuenta lo anterior, la mayor exigencia que tiene el estudio del ambiente es la interdisciplina, donde las diferentes ciencias incorporan la relación de los sistemas sociales con los naturales, de esta manera se puede comprender un problema ambiental, indicando así la importancia de la interdisciplina en la EA.

Para Torres(2002) la EA debe ser considerada como el proceso que le permite al individuo comprender las relaciones de interdependencia con su entorno, a partir del conocimiento reflexivo y crítico de su realidad biofísica, social, política, económica y cultural, para que, a partir de la apropiación de la realidad concreta, se puedan generar en él y en su comunidad actitudes de valoración y respeto por su ambiente.

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De acuerdo a esta perspectiva de la EA, es necesario fortalecer una visión integradora de la problemática ambiental, ya que ella no es sólo el resultado de la dinámica del sistema