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El conferencista: Abad Moisés

In document Juan Casiano y la discreción (página 168-172)

CAPÍTULO IV: DISPOSICIÓN

2. El conferencista: Abad Moisés

El Abad Moisés es el primer conferencista de las Colaciones. Tiene a su cargo un importante binomio: las Conferencias I y II. La primera, como ya señalamos oportunamente, está dedicada a presentar el fin y el objetivo de la vida monástica; la segunda está consagrada al tema de la discreción.

Casiano hace varias alusiones a este santo Anciano, una de ellas la encontramos en las Instituciones cenobíticas, en el Libro IX que desarrolla el tema de la acedia o tedio y lo llama “el más grande de todos los santos” (Inst. X, 25; p. 237). 14 Posteriormente confirma dicho epíteto en el exordio de la primera

Conferencia donde el autor pone de manifiesto, además, la capacidad de Abba

Moisés para discernir en sus jóvenes visitantes un auténtico deseo de perfección capaz de hacerlos dóciles a sus palabras. Se lee en el texto:

“El desierto de Escete fue la morada de los más esclarecidos Padres de la vida monástica y el hogar de la más encumbrada perfección. Pero entre tantas flores de consumada santidad que allí moraban, el abad Moisés se distinguía por el perfume más suave aún de su vida activa y de su contemplación. Con ánimo de instruirme y de fundar mi vida en su enseñanza, fui a su encuentro con el santo abad Germán (…) De consuno pedimos con lágrimas al venerable abad una entrevista para nuestra edificación. Conocíamos de sobra la inflexibilidad de su carácter. No se resolvía fácilmente a franquear las puertas de la perfección, sino a aquellos que suspiraban por ella con fe sincera y la buscaban con un corazón contrito”. (Col. I, 1; pp. 31-32)15

Casiano ubica el encuentro en el desierto de Escete, cercano al delta del Nilo, que es el escenario geográfico de las diez primeras Conferencias. Más adelante, en la

Conferencia VII destinada a estudiar el accionar de los demonios, relata una

purificación humillante que había sufrido Abba Moisés y se refiere a él como “una figura prócer, un hombre realmente incomparable” (Col. VII, 27; p. 346).16

14 Abbati Moysi omnium sanctorum summo. p. 424

15 Cum in heremo Sciti, ubi monachorum probatissimi patres et ovnis commorabatur perfectio,

abbatem Moysen, qui inter illos egregios flores suauius non solum actuali, uerum etiam theoretica uirtute fragrabat, institutione eius fundari cupiens expetissem una cum sancto abbate Germano (…) pariterque ab eodem abbate aedificationis sermonem fusis lacrimis posceremus quippe cuius hunc animi rigores manifestissime noueramus, ut nisi fideliter desiderantibus et cum omni cordis contritione quaerentibus nequaquam adquiesceret ianuam perfectionis aperire. pp. 78-79

169 El autor se refiere probablemente al monje Moisés que habitó en una zona del gran desierto de Escete denominada Cálamo y que era negro. Siendo joven había sido un famoso bandido al que Dios había movido a una sincera conversión. Su cambio de vida había sido famoso pues perseveró en su nuevo estado hasta su muerte y vivió bajo la guía del gran Abba Isidoro, el presbítero de Escete, como explica Paladio en su Historia Lausíaca:

“Un tal Moisés, así se llamaba, de raza etiópica, negro por completo, era criado de un funcionario. Su patrón lo despidió de casa a causa de su gran inmoralidad y latrocinio; de hecho se decía que no reparaba siquiera en asesinar a sus indeseables. (…) Pero este hombre, asaltado por fin por la compunción, después de sus aventuras, se dio a sí mismo a un monasterio. (…) Mas los demonios no dejaron de atacar a Moisés para derribarle de su propósito y hacerle caer en su antigua costumbre”. 17

Casiano se refiere someramente a este acontecimiento en la tercera

Conferencia que destaca la discreción del Anciano. El santo Moisés se convierte en

prototipo de ambidextro, es decir, de hombre discreto que sabe distinguir en lo próspero y en lo adverso una fuente de crecimiento interior, tema que se desarrolla en la sexta Conferencia. Explica nuestro autor:

“Nada faltó al abad Moisés, que vivió en este desierto, en la zona llamada Cálamo, para ser un gran santo. Bien es verdad que por el temor de la pena de muerte, a que había sido condenado por homicidio, se refugió en el monasterio. Pero

supo sacar provecho de esta conversión forzosa, convirtiéndola con su entusiasmo en una donación voluntaria, que le llevó a las más altas cumbres de la perfección”.

(Col. III, 5; p. 139) 18

Finalmente, en la Colación XIX que trata los dos tipos de vida monástica, la anacorética y la cenobítica, Casiano presenta a Abba Moisés como ejemplo para ambas profesiones. Afirma que el anciano conjugaba en su vida tanto el amor a la soledad como la hospitalidad, actitudes que son el fruto de una caridad consumada. En realidad, lo que el autor desea es ratificar aquella breve semblanza de la primera

Conferencia en la que señala que el abad Moisés se destaca por la lucha contra los

17

PALADIO. Historia Lausíaca o Los Padres del desierto. Versión, introducción y notas de León E. Sansegundo Valls. Sevilla, Apostolado Mariano, 1991; Cap. XIX: Moisés de Etiopía; pp. 87-88

18 Nec enim abbati Moysi, qui habitauit in loco istius heremi qui Calamus nuncupatur, quicquam defuit ad

perfectae beatitudinis meritum, quod metu mortis quae ei propter homicidii crimen intentabatur inpulsus ad monasterium decucurrit. Qui ita necessitatem conuersionis adripuit, ut eam in uoluntatem prompta animi uirtute conuertens ad perfectionis fastigia summa peruenerit. p. 144

170 vicios (vida activa) y por su alta vida de oración (vida contemplativa); es ejemplo acabado del puro de corazón. Leemos en los escritos casianenses:

“Me consta que el abad Moisés, Pafnucio y los dos Macarios han poseído a la perfección ambas virtudes [el desprendimiento y la contemplación]. Eran perfectos

en ambas profesiones: en el retiro se alimentaban insaciablemente del secreto de la

soledad mucho más que los demás moradores del desierto; y en cuanto les era dado, no buscaban la compañía de los hombres. Pero, por otra parte, soportaban admirablemente el consorcio y debilidades de los que acudían a ellos. A pesar de la multitud de monjes que acudían a ellos (…) conservaban una paciencia inalterable”. (Col. XIX, 9; p. 269) 19

Éstos son los únicos datos explícitos que se encuentran en las obras acerca de

Abba Moisés. Según afirmación de Adalbert de Vogüé, todos estos textos dispersos

por distintos capítulos se refieren al mismo personaje, si bien la crítica no es unánime al respecto puesto que algunos no identifican al Moisés de Cálamo con el primer conferencista. 20

Nuestro autor no justifica por qué elige a este monje como el maestro de la discreción. Se advierte que lo presenta como pedagogo auténtico que desea enseñar la importancia de dicha virtud no sólo con las palabras sino también con el ejemplo. Así, en la conclusión de la primera Conferencia que sirve de nexo a la segunda, Casiano pone en boca del gran asceta la sabia decisión de descansar un rato y postergar para el amanecer el tema que comenzó a desarrollar esa noche. Explica

Abba Moisés:

“Vamos, por tanto, a diferir hasta mañana o hasta la noche siguiente el estudio y la exposición integral de nuestro tema. Porque conviene que los buenos

maestros en discreción den ante todo prueba de su sabiduría, mostrando que son capaces de practicar lo que enseñan con el ejemplo y la paciencia, y no caigan, al

tratar de esta virtud, que es madre de toda medida, en el vicio del exceso, que le es contrario: esto sería conculcar de hecho y con las obras de la naturaleza y eficacia de la discreción que se encarece con las palabras. Bueno será que use yo también aquí de la discreción, de la que pienso hablar aún con el favor divino. Y, puesto que

tratamos de su excelencia y de la justa medida, que es su primer fruto, razón será

19 licet utrumque perfecte abbatem Moysen atque Pafnutium duosque Macarios nouerimus possedisse. Et ita erant in utraque professione perfecti et, cum ultra omnes heremi accolas secedentes insatiabiliter secreto solitudinis pascerentur quantumque in ipsis erat nequaquam inquirerent humana consortia, tamen ita frequentiam ac fragilitates ad se concurrentium sustinebant, ut cum ad eos uisitationis uel profectus gratia innumera fratrum multitudo conflueret, tam iugem paene susceptionis inquietudinem immobili patientia tolerantes. p. 47

20

VOGÜÉ. Histoire littéraire…, nota 12, p. 175 y DUJTH. “Cassian’s use of the figure Via Regia…”, nota 28, p. 174

171

que no exceda yo esa medida en la duración y prolijidad del discurso”. (Col. I, 23;

p. 81) 21

Esta última afirmación recuerda un episodio de la vida del anciano narrado en la Historia Lausíaca que puede ponernos en la pista de la elección de Casiano de dicho conferencista. Paladio explica que Abba Moisés, a partir de su conversión, se dedicó con gran empeño a hacer penitencia y que los demonios lo tentaban con vehemencia. Sus ayunos eran tan rigurosos que llegó al límite de sus fuerzas, por eso su maestro Abba Isidoro le aconsejó con sabiduría que tuviese en cuenta la justa medida en su vida ascética. Consta en la Historia Lausíaca:

“Durante un año estuvo Moisés tan enfermo que no sin gran dificultad recobró el aliento, en cuerpo y alma. Entonces le dijo Isidoro: ‘Mira, Moisés, no discutas más con los demonios ni trates de insultarles, porque incluso en el ascetismo ha de haber una medida en el fervor y en el entusiasmo’ ”. 22

Según el relato, Abba Moisés aprendió por propia experiencia a distinguir en la desmesura una falacia del demonio; tentar con los excesos es una de sus armas predilectas, como ya explicamos en el capítulo II. Es importante señalar que en la

Conferencia II Casiano presenta este tema tan importante para la ascesis mediante la

figura del camino real, alegoría del término medio virtuoso. Mediante el discernimiento, el varón discreto debe transitar siempre por él en la práctica de la ascesis para quedar inmune de caer en los excesos inspirados por el enemigo. La centralidad de esta imagen lleva a Marianne Djuth a presentar la posibilidad de identificar a Abba Moisés con el gran legislador del libro del Éxodo, quien en su juventud había asesinado a un egipcio y años más tarde había recibido de Dios el mandato de conducir al pueblo elegido hacia la Tierra prometida. Es figura del Pastor que guía a las almas, las libera del vicio y las encamina por el término medio virtuoso hacia la cima de la perfección. Explica Djuth:

“Although it remains a matter of dispute as to which Abba Moses Cassian has in mind here, it is tempting to identify the Moses of Collatio II with Moses of

21 Decet namque discretionis optimos consultores in hoc primum patefacere suae mentis industriam et utrum sint uel esse possint eius capaces hoc indicio ac patientia conprobare, ut de illa quae moderationis generatrix est uirtute tractantes nequaquam uitium quod ipsi contrarium est nimietatis incurrant, uim rationis ac naturae eius quam uerbis excolunt effectu atque opere uiolantes. In hoc ergo nobis discretionis bonum, de qua, quantum dominus dederit, adhuc indagare disponimus, primitus prosit, ut nos de ipsius excellentia et moderatione, quae prima eidem uirtus inesse cognoscitur, disserentes disputationis quoque uel temporis modum non permittat excedere. p.108

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Calamus who, like the Moses of the Old Testament, slew a man before his true destiny as a liberator of his people from the slavery of vice by leading them out of the land of Egypt to the Promised Land along the King’s royal highway, the straight and narrow path of virtue”. 23

Queda abierto, por lo tanto, el tema respecto de la identificación real del primer conferencista y de la elección realizada por Casiano como protagonista del primer binomio de Conferencias. De todos modos, como sostiene Columba Stewart, es claro que nuestro literato utiliza los personajes históricos y sus conferencias como una especie de alegoría monástica (monastic allegory) para poner a sus lectores en contacto con el monaquismo tradicional. 24 Sólo podemos afirmar que al elegir al famoso Abba Moisés como maestro de discreción, Casiano desea destacar varios aspectos imprescindibles para adquirir dicha virtud: (1) la necesidad de la experiencia personal en la lucha contra las propias pasiones desordenadas y las tentaciones diabólicas, (2) la importancia de la pureza de corazón y de una vida de oración profunda, (3) la humildad como condición ineludible para recibir el don del discernimiento, (4) la coherencia entre lo que se enseña y lo que se vive. Casiano podría hacer suyas las palabras elogiosas con que Paladio concluye la semblanza de

Abba Moisés en la Historia Lausíaca: “Este fue el estilo de vida de Moisés de

Etiopía, a quien se lo consideraba como uno de los padres más grandes de aquella zona”. 25

Después de haber presentado el personaje por medio de quien el Abad de Marsella expone su magisterio sobre la discreción, estudiaremos el orden del discurso de la segunda Conferencia.

In document Juan Casiano y la discreción (página 168-172)