SEGUNDA PARTE:
T RAYECTORIAS BIOGRÁFICAS DE LOS CONFESORES REALES
2.1. PEDRO I Y ENRIQUE II:
2.1.1. Los confesores de Pedro I:
Fray Juan García de Castrogeriz es un personaje muy desconocido, pero célebre por sus traducción y glosas al De Regimine Principum de Egidio Romano. Las noticias biográficas que de él nos han llegado son escasas y en buena medida inexactas. Así, se le ha confundido un personaje de nombre similar que para 1426 era decano de la facultad de teología de Tolosa, en la cual había sido profesor durante treinta años415. Por la
cronología no puede tratarse de la misma persona, pues sería un caso de longevidad centenaria difícil de asumir y en un ámbito geográfico diferente al que, el principio, le sería propio.
Manuel Martínez Añíbarro y Rives supuso que naciera en la villa de Castrogeriz y que a principios del siglo XIV entraría en la Orden de los Hermanos Menores. También planteaba la posibilidad de que por su
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influencia el rey fundara el convento de san Francisco de aquella localidad en 1325, cediendo para ello “los palacios que allí tenía”416. Esto es
imposible, desde el momento en que Pedro I ni siquiera había nacido. Podría tratarse de una errata y el autor quería decir Alfonso XI, pero aun en ese caso no hay modo de comprobar la veracidad de la noticia.
Díaz Martín indica que había sido canciller del infante don Pedro (luego Pedro I) antes de que lo fuera el obispo Bernabé de Osma y que era asimismo obispo de Palencia417, aunque no figura en ninguna lista del
episcopologio palentino. Pero su relevancia viene en relación con la educación moral del príncipe Pedro y futuro rey de Castilla418, que se
manifiesta en la mencionada traducción y comentarios al De Regimine Principum de Egidio Romano, obra de enorme interés que trataremos más adelante (§ 3.2).
Entre 1351 y 1364, y quizá más especialmente entre 1351 y 1356, encontramos como confesor de Pedro I a fray Pedro López de Aguiar, del cual sí se conserva bastante información. A él se refería Manuel Risco diciendo que “fue confesor del rey Pedro, y éste príncipe le estimaba como a persona «en quien fiaba, y para quien deseaba mucha honra y buena ventura», expresión con que le mostró alguna vez su real afecto”419.
Fray Pedro López de Aguiar marca una cierta excepción entre los confesores reales, al provenir de un linaje nobiliario con gran relevancia en el ámbito de Lugo: la casa de Aguiar, siendo el primogénito de Lopo López de Aguiar420. No obstante, no dejamos de hablar de una casa nobiliaria
416 MARTÍNEZ, 1889: 236 417 DÍAZ MARTÍN, 1975: 58 418 Vid. VALDEÓN, 2002: 55 419 RISCO, 2010a: 128 420 MANSO, 1993: 44
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periférica en la Corona de Castilla y León cuyo radio de influencia se circunscribe a Lugo. Pardo Villar escribe así de fray Pedro:
Su formación científico-literaria y su actuación en la vida pública después de concluir los estudios, nos son enteramente desconocidas, sabiéndose únicamente que fue Prior de dicho Convento [de Santo Domingo, en Lugo]; pero debió de ser muy brillante su labor apostólica y grande su reputación, cuando los Reyes de Castilla pusieron en él sus ojos para encomendarle la tan delicada como honorsa tarea de la dirección de sus conciencias421
Efectivamente, poco sabemos de su vida con anterioridad a entrar en relación con el futuro Pedro I. Quizás fue en torno a 1333 cuando profesó en el convento de los dominicos en su ciudad natal422. Se ha planteado
igualmente que su ingreso en la Corte se diese bajo el amparo del confesor de Alfonso XI, fray Juan Fernández de Aveancos, también gallego423, y al
que ya aludimos (§ 1.2.1). Pero su relevancia, así como el grueso de las noticias que de él se conservan, comienza a partir de 1349, cuando fue elegido obispo de Lugo. Como tendremos ocasión de comprobar para la casa de Trastamara, y como ya hemos visto en el caso de Raimundo de Losana, cabe pensar que el nombramiento como obispo vino por el hecho de ser confesor del rey424, aunque también su pertenencia a una de las
principales familias lucenses hubo de ser determinante. Que su condición de confesor pesara en la elección parece demostrarse en un documento,
421 PARDO, 1943: 113-114 422 MANSO, 1993: 45 423 Ib.: 47
424 “Como la inmensa mayoría de los regios confesores, vio galardonados sus servicios con la dignidad
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fechado en Lugo a 11 de abril de 1349, en el que ya figura como confesor del infante don Pedro425.
Un año después del mencionado documento, moriría inesperadamente Alfonso XI, siendo elevado al trono su hijo. Desde los inicios de su reinado, fray Pedro se mostró fiel vasallo del monarca, siendo en Lugo un firme defensor de la Corona. Así, el 20 de abril de 1350 Pedro I envió a su confesor una carta avisando de que el conde Enrique, Fernando de Castro y otros caballeros y escuderos de Galicia andaban en deservicio suyo, indicándole también los caballeros que él había enviado a su vez para que defendieran la autoridad regia, de manera que “le ordenaba que si estos caballeros iban a Lugo, se le diese buena acogida y todo lo necesario, y que, por el contrario, no se admitiese en ella a quien no le fuese obediente y no hiciese primero homenaje como fiel vasallo del rey”426.
No cabe duda de que, pese a la distancia, fray Pedro seguía siendo confesor de Pedro I. Lo sabemos por el documento de 1349, pero también por un real privilegio del monarca otorgado en las Cortes de Valladolid en 1351427. Naturalmente, cabe preguntarse qué tipo de confesor era, ya que
no estaba cerca de la persona del rey para atenderlo espiritualmente. Lo cierto es que entre 1349 y el final de la vida del monarca, no podemos hallar juntos a ambas personas, con lo que el título de confesor era de tipo nominal, a no ser que mantuvieran algún tipo de relación epistolar que no se haya conservado, lo cual parece difícil, sobre todo en un tiempo tan convulso en el que la correspondencia podía ser interceptada por el enemigo. Ante esto, sí cabe pensar en una relación entre el infante Pedro y López de Aguiar antes de 1349, en la época en la que María de Portugal
425 Vid. MANSO, 1993: 46 426 RISCO, 2010a: 129 427 PARDO, 1943: 114
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encargaba a su confesor fray Juan García de Castrogeriz el Regimiento de Príncipes. Quizá en ese tiempo fray Juan y fray Pedro se encargaran de la instrucción moral del príncipe, y en ese tiempo se establecieran los lazos de amistad entre el futuro monarca y el que era entonces su confesor iure et facto.
En este punto, fray Pedro Fernández el Placentino afirmaba en su obra que fray Pedro optó por volver a su tierra, hacia 1356, para cumplir sus obligaciones como prelado pero sobre todo al comprobar que Pedro I no se avenía a sus admoniciones en materia moral y espiritual428. Este punto
es imposible de demostrar, y lo cierto es que el alejamiento de la Corte se debió realmente al nombramiento como obispo de Lugo más que a su indignación como confesor. No obstante, de ser cierta tal noticia, podría significar que el obispo lucense pasaba algunas temporadas en compañía del rey y por eso podía ejercer de manera efectiva su cargo de confesor. En conclusión, si fray Pedro se había marchado ya antes, o se vio la ocasión de recompensar su buen hacer en un cargo al que renunciaba por la desobediencia de su penitente, es algo que queda como mera especulación. Tal vez la damnatio memoriae aplicada sobre la imagen de Pedro I haya generado esta idea de un rey tan pertinaz en el mal que hasta su confesor desiste y lo abandona al que abandona su confesor por tal motivo. De hecho, la imagen del confesor abandonando a un rey dísciolo llegó a convertirse en cierto modo en un tópos429.
428 Luis Alonso mantuvo esta misma idea: “más delicado que el oficio de confesor de Don Alfonso XI debió
ser el de su hijo Don Pedro, que heredó de su padre, aumentados en sumo grado, el valor, la crueldad y la liviandad de costumbres. Tales fueron, que su confesor el P. López de Aguiar tuvo que abandonarle” (ALONSO, 1916: 403).
429 Cabe traer a colación la célebre historia del viaje milagroso de san Raimundo de Peñafort de Mallorca
a Barcelona. Según ésta, san Raimundo acompañaba al rey Jaime I de Aragón en Mallorca en calidad de confesor. El rey mantenía una relación ilícita con una mujer, y san Raimundo le exigió dejarla. Ante la negativa del rey a seguir los consejos de su confesor y abandonar una situación de pecado grave, san Raimundo no vio otra opción sino marcharse, puesto que como confesor poco podía hacer por el alma del
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Lo cierto es que, externamente, fray Pedro parece haber sido nombrado obispo de Lugo por su posición en la Corte, su pertenencia a la Casa de Aguiar y su fidelidad a la persona del entonces heredero de Castilla. Ciertamente, su consagración episcopal se hizo en Palencia y cabría pensar en que alternaba su presencia en la Corte con la de la ocupación de la sede lucense. Sin embargo, el mencionado documento de 1349 lo sitúa en Lugo, así como otros muchos a partir de entonces. Cabe pensar así que, en realidad, fray Pedro se separó de Pedro I desde su nombramiento episcopal y por tal motivo. A partir de entonces sería confesor tan sólo nominalmente. La amistad y confianza propias del confesor-confitente sí perduraron, como se aprecia en una carta enviada por Pedro I desde Coriel el 20 de abril de 1355 en la que decía “a vos D. Pedro por la gracia de Dios obispo de Lugo, salut como aquél de quien fio, e para quien quería mucha honra e buena ventura”430.
Se podría hablar, y mucho, de la acción de fray Pedro López de Aguiar como obispo de Lugo, en su largo pontificado que abarca de 1349 a 1390. Es de este modo, junto a Ciudad Rodrigo y Oviedo, la sede que durante el reinado de Pedro I no sufrió de habituales cambios431. Dejando de lado esta
interesante cuestión, basta señalar que la acción de fray Pedro se encaminó a reforzar el poder episcopal, lo cual supuso agrias disputas con otros
rey ante la cerrazón del mismo. El monarca le prohibió abandonar la isla, y dio orden a todo barco de no admitir en el pasaje a san Raimundo, ante lo cual éste extendió la capa de su hábito sobre el mar y así navegó hasta Barcelona. Sin embargo, dicha historia no parece que se recogiera en la época de san Raimundo o poco posterior (vid. RIUS, 1954). Por ello, la coincidencia entre el caso aragonés y el caso castellano (que no afectó sólo a la visión de fray Pedro de Aguiar, sino como veremos a continuación de fray Alfonso Fernández de Toledo), parece más bien el resultado de una reconstrucción historiográfica que de la realidad, aunque tampoco hay que descartar una base real para la misma, ya que tanto Jaime I de Aragón como Pedro I de Castilla no se caracterizaron por su integridad de acuerdo a los principios morales cristianos. En cualquier caso, parece tratarse de un modo de deslegitimación de la memoria regia o de una encumbración hagiográfica del confesor en cuestión.
430 PARDO, 1943: 114 431 ARRANZ, 2001: 432
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poderes de la ciudad y la diócesis, hasta el punto, por ejemplo, del asesinato de su mayordomo en 1386432.
Por otro lado, y en relación con Pedro I, siempre se mostró como fiel servidor del mismo, primero en la pugna con su hermano Enrique y partidarios, como ya hemos visto, y más tarde en la guerra abierta entre los dos hermanos. Organizó lasí a resistencia a los partidarios de don Enrique en Lugo, en un periodo (entre 1360 y 1364), en el que sigue apareciendo como confesor real433. En 1366 Lugo se mantuvo firme en la defensa contra
el bando trastamarista, capitaneada por Fernando de Castro434.
Pedro I no pudo ser atendido por confesor alguno en el momento de su trágica muerte, elemento importante en el ars moriendi medieval, cuestión que analizaremos más adelante (§ 4). No sabemos cómo acogería la noticia Pedro López de Aguiar, pero, dada la fidelidad que siempre demostró, la noticia hubo de ser muy triste para él. Parece que Enrique II, si bien no mostró especial animadversión hacia el obispo (al que habría que reconocer una loable fidelidad al rey de quien era confesor), le fue en principio hostil, y no tanto por su papel en la guerra, sino precisamente por su condición de confesor de Pedro I. Manuel Risco, citando a su vez a Pallarés, hace mención de una “cédula dada en Portomarín el 20 de mayo año 1379, de la que dice que consta que, por haber sido el obispo de Lugo confesor de su hermano, tuvo poca confianza de él, y que tomó la torre y la ciudad dándosela a Rois Sarmiento, hasta que sus reinos se aquietasen, empeñando su palabra de entregárselo todo a fray Pedro cuando se verificase el sosiego que deseaba”, si bien nunca se verificó tal
432 RISCO, 2010a: 136 433 MANSO, 1993: 47
434 PARDO, 1943: 115. En el asedio, Fernando de Castro hizo una generosa donación al obispo, en
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providencia435. Manuel Pardo Villar concluye de este modo que “a pesar de todo, le
inspiraban la persona y la conducta siempre digna del benemérito y fiel Prelado”436. Coincidimos con esta valoración, y quizás el hecho de ser
confesor de Pedro I, que había llevado a recelar del prelado, explica el respeto que Enrique pudo deparar al mismo de manera aparentemente paradójica, puesto que la fidelidad de Lugo le había perjudicado durante la guerra.
Por lo demás, Pedro López de Aguiar parece que guardaría la fidelidad y reverencia requeridas al nuevo soberano. De hecho, la vinculación de fray Pedro con la nueva casa real se materializó en la fundación de una capilla en la catedral en la que se celebraran oficios en honor de la familia real, cuya primera noticia se remonta al mes de abril de 1380437. Manuel Mosquera ha estudiado esta cuestión, y todo apunta a que
se trata de una maniobra de fray Pedro López de Aguiar, en sus relaciones con el cabildo, para obtener una nueva fuente de ingresos para la mesa capitular, con el pretexto de “vincular la capilla construida por él con la propia familia real, aprovechando la particular circunstancia del fallecimiento de Enrique II, y pretendiendo justificar una importante merced real con una hipotética orden de construcción por parte del monarca fallecido”, cuando en el documento de fundación de 1379 nada se dice al respecto y los oficios de la capilla se harían en provecho de las personas que con sus donaciones contribuyeron a la construcción y dotación de la capilla438. No obstante, al menos exteriormente, fray Pedro
manifestaba así su fidelidad a la nueva dinastía, que se entronizó tras
435 RISCO, 2010a: 133 436 PARDO, 1943: 115 437 MOSQUERA, 2001: 490 438 Ib.
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asesinar al rey del que fue confesor. Con dicha fundación, “conseguía paralelamente un honroso y simbólico reconocimiento para la casa de Aguiar, ya que, relacionando su construcción con la familia real, sitúa el escudo de su propio linaje en la entrada de la «capilla real» de la catedral lucense hasta hoy en día”439. En definitiva, el obispo aprovecha la relación
Monarquía-Iglesia para encumbrar la diócesis, el capítulo, la capilla y su linaje440.
El pontificado de Pedro López de Aguiar concluyó en 1390. Según Aureliano Pardo, el prelado viviría todavía más, en torno a una década (basándose en las noticias dadas por Manuel Risco441), retirado quizá en su
propio convento442. De ser cierto, no sería el único caso de confesor
mendicante que añoraba la vida monástica.
La ausencia de fray Pedro López de Aguiar en la corte hizo necesaria la atención del alma del rey por otros confesores. Con anterioridad a 1354, los investigadores han identificado a Alfonso Fernández de Toledo y Vargas como confesor de Pedro I443. Este personaje resulta de por sí uno de los
prelados más destacados del reinado del último rey de la Casa de Borgoña, al menos por la cantidad de datos que de él se han conservado444. Oriundo
de Toledo, ingresó en el convento agustino de esta ciudad, marchando después a París donde obtuvo el grado de doctor445. Sería autor de unos
comentarios a las Sentencias y De Anima. Fue designado obispo de Badajoz el 13 de febrero de 1353 (primer acto de Inocencio VI como Pontífice en
439 Ib. 440 Ib.: 491 441 RISCO, 2010a:135 442 PARDO, 1943: 114 443 LOPERRÁEZ, 1788: 300 444 ARRANZ, 1993: 19 445 LOPERRÁEZ, 1788: 299
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relación a España, al hacer un reasignamiento de varias sedes446), figurando
en la bula pontificia como agustino, maestro en Teología y presbítero447.
Según Loperráez “su mucho espíritu y virtud no pudo sufrir lo excesos del Rey D. Pedro, llevando muy a mal la amistad y trato que tenía don Doña María de Padilla; y temiendo el enojo del Rey, se retiró a Italia, y acompañó en ella al Cardenal D. Gil Álvarez de Albornoz quando en nombre del Pontífice Inocencio VI, que residía en Aviñón, gobernaba el estado de la Iglesia”448, idea que recientemente se ha repetido449. No obstante, el
nombramiento de fray Alfonso, junto al de los otros prelados implicados en el movimiento de sedes, es interpretado por Ana Arranz como un modo de aumentar los ingresos pontificios y designar individuos a él proclives pero también como una manera de acercarse al monarca castellano designando “alguno de los eclesiásticos más próximos a la corte de Pedro I”450.
Ciertamente, fray Alfonso era familiar de Gil de Albornoz, de manera que su elección favorecía tanto al Pontificado como al rey del que era, con anterioridad a su ministerio episcopal, confesor. Según Loperráez, acompañaría a Gil de Albornoz en los combates en Italia, en la época en la que se daba en la Península la guerra de los dos Pedros451. El 18 de agosto
de 1353 recibiría la Santa Sede la capacidad para testar y administrar los bienes de su propiedad, precisando que no aquéllos pertenecientes a la sede eclesiástica452. Por lo tanto, la idea de que se marchó de la corte como
446 Vid. ARRANZ, 2001: 440
447 Dilecto filio Alfonso Fernandi Electo Pacensis [...] ad te ordinis fratrum heremitarum sancti Augustini
professorem sacrae Theologiae magistrum in sacerdocio constitutum (ASV: Reg. Avin., nº 122, f. 35v)
448 LOPERRÁEZ, 1788: 300
449 “Parece que inicialmente tuvo buenas relaciones con el rey Pedro I de Castilla y León, llamado el Cruel,
pero pronto, quizá por las relaciones del rey con María de Padilla, cayó en desgracia real y fue desterrado o tuvo que huir a Italia, donde lo acogió el cardenal Gil Álvarez de Albornoz” (GARCÍA Y GARCÍA, 2014: 12)
450 ARRANZ, 2001: 440. En lo que se refiere a los ingresos, ciertamente, el papa hacía alusión en noviembre
de 1353 a la precepción de cierta cantidad económica de parte del obispo pacense fray Alfonso (ASV: Reg. Avin., nº 122, f. 99r).
451 LOPERRÁEZ, 1788: 300
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consecuencia de la falta de docilidad del rey a los requerimientos morales de su confesor parece otra construcción historiográfica similar a la de fray Pedro López de Aguiar, incidiendo en el mencionado tópico del confesor que abandona la corte por la inmoralidad inamovible de su confesando.
Fray Alfonso fue rápidamente trasladado a la sede de Osma (25 de octubre de 1354453), donde celebró un sínodo454. La poca permanencia en
Badajoz y el traslado a Osma evidencian según Ana Arranz cómo estas promociones episcopales suponían en verdad “un peldaño más en la carrera eclesiástica del interesado”455. También es interpretado como un
modo de “agradecer los servicios prestados por el cardenal Albornoz al Papado así como a los miembros de su curia”456. Sobre este traslado, y el tópico del