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Conocer las deviaciones que podrían desembocar en trastornos psicosexuales.

In document Psicología Sexual i (página 68-72)

Competencia:

Niño

En el

Pudor

UNIVERSIDAD PRIVADA TELESUP

Tema 03: El Pudor en el Niño

Vivimos en un mundo que desde hace unas décadas es mucho más erotizante, y se habla constantemente de una crisis del pudor, del pudor sexual. Pero no hemos de confundir el pudor sexual con una conducta pendiente de los demás – engreídas, insinceras ni con la pudibundez. El pudor es una fuerza innata que está en nosotros, tan pulsional en sus orígenes como la tendencia a lo erótico, por muy matizada que este por el ambiente en sus tendencias a lo erótico, por muy matizadas que este por el ambiente en sus manifestaciones. Existe un

pudor de las cosas naturales sin que necesariamente venga acompañado de un sentimiento de culpa, y como todo sentimiento el pudor puede ser educado o desviado.

Nos acordaremos que el pudor no es necesariamente sexual, sentimos pudor frente a otras muchas cosas. El pudor sexual aparecerá ante la visión de los genitales, por ejemplo, cuando el niño los vea como una cosa natural y sea capaz de una cierta conciencia erótica. No se necesita un sentimiento de culpa para que nazca el pudor. Nos vemos constantemente sorprendidos por la precocidad y la intensidad del pudor en muchos niños.

Tenga en cuenta el educador que el pudor no excluye la sexualidad ni el erotismo, el mismo pudor sexual está vinculado con la sexualidad, pero no podemos ni debemos provocarlo sino encauzarlo, como medio de regular la actitud erótica. Toda provocación inoportuna engendra culpabilidad, con actitudes insanas hacia la vida sexual. Sin lograr, por otra parte, los propósitos del educador, sino creando una hipersensibilidad erótica frente a la actitud sexual, que no solamente afecta a esta esfera de la personalidad, sino a toda ella. Ya ha pasado el tiempo en que el pudor se media por la cantidad de ropa que cubría el cuerpo.

Sin movernos del campo natural, cuando sorprendemos ambientes en los que hay un evidente falta de pudor, en sus costumbres, etc. Nos damos cuenta que es el resultado de inteligencias poco evolucionadas y de una falta de educación, especialmente de la vida espiritual.

Se descubre en las personas que integraban este ambiente una ausencia de vida anterior, que son víctimas de un materialismo burdo, vacio del más elemental contenido que proporciona la satisfacción de las necesidades espirituales básicas.

Educar la sexualidad es educar plenamente para el amor. Es educar la sensibilidad, el erotismo, el pudor, la generosidad, la continencia, sin concesiones a una falsa virilidad o a una femineidad.

Educar plenamente en todos los niveles de la persona, ayudarla para integrar este aspecto del hombre a la totalidad. No hacerla esclava, sino libre, elevando lo que pudiera parecer instintivo a categoría humana y personal.

Además, No todos tenemos el mismo concepto de lo que es sexual y sexualidad; este es un producto de una construcción social y está históricamente determinado. Cada grupo social y cultural construye y recrea imaginarios sociales particulares sobre la sexualidad: su sentido, su valor y su papel en la existencia humana. Es distinta la definición si la plantea un sacerdote, un psiquiatra, un biólogo, un padre de familia, un educador o un pediatra.

La palabra sexo o sexualidad genera diferentes conceptos o ideas: algunos piensan en relación sexual, otros en características de género, otros imaginan genitales, algunos piensan en reproducción, en unos predomina el énfasis biologista en otros la espiritualización, otros niegan la función erótica, placentera y recreativa mientras que en otros predomina el pansexualismo.

De todas formas, la sexualidad es algo importante en nuestras vidas: ser sexual hace parte de la naturaleza humana y es una dimensión importante de nuestra personalidad. Somos sexuales desde que nacemos hasta que morimos. La sexualidad se expresa a lo largo de nuestra vida de manera diversa y diferente en cada una de las personas. Podríamos tratar de dar una definición de ella como la capacidad que tenemos para sentir, experimentar, expresar y compartir el placer sexual y el afecto.

Las primeras muestras de pudor que presenta el niño siempre han sido consideradas como señales del inicio de su identificación como ser sexuado. Por otro lado, sentimientos como el pudor y la

vergüenza están ligados íntimamente a la autoestima, ya que cuando se violan los primeros se lastima la segunda. El acompaña-miento respetuoso y amoroso que los padres hagan del desarrollo sexual del niño permitirá que él pueda ver y sentir la sexualidad como una dimensión satisfactoria

en su vida de adulto. Es importante que el psicólogo conozca y entienda la sexualidad del niño, para tener respuesta a las inquietudes de los padres sobre el tema.

La sexualidad infantil a diferencia de la adulta se caracteriza por tener las siguientes dimensiones:

No está centrada en el ejercicio coital.

Es autoerótica: exploración y observación de su propio cuerpo.

Está motivada principalmente por la curiosidad: a través del juego con otros niños y de la

observación de conductas sexuales en animales. Es natural.

El niño necesita culminar satisfactoriamente su identificación sexual y aprender a relacionarse y valorar el otro sexo. Desde los primeros años debe lograr actitudes y comportamientos de equidad entre los sexos.

Es importante que estructure roles no discriminadores de género y sentimientos positivos hacia el otro sexo de respeto, valoración y solidaridad, así como aprender que la diferencia de género no implica desigualdad de oportunidades y aprendizajes y que reconozca y valore las diferencias y similitudes sexuales.

Reducir temores.

Diferenciar entre fantasía y realidad. Buscar seguridad emocional.

Adquirir la confianza básica. Facilitar la adquisición de roles. Estructurar la identidad sexual

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