Capítulo II. Imaginando al musulmán
2. La representación liberal del musulmán
2.4. Conquista de Granada La figura de Boabdil y el dolor de la expulsión de 1492
Sin duda el personaje musulmán más representado en la pintura de historia fue Boabdil188 , último gobernante del Reino Nazarí de Granada. En efecto, numerosas pinturas narraron anécdotas en torno al último rey moro, tanto por aquellos que querían exaltar la unidad de la monarquía española como aquellos que hicieron énfasis en la expulsión y salida de Boabdil junto con su familia como ataque al absolutismo monárquico. Este último caso fue
186 Jacques Le Goff. Los intelectuales en la Edad Media. ( Barcelona : Gedisa Editorial,, 2008 (1993). Pp.36-
37.
187 Boletín de la Real Academia de la Historia. TOMO CLXXXVI. NUMERO III. AÑO 1989. P.383
188 Boabdil fue uno de los personajes musulmanes que más llamó la atención de historiadores y literatos
españoles. En cuanto a literatura dedicada a esta figura podemos mencionar Boabdil el chico, último rey moro de Granada (1848) de Juan Luis del Cerro; Granada, poema oriental (1852) de José Zorrilla; y la tragedia
Boabdil ( 1869) de José de Castro y Serrano; y la novela histórica El suspiro del Moro de Castelar, 1885. Respecto a la pintura, en varias exposiciones nacionales se presentaron cuadros referentes a la salida de Boabdil , algunas con el común denominador del título El suspiro del Moro. Es el caso de las obras de Joaquín Espalter de 1855, Benito Soriano de 1856 y Francisco Pradilla de 1888. En cada una de ellas la figura central es el rey.
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más representado por los liberales, como el pintor Manuel Gómez Moreno, de quien se sabe tenía padres afrancesados e ideas liberales, y es un claro ejemplo de la relación estrecha entre el Estado y la formación de sus artistas.189
Ilustración 4. Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra. (1880). Manuel Gómez Moreno.
Gómez nos traslada al momento de la salida de la familia de Boabdil de su palacio, la Alhambra. Concretamente los personajes se encuentran en la Sala de la Barca, junto a la puerta que comunica con el Patio de Comares, y que está semitapada por una gran cortina de color rojo.190 Es un espacio lujoso, al igual que el de la obra de Baixeiras, plasmado a partir de la riqueza decorativa en las paredes, cortinajes y baldosas. De fondo, vemos a los
189 En el caso de este autor, fue pensionado a Roma por la Diputación de Granada y posteriormente esta
institución le encargaría varios cuadros entre los que se encuentra Presentación de los cautivos al rey moro de Granada en el Patio de Mexuar (1875), una de las versiones visuales más importantes sobre la anécdota que después pintó Fortuny en El tribunal de la Alhambra. La obra encargada por la diputación fue ubicada en el palacio de Bibataubín, en Granada. Posteriormente fue trasladada como colección permanente del Museo de Bellas Artes de la misma ciudad, lugar en el que se encuentra actualmente. María Santos Moreno. Pintura del siglo XIX en Granada : Arte y Sociedad. ( Universidad de Granada, 1997). Pp.410-411.
190 María Santos Moreno. Pintura del siglo XIX en Granada: Arte y Sociedad (Granada : Universidad de
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servidores portando el equipaje y esperando que la comitiva se ponga en marcha. La única columna visible no es del Patio de Comares sino del Mexuar y es fácil de identificar por las formas de su capitel, según señala María Santos, quien también subraya las libertades que se tomó Gómez Moreno en la representación del espacio. Sin duda, también es una obra muy rica en el dibujo, que resulta muy preciso en los objetos y espacio representados, sin exageración del color, como sí ocurría con Puig Roda. En cuanto al engaño del ojo, es decir, la perspectiva, la profundidad de la escena es dada por la solería de la sala, que combina losetas de barro cocido o lambrillas de cerámica.
Al fijarnos en la escena del primer plano, encontramos similitudes con la obra Expulsión de los moriscos de Puig Roda, al evidenciar la representación femenina de la mujer musulmana. En efecto, volvemos a estar ante una iconografía de la melancolía personificada en la gestualidad y las formas corporales de las mujeres. Esto es, el lamento conseguido a partir de la posición con las manos en la cara y la posición tumbada en el suelo, como ocurría con la figura central que representaba Puig Roda, todo ello como corporeidad del dolor y desconsuelo. Una pose que, también, es propia de las representaciones en este tipo de representaciones de la sensualidad que emana de la mujer musulmana. Aunque, por supuesto Gómez no iba a representar desnuda a un miembro de la corte granadina precisamente porque ambienta este lugar como un espacio civilizatorio, en contraposición al escenario plasmado por Puig Roda y los moriscos. Por otra parte, vemos a dos hombres despidiéndose con un abrazo, uno de los cuales o al menos así se cree, es Boabdil, al que el pintor presenta de espaldas para no mostrarnos directamente su gesto de tristeza,191 mientras que Moraima, la esposa del rey, trata de consolar al hijo de ambos. En contraste con todos ellos, se presenta la figura central altiva y serena de la sultana Aixa, cubierta por un manto blanco, verdadera protagonista del cuadro y de la escena. En este sentido, el papel secundario que el autor otorga a Boabdil hace que la representación de Gómez resulte original respecto a otras escenas plásticas de la retirada del rey granadino.
Ningún otro autor se había encargado de “conmemorar” este hecho mostrando el retiro de la familia real encabezado por la madre del rey. Justamente Aixa dirije la mirada hacia los tres cortesanos que hay a la derecha, los cuales denotan gesto triste, pero transmiten
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serenidad, todo lo opuesto a las mencionadas figuras femeninas. Ellos bajan la mirada y
reverencian a la madre del rey. “El más joven baja la cabeza, el viejo no se inclina, es el
héroe que ha luchado más por su honra que por su vida, y el otro es un guerrero que no cree
merecer la culpabilidad de la derrota.”192 Este cuadro, por tanto, se puede relacionar con la legendaria frase que Aixa le dice a Boabdil, “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”193
Podemos deducir que el autor busca o pretende transmitir, como todos los pintores de historia, una reproducción exacta de un hecho histórico. Sin embargo, hay un objetivo moralizante más allá de la producción plástica: presentar el dolor de una raza, vencida pero no humillada. De esta manera, en la obra no vemos el dramatismo desesperanzador que planteaba Puig con los moriscos. Gómez expone un dolor de forma menos victimista - aunque sigue estando presente de forma evidente- y más delicada, imaginado desde la élite musulmana granadina. Es una expulsión delicada y orgullosa, personificada en Aixa, mediante su pose corporal y su mirada. Una figura que nos muestra otro papel de la mujer musulmana, una mujer solemne y poderosa, no pasiva como las de Puig y Baixeiras.
3. La particularidad del pasado musulmán en el escenario orientalista: Pérez