3. Hinduismo y Budismo
3.5. Conquista islámica y dinastías turco-mongolas
Todo este panorama cambió radicalmente con la llegada de las primeras invasiones musulmanas. Tan temprano como en el año 630, dos años antes de la muerte de Mahoma, un barco con viajeros musulmanes fue visto en las costas de la India. En los doscientos años siguientes se sucedieron diversas aproximaciones musulmanas, algunas pacíficas de viajeros y comerciantes, y otras militares. Distintas provincias del norte de la India fueron cayendo paulatinamente bajo el dominio de ejércitos musulmanes (persas, árabes y turcos). Hacia el año 900 se formaron los primeros reinos gobernados por reyes musulmanes en el norte de la India y en parte del actual Afganistán.
La naturaleza del dominio musulmán sobre la India es objeto de mucha controversia. Algunos sostienen que la relación entre los indios y los dominadores extranjeros fue mala y dio lugar a violencia y sectarismo. Otros, en cambio, defienden la larga convivencia alegando que no hubo una sola revuelta de las masas contra los gobernantes islámicos. Como bien señala el historiador John Keay: “dado que la conquista musulmana de la India tomó varios siglos, todas las generalizaciones son sospechosas”[108]
.
Muchos sultanes se manejaron como autócratas absolutos y utilizaron la religión como pretexto para conquistar nuevos reinos. Algunos también adoptaron legislaciones extremadamente duras para evitar cualquier disensión interna e intentaron imponer el Islam, chocando así con la milenaria tolerancia religiosa de los indios. Pero en general los gobernantes utilizaron la fuerza sólo para garantizarse el manejo del poder.
Hubo buenos períodos bajo sultanes que son recordados por su tolerancia e interés en las ciencias, el arte y la filosofía de los no islámicos. También se lograron muchas contribuciones que nacieron del esfuerzo conjunto de hindúes y musulmanes por conocerse mutuamente. Se calcula que en los casi 1000 años de dinastías musulmanas, un cuarto de la población india se convirtió al Islam. En ese largo período, los indios malgastaron muchas oportunidades de retomar el control sobre su destino político debido a sus diferencias internas.
Quizás los primeros gobernantes islámicos más famosos hayan sido los sultanes gaznavíes, una familia de origen turco que hacia el año 1030 logró consolidar un imperio que comprendía partes del actual Irán, Afganistán, Pakistán y el norte de la India. No sólo son recordados por sus éxitos militares sino porque fueron mecenas de científicos, artistas y poetas, y posibilitaron el comienzo de una gran era de la cultura islámico-persa en la región. Uno de los más importantes reinos de este período fue el sultanato de Delhi (1206-1526), fundado por el general turco Qutbuddín Aybak. Estuvo sujeto a constantes intrigas y luchas de poder, al punto que se sucedieron cinco dinastías en poco más de trescientos años. La extensión de sus territorios se fue modificando de acuerdo al clima político interno y a los enfrentamientos con otros reinos. Era sin duda el reino más desarrollado y próspero de la India. Ibn Battuta, un viajero e historiador musulmán de Tánger, visitó el sultanato en el año 1333 y se asombró por la gran cantidad de extranjeros que llegaban a Delhi para reclutarse en los ejércitos del sultán. La mayoría esperaba ganar riquezas para después volver a su país de origen.
A mediados del siglo XII el famoso conquistador mongol Chenguís Jan se apoderó de buena parte de Asia central y atacó sin tregua a los habitantes del norte de la Inda, incluso llegando hasta el río Indo. En las décadas siguientes, nuevos ejércitos mongoles incursionaron en el subcontinente y ocuparon el lugar de las dinastías musulmanas. Periódicamente la frontera norte fue el escenario de batallas entre los reinos islámicos y los feroces guerreros provenientes de la región conocida hoy como Mongolia Interior.
Durante el reinado de Alauddín, cerca del año 1290, se reafirmó el dominio musulmán sobre casi toda la India. De origen persa, Alauddín gobernó con mano de hierro y resistió con éxito los ataques de los ejércitos mongoles.
Pero a mediados del siglo XIV, las incursiones de hordas desde el norte se hicieron más sistemáticas. La inestabilidad política provocó la partición del sultanato y se establecieron numerosos reinos musulmanes autónomos. En las décadas siguientes los gobernantes lucharon sin tregua entre sí para incrementar sus dominios y se produjo un empobrecimiento general de la población.
Bajo los reinados musulmanes un gran número de textos escritos en sánscrito fueron traducidos al árabe y el persa. Años después estas versiones ingresaron a Europa y contribuyeron a impulsar el Renacimiento en Occidente, a través de nuevas ideas filosóficas y conceptos científicos indios.
En el siglo XIV se produjo un intento por reestablecer la antigua religión brahmánica, la estructura social y la cultura de los hindúes. Esto se materializó en el Imperio Vijayanagara (1336-1646), fundado en el sur de la India, el cual generó las condiciones para un renacimiento cultural en todos los niveles, incluidas la filosofía, las artes, la arquitectura y la organización social. Fue alrededor de este período que la aceptación de la santidad de la vaca (una idea de origen dravídico) como símbolo hinduista se tornó popular. En su corta existencia, este imperio debió soportar constantes ataques de los reinos musulmanes del norte y finalmente cayó bajo su dominio. En 1398 Tamerlán Timur sometió el norte de la India y ocupó Delhi. Más de un siglo después hizo su aparición Zahiruddín Muhammad (1482-1530), apodado Babur, (en persa, “tigre”) quien sería el primer gobernante mogol de la India.
Babur era descendiente de Tamerlán Timur y, por línea materna, de Chenguís Jan. Sería el fundador de la dinastía de los Grandes Mogoles (derivado de la palabra persa “mughal”). Estos mongoles eran realmente turcos que además tenían como idioma culto el persa; pero los hindúes llamaban y continúan llamando mogoles a todos los musulmanes del norte (excepto a los afganos).
Con el establecimiento de esta dinastía musulmana se inició un período fascinante en la historia de la India que se extendería por tres siglos[109]
. El legado musulmán se vio reflejado en la arquitectura, la ropa y, principalmente, en las costumbres.
Babur era un hombre de gran sensibilidad y un brillante estratega militar. Murió con apenas 48 años y fue sucedido por su hijo Nasiruddín Muhammad (1508-1556) conocido como Humayún, quien perdió buena parte de los territorios conquistados por su padre.
3.5.1. El reinado de Akbar y la caída del imperio mongol
El monarca mongol más famoso fue sin duda Ÿalaluddín Muhammad (1542-1605), conocido como Akbar (“el Grande”), quien llevó adelante durante 40 años una exitosa política de anexión de nuevos territorios. Nieto del gran Babur, es muy recordado por haber roto con el fanatismo de sus predecesores y por su mentalidad abierta. “Su inteligencia y amor por las artes, su interés en las personas, y su liberalismo religioso lo han convertido en una figura legendaria.”[110] En la mentalidad
popular india ha permanecido como el soberano perfecto, el símbolo de grandeza y magnanimidad, como fue Asoka antes que él.
Aunque era musulmán, Akbar tuvo mucho contacto con el misticismo hindú. Construyó un “templo de las religiones” donde cuestiones filosóficas y teológicas podían ser discutidas. Crónicas de la época cuentan que en un primer momento convocó a los teólogos musulmanes pero se sintió decepcionado por la estrechez de sus ideas, su ortodoxia y la hostilidad hacia todos los que pensaran diferente. Luego apeló a la sabiduría de los filósofos hindúes, de los sacerdotes parsi e incluso de los misioneros cristianos jesuitas que poco tiempo antes se habían instalado en la pequeña provincia de
Goa.
Suprimió los impuestos discriminatorios que afectaban a quienes no profesaban el Islam y prohibió la distinción entre musulmanes y no musulmanes. Algunos autores creen que su intención era crear una nueva religión que retuviera lo mejor de los sistemas de creencias más conocidos de la época.
Los sucesores de Akbar no pudieron mantener la unidad del imperio y se enfrascaron en luchas sangrientas para conservar el poder. Su hijo Ÿahanguir (1569-1627), y su nieto Shah Ÿahán (1592- 1666), fueron hombres intoxicados por el poder que sin embargo dejaron uno de los legados más trascendentales para la India. Por ejemplo, Shah Ÿahán era un apasionado por la arquitectura e hizo traer artesanos e ingenieros desde Europa y Medio Oriente. Cuando su esposa más querida, Mumtaz Mahãl, falleció en 1631, mandó construir el mausoleo Taÿ Mahãl en su homenaje. Entre sus obras más conocidas se cuentan también el Fuerte Rojo de Delhi y decenas de majestuosas mezquitas. El último gran mogol fue el emperador Muhiuddín Muhammad (1618-1707), apodado Aurangzeb Alamguir. Además de haber puesto en prisión a su padre (Shah Ÿahán) y asesinado a sus hermanos por la disputa dinástica, impuso leyes brutales y discriminatorias que hicieron tabla rasa con la política de convivencia implementada por Akbar cien años antes.
Poco antes de disolverse, el imperio mongol debió enfrentar los desafíos militares de los Marathas, una dinastía hindú que cerca del 1670 formó un poderoso reino en el oeste del subcontinente. Al mismo tiempo, otros pueblos indios como los Raÿputs y los Sikhs comenzaron a organizarse contra lo que quedaba de la dinastía musulmana.
Con el correr de los siglos la relación entre hindúes y musulmanes fue mejorando en un clima de creciente tolerancia. Esto hizo que ambas religiones se vieran influenciadas por elementos y costumbres de la otra.