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Consciente / inconsciente, explícito / implícito

El estudio de las personas, las culturas, las sociedades, las organizaciones, los segmentos de mercado y cualquier grupo humano, obliga al investigador a reconocer hechos y procesos que no siempre se presentan explícitamente, abiertamente, a la vista de todos.

Básicamente, hay dos razones por las que ocurre esto. Una, consiste en que mucho aprendi- zaje social se encuentra incorporado (in corpore, dentro del cuerpo) y los sujetos no son cons- cientes de lo que saben, pero, sin embargo, tienen consecuencias en sus respuestas, reacciones e intercambios sociales. Esto se ve claramente en las respuestas emocionales automáticas. Hay personas que, con sólo mencionarlas, se ruborizan. Si les preguntamos por qué les ocurre eso, no saben. Es una respuesta emocional automática disparada por procesos no conscientes del

sujeto. Patrones de este tipo se repiten en poblaciones enteras. En todas las culturas las perso- nas aprenden qué es lo esperable de los demás miembros del grupo al que pertenecen de acuerdo a su función y a su jerarquía. Cualquier falla en las expectativas provoca reacciones emocionales automatizadas. En nuestra cultura, esto sucede cuando un maestro no se comporta como maestro, cuando una madre no se comporta como madre, etcétera. Dependiendo de qué manera se aleje de las expectativas, nuestra reacción puede ser de ira, de frustración, de miedo, y así sucesivamente.

Una cosa muy diferente son las explicaciones que damos conscientemente cuando nos hacen notar nuestra reacción. La mayoría de las veces se trata de construcciones o reconstrucciones para hacernos creer a nosotros mismos que nuestra reacción está justificada racionalmente. Y, la mayoría de las veces, esas explicaciones son falsas. Así como ocurre a nivel personal, también se nota a nivel colectivo entre los sujetos de estudio de la Historia, la Política, la Sociología, la Antropología y demás.

La otra razón es que la inmensa mayoría de las reglas de la vida social no están escritas ni dichas explícitamente. Por eso decimos que son implícitas. Las explícitas están escritas en forma de leyes y reglamentos: no fumar en el avión o cuidar el medio ambiente son ejemplos explícitos. Otras no están escritas, pero son casos particulares de reglas generales. Por ejemplo, de la regla que muchas veces hemos escuchado que dice “no molestes a los demás”, se sigue que no se puede tocar el bongó en la sala de espera del dentista, aunque esta última regla no está escrita, sino que está implícita en la regla general.

Hay muchísimas reglas sociales que jamás hemos escuchado y, sin embargo, obedecemos. En ninguna parte dice que los profesores no podemos ir a clase con un sombrero rojo a lunares negros. Si algún profesor lo hace está violando una regla implícita. No es el mismo caso del ejemplo anterior. Si bien podríamos interpretar que se trata de un caso particular de la regla general “no vayas a dar clase vestido ridículamente”, personalmente nunca la escuché. Nunca la vi escrita ni me dijeron expresamente que no me vista en forma ridícula para ir a dar clases.

Las reglas nunca escuchadas pero que se cumplen, junto con las derivadas de procesos inconscientes son necesarias para que pueda existir la espontaneidad en las relaciones sociales. No estamos todo el tiempo calculando qué vamos a hacer o qué vamos a decir. La mayor parte de las veces lo hacemos automáticamente, sin pensar. No subimos al colectivo y saludamos al colectivero con un cariñoso beso. Ni se nos ocurre. Simplemente sabemos que no se hace, que no se acostumbra, que no es apropiado. En este mismo sentido, sabemos que no hay que hacer la cola de la caja del banco con los brazos bien en alto, sabemos que no se entra a un negocio caminando para atrás y sabemos que no se saluda al vecino en el ascensor diciendo “se enfrían los fideos”. No necesitamos que nadie nos diga, ni nos haya dicho nunca que estas acciones son inapropiadas. Por eso decimos que este conocimiento está implícito, a diferencia de los conoci- mientos sociales explícitos en normas escritas o difundidas por medios de comunicación.

Hay que recordar que el conocimiento profundo de las reglas vigentes en una comunidad ayuda mucho a comprender los fenómenos que ocurren en ella, tal como mencionamos al hablar del método hermenéutico.

Tanto los procesos inconscientes como los conocimientos implícitos están ocultos y, por lo tanto, el investigador social tiene que desarrollar habilidades que le permitan descorrer el velo.

Por último, no hay que confundir la espontaneidad de las reacciones habituales con los refle- jos. Un reflejo es una reacción automática en cuya explicación sólo intervienen estímulos bien definidos y procesos neurológicos bien definidos. Al hablar de reflejos estamos diciendo que al estimular de cierta manera un conjunto de terminales nerviosas, causamos una reacción muscu- lar determinada. Si iluminamos el ojo con una linterna, la pupila se dilata. Si acercamos la mano al fuego, la retiramos inmediatamente. Pero cuando un arquero ataja un penal y decimos de él que tiene buenos reflejos, estamos utilizando esa palabra metafóricamente. El arquero pasó por un largo período de aprendizaje a lo largo del cual fue perfeccionando lentamente sus habilidades para atajar penales. Pero la diferencia fundamental pasa por la posibilidad de evitar la reacción. Si el arquero quiere, puede no atajar el penal. Si nos alumbran el ojo, no podemos evitar que se dilate la pupila. Aquí aparece otra categoría: los actos voluntarios y los involuntarios, de los que diremos algo a continuación.