En primer lugar nos detendremos en la utilización de los términos Conservación y Restauración, términos que han servido para definir el planteamiento teórico que utilizaron los primeros autores durante el s. XIX para definir cuál debía ser la manera correcta de proceder en la intervención del patrimonio edificado. Grandes autores como Viollet-le-Duc o Ruskin han dejado un legado contrapuesto que hoy en día aún sirve para discutir sobre cómo actuar sobre la arquitectura con valores histórico-artísticos. Se conoce como Conservación la forma de actuar en el patrimonio utilizada por Ruskin. Mientras que la forma de intervenir utilizada por Viollet-le-Duc es la referida a la Restauración. Estos mismos términos han llegado a ser utilizados para definir la forma de actuar planteada por otros propios autores y debido a la herencia teórica que dejaron han llegado, por un lado a dar nombre a la ciencia que estudia la forma de actuar sobre el patrimonio, más conocida como la Teoría de la Intervención. Así, nos encontramos que al analizar la bibliografía referida a este tema enseguida aparecen los términos de Conservación y Restauración. 233
Si comenzamos por analizar la Teoría de la Intervención en el patrimonio edificado obtenemos interesantes reflexiones. La primera puede ser la forma de actuar que utilizó y teorizó Viollet-le-Duc en su época, y que ha quedado definida como Restauración. Cómo hemos visto la forma de proceder Violletiana era la obtención de la forma prístina o la forma primitiva original, debiendo limpiar el edificio de elementos que se hubiesen ido añadiendo a lo largo de la historia para obtener la pureza del edificio. Esta teoría maximalista, tal y como se ha observado a lo largo del tiempo, no es una manera muy correcta de proceder.
Para nuestro caso, a la hora de intervenir en los edificios existentes para hacerlos más eficientes energéticamente, tampoco parece que sea lo más correcto aplicar la teoría de Viollet. Si para mejorar energéticamente un edificio debemos limpiarlo de los elementos que no funcionen de manera eficiente, podemos estar cayendo en el mismo error que se ha realizado en multitud de ocasiones en donde se deja la parte de los edificios que más interés suscitan, haciendo desaparecer lo de otras épocas que llevaban a la confusión.
En los últimos tiempos se ha hecho un uso regular de la limpieza a la hora de rehabilitar un monumento de las partes que no permiten la perfecta comprensión de la primera época de construcción del edificio. Así, por poner un ejemplo, son muchas las intervenciones en iglesias románicas que se han limpiado de partes de otras épocas como las renacentistas, barrocas, etc… para obtener su pureza de una forma Violletiana. Sería interesante no hacer lo mismo con respecto a la eficiencia energética, donde por dar una respuesta a la necesidad energética de este momento, nos podemos llegar a olvidar de analizar y dar valor a los edificios existentes. Sobre todo los que
233Nota: Sirva a modo de ejemplo una obra que ya ha sido analizada en esta investigación, como puede ser la obra” Historia y teoría de la conservación y restauración artística”
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están próximos a nuestro tiempo. Por otro lado, en relación a la forma de proceder de Viollet, sí que ha quedado la importancia de la impronta del autor a la hora de acometer la intervención. Así, para nuestro caso, en los edificios donde se está interviniendo energéticamente en la actualidad, se deja a criterio del agente que vaya a acometer la obra de intervención la forma de incidir en un edificio existente, siempre que éste no esté protegido de alguna manera. Este subjetivismo, a la hora de plantear qué es lo que se va a hacer, puede resultar fundamental como veremos más adelante.
Continuando con las enseñanzas de los primeros teóricos, inmediatamente debemos analizar el planteamiento que hacía John Ruskin con respecto a cómo intervenir en el patrimonio. La solución de Ruskin de no restauraras no es aplicable al concepto que se tiene hoy en día de patrimonio. Puede ser correcto aplicarlo en monumentos, ruinas y edificios muy significativos, pero no vale para edificios habitados como pueden ser las viviendas o edificios oficiales que han adaptado su arquitectura a las necesidades de uso actuales. Poder aplicar esta teoría, supondría en muchos casos tener que abandonar el uso del edificio, debido a que no sería posible habitarlo en unas condiciones mínimas de confort e higiene.
Si aplicamos esta teoría a las necesidades energéticas actuales llegaremos a una coyuntura, que como veremos, ya se está dando, y la legislación actual no ha sabido resolver. Esta problemática es que si pretendemos conservar el edificio tal y como está, no podemos actuar en él. Como consecuencia de esto, no podremos mejorarlo energéticamente, y si no se aplica ninguna mejora energética en este tipo de edificios, en pocos años y ante la problemática energética que se avecina, estos edificios adolecerán de tener un gran consumo energético y podrán ser energéticamente ruinosos. Como dice Pablo Villarejo:
“La tendencia a no considerar o eximir la edificación legalmente protegida por razones culturales, en las políticas de renovación energética del parque edificado, podría traer consecuencias negativas inesperadas, tanto respecto al cumplimiento de los objetivos de eficiencia energética y reducción de emisiones – si el grupo intervenido resulta muy extenso-, como respecto a la conservación si la no mejora, en un contexto de incremento de los precios de la energía, acelera el abandono de los inmuebles. Una valoración apropiada de las políticas, y cualquier acción pública con la que éstas se desarrollen, necesitarán de un mayor información respecto a esta parte del parque.” 234
234Villarejo Fernández P. “Análisis del patrimonio cultural edificado en Madrid para el desarrollo de políticas específicas de mejora energética”. Actas del 4º Congreso
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193 A este respecto la teoría de Camillo Boito puede servirnos de guía para ver cuál es la solución a este problema.
Son varios los aprendizajes que podemos sacar de este autor. Por un lado, nada es absoluto, y de la implementación de ideas se puede concluir en algo positivo. Además, no debemos presuponer que si tenemos la necesidad de actuar en un edificio, está intervención va a ser la definitiva ni mucho menos, formará parte de un proceso de vida útil del edificio. Cada vez que un edificio se deteriore o exija nuevas características técnicas o de uso, se deberá adecuar a estas necesidades pero sin perder nunca de vista el edificio original. Por último, que la intervención mínima, necesaria pero mínima, es la que mejor se adecuará al edificio existente. Estas enseñanzas, a pesar de que las determinó para monumentos, pueden aplicarse a otros casos como el de la intervención energética en los edificios.
Otro autor que merece la pena analizar en lo que a la intervención en el patrimonio edificado se refiere es Gustavo Giovannoni. A partir de la teoría de éste, surgieron temas como el pastiche 235 en las fachadas o el denominado ambiente epidérmico. Es decir, el mantenimiento del ambiente de las ciudades históricas, pero mediante la conservación de las fachadas de los edificios históricos, vaciando el interior y dotándolo de una estructura, uso y distribución acorde al tiempo de cuando se reconstruye. A este respecto escribe así Antón Capitel:
“Giovannoni enunció el concepto de ambiente, que si bien ha sido beneficioso para la conservación de estos entornos y conjuntos, fue interpretado frecuentemente de modo superficial al cuidarse únicamente aspectos puro-visuales y externos. Pues, en general, las ideas de Giovannoni se entendieron a favor de una conservación aparencial, fachadista y pseudo-histórica, demandadora de una banal escenografía a veces próxima al folklore turístico. Como en el caso de las intervenciones en los monumentos, en éste sufrimos también una dicotomía sin sentido, dividiéndose tantas veces las actuaciones en aquellas de los fieles al ingenuismo moderno y en las de los avisados pasticheros, bandos ambos bien poco interesantes”. 236
Este concepto de Giovannoni fue puesto, años más tarde, en crisis por autores como Aldo Rossi 237. Éste decía que lo que habría que salvaguardar es la verdadera estructura de la ciudad, constituido como un hecho urbano en sí, más que la conservación de la imagen o escenografía de la ciudad,. Es decir, no sólo conservar las fachadas, trazados y alineaciones, sino también los tipos edificatorios, las estructuras arquitectónicas reales y los sistemas
235Nota:Según la RAE el término “pastiche” se define cómo: “Del fr. Pastiche. 1. m. Imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra
de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente”. Según Wikipedia una definición más completa es la siguiente: “El pastiche es una técnica utilizada en literatura y otras artes, consistente en imitar abiertamente diversos textos, estilos o autores, y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente. Algunas veces se hace de manera paródica pero en general suele hacerse de forma respetuosa. El término procede del francés, que a su vez lo tomó del italiano pasticcio, y en su origen se refería a las imitaciones de obras pictóricas tan bien hechas que podían pasar por auténticas”.
236González Capitel, A. “El Tapiz de Penélope. Apuntes sobre las ideas de restauración e intervención arquitectónica”. Arquitectura nº 244, Madrid, 1983. pp. 24-34. 237Rossi, A. “La arquitectura de la ciudad”. Gustavo Gili. Barcelona, 1982.
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Fig. 22.03 y 22.04: Villa Savoye., Poissy, Francia
Fotografía de la Villa Savoye de Le Corbusier en el año 1956 antes de que fuese considerado como Monumento Nacional del Patrimonio francés y a día de hoy. No son muchos los casos de los edificios del siglo XX considerados como patrimonio edificado. Fue la insistencia del propio Le Corbusier y la inestimable ayuda de su amigo André Malraux lo que logró que el inmueble fuese considerado digno de protección.
de habitar. Durante muchos años, y aún hoy, en la ciudad histórica, cuando se protege y se pretende conservar un entorno urbanístico carente de edificios de gran valor histórico-artístico, lo que se hace es salvaguardar o proteger la fachada como único vestigio de la ciudad que fue, olvidándose de proteger cualquier otro elemento del inmueble, lo que se denomina como vaciamiento interior.
Al margen de debates sobre la intervención en los edificios de la ciudad histórica, debemos destacar la importante aportación de Giovannoni al valorar las arquitecturas menores o de entorno que conforman las ciudades y los ambientes urbanos. Abre de esta manera el debate de la consideración de edificios singulares como motivo de conservación y protección, pero lo expande al resto de edificios que pueden llegar a configurar un espacio de interés para su protección, aunque estos elementos individualmente sean de menor interés para su protección. A partir de este concepto, y sobre todo en las últimas décadas, se ha puesto en valor a gran parte de edificios menores.
La aportación del Movimiento Moderno a través de su mayor exponente, Le Corbusier, fue mucho más radical. La visión de futuro y del desarrollo como motor de la ciudad y la arquitectura tuvo un peso fundamental en los planteamientos de este Movimiento. La vanguardia y la adaptación a las necesidades del tiempo presente, se imponía por encima de cualquier otra consideración. Así, planteamientos como el Plan Voisin para el Marais Parisino, proponía la regeneración total del barrio, sin tener en ningún caso en cuenta las preexistencias. Prevalecían conceptos como la salubridad frente a valores de permanencia. Estos planteamientos teóricos, interesantes pero demasiado radicales para poder llevarlos a cabo, han quedado fuera de lugar, y ya nadie se plantea el hacer desaparecer una parte de la ciudad histórica, por muy mal estado en el que se encuentre, para poder reedificarla totalmente con una nueva concepción. Es impensable también, en lo que a la eficiencia energética se refiere, pensar en alguna propuesta en donde el planteamiento sea el derribo de parte de la ciudad histórica asentada, para crear otra nueva con unos condicionantes energéticos mucho más valiosos.
Por último tenemos autores como Cesare Brandi que su aportación puede resultar interesante en el caso de que comparemos dos épocas. Tal vez la comparación resulte excesiva, pero si después de la Segunda Guerra Mundial Europa se encontraba en ruina, económica y materialmente, en la actualidad, nos encontramos con un reto que se puede asimilar al que se encontraron estos autores. Actualmente no debemos reconstruir los edificios demolidos por la guerra, pero si debemos intervenir energéticamente en la mayor parte de los edificios si queremos responder a otro gran reto que se nos plantea, la ruina energética.
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195 Fig. 22.05 y 22.06: Plaza de la Trinidad. Donostia.
La Plaza de la Trinidad del Casco Histórico de San Sebastián proyectada por el arquitecto Luis Peña Ganchegui en los años sesenta, ha sido otro ejemplo de que pese al valor reconocido del espacio urbano se han venido sucediendo una serie de intervenciones a cada cual más desafortunadas. En la actualidad se prevé una nueva actuación para dotarla de un nuevo uso. En las imágenes la plaza original del año 1967 y la plaza en la actualidad.