• No se han encontrado resultados

1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

5.3. Construcción de significados

La narrativa cumple un papel fundamental en la vida de los individuos, gracias a ella las experiencias de estos últimos se pueden presentar como un relato organizado y aparte de ello en sus narrativas se plasma la identidad de los mismos (Denzin, citado en Coffey & Atkinson, 2003).

Desde el principio de nuestras vidas reconocemos que aquello que realizamos o planeamos realizar será interpretado no sólo por los actos mismos, sino por el modo como lo contamos. Tal implicación es muy importante para vivir en una cultura, por cuanto las formas narrativas nos rodean desde pequeños, las tradiciones de contar e interpretar de las que empezamos a participar muy pronto nos capacitan para comprender la narración (Bruner, 2009).

Y es precisamente mediante la interpretación de la narrativa que se pueden negociar y renegociar los significados en la cultura y por ende la realidad que en ella se vive, por cuanto la realidad es el resultado de prolongados y complicados procesos de construcción y negociación profundamente implantados en la cultura (Bruner, 2009).Si bien cuando entramos a un grupo no lo hacemos mediante la ejercitación privada y autista de procesos primarios, sino como participantes en un proceso público más amplio en el que se negocian significados.

En virtud de la participación en ese grupo o mejor en la cultura, el significado se hace público y compartido. Nuestra forma de vida o nuestra realidad, adaptada culturalmente, depende de significados y conceptos compartidos que se asumen en la conducta humana, pero esa realidad depende también de formas de discurso compartidas que sirven para negociar las diferencias de significado e interpretación.

En esta instancia, la narración se convierte en la forma más frecuente y poderosa de discurso en la comunicación humana, pues tenemos una predisposición para la narrativa que nos permite entenderla de modo fácil y rápido. Desde su nacimiento el ser humano tiene el impulso de construir narraciones convirtiéndose en la principal razón, en un orden de prioridades, por la cual el niño domina las formas gramaticales para poderse comunicar eficazmente o en otras palabras adquirir el lenguaje verbal.

45 Por esta razón, la narrativa y el relato cumplen una importante función en la interpretación de significados, por cuanto es a través de ellos que se revela lo que significó aquello que de otra manera seguiría siendo una cadena insoportable de meros acontecimientos (Arendt, 2003). Cuando la persona narra, o recuerda lo que vivió deja ver el significado que tuvieron los hechos acaecidos para ella y de esta forma nos involucramos con la importancia, lo que supuso o el sentido que tuvo para la persona lo que vivió.

De la misma manera, la interpretación narrativa ayuda al desarrollo cultural, por cuanto es una forma poderosa de estabilidad social ya que la tendencia innata de los seres humanos de compartir historias que consideran su diversidad, proporciona oportunidades para una interpretación congruente con los distintos compromisos morales y obligaciones instituciones que caracterizan cada cultura o, lo que es lo mismo, es a través de la narrativa que se transmite la tradición cultual de una sociedad (Bruner, 2009).

Según Bruner (citado en Ballesteros de Valderrama, 2005), la predisposición que tenemos desde que nacemos para la narrativa nos ayuda a construir un mundo social de manera particular y actuar sobre esas construcciones. El mismo autor, explica el proceso a través de la “mímesis Aristotélica”, que es la predisposición de organizar la experiencia de forma narrativa, en la que damos todo el tiempo razón de nuestras acciones, lo cual es una función para encontrar un estado intencional y así hacer comprensible y aceptable en la sociedad cualquier desviación de una patrón cultural canónico.

Cuando Bruner (2009) habla de patrones culturales canónicos, se refiere a todos aquellos parámetros “normales” que vienen dados por la sociedad. Cuando los seres humanos interactúan crean un sentido de lo canónico y lo ordinario, el telón de fondo sobre el que se puede interpretar y narrar el significado de lo inusual, es cuando se presentan acontecimientos no canónicos o los que se desvían de los estados “normales” en la condición humana. En ese momento, se abre la oportunidad para la elaboración de significados y por ende para la interpretación de los mismos.

Todos aquellos registros que se salen de los patrones canónicos y pasan a ser parte de la cultura popular se les denomina ciencias humanas populares (Bruner, 2009). Sin embargo, más que hacer parte trascendental de nuestra

46 sociedad, la cultura popular incluye las comunidades excluidas de la corriente del desarrollo (Parra Sandoval, y otros, 1994). Es por esto que la cultura popular, puede ser definida como:

Cultura vivida de los sectores urbanos más carentes. Es decir, una cultura internalizada que se refleja en las formas de vida, en los modos característicos de los sectores populares urbanos en las diversas esferas del quehacer cotidiano: el trabajo, la familia, la educación y la vida social (Sirvent, 1986, pág. 139).

No obstante, es a partir de esas desviaciones de los cánones o normas impuestas por la sociedad que se da paso a nuevas significaciones construidas por los individuos que hacen parte de la cultura popular, o en términos sustantivos, el grupo social que más experimenta carencias es el que tiende a crear más significados a partir de la realidad cambiante que vive a diario y que se sale de los estándares dados por la sociedad.

Lo anterior no quiere decir que los individuos pertenecientes a la cultura popular sean los únicos que reconozcan el significado de sus experiencias, pero sí al ser quienes experimentan mayores necesidades son los más propensos a reconocerlas y actuar de forma tal que las puedan superar, lo cual implica la búsqueda de una participación activa y por ende la búsqueda de nuevos significados en sus experiencias.

Sin embargo, puede ocurrir lo contrario, como menciona Sirvent (1986), “a medida que aumenta el grado de carencia social y económica disminuye el reconocimiento de las necesidades reales de un grupo social” (pág. 137). Ahora bien, la importancia radica en qué tanto los individuos que afrontan carencias, necesidades o “desventajas” creen significados a partir de sus experiencias o, en otras palabras, transformen su realidad, de modo que busquen su desarrollo humano y por ende el de su comunidad.

Para entenderlo mejor, vale la pena ahondar en el concepto, el desarrollo humano en una sociedad viene dado por la calidad de vida, lo cual se determina por las consideraciones de juicios de valor sobe el tipo de hombre y sociedad deseada (Sirvent, 1986). Es decir, que el desarrollo humano está dado por el reconocimiento que de sus carencias o necesidades posee una sociedad. Sin embargo, existen ciertos factores que inhiben el desarrollo humano tales como la sociedad de consumo y las representaciones o imágenes que se le atribuyen a los

47 individuos de cierto grupo social y que ellos las asumen como propias y, por otro lado, existen procesos sociales que sí posibilitan el desarrollo humano.

Estos procesos están dados por la inclinación hacia la superación de los agudos problemas de inequidad existentes en nuestra sociedad, en la que sólo unos pocos tienen el poder y por ende monopolizan la toma de decisiones sociales, acción en la que existe una mayoría de la población que no participa en las decisiones que inciden en su quehacer cotidiano.

Empero, existen hombres y mujeres con esa necesidad de participación que desean construir nuevos significados a partir de sus experiencias y encontrar en las carencias de la comunidad una oportunidad para cambiar su realidad. Con este fin en mente han creado organizaciones populares que aprovechan los factores posibilitadores de transformación social, los cuales vienen dados por los componentes culturales de la sociedad, estos mismos abarcan los modos de conducta característicos de los sectores populares urbanos, y que se presentan a través de las prácticas culturales populares.

Las prácticas culturales populares son las prácticas comunes, habituales y ampliamente difundidas en los sectores populares durante el tiempo del no- trabajo. Se privilegia el tiempo del no- trabajo o el tiempo libre, por cuanto se parte del supuesto que en esta área se manifiestan con mayor claridad los trazos y características de una cultura vivida (Sirvent, 1986). Todo este tipo de prácticas, conductas y acciones humanas son lo que abarcan las ciencias humanas populares, las cuales son estudiadas por la psicología popular, esta última consiste en:

Un conjunto de descripciones más o menos normativas y más o menos conexas sobre cómo <<funcionan>> los seres humanos, cómo son nuestras propias mentes y las mentes de los demás, cómo cabe esperar que sea la acción situada, qué formas de vida son posibles, cómo se compromete uno a estas últimas, etc. El aprendizaje de la psicología popular que caracteriza a nuestra cultura se produce muy pronto; la adquirimos al tiempo que aprendemos a usar el lenguaje que asimilamos y a realizar las transacciones interpersonales que requiere la vida comunitaria (Bruner, 2009, p.53).

Lo que propone Bruner (2009) la alusión a la psicología popular, es que esta debe estar en la base de cualquier psicología cultural. En la psicología cultural, según él, interpretación y significado son fundamentales, además su

48 interés central radica en la acción y no en la conducta. Y es precisamente esto en lo que consiste la mímesis Aristotélica (mencionada por Bruner); en tanto utilizamos la función organizadora de la narrativa para contar nuestras propias experiencias es porque de alguna manera la narrativa consiste en contar las cosas tal y como han sucedido o, dicho de otro modo, contar lo vivido, de forma que el orden de la narración vendría dado por el orden de los acontecimientos de la vida real. Sin embargo, al comprender los fenómenos culturales, la gente no se enfrenta al mundo acontecimiento por acontecimiento; o a un texto, frase por frase. De la misma manera la psicología cultural se encarga de estudiar no las conductas de los actores sociales, sino sus acciones en general, es decir el equivalente intencional de sus actos situados en un escenario cultural y en los estados intencionales mutuamente interactuantes de los participantes en su vida real. Las verdaderas causas de las acciones de esos actores sociales están dadas por la cultura y la búsqueda del significado dentro de la cultura. Por consiguiente, el objeto de estudio de la psicología cultural son tanto las personas como las culturas, además de los significados y valores compartidos que gobiernan esas culturas (Bruner, 2009).

En cambio, DeGrandpre (citado en Ballesteros de Valderrama, 2005) no habla de acciones en general, sino que caracteriza al significado como resultado de un proceso interactivo dado por un episodio conductual específico en el tiempo. Y lo define en cuatro etapas: 1) aspectos familiares (familiares por su relación con experiencia pasada), 2) aspectos exterocepticos (públicos) e interoceptivos (privados) del contexto del acto en particular, 3) El acto mismo y 4) los eventos de estímulo consecuentes del acto.

Así como para Bruner (2009) tenía gran importancia la experiencia, en cuanto le servía de inspiración a la narrativa y por ende al significado, para DeGrandpre es importante en la misma medida. Según este autor “la experiencia en su totalidad resulta en el sentido de una vida o existencia propositiva ‘en un mundo significativo’ ” (Ballesteros de Valderrama, 2005, pág. 235). En otras palabras, el significado se puede construir en un contexto particular donde operan los procesos conductuales con sus contingencias sociales y naturales propias. A parte de ello, DeGrandpre plantea que cuando los sujetos viven las consecuencias de sus actos surge la posibilidad de crear nuevos significados al contrastar esas

49 relaciones entre conducta y consecuencia con las experiencias o historia de reforzamiento. Cuando DeGrandpre utiliza el término “reforzamiento” se refiere al proceso general de aprendizaje de relaciones conducta – ambiente.

Igualmente, “reforzamiento” podría ser el marco rígido alrededor del cual se observa el mundo, esto es la visión mecanicista del mismo. En la medida en que haya contingencias de reforzamiento (como lo llamado por Bruner “desviaciones en el patrón cultural canónico”) hay más posibilidades de crear significados. Entonces, las contingencias en el reforzamiento ya no son vistas como un obstáculo, sino como un estímulo para que se presenten cambios de significado.

Por consiguiente, al pretender hallar el significado que adquiere cierta experiencia para un individuo o grupo de individuos, lo que se quiere es comprender la importancia que tuvo este hecho para ellos, lo que caracterizó o lo que, en término sustantivos, constituyó la esencia de su experiencia. Aún más, interpretar lo que supuso y el sentido que tuvo para los individuos haber vivido esa situación. Con este fin en mente es conveniente situarnos en el desarrollo de los acontecimientos que no sólo dieron lugar a la experiencia, sino también los hechos que la enmarcaron, y así contextualizar las voces de los actores sociales que protagonizaron la experiencia y de esta manera entenderlas en su significado (Peris, 2007).

Después de haber ahondado por los conceptos de significado dados por máximos exponentes de la psicología, que dieron cuenta de los factores asociados a la construcción de significados, es posible tener una noción clara de cómo se construye, cuál es el sentido del concepto, los principios que rigen su hallazgo y la forma en que se perciben aquellos nuevos significados esenciales en la vida de un individuo, en tanto esto es lo que concierne al presente trabajo.

50

Documento similar