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Para la construcción de una teoría de la

interacción de las culturas (el aspecto semiótico)

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El hecho de que el estudio de las literaturas fuera más allá de los límites del material nacional estuvo ligado a la escuela mitológica y a la lingüística indoeuropea. El impulso fue el descubrimiento de las sorprendentes coincidencias que se observaban en los más diversos niveles entre textos entre los cuales, antes de eso, ni siquiera se suponía que hubiera una comunidad. En adelante, todas las escuelas que se sucedieron —la «escuela de los préstamos», la histórico-cultural, la estadial-marriana2 y otras— dedicaron sus esfuerzos siempre a la misma cuestión: a la explicación de las coincidencias de nombres, motivos, sujets e imágenes en las obras de literaturas, mitologías y tradiciones de poesía popular distantes cultural e históricamente. Este mismo problema sigue estando en el centro de las investigaciones actuales. Podemos considerar como el resultado de una búsqueda de más de siglo y medio la concepción que recibió su más precisa expresión en los trabajos de y. M. Zhirmunski y N. I. Konrad.

En esos trabajos la cuestión del estudio comparativo de la literatura tomó formas metodológicas precisas: se estableció la diferencia entre los acercamientos genéticos y tipológicos, tanto entre textos como entre distintos elementos de éstos. Al mismo tiempo, se colocó en la base la idea de la unidad estadial, que había sido propuesta ya por Tylor. En ella se ve la posibilidad de realizar el proyecto goethiano de la «literatura universal». Se ve en la unidad estadial una condición esencial que hace posible tanto las comparaciones tipológicas que efectúa el investigador, como las «influencias» y «tomas en préstamo» histórico-culturales que él estudia. Cuando N. I. Konrad habla de la cultura caballeresca japonesa o del Renacimiento chino, se refiere a que los estadios histórico- universales del desarrollo cultural generan en las áreas culturales más alejadas fenómenos tipológicamente parecidos.

1 «K postroeniiu teorii vzaimodeistviia kul‟tur (semioticheskii aspekt)», en

Uchionye Zpisk, Tartuskogogosudarstvennogo universiteta, Tartu, 1983, vyp. 646, págs. 92-113. Reproducido en 1. M. L., Izbrannye sta‟i t. I, Tallin, Aleksandra, 1992, págs. 110-120. [N. del T.]

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Aquí se hace referencia a la escuela formada en tomo a la doctrina del lingüista Tuso Nikolái lakovlevich Marr, principal figura oficial de la lingüística soviética hasta su descanonización por el propio Stalin en 1950. [N. del T.]

41 Sin embargo —señala V. M. Zhinnunski—, cuando se realiza un análisis comparativo concreto de fenómenos históricamente parecidos en las literaturas de diferentes pueblos, la cuestión de ir- analogías tipológico-estadiales del proceso literario se cruza con cuestión no menos esencial de las interacciones literarias internacionales. La imposibilidad de excluir completamente esto último del todo evidente. De hecho, la historia de la sociedad humana no conoce ejemplos de un desarrollo cultural (y, por consiguiente tampoco literario) absolutamente aislado, sin una interacción de influencia mutua directa o más distante entre distintos sectores3.

Una premisa de tales interacciones es la combinación de la unidad estadial y «las faltas de uniformidad, las contradicciones y los atrasos» que caracterizan, como afirma V. M. Zhirmunski, «el desarrollo de lasociedad de clases» en las condiciones de «las faltas de uniformidad de un único proceso histórico-social»4. Basándose, por una parte, en la conocida tesis de K. Marx acerca de que «el país industrialmente más desarrollado sólo le muestra al menos desarrollado un cuadro de su propio futuro»5, y, por otra, en la tesis del académico A. N. Veselovski sobre las «corrientes convergentes», V. M. Zhirmunski formula la tesis de que toda influencia externa representa solamente un factor acelerador del desarrollo literario inmanente.

Las breves tesis antes expuestas no sólo representaban en su tiempo un considerable paso de avance en el estudio comparativo de las culturas, sino que también conservan su valor hasta hoy día. Esto no significa, sin embargo, que parezca posible limitarse a ellas en la etapa actual del desarrollo de la ciencia.

Ante todo, hemos de señalar que al margen de la atención de los investigadores queda el vasto círculo de factores en los que el impulso para la interacción resulta no el parecido o el acercamiento (estadial, de sujets y motivos, genérico, etc.), sino la diferencia. Podemos mencionar solamente dos posibles móviles que suscitan el interés por alguna cosa o idea y el deseo de adquirirla o dominarla: 1) es necesaria porque es comprensible, conocida, se inscribe en las ideas y valores que me son conocidos; 2) es necesaria porque no es comprensible, no es conocida, no se inscribe en las ideas y valores que me son conocidos. Lo primero podemos definirlo como «búsqueda de lo propio»; lo segundo, como «búsqueda de lo ajeno». El estudio comparativo de las culturas lleva hasta ahora la huella de su «protopatria» indoeuropea y mitológica, lo que se pone de manifiesto en toda la técnica de hallar los elementos de identidad. Desde luego, da mucho más resultado ver el parecido de motivos entre las leyendas iranias y las celtas que prestarle atención al trivial hecho de la diferencia existente entre ellas. Sin embargo, cuando damos el paso siguiente hacia la construcción de historias no simplemente paralelas desde el punto de vista estadial, sino inmanentemente autónomas, de culturas particulares, y nos planteamos la tarea de crear una historia de la cultura de la humanidad, tal selección del material nos empuja a la conclusión, que nada ha demostrado, de que precisamente esas convergencias son las que sujetan el material heterogéneo en un todo único.

Desde luego, no se puede decir que la cuestión de la influencia mutua de elementos

heterogéneos no haya atraído la atención. Ya V. B. Shklovski y I. N. Tyniánov prestaron atención al cambio de función de los textos en el proceso de asimilación de los mismos por una cultura extraña

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V. M. Zhimiunski, Izbr. trudy: Sravn. lit-vedeme: Zapadi Vostok, Leningrado, 1979, pág. 20.

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Ibídem.

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y, en relación con esto, al hecho de que el proceso de influencia del texto está ligado a una transformación del mismo6. De esto se derivaba que, incluso dentro de una misma cultura, para devenir un participante activo en el proceso de la continuidad literaria, el texto debe convertirse, aunque sea convencionalmente, de conocido y «propio», en desconocido y «ajeno».

Después de que D. Ďurišin mostró que, desde el punto de vista del mecanismo de contacto, no hay una diferencia esencial entre la interacción de los diferentes textos dentro de una literatura nacional y la interacción de los textos de diversas literaturas7, se hizo evidente desde el punto de vista de la comparatística la importancia de esas tesis.

Un gran número de investigaciones comparativas concretas basa precisamente en el estudio de las transformaciones y desplazamientos estructurales de tales o cuales textos e influencias literarias e el proceso de su asimilación por otra tradición. De modo que en sentido la cuestión no es nueva. Sin embargo, desde el punto de vista teórico todavía dista de haber sido dilucidada.

La tesis formulada por D. Ďurišin, estrechamente ligada a los trabajos generales de teoría del texto, tiene una significación muy importante8. Más adelante trataremos de mostrar que esa tesis puede ser ampliada considerablemente, de modo que en ella entren todos los tipo de pensamiento creador, desde los actos de la conciencia individual hasta las interacciones textuales de escala global.

Sin embargo, antes de abordar este problema, es preciso examinar el punto de vista desde el cual quisiera someter a estudio la cuestión. Hasta ahora en el centro de la atención de los investigadores se ha hallado la cuestión de las condiciones en presencia de las cuales se hace posible la influencia de un texto en un texto. A nosotros nos interesará otra cosa: por qué y en qué condiciones en determinadas situaciones culturales un texto ajeno se hace necesario. Esta cuestión puede ser planteada de otra manera: cuándo y en qué condiciones un texto «ajeno» es necesario para el desarrollo creador del «propio» o (lo que es lo mismo) el contacto con otro «yo» constituye una condición necesaria del desarrollo creador de «mi» conciencia.

Toda conciencia encierra la capacidad de realizar operaciones lógicas, es decir, de transformar algunos enunciados de partida en correspondencia con determinados algoritmos, así como elementos de pensamiento creador. Esto último está ligado a la capacidad de transformar los enunciados de partida de alguna manera no predecible; unívocamente. Aquí desempeñan un papel esencial los mecanismos analógicos. Sin embargo, debemos subrayar que esas analogías deben, ser de un género tal, que excluya la algoritmización unívoca de las mismas. Al mismo tiempo, no se puede decir que el mecanismo a lógico tendrá aquí un carácter probabilístico. Toda una serie de consideraciones habla en contra de tal suposición. Señalaremos siquiera que esas operaciones intelectuales ocurren por principio una sola vez q por consiguiente, son incompatibles con la modelización9 estadística lo que priva de objeto a una conversación sobre la modelización

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Véase I. N. Tyniánov, Poetika. Istoriia literatury. Kino, Moscú, 1977, págs. 257 y otras.

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D. Ďurišin, Teoriia sravnitel‟nogo izucheniia literatury, Moscú, 1979, págs. 65 y ss.

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Hasta una breve enumeración de los trabajos generales sobre teoría del texto resulta imposible aquí a causa del gran número de éstos. Para D. Ďurišin y su concepción tienen la mayor importancia los trabajos de J. Mukaíovsk y M. Bakoi, y también los trabajos de los investigadores eslovacos del grupo de F. Miko.

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El verbo transitivo ruso modelirovat, ampliamente empleado en la matemática, la cibernética, la informática y otras ciencias, significa «construir un modelo (o esquema conceptual) de (algo)» —por ejemplo, de un lenguaje, del átomo—; de ahí que el verbo español «modelar», empleado a veces para traducirlo, no sirva a ese fin. El neologismo español

43 probabilística. Tal vez se deba hablar de una «equivalencia convencional» (más adelante definiremos el significado de este concepto), que entra en un determinado aparato de analogía.

Toda conciencia, por lo visto, encierra elementos tanto de un pensamiento como del otro. Sin embargo, podemos suponer que el pensamiento científico se caracteriza por el predominio de las estructuras lógicas, y el artístico, por el de las creadoras, mientras que la conciencia de la vida cotidiana se sitúa en el medio de ese eje.

La investigación de los mecanismos psicológicos de la conciencia creadora se halla más allá de los límites de nuestra competencia. Para los fines que nos hemos planteado, es del todo suficiente limitarse a cierta modelización cibernética general de la situación que nos interesa.

Llamaremos conciencia creadora al dispositivo intelectual capaz de dar nuevos mensajes. Consideraremos mensajes nuevos los que no pueden ser deducidos de manera unívoca con ayuda de algún algoritmo dado de antemano a partir de algún otro mensaje. En calidad de tal mensaje inicial puede actuar tanto un texto en cualquier lengua, como un texto en una lengua-objeto, es decir, la realidad considerada como texto.

Junto con la tendencia a unificar los códigos y a facilitar al máximo la comprensión mutua entre el destinador y el destinatario, en el mecanismo de la cultura operan también tendencias diametralmente opuestas. No hacen falta pruebas de que todo el desarrollo de la cultura está ligado a la complicación de la estructura de la persona, a la individualización de los mecanismos codificadores de la información inherentes a ella. Este proceso que transcurre impetuosamente en las épocas del mayor desarrollo y complicación de la vida sociocultural, todavía requiere una explicación.

Son evidentes las dificultades sociocomunicativas ligadas a la individualización de las estructuras semióticas internas de la persona aislada. La brusca disminución de la comunicatividad, que crea una situación en la que el entendimiento mutuo entre las distintas personas se dificulta hasta el completo aislamiento, constituye, indiscutiblemente, una enfermedad social. No es preciso enumerar la gran cantidad de tragedias sociales y personales que se derivan de esa situación. Todo eso es evidente y concuerda bien con las tesis de partida de la teoría clásica de la información, que considera todo cambio del mensaje en el proceso de transmisión como una alteración dañina, un resultado de la irrupción de ruido en el canal, un efecto no del modelo teórico de la comunicación, sino de la realización técnicamente imperfecta del mismo.

Sin embargo, la idea según la cual aquí estamos ante un efecto secundario y parasitario, se halla en contradicción con toda la historia de la cultura, la cual nos convence de que la individualización de los códigos es una tendencia tan activa y tan constantemente actuante como la generalización de los mismos.

Es más: en el presente caso, por lo visto, estamos tropezando con una tendencia más general del desarrollo.

«modelizar», acuñado para satisfacer la misma necesidad terminológica científica, no resulta una solución del todo satisfactoria, pues, creado con el sufijo -iz- (-izar), normalmente debería significar «convertir (algo) en modelo». No obstante, a falta de una mejor solución, por ahora lo emplearemos convencionalmente —algo semejante a lo que se han visto obligados a hacer los especialistas franceses que, disponiendo del verbo «modeler», han creado y venido usando, para sus propias necesidades terminológicas y con el mismo significado del ruso «modelirovat», el neologismo «modéliser» (empleado por vez primera en 1975, según el Petit Robert). [N. del T.]

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Examinando la función biológica de la multiplicación y la evolución de los mecanismos de la misma en el curso del desarrollo biológico, descubrimos un paralelismo con los procesos antes señalados. En los escalones más bajos de la escala evolutiva la multiplicación se realiza con ayuda de la división, y, por consiguiente, el procedimiento inicial posee una simplicidad y accesibilidad extremas. Ulteriormente surgen las clases sexuales, y para la fecundación se requiere la presencia de

otro10, lo que de golpe dificulta esa función fisiológica, cuya absoluta necesidad para la continuación de la vida, diríase, debe exigir que ella sea extremadamente simple y esté garantizada. La etapa siguiente, todavía precultural, ampliamente representada en las comunidades zoológicas, consiste en la introducción de la selectividad: idóneo para la continuación del género resulta no cualquier individuo de la clase sexual opuesta, sino cierto grupo limitado o cierta unidad rigurosamente distinguida. Como resultado del número continuamente creciente de prohibiciones, ya en el mundo animal surge el complejo concepto semiótico del amor, que en el curso del desarrollo cultural es sometido a una extraordinaria mediación. Muchos tomos se podrían dedicar a determinar cuáles son los mecanismos con cuya ayuda la cultura complica la función de la multiplicación, creando a menudo una situación de imposibilidad práctica de la multiplicación (el ideal del amor platónico, el código del amor caballeresco, el erotismo místico de una serie de sectas medievales, y así sucesivamente). Al igual que en el caso de la comunicación, nos topamos con un proceso de complicación progresiva que entra en contradicción con la función inicial. Por ciertas razones resulta importante hacer lo que es necesario hacer, no de la manera más simple, sino de la manera más complicada.

Si volvemos a los procesos comunicacionales, debemos prestar atención a otro aspecto. La complicación de los sistemas codificantes no es lo único que dificulta la univocidad del mutuo entendimiento. En el proceso del desarrollo cultural se complica constantemente la estructura semiótica del mensaje que se transmite, y esto también conduce a que se haga difícil el desciframiento unívoco. Si alineamos en orden de aumento de la complejidad de la estructura textual la serie: mensaje de señalización vial — texto en una lengua natural — creación profunda de un talento poético, es evidente que el primero sólo puede ser entendido unívocamente por el receptor del mensaje, el segundo está orientado a una comprensión unívoca («correcta»), pero admite casos de ambigüedad, mientras que el tercero excluye, en principio, la posibilidad de univocidad. Nuevamente nos topamos con una paradoja comunicativa. El texto que representa el mayor valor cultural, cuya transmisión debe estar altamente garantizada, resulta el menos adaptado para la transmisión.

¿Estamos en todos estos casos ante «imperfecciones técnicas» del sistema? ¿Obtiene el sistema como tal algún provecho de la dificultad en la comprensión de los textos valiosos o de las prohibiciones culturales impuestas a la función sexual?

Estas interrogantes, al parecer, recibirán una respuesta satisfactoria si prestamos atención al hecho de que la transmisión del mensaje no es la única función del mecanismo comunicativo, ni del mecanismo cultural en su conjunto. Estos, al mismo tiempo, realizan una producción de nuevos

mensajes, esto es, actúan en el mismo papel que la conciencia creadora del individuo pensante.

10

Damos sólo un cuadro poco más o menos aproximado. En realidad, la fórmula «otro de la otra clase sexual» es precedida simplemente por la exigencia de «otro»: la clase sexual todavía es una, pero para la multiplicación es necesaria una fisión previa con otro individuo, aunque las diferencias sexuales entre ellos todavía están ausentes.

45 Imaginémonos que el texto T1 no simplemente está sujeto a transmisión de A1 a A2 por un canal

de enlace, sino que debe ser sometido a una traducción del lenguaje L1 al lenguaje L2. Si entre esos

lenguajes existe una relación de correspondencia unívoca, el texto que se obtuvo como resultado de la traducción, T2, no puede ser considerado un nuevo texto. Lo podremos caracterizar plenamente

como una transformación del texto de partida en correspondencia con las reglas dadas, mientras que T1 y T2 pueden ser valorados como dos registros de un mismo texto.

Pero imaginémonos que la traducción debe realizarse del lenguaje L1 al lenguaje L‟, entre los

cuales existe una relación de intraducibilidad. Para los elementos del primero no hay correspondencias unívocas en la estructura del segundo. Sin embargo, en el orden de la convención cultural —formada históricamente de manera espontánea o establecida como resultado de esfuerzos especiales— entre las estructuras de esos dos lenguajes se establecen relaciones de equivalencia convencional. Semejantes casos en el proceso cultural real representan un fenómeno que ocurre conforme a ley [zakonomernoe] y de manera regular. Todos los casos de contactos intergenéricos (por ejemplo, las adaptaciones cinematográficas de textos narrativos, de todos bien conocidas) son realizaciones particul.res de esa conformidad a ley.

Examinemos precisamente este último caso, puesto que en él la intraducibilidad será del todo evidente, y en la memoria de todos están las insistentes tentativas de realizar, a pesar de eso, traducciones de este tipo.

Comparando el lenguaje de la narración cinematográfica con las estructuras verbales narrativas, descubrimos una profunda diferencia en principios de organización tan fundamentales como convencionalidad/iconicidad, carácter discreto/carácter continuo, linealidad/espacialidad, que excluyen completamente la posibilidad de una traducción unívoca. Si, en el caso de los lenguajes con una correspondencia unívoca, al texto en un lenguaje puede corresponder un solo texto en el otro lenguaje, aquí nos topamos con cierta esfera de interpretaciones dentro de cuyos límites está encerrada una multitud de textos distintos unos de otros, cada uno de los cuales es en igual medida una traducción del texto inicial. En esta situación es evidente que si realizamos una traducción inversa, en ningún caso obtendremos el texto inicial. En este caso podemos hablar del surgimiento de nuevos textos. Así pues, el mecanismo de la traducción no coincidente [neadekvatnogo],

convencionalmente equivalente, sirve a la creación de nuevos textos, es decir, es un mecanismo de pensamiento creador.

La no coincidencia del lenguaje en el que A1 codifica el mensaje y aquel con cuya ayuda A2

realiza la descodificación —lo cual es una condición inevitable de tocía comunicación real—, puede

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