La Revolución Francesa Tema
2. La Europa Napoleónica (1799-1815)
2.1 El Consulado: la consolidación interna de la revolución liberal
Napoleón se ve favorecido por una coyuntura económica estable, entre las dos
grandes crisis que vive el país entre 1798 y 1817. La consolidación interna del régimen liberal se apoya, sin embargo, entres grandes instrumentos:
1. el político, representado en el autoritarismo.
2. reformas económicas y administrativas, importante para la trayectoria del país durante este periodo y momentos muy posteriores.
3. el populismo.
2.1.1 El sistema político napoleónico
Este régimen es, para muchos, inclasificable, y no se duda en recurrir al término
bonapartismo para poder definirlo. Se dice que este régimen se asemeja al del
despotismo ilustrado, apostando por una confianza desde abajo para el control ejercido desde arriba. En cualquier caso, es un sistema que se identifica como el propio de lo que llamaríamos liberalismo autoritario.
No es un sistema típico del AR, sino que es liberal, ya que admite unas libertades y una Constitución que nada tiene que ver con el periodo prerrevolucionario, pese a las similitudes epidérmicas entre ambos.
El régimen napoleónico contaba con un sufragio universal masculino desnaturalizado por el llamado sistema de cooptación. En la práctica, no es un sufragio universal directo. Los elegibles, tenían que ser individuos cuyas rentas superaran los 3.000 francos. Además, de entre los ya elegidos, era el poder de Napoleón quien decidía en última instancia quién ejercía como parlamentario.
Además, la división de poderes era inexistente, ya que el ejecutivo primaba sobre los otros dos. Napoleón, casi nunca hizo caso de las consultas mediante sufragio. En realidad, recurría al sistema plebiscitario, de modo que convocaba elecciones para decidir sobre temas puntuales. Pero la decisión no era vinculante.
2.1.2 Reformismo en materia administrativa, jurídica, económica, religiosa y
educativa
Napoleón es consciente de que no se puede estabilizar el régimen liberal sin una profunda reforma de las instituciones, de la administración y de la educación en Francia. Desde el punto de vista administrativo, Napoleón lleva a efecto una eficaz burocracia centralizada a través de la que consigue controlar el poder sobre las provincias. Esa centralización será la fórmula para llevar a cabo el resto de reformas laborales.
Reorganizará Napoleón el país a través de los departamentos mediante de una estructura piramidal centralizada: todo se decide desde París. Seguimos ante una República, pero no federal. Gracias a esta estructura podrá controlarse el culto, la
policía y la instrucción de todos los territorios de Francia. Además, permite el desarrollo, también centralizado, de un vasto programa de obras públicas.
El reformismo también tiene un apartado jurídico. Napoleón se basa en el Derecho Romano y parte del derecho del AR, incorporando ideas del liberalismo. En base a ello, elabora cinco grandes códigos, destacando el Código Civil Napoleónico de 1804, que tiene una enorme trascendencia para entender la estructura familiar nuclear que presidirá todo el XIX y el XX, que está a la base de la moralidad burguesa. Este Código Civil admite el divorcio y el matrimonio civil, pero la consideración de la mujer vinculada a un menor de edad es fruto de este código.
Al margen de esto, estos códigos simplifican el complejo entramado jurídico que existía en época del AR. De este modo, el marco jurídico se unifica en su concepto. La reforma va a servir para consolidar y estimular los principios ideológicos del
liberalismo, no sólo los políticos, sino también los económicos.
La reforma económica y financiera del momento estaba destinada a resolver el problema de la deuda pública del Estado, que venía arrastrando desde el momento prerrevolucionario. Desde este momento, se busca sanear la deuda, eliminando de forma definitiva la exención de impuestos para las clases aristocráticas y eclesiásticas. Por otro lado, se crea el Banco de Francia en 1800, a través del cual se da impulso al franco como la moneda nacional. Además, se acepta el sistema económico de libre mercado, aunque con medidas proteccionistas.
Estas medidas suponen un estímulo de la actividad industrial y comercial en Francia. Esto no contradice el hecho de que Francia sea un país que se caracterice hasta
mediados del XIX por una economía principalmente agrícola. En este contexto inicial su acceso económico y social las primeras generaciones de la alta burguesía.
En cuanto al reformismo religioso, hay que destacar un acontecimiento: la firma del Concordato entre Napoleón y la Santa Sede en 1801. Ante el objetivo de estabilizar las reformas liberales, Napoleón busca sofocar las intenciones de los grupos
contrarrevolucionarios —la aristocracia y el clero— mediante un acuerdo con la sede de la eclesiástica dominante en Francia. Ese contrato se desarrolla en varios términos: 1. La Iglesia reconoce la pérdida de privilegios, así como las posesiones que ya
hayan sido vendidas.
2. El Estado devuelven a la Iglesia las posesiones que no se haya vendido, reconociendo al catolicismo como la religión mayoritaria del país, así como su libertad de culto.
Napoleón determina a Francia como un estado laico, pero con libertad de culto. Con esto, el apartado dedicado a la amenaza del radicalismo religioso queda eliminado con el Concordato. Estos pactos han sido muy complejos y contradictorios a lo largo del XIX y del XX en distintos estados europeos. Pese a todo, el giro de Napoleón marca el signo de una práctica que se derramará sobre la actitud de otros estados, en tanto que la Iglesia se levanta como un baluarte del orden moral y, por ende, del orden social. El Concordato estará vigente hasta 1905 en Francia.
En cuanto a la reforma educativa, se crean todo tipo de escuelas controladas por el Estado, así como Liceos de formación laica. La idea es formar a las nuevas élites. La tentativa que trata de aplicar Napoleón es iniciar el proceso de fusión de las élites. La reforma educativa está orientada a crear una nueva élite afín al sistema liberal. Las escuelas son públicas y la enseñanza es laica. El sistema requería de la formación de un potente cuadro administrativo, que se educaba en este entramado académico. Así, el funcionariado se abre a todos los franceses, más allá de la formación social del solicitante.
La nueva élite no tiene privilegios, sino que demuestra su valía en base de sus méritos. Durante las primeras décadas del XIX se produce un ascenso social muy acusado por estos acontecimientos. Habrá, sin embargo, un paréntesis durante le periodo de la Restauración, en el que saldrá victorioso un segmento de la alta burguesía que bloqueará la promoción de la mediana y la baja burguesía.
En este proceso, Napoleón no excluye radicalmente a la aristocracia. Aquí sí que se consigue, entre 1799 y 1815, lo que la primera fase de la revolución se propone y no se consigue: el acuerdo entre liberales y aristócratas. Es una de las razones que
estabilizan el régimen.
Por último, toca hablar del populismo.
La estabilidad del régimen napoleónico no se explica sólo por el control de la prensa, de la política y por el uso de la autoridad. También fue muy importante apaciguar las agitaciones intestinas. Se nota en este periodo, desde principios del XIX, un cierto cansancio en la sociedad francesa ante la inestabilidad política que se vivía en épocas anteriores.
Se admistía a parte de los disidentes contrarrevolucionarios. Se desarrolla una campaña de propaganda que elogia al militar exitoso en campañas bélicas, que difunden notablemente el nacionalismo francés —muy vinculado a la reforma liberal —, y que Napoleón III aprovechará en beneficio propio años más tarde.
Otro factor fundamental para entender porqué es una figura que resultó simpática a los colectivos populares es la buena coyuntura económica en la que se sitúa el
régimen napoleónico, la cual contentó a campesinado, artesanado, comerciantes y la incipiente industria del momento.
El régimen napoleónico va a proporcionar respuesta a la crisis de poder que había manifestado la burguesía en las fases anteriores a la revolución, en medida en que se recupera la preeminencia de los notables en la burguesía, atrayéndose el favor de los sectores del clero y de los colectivos populares, ante esa situación de bonanza
económica.