Depresión en la Escuela
III. CONTExTO ESCOLAR Y DEPRESIÓN
La buena escuela es un lugar que puede ayudar a prevenir y sanar las depresiones, pues provee de estímulos cognitivos y actividades, contacta socialmente y entrega a las personas una experiencia de solidaridad y colaboración social. Todo esto contribuye a activar los factores que sanan la depresión. La depresión es un fenómeno neurobiológico cuya sanación depende de factores internos y externos, vinculados al afecto, actividades estimulantes, sensación de ser relevante como persona y hacer cosas significativas para otros.
Una escuela puede ser ella misma productora de cuadros depresivos, si su cotidianeidad se percibe poco significativa, si gira en torno a las temáticas del deber, a la competencia, la culpa, los castigos y el miedo. Cuando una persona se siente una más de tantas, etiquetada, con fracasos continuos (repitencia, malas notas) y sin expectativas positivas sobre ella, es tanto más fácil hacer un cuadro depresivo.
¿Qué necesitamos saber de la escuela para crear en ella un ambiente preventivo y sanador de las depresiones?
Para fortalecer la salud mental de los alumnos y prevenir la depresión infantil en la escuela es necesario reconocer los significados sobre los cuales se construye su narrativa, detectando cuando hay un estilo depresivo.
Se contribuye a la formación de un estilo depresivo cuando es excesiva la búsqueda de la perfección; la moralidad heterónoma, basada en normas externas que deben ser asimiladas sin una comprensión previa; la visión individualista, basada en la atribución y culpabilización de las personas, sin incorporar el contexto ni reconocer la colectividad en la base de cada acción; y la represión de impulsos, como forma de regulación e inhibición de la energía creadora del niño, la cual constituye un factor protector frente a la depresión.
La narrativa de la escuela aportará a un estilo más sano y optimista si los significados compartidos apuntan a la idea de una escuela comunitaria, al servicio de las personas y su crecimiento personal. Si hay una concepción del aprendizaje basada en el apoyo mutuo, en el respeto por las diferencias, los ritmos e intereses de todos, si se tiene una visión de la convivencia como un medio formativo hacia la autonomía de una moral de cuidado, generando espacios de buen trato entre los distintos actores del sistema educativo.
La escuela también puede transformarse en un espacio favorecedor de la resiliencia de sus miembros. La resiliencia es la capacidad de superar las adversidades, tales como situaciones de pobreza, contextos de violencia o estrés prolongado (Rutter, 1993). Según
Henderson y Milstein (2003), dos factores reportados por Fiske (1991) sobre escuelas efectivas, son igualmente aplicables a la construcción de resiliencia en la escuela: afecto y personalización. "Más que por ningún otro medio, la escuela construye resiliencia en los alumnos a través de crear un ambiente de relaciones personales afectivas. Estas relaciones requieren docentes que tengan una actitud constructora de resiliencia, es decir, que transmitan esperanza y optimismo (cualquiera sea la problemática o la conducta pasada del alumno). Es una actitud que dice: "Creo que puedes lograrlo; estás en condiciones, más que en riesgo" (Henderson & Milstein, 2003, pp. 38-39).
A continuación, presentamos algunas claves para transformar la escuela en un espacio favorecedor de la salud mental de niños y adolescentes:
Del deber al placer de aprender
1. Necesitamos saber que una de las claves antidepresivas de la escuela es el aprendizaje
significativo y razonablemente exigente. Significativo se refiere al aprendizaje
construido a partir de los intereses y los mapas conceptuales previos, lo que permite que la persona que aprende le encuentra sentido a lo que aprende para su vida, le emociona y eso hace pensar que la vida vale la pena; actitud contraria a la depresión. La exigencia cognitiva por su parte, es estimulante y emocionante, activando la liberación de endorfinas – neuroreguladores que funcionan a nivel cerebral, produciendo la sensación de placer y bienestar, fortaleciendo la salud física y mental – siempre y cuando sea apropiada a las capacidades del niño. 2. Las metodologías de enseñanza pueden asumir un rol fundamental en la prevención
de la depresión en el contexto escolar. Esto, porque las conexiones cognitivas interesantes promueven la liberación de endorfinas, lo cual permite al niño aumentar la sensación de vitalidad y alegría de vivir. Por eso, las metodologías más activas y desafiantes cognitivamente (por ejemplo, las adivinanzas, inventos o preguntas de ingenio), producen un efecto antidepresivo y de bienestar, siempre y cuando se adecúen a la etapa del desarrollo de los estudiantes.
De la disciplina basada en el miedo a la disciplina basada en el diálogo y acuerdos
3. Conviene saber también que la disciplina democrática, transparente y eficiente, genera en las personas una agradable sensación de contención y de sentido, dando la impresión de que la organización funciona. Una disciplina autoritaria, abusiva, injusta o ineficiente provoca emociones muy negativas, como la desesperanza y sin sentido.
La escuela cumple un rol en la represión de impulsos, enseñando a postergar el placer inmediato para conseguir satisfacciones superiores y de mediano a largo plazo. Contrarresta el ego, mostrando que existen los demás; el hedonismo, mostrando que hay placeres superiores y que importa también la felicidad del otro; la impulsividad
del niño, enseñando la reflexión. El libre devenir de las personas se ve enfrentado en las escuelas con los límites que pone la convivencia social. Sin duda, esto es en sí una tensión, pero se constituye en un problema cuando el sistema de control y represión de estas tendencias naturales está basado en el castigo y la culpa, cuando el deber deja de lado la recreación, cuando la norma oculta el sentido de la norma y el aprendizaje parece una obligación tediosa en vez de un privilegio que se busca. El sistema educativo puede enfatizar el autocontrol, opacando la creatividad y la expresión del niño; la rigidez puede dejar de permitir la vida, la risa, el error. Entonces, la escuela se vuelve un contexto depresógeno para docentes, paradocentes y estudiantes.
4. La rabia muchas veces se deja encubrir por depresión. Es decir, cuando las personas no pueden exteriorizar la rabia, se tienden a deprimir, ya que la depresión es la máxima expresión de la rabia volcada a sí mismo. El suicidio es la máxima expresión de la autoagresión, pero hay muchas otras formas autodestructivas en los niños y adolescentes, como los cortes, los piercing, la droga y la anorexia.
Cuando en la cultura escolar la autoridad se ejerce de manera autoritaria, genera mucha rabia en los actores, porque el autoritarismo se basa en la negación de la igualdad y dignidad de los subalternos. Se permite, por ejemplo, que las jefaturas den órdenes y reprendan sin las suficientes explicaciones y consideración. Naturalmente, esto enrabia a los profesores contra la dirección, a los alumnos contra los profesores y dirección, a los padres y a los paradocentes. En la escuela, el autoritarismo resiente más aun a las personas, cuando se da entre pares: la dirección y profesores son todos docentes y, cuando unos se atribuyen superioridad por sobre los otros, se generan rencores. Los estudiantes hoy por hoy no están dispuestos a dejarse tratar tan autoritariamente como sí se dejaban tratar antes, por lo tanto, se genera una lucha de poder que, como en toda guerra, infunde rabia en los actores del sistema. Si la cultura escolar mantiene el autoritarismo y no la autoridad – que se refiere
al ejercicio del poder en forma legítima, basada en la capacidad, conocimiento o dignidad de quien la ejerce, a través del argumento y la razón –, se genera un ambiente rabioso sin posibilidad de expresión, que puede ser depresógeno.
De una narrativa de presión, déficit y corrección, a una de reconocimiento explícito de logros
5. Cabe decir que en muchas escuelas con bajos resultados, la narrativa -es decir, el esquema y las pautas lingüísticas a través de las cuales se interpretan los hechos e
interacciones- tiene gran similitud con la narrativa de la depresión. Ambas giran en
torno a las temáticas del deber, la culpa, el castigo, la desesperanza, la sensación de soledad y la falta de redes sociales. La representación social vinculada a la creencia que educar es corregir, se traduce en una tendencia a reforzar los déficit del niño, dañando así su autoestima. Esto finalmente produce una sensación de baja
autoeficacia muy nociva, que puede estructurar rasgos depresivos de personalidad. Podríamos llamar a esto una "programación para el fracaso", que se va instalando en una enorme cantidad de alumnos que reciben el mensaje constante de no cumplir con las expectativas de sus adultos cercanos o no adecuarse a las conductas y actitudes esperadas.
Coincidentemente, en una visión, a nuestro juicio poco sistémica y poco comprensiva de los contextos culturales, la narrativa del análisis de las deficiencias del sistema educacional ha tendido a culpabilizar a los profesores por los bajos logros pedagógicos. Esto ha generado una sensación de desesperanza aprendida fuerte en el contexto escolar, dentro del grupo que debe formar a los estudiantes, transmitiéndolo a los alumnos.
6. La autoestima positiva es un factor protector de la depresión, y la escuela es un importante contexto que influye en la autoestima académica y social de sus integrantes. Debiera tenerse en cuenta esto a la hora de desarrollar políticas de evaluación, informes y premiaciones. El reconocimiento explícito de los logros y características positivas del niño fortalecen la autoestima y su identidad, debiendo ser parte de la rutina escolar. Para esto, es necesario destacar actitudes o logros concretos, específicos y observables, sin caer en generalizaciones o ambigüedades. Por ejemplo, será diferente decir "eres un buen alumno" a decir "desarrollaste el ejercicio sin errores y antes del tiempo previsto. Te felicito por tu concentración y dedicación durante la clase".
RECONOCIMIENTO POSITIVO E INCENTIVO