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El contexto de Makarenko

La Unión Soviética fue el primer campo de pruebas extenso y oficial del mar- xismo. Un campo de pruebas que se extendió desde la revolución bolchevique de 1917 hasta el derrumbe del sistema soviético a finales de la centuria. Se trata, ob- viamente, de un marxismo tamizado por las condiciones económicas, sociales y cul- turales de su lugar de aplicación, por las interpretaciones específicas de sus sucesivos dirigentes y por los avatares históricos (internos y externos) de los aproximadamen- te tres cuartos de siglo en que se mantuvo este Estado comunista. Un marxismo —también hay que decirlo— que algunos han entendido que constituyó una inter- pretación espuria de las ideas genuinas del fundador, cuando no una traición fla- grante. Pero ésta es otra discusión. Lo cierto es que la URSS fue un gran caldo de cultivo de pedagogías que se autoproclamaron marxistas.

El contexto político de quien ha sido entronizado como el pedagogo soviético por excelencia, A.S. Makarenko, fue el de los primeros años del nuevo Estado, con Lenin a la cabeza, que es cuando el pedagogo empieza a realizar sus experiencias más significativas, y el período estalinista, durante el cual prosigue primero con su tarea educativa directa para dedicar el último tramo de su vida a la reflexión y extensión de su pedagogía.

El contexto real con el que se encuentra Makarenko es el de un país agrario, económica y socialmente devastado como consecuencia de la dominación zarista y de los durísimos años de la revolución. Con unos índices muy elevados de analfabe- tismo y —en lo que respecta al que será el campo de trabajo de nuestro pedagogo— un numeroso contingente de niños y jóvenes sin hogar y sumidos en la marginación y la delincuencia.

Es un país que hay que levantar y recrear con el objetivo de construir la socie- dad comunista. Un objetivo al que deberá contribuir decisivamente la nueva educa- ción que hay que diseñar. En esta labor de pensar, planificar e instaurar un sistema educativo capaz de colaborar en la forja del nuevo hombre comunista, se empeña en los primeros tiempos del Estado soviético, y con orientaciones a veces divergentes, un plantel de significados dirigentes y pedagogos: el mismo Lenin, que ya antes de la re-

volución se había interesado notablemente por la cuestión educativa; su compañera N. Kruspkaia, pedagoga de oficio que concretó las ideas de Lenin y colaboró con A. V. Lunacharski, máximo responsable político de la educación durante el primer pe- ríodo de la URSS; y un nutrido grupo de pedagogos entre los que estará Makarenko, aunque la notoriedad pública le llegará más adelante.

Nota biográfica

17

Antón Semionovich Makarenko nació en 1988 en la ciudad ucraniana de Bie- lopolie. Fue el segundo hijo de una familia obrera. Su padre, pintor de profesión que trabajaba en la industria ferroviaria, fue destinado en 1900 a otra ciudad, Kriú- kov, donde nuestro pedagogo terminó sus estudios secundarios al parecer con ex- celente aprovechamiento. En 1905, después de realizar un cursillo pedagógico, empezó a ejercer como maestro en una escuela ferroviaria de primaria, en los mis- mos talleres donde trabajaba su padre. En 1911 fue destinado a otra escuela fe- rroviaria, ahora con el cargo de inspector. Por estos años ya va practicando su afición literaria y escribe un pequeño relato que envió a Máximo Gorki solicitán- dole su opinión. Éste le responde, señalándole algunos defectos pero animándole a seguir escribiendo: tal fue el inicio de una fructuosa relación. En 1914 se inaugu- ró en Poltava un Instituto Pedagógico con el fin de formar a profesores de secun- daria, en el cual ingresó inmediatamente Makarenko para proseguir su formación como educador. Con una breve interrupción a causa del servicio militar, para el que finalmente fue declarado inútil por su gran miopía, se tituló brillantemente en 1917. Hasta 1920 ejerció, de nuevo en Kriúkov y después en Poltava, como direc- tor de escuela.

Aquel año le fue encomendada la creación y dirección de un centro, cerca de Poltava, para niños y jóvenes que se habían quedado sin hogar a causa de los tu- multuosos años de la revolución. Muchos de ellos eran delincuentes en ciernes o ya consumados. Se trata de la Colonia Gorki. El escritor ruso, además de dar nombre a esta institución, fue una especie de padrino de la misma: la visitó personalmente y mantuvo frecuente correspondencia con ella. Máximo Gorki, además, escribió un elo- cuente retrato de Makarenko:

¿Quién pudo cambiar de forma tan radical y reeducar a cientos de niños, tan cruel y ofensivamente deformados por la vida? Antón Makarenko es el organizador y director de la colonia. No hay duda de que es un pedagogo de talento. Los colonos le adoran sinceramente y hablan de él con tal orgullo que hasta parece que ellos mismos son sus creadores. Es un hombre exteriormente severo, parco en palabras, que representa algo más de cuarenta años, narigudo, mirada inteligente y escudriñadora, tiene algo de mi- litar y de maestro rural de los que «sustentan ideas». Habla con voz enronquecida, bronca o tomada, se mueve con lentitud, pero acude a todas partes, no se le escapa nada, conoce a cada colono, caracterizándole con cinco palabras, como si hiciera una instantánea de su carácter. Al parecer, en él está desarrollada la necesidad de acari-

17. Para esta reseña biográfica nos hemos basado sobre todo en KUMARIN, V. (1975): «Pedagogo, escri- tor, ciudadano», en AA.VV.: Antón Makarenko. Su vida y labor pedagógica. Moscú. Progreso, pp. 5-48.

ciar al pequeño de pasada, desapercibidamente, tener para cada uno de ellos una pa- labra cariñosa, una sonrisa, acariciarles la cabeza pelada18.

En 1926 la Colonia Gorki cambia de emplazamiento. Los ciento veinte educan- dos que había en la institución se hacen cargo de otro centro educativo —Kuriazh, a pocos kilómetros de la capital ucraniana Járkov— que contaba con unos doscientos niños en un lamentable estado organizativo y pedagógico. En poco tiempo se impo- ne el estilo de la Colonia Gorki.

En el verano de 1927 a Makarenko se le encarga la dirección de otra colectivi- dad infantil y juvenil situada también en Járkov: la Comuna F. Dzerzhinski. En ella aplicó ya directamente los métodos educativos que de forma muy pragmática había ido descubriendo y ensayando en la anterior institución. La comuna llegó a tener una fábrica de taladradoras eléctricas y otra de cámaras fotográficas Leika. Durante estos años desarrolla una intensa actividad literaria. Entre 1930 y 1932 escribe dos li- bros sobre la experiencia de la Comuna Dzerzhinski: La marcha del año 30, en forma de reportajes, y FD-1, en forma de novela. En 1933 escribe la obra teatral Tono mayor. Y en 1935 redacta la tercera y última parte de su obra más conocida, Poema pedagógico, donde narra su experiencia previa en la Colonia Gorki.

En septiembre de 1935, sin interrumpir totalmente su relación con la Comuna Dzerzhinski, es destinado al Negociado de Comunas de Trabajo de la República de Ucrania, en Kíev. La última fase de su vida, siendo ya un pedagogo célebre, transcu- rrió en Moscú donde pudo dedicarse a escribir y publicar sobre pedagogía y litera- tura, así como a divulgar sus ideas mediante conferencias, programas radiofónicos y

18. GORKI, M.: «Por la unión de los soviets», en AA.VV.: Antón Makarenko. Su vida y labor..., p. 59. Makarenko (de pie, segundo por la izquierda), Máximo Gorki (sentado en el centro) con jóvenes de la Colonia Gorki

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DITORIAL

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artículos periodísticos que frecuentemente aparecían en Pravda e Izvestia. Durante estos años publica, entre otros, Libro para los padres (1937), Conferencias sobre edu- cación infantil (1938) y Banderas en las torres (1939), donde narra noveladamente la experiencia de la Comuna Dzerzhinski. El 1 de abril de 1939, mientras viajaba de vuelta a Moscú en el ferrocarril suburbano, falleció víctima de un ataque cardiaco.

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