Capítulo 2. Marco conceptual
2.2 Factores condicionantes de la inversión ángel
2.2.1 Factores relacionados con el individuo
2.2.1.2 Contexto personal
En cuanto al contexto personal del individuo se analizan cuatro importantes factores. Se trata de la experiencia en la propiedad y gestión de empresas, la experiencia en la creación de empresas, conocer personalmente a un ángel inversor y la aversión al riesgo. Sobre este último factor, aunque puede tratarse como un factor del entorno, y de esta forma medir y comparar la aversión al riesgo media de los individuos de un país en relación a otro, se cree que es de especial interés analizarlo a nivel individual y por tanto como lo hicieron los trabajos de Maula, Autio y Arenius (2005) y Szerb, et al. (2007) en esta tesis doctoral también se considera un factor a incluir en la categoría del individuo.
Experiencia en la propiedad y gestión de empresas
Todos los estudios realizados sobre ángeles inversores muestran que gran parte de estos ángeles poseen experiencia como propietarios y/o gestores de empresas.
En cuanto a la gestión de empresas, uno puede gestionar sus propias empresas, en este caso sería propietario o bien participar en la gestión de empresas de terceros como directivo o ejecutivo. En todos los casos este individuo poseerá conocimientos sobre gestión de empresas que le serán muy útiles en caso de plantearse convertirse en ángel. En este apartado, centraremos nuestro interés en la gestión de empresas y analizaremos la experiencia que los ángeles de distintas partes del mundo tienen como gestores de empresas propias (propietarios) o como gestores de empresas de terceros (directivos).
En cuanto a la propiedad, deben considerarse varias posibilidades: primeramente, un individuo puede ser propietario de una empresa porque la ha heredado de su familia o bien porque él mismo la ha creado. Segundamente, un individuo puede tener experiencia en la propiedad de empresas, aunque actualmente no posea ninguna, ya que puede haberla vendido. También puede darse el caso que un individuo sea propietario de una empresa pero delegue la gestión de la misma en otras personas (por ejemplo a otros miembros de su familia) y, por tanto, pueda trabajar como asalariado en otras empresas. Lo más habitual, sin embargo, es que el propietario de una empresa trabaje en la gestión de la misma, si fuera así, como ya se ha indicado anteriormente, se identificará a este individuo como “propietario”.
La mayoría de trabajos sobre los ángeles indican que muchos de ellos poseen amplia experiencia en la propiedad y gestión de empresas pero no proporcionan cifras exactas, así, por ejemplo, Hindle y Wenban (1999, p. 173) indican sobre los ángeles australianos que «se calificaron como "directores
generales" y "gestores de personas" y que la mayoría habían estado involucrados en varias empresas start-up antes». Sin embargo, algunos estudios si han cuantificado todos estos datos y en la Tabla 3
se muestran los porcentajes de ángeles que gestionan sus propios negocios (propietarios) y los porcentajes de ángeles que gestionan negocios de terceros (directivos) de diferentes estudios realizados en distintos países.
Otros muchos trabajos (como los de Freear, Sohl y Wetzel, 1994; Mason y Harrison, 2000c; Politis y Landström, 2002) también muestran que los ángeles inversores suelen tener experiencia como empresarios, lo que corrobora esta relación entre la propiedad y gestión empresarial y la propensión a convertirse en un ángel inversor.
Tabla 3. Comparación internacional del porcentaje de ángeles inversores que tienen experiencia en la gestión de empresas, ya sea como propietarios o directivos
Porcentaje de ángeles que tienen
experiencia en la gestión de empresas País Fuente
85 % Alemania Brettel (2003)
55% Propietarios
18% Directivos Alemania
Stedler y Peters (2003)
74% en Pymes Finlandia Lahti (2011b)
60% Propietarios
10% Directivos Japón
Tashiro (1999)
46% Noruega Reitan y Sørheim (2000)
49% Propietarios Reino Unido Harrison y Mason (1992a)
37% Propietarios
33% Directivos Reino Unido
Gardner (2003)
72% Propietarios Singapur Hindle y Lee (2002)
69% (69% en Pymes) Suecia Landström (1993)
98% (96% en Pymes) Suecia Mänsson y Landström (2006)
Fuente: Elaboración propia.
Es interesante también constatar que un trabajo de Duxbury, Haines y Riding (1996) sobre 411 individuos con experiencia empresarial –todos exitosos hombres y mujeres de negocios– que tenía por objetivo analizar y comparar las características psicológicas de los ángeles inversores de la muestra (279 individuos) con las de los 95 individuos del grupo de control formado a partir de los 132
individuos que no habían realizado inversiones en empresas no cotizadas, mostró que generalmente el perfil de los ángeles inversores no era muy distinto al de los individuos del grupo de control, lo cual confirma que los ángeles se parecen mucho a los empresarios. De hecho, el trabajo de Landström (1998) cuestiona la distinción tradicional entre empresarios e ángeles inversores, ya que ve a estos últimos como co-creadores, y co-emprendedores, y argumenta que su actitud es realmente la de un empresario. Además, esta perspectiva está apoyada por el hecho de que muchos de estos inversores informales se ven a sí mismos como empresarios reales o como potenciales co-empresarios (Saetre, 2003).
En la misma línea de de pensamiento, se posiciona la teoría de la carrera profesional. Según Sullivan (1999), las carreras profesionales se caracterizan por unas relaciones laborables flexibles, la adquisición de habilidades que se transfieren de un empleo u empresa a otra, el aprendizaje a través de la acción, la identificación personal con el trabajo, el desarrollo de múltiples redes y el establecimiento de relaciones con los compañeros de aprendizaje, y la responsabilidad individual para la gestión de su carrera profesional. Como indican Arthur, Inkson y Pringle (1999), los individuos acumulan y aplican el “capital” de carrera profesional a través de la experiencia laboral. A pesar de que, como indica Dyer (1994), los campos del emprendimiento y la carrera profesional han estado tradicionalmente separados, estudios como el de Terjesen (2005) muestran que los emprendedores aprovechan el capital humano y el capital social de la experiencia en trabajos anteriores. Por otra parte estudios como el de Urbano, Álvarez y Turró (2013) muestran que no existen diferencias significativas explícitas entre los individuos que emprenden por su cuenta “entrepreneurs” y los que realizan esta actividad en el seno de una gran empresa “intrapreneurs”, ya que la probabilidad que un individuo se convierta en una u otra figura aumenta considerablemente cuando se dispone de recursos y capacidades empresariales.
Bird (1994, p. 326) define las carreras profesionales “como acumulaciones de información y
conocimientos incorporados en las habilidades, la experiencia y las redes relacionales adquiridas a través de una secuencia de evoluciones en la experiencia laboral a través del tiempo”. Una
investigación cualitativa de Politis y Landström (2002) encontró que la carrera profesional de los ángeles inversores en Suecia constaba de tres fases: (1) la carrera profesional corporativa, (2) el aprendizaje emprendedor, y (3) la carrera profesional de inversión integrada. Según Politis y Landström (2002), cada fase de la carrera ofrece a los ángeles inversores posibilidades para el aprendizaje y el desarrollo de competencias valiosas para avanzar en su carrera emprendedora. Así, en la primera fase, la corporativa, los ángeles aprenden a gestionar empresas, establecen redes, y legitiman su reputación. En la siguiente fase, la de aprendizaje emprendedor, los ángeles inversores utilizan sus conocimientos contactos y experiencias en diversos proyectos emprendedores principalmente en calidad de consultores, que a su vez les permite aprender el funcionamiento de los procesos emprendedores. En la última fase, la de inversión integrada, los ángeles inversores amplían los conocimientos contactos y experiencias adquiridos anteriormente, haciendo uso de sus
competencias emprendedoras y de gestión en las empresas en las que invierten, y por lo tanto actúan tanto de emprendedores como de inversores en las empresas en las que se involucran.
Para Politis y Landström (2002), el salto de una etapa a otra requiere un periodo de transición, donde la situación familiar del individuo, la falta de nuevos retos y el compromiso emocional juegan un papel importante. Sin embargo, estas etapas de transición siempre cuentan con un punto de partida, a menudo relacionado con una insatisfacción o conflicto (que el trabajo no responda a las expectativas, trabajo rutinario, perder el empleo, etc.) o bien con una oportunidad (mayor independencia, la posibilidad de desarrollar diferentes proyectos empresariales simultáneamente, etc.), que son los detonantes de la reorientación de la carrera del individuo. Se podría sintetizar este punto de vista diciendo que un individuo se hace ángel inversor como consecuencia de la evolución de su carrera profesional.
Así pues, gran parte de los ángeles inversores son antiguos emprendedores de éxito que han decidido dar un paso más en su carrera profesional. Además, según Coveney y Moore (1998), estos ángeles con pasado emprendedor manifiestan que una de sus principales motivaciones para realizar inversiones informales es que disfrutan haciéndolo. De alguna forma, como indica Gaston (1989b) gracias a estas inversiones quieren seguir emulando antiguos logros. Por tanto, este tipo de ángeles inversores posee unas características personales y motivaciones muy similares a las de los emprendedores (Sullivan, 1991; Duxbury, Haines y Riding, 1996).
Enlazando con la visión que los ángeles son empresarios, Saetre (2003) propone la conveniencia de distinguir a ángeles y empresarios en tres categorías: en primer lugar, los empresarios tradicionales; en segundo lugar, un grupo de ángeles inversores que son percibidos como empresarios y, finalmente, el resto de inversores privados tradicionales, sean activos o pasivos. Ni los primeros ni los últimos generan demasiadas dudas en cuanto a su naturaleza, si en cambio los del medio, a quienes considera inversores empresariales. Estos inversores entran en las empresas en las que invierten como inversores, pero pronto pasan a ser como los empresarios. De hecho, Saetre (2003) aboga por llamarlos “empresarios financieros” para distinguirlos de los empresarios tradicionales, a los que llama “empresarios técnicos”. Así pues, los empresarios “financieros” son inversores privados que invierten en una etapa temprana y están tan involucrados en la empresa que posteriormente se consideran una parte del equipo empresarial de “empresarios técnicos” y más tarde inversores por igual. Según Saetre (2003), la principal diferencia entre un empresario financiero y un inversor privado activo sería que el primero se involucra en la empresa mucho antes que el segundo y que, además, el empresario financiero participa más activamente en la empresa que el inversor privado activo.
En definitiva, se puede concluir que todos los estudios sobre ángeles inversores de primera y segunda generación sugieren que la experiencia en un empleo empresarial tiene algún impacto en la decisión de convertirse en un ángel inversor y realizar inversiones en empresas no cotizadas.
Se tratarán cinco estudios de tercera generación que analizan la relación entre poseer algún tipo de actividad empresarial y la propensión a convertirse en un ángel inversor. Estos estudios recurren a diversos marcos teóricos para analizar esta relación. Así, por ejemplo, los trabajos de Maula, Autio y Arenius (2005), Wong, Ho y Autio (2004) y Wong y Ho (2007) recurren a la teoría del comportamiento planificado (Ajzen, 1988, 1991). Por su parte, Szerb, Terjesen y Rappai (2007) recurren a estudios relacionados con la teoría de la carrera profesional (como los de Dyer, 1994; Terjesen, 2005; Bird, 1994; Politis y Landström, 2002) para justificar esta relación y trabajos como el de Burke, et al. (2010) analizan hasta 4 escuelas de pensamiento distintas como son: la teoría económica clásica de la asignación de los recursos limitados (Smith, 1976; Marshall, 1890), la teoría keynesiana que apunta a que la demanda genera su propia oferta (Keynes, 1936), la teoría de la gestión de los recursos humanos y, por último, la escuela de pensamiento de la acumulación de capital empresarial, para probar la relación entre la actividad emprendedora y la propensión a convertirse en un inversor informal.
Siguiendo la teoría del comportamiento planificado Ajzen (1988, 1991), que proporciona un marco teórico para entender la decisión de los individuos para realizar inversiones informales, Maula, Autio y Arenius (2005), Wong, Ho y Autio (2004) y Wong y Ho (2007) consideran que la experiencia en emprendimiento y gestión empresarial estará positivamente relacionada con la propensión a convertirse en un inversor informal. La experiencia en la propiedad y/o la gestión empresarial confiere a los inversores una mayor sensación de control conductual percibido. Esta experiencia debería mejorar la percepción del individuo en su propia capacidad para seleccionar correctamente las empresas donde invierte y para contribuir activamente al buen rendimiento de estas empresas mediante su participación en las principales decisiones estratégicas. Así pues, este control conductual percibido debería estar asociado con una fuerte intención de realizar inversiones ángel.
Otro de los últimos estudios que analizan la probabilidad de que una persona con algún grado de participación en actividades empresariales se pueda convertir en un ángel inversor o bien en un inversor informal es el de Burke, et al. (2010). Para ello, identifican cuatro escuelas de pensamiento que analizan esta relación. La primera es la teoría económica clásica de la asignación de los recursos limitados que se remonta a la obra de Smith (1976) y Marshall (1890). En este marco, los individuos tienen dotaciones de tiempo (trabajo) y dinero (capital) limitadas; por eso, optimizan estos recursos a lo largo de su carrera. Evidentemente, cuanto más tiempo o dinero dedique un individuo a una actividad, menos tendrá para el resto de actividades. Los ángeles inversores tienen una cantidad limitada de capital y, además, tienen que distribuir su tiempo buscando, detectando, evaluando, y negociando con nuevas oportunidades de inversión en primer lugar y, posteriormente, a menudo, gestionando y preparando la salida o desinversión de estos negocios (Riding, Madill y Haines, 2007). Campbell (2003) sostiene que uno de los rasgos distintivos que diferencia a los ángeles inversores del capital riesgo formal es que con frecuencia los primeros no tienen fondos suficientes para financiar una empresa hasta conseguir su salida. En consecuencia, dado que se necesita una considerable cantidad de recursos financieros y de tiempo para el funcionamiento de una empresa,
esta escuela de pensamiento predice que no existe ninguna relación, (o en todo caso será una relación negativa) entre el emprendimiento y la probabilidad de convertirse en un inversor informal.
La segunda escuela de pensamiento se basa en una serie de investigaciones en diferentes áreas. El tema central de esta escuela de pensamiento es la creencia que la actividad empresarial, en realidad, promueve la probabilidad de convertirse en un ángel inversor. Dado que esta corriente de pensamiento evidentemente es contradictoria con la economía clásica, según Burke, et al. (2010), no debería sorprender que en esta corriente de pensamiento juegue un papel importante el argumento central de la economía keynesiana de que la demanda genera su propia oferta (Keynes, 1936). La aplicación de la teoría keynesiana al caso que nos ocupa, implica que una mayor actividad empresarial creará una demanda de financiación informal que se manifestará en la creación de nuevas oportunidades de inversión para los ángeles inversores. Así, una mayor disponibilidad de oportunidades se traducirá en un aumento del número de ángeles inversores dispuestos a aprovecharlas. Según Burke, et al. (2010), esta línea de pensamiento keynesiana, no debe plantearse tanto en términos de conflicto con la teoría clásica, sino que debe implicar que a nivel agregado, los países con mayores niveles de actividad empresarial tengan una mayor probabilidad de que cualquier persona pueda convertirse en un inversor informal en general y en un ángel inversor en particular.
La tercera escuela de pensamiento puede representarse por la teoría de la gestión de los recursos humanos, estrechamente relacionada con la economía del trabajo (Evans y Jovanovic, 1989). Estas teorías relacionan el perfil de un individuo en términos de capacidad y motivación y de cómo es capaz de adaptar este perfil a una determinada carrera profesional en particular. Burke, et al. (2010) consideran que muchas de las características del perfil de los empresarios y emprendedores son similares a las de los ángeles inversores. Ambos poseen habilidades y capacidades para aventurarse a crear nuevos negocios, también dedican parte de su riqueza a la inversión, comparten una propensión a asumir riesgos, y los dos disfrutan de las emociones asociadas a las nuevas empresas (Kelly, 2007; Riding, Madill y Haines, 2007; Campbell, 2003). Por tanto, esta escuela de pensamiento sostiene que si una persona decide dedicar parte de su carrera al emprendimiento manteniendo el resto de factores constantes, tendrá más probabilidades de convertirse en un ángel inversor que cualquier otra. También la literatura sobre la auto-eficacia de las personas Bandura (1977) sugiere que los individuos son más propensos a participar en una determinada acción, si creen en su capacidad para poder contribuir decisivamente en ella.
La cuarta escuela, a la que Burke, et al. (2010) llaman escuela de pensamiento de la acumulación de capital empresarial, se basa en una diversa literatura de investigación donde, por ejemplo, tendría cabida la teoría del crecimiento endógeno (Romer, 1994). Los estudios de esta línea de pensamiento indican que la actividad emprendedora, lejos de agotar los recursos necesarios para que un individuo se convierta en un ángel inversor, lo que hace es aumentarlos. Así pues, tener algún tipo de relación con la actividad emprendedora aumenta las posibilidades de que un individuo se convierta en un inversor informal. En esta línea de pensamiento se encontrarían estudios como los de Birley (1985),
que pone de relieve la importancia de las redes tanto en la comunidad de emprendedores como en la de ángeles inversores, lo cual lleva a Burke, et al. (2010) a considerar que ser activo en el ámbito del emprendimiento posibilita disponer de un capital social que puede ser muy útil para la actividad de los ángeles inversores. Harrison y Mason (1996b, 2000) destacan la importancia que tiene que los ángeles inversores operen en redes y coinviertan con otros ángeles, para lo cual es útil disponer de una buena reputación. Sørheim (2003) señala que es muy racional que los individuos que han adquirido la mayor parte de su experiencia en una región específica hagan la gran mayoría de sus inversiones en la misma región. Es esta trayectoria regional lo que les da una ventaja competitiva en el mercado de capital riesgo informal, además este razonamiento parece ser también válido en relación a individuos con experiencia en un sector específico, en este caso el aspecto regional es reemplazado por una industria específica. En cuanto a la reputación, trabajos como los de Bhidé (2000) y Birley (2002), muestran que ser empresario ayuda a construirse una credibilidad y reputación. En la misma línea Gompers y Lerner (1999) destacan la importancia de la reputación como medio para recaudar fondos por parte de los capitalistas de riesgo. En definitiva, como señalan Burke, et al. (2010, p. 26) “ser activo empresarialmente puede ser una «academia de aprendizaje» a
través de la cual muchas de las habilidades aprendidas son relevantes para el éxito de la actividad de la inversión informal”. Además, Burke, et al. (2010) destacan que el emprendimiento puede ser una actividad muy gratificante y una buena vía para proporcionar riqueza, una riqueza que a su vez puede aumentar la propensión de un individuo a tomar riesgos (Burke y Hanley, 2003, 2006) y así aumentar la probabilidad de convertirse en un ángel inversor. Como ya se ha argumentado anteriormente, para convertirse en un ángel inversor se necesita ser mínimamente rico, por tanto, gracias a la actividad emprendedora algunos individuos han conseguido la riqueza necesaria que les puede llevar a convertirse en ángeles activos, ya que existen estudios que demuestran que cuando los individuos disponen de una fuente de riqueza inesperada como puede ser la lotería (Taylor, 2001) o una herencia (Blanchflower y Oswald, 1998; Burke, FitzRoy y Nolan, 2000) a menudo deciden invertir en su propio negocio.
En cuanto a los resultados de los estudios de tercera generación, el trabajo de Maula, Autio y Arenius (2005) viene a confirmar que existe una relación significativa y positiva entre la experiencia emprendedora y de gestión y la propensión a convertirse en inversores informales, tanto familiares como no familiares. Indica además que, manteniendo el resto de variables constantes, disponer de esta experiencia aumenta la propensión a realizar inversiones informales, de media entre el 188% y el 254%. Asimismo, está propensión es mayor en las inversiones no familiares; por tanto, tiene más incidencia sobre los ángeles inversores que sobre el resto de inversores informales. Cabe añadir que estos resultados fueron muy parecidos a los del estudio de Wong, Ho y Autio (2004). También los resultados del estudio de Wong y Ho (2007) confirman que los individuos con experiencia emprendedora y de gestión tienen una mayor propensión a convertirse en inversores informales, tanto en inversores pseudo ángeles como familiares y tanto realizando inversiones de importes