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c) SIGNOS DE PUNTUACIÓN

Acabamos ce ver cómo las palabras señales son una gran ayuda para poder seguir con facilidad y con pre- cisión el desarrollo del curso del pensamiento a través del párrafo. Esto nos permite llegar de un modo más rápido a una comprensión más acertada y completa de la idea central.

Pero aún existen otras ayudas que el autor nos brin- da y que los buenos lectores saben aprovechar al máxi- mo. Son los signos de puntuación.

Los signos de puntuación tienen por finalidad hacer que el lector pueda andar con facilidad por el texto sin confusiones ni contratiempos. Un texto sin signos de puntuación sería una masa informe de palabras difícil de manejar y de entender.

Algunos llegarían a ser casi ininteligibles. Fíjese en el siguiente párrafo, en el que se han suprimido los signos de puntuación.

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que venimos haciendo del término «primitivo» empleo no por autorizado por el uso más acorde con la verdad científica y con la propiedad técni- ca nosotros bien sabemos que el «salvaje» no es el «primitivo» que hay mucha ganga en este últi- mo vocablo de los prejuicios evolucionistas según los cuales la vida como la civilización habían de- bido empezar por lo elemental que una observa- ción más fiel sobre las sociedades no civilizadas revela en el salvajismo más bien un caso de en- fermedad decadencia o aborto que la manifesta- ción de una infancia.»

Vea ahora el mismo párrafo en forma original: «Una observación, todavía, acerca del empleo que venimos haciendo del término «primitivo»; empleo, no por autorizado por el uso, más acorde con la verdad científica y con la propiedad técni- ca. Nosotros bien sabemos que el «salvaje» no es el «primitivo»; que hay mucha ganga, en este úl- timo vocablo, de los prejuicios evolucionistas, se- gún los cuales la vida como la civilización habían debido empezar por lo elementa^; que una obser- vación más fiel sobre las sociedades no civilizadas revela en el salvajismo más bien un caso de enfer- medad, decadencia o aborto, que la manifestación de una infancia.» (EUGENIO D'ORS, El secreto de la

Filosofía, pág. 234.)

El lector que está atento a los signos de puntuación capta más de un escrito. Los signos de puntuación in- troducen matices en la expresión del pensamiento, y nos revelan con frecuencia la importancia que el autor

da a las distintas frases y afirmaciones. Por otra parte, los signos de puntuación nos van presentando, a modo de grupos de palabras, los distintos pasos o escalones en el movimiento progresivo del pensamiento.

Cuando el lector sabe apreciar el valor de los signos de puntuación todo el texto va cobrando relieve espe- cial ante sus ojos, el terreno queda más claramente perñlado y su recorrido por el texto escrito se hace mucho más rápido, ágil y dinámico.

Los signos de puntuación se convierten entonces en una especie de palabras nuevas, o de indicaciones u orientaciones que nos ofrece el mismo autor, para que podamos llegar más fácilmente hasta su propio pen- samiento.

A continuación haremos un breve comentario sobre los principales signos de puntuación, y lo ilustraremos con algunos ejemplos.

(.) El punto

Este signo de puntuación es el más familiar; no sue- le pasar inadvertido ni para los lectores menos entre- nados. Su significado es también obvio. Indica que he- ñios llegado al final del desarrollo de un pensamiento o de una idea.

(; ) Punto y coma

El punto y coma nos advierte que hemos llegado en cierto modo a un final, no precisamente de una idea, pero sí de un aspecto de la idea. Lo que viene a conti- nuación pertenece a la misma idea, pero el enfoque, la

LECTURA RÁProA 89 dirección o la presentación va a cambiar notablemente.

Ejemplo:

«El suelo de Amazonas está entretejido de vege- tación de bosque salvaje. Es aquella una región donde la lluvia es diez veces más frecuente que en la nuestra; el sol es ardiente, y un depósito de terreno queda lleno de vegetación en pocas sema- nas. Y por la época de la crecida anual no queda allí superficie disgregada que pueda ser arrastra- da por las aguas. Lo cenagoso de aquel río es de- bido a la erosión del subsuelo en las orillas. Des- pués de la erosión de aquel subsuelo, queda allí un formidable amasijo de raíces; su espesor de- penderá del tiempo que haya permanecido sin ser perturbado; y aquel amasijo con su terreno super- ficial, y sus matojos, bejucos y árboles, es el más apto para quebrarse y soltarse y flotar río abajo.» (WILLARD PRICE, El maravilloso Amazonas, pá- gina 74.)

( : ) Dos puntos

Este signo de puntuación se emplea al final de un juicio o de una afirmación que el autor se dispone de

inmediato a aclarar o a desarrollar de un modo más de- tallado. Lo que sigue a los dos puntos no es más que una explicitación de lo que el autor tenía en la mente al hacer la afirmación precedente.

Ejemplo:

«Como verá el lector más adelante, todas nues- tras acciones, incluso las más elementales y ordi-

narias, obedecen en última instancia a un doble impulso fundamental: el de la plena autoexpre- sión y el de la plena concienciación de nuestro ser. Sepámoslo o no, seamos o no conscientes de ello, toda nuestra vida no es otra cosa que el desarro- llo de este sencillo y profundo argumento que puede sintetizarse en una sola idea: la autorreali- zación total.» (A. BLAY FONTCUBERTA. Energía Per-

sonal, pág. 12.)

(,) Coma

Este pequeño signo de puntuación es el que se em- plea más abundantemente y también el que con más frecuencia suele pasar inadvertido. Pero los buenos lectores advierten prontamente su presencia y saben aprovechar todas las indicaciones que les ofrece para realizar la lectura con mayor rapidez y comprensión.

La coma puede aparecer en el texto de varias for- mas diferentes o en diversas combinaciones. Puede ir

sola, puede presentarse a pares, puede haber varias co- mas sucesivas o, finalmente, puede ir acompañada de una conjunción. En cada caso su significado o valor

cambia notablemente.

1) Una coma sola

Es relativamente frecuente encontrarse con frases que comienzan por una conjunción. Por ejemplo, con las palabras: cuando, si, como, aunque, después que, ya que, mientras, a fin de. Estas palabras nos indican que la primera parte de la frase no contiene)*; la idea fun-

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damental sino que se trata de una simple oración su- bordinada. El lector atento estará alerta a la aparición de una coma que indicará la terminación de la parte subordinada y dará paso a la afirmación o idea funda- mental.

A veces este inciso subordinado puede encontrarse al final de la frase. Entonces la aparición de la coma nos advierte que la idea básica ya está dicha, y que las últimas palabras contienen una idea menor dependien- te de la principal.

Ejemplo:

«Si todavía hubiera dudas respecto a los me- dios auxiliares que hay que utilizar en la instruc- ción de vendedores, puede ser útil consultar a personas que hayan tenido experiencia práctica en la utilización de diversos tipos de tales medios auxiliares. Pero tanto si se está en duda como si no, resulta siempre conveniente ensayar primero varias clases de materiales auxiliares.» (JAMES H .

DA VIS, Manual para la formación de vendedores, pág. 184.)

2) Dos comas correlativas

Las comas correlativas equivalen a un verdadero paréntesis. Introducen en medio de la exposición gene- ral del pensamiento un pequeño grupo de palabras que contienen solamente una simple aclaración o explica- ción que ayudan a la mejor comprensión de toda la frase. Pero en rigor podrían ser totalmente omitidas sin variar en nada el significado de la frase.

que aquí el significado general queda intacto, aunque se suprimiesen las palabras que van entre las dos co- mas, mientras que en el caso anterior se trataba de algo que se añadía realmente a la idea principal a modo de un detalle complementario, de una condición o de una circunstancia temporal.

Hay casos, no obstante, en que dos comas correlati- vas pueden contener también una idea subordinada a

semejanza de lo dicho en el primer caso. Entonces sue- len estar presentes las conjunciones que antes enume- ramos.

Ejemplo:

«Del lado de la economía volvió a alegarse cada vez más, en contra de mi proyecto, que la econo- mía no podía ser empujada a una competencia ili- mitada mientras el Estado, con sus impuestos, siguiese quitando a los sujetos económicos partes tan cuantiosas del fruto de su trabajo.» (LUDWIG

ERHARD, Bienestar para todos, pág. 142.)

3) Varias camas sucesivas

Este es el uso de la coma más fácil de distinguir. Cada una de las comas va precedida de una palabra o de un pequeño grupo de palabras. La nota característi- ca es que todas las palabras, o grupos, guardan entre sí una gran semejanza. En este caso se trata bien de una reiteración de un mismo concepto, bajo diversos aspec- tos o facetas, bien de una simple enumeración de los elementos componentes de un conjunto.

LECTURA RÁPIDA 93 Ejemplo:

«La mejor película, el mejor gráfico, el más adecuado modelo, de poco sirven si son utilizados por un mstructor que no conozca a fondo cómo sacar de ellos el máximo partido. Esto equivale a decir que los instructores de ventas han de pre- pararse previamente para poder utilizar con efi- cacia los medios auxiliares de instrucción.» (JAMES

H. DA VIS, Manual para la formación de vendedo- res, pág. 184.)

4) Una coma seguida de una conjunción

Las conjunciones usadas en este caso son: , y... pero... , porque... , ni...

Estas comas, así usadas, indican que nos encontra- mos ante un pensamiento que es realmente nuevo y diferente con respecto a lo dicho en la parte anterior a la coma. El lector podría perfectamente sustituir la coma y la conjunción por un punto, de modo que resul- tasen dos frases distintas. El significado seguiría sien- do exactamente el mismo.

Ejemplo:

«La técnica de la atención, como la del sobre- esfuerzo, tiene la ventaja de que no, exige condi- ciones externas, y es compatible con todas las ac- titudes particulares e individuales y con todo tipo de trabajo y actividad.» (A. BLAY FONTCUBERTA.

( ? ) Signo d e interrogación

¿Cuál es la finalidad del autor al emplear el signo de interrogación? Simplemente llamarnos la atención sobre lo que nos va a decir. Los signos de interroga- ción no contienen ninguna idea básica, ni tampoco su- bordinada, ningún detalle nuevo, ninguna explicación.

Solamente son una llamada a nuestra curiosidad, a nuestro interés, con el fin de prepararnos mejor para captar la idea que nos va a exponer el autor.

Con esto terminamos la enumeración y el comenta- rio de los signos de puntuación más importantes. El ser consciente de los signos de puntuación y el com- prender su valor y significado le permiten al lector ma- nejar el texto con más agilidad y soltura. Gracias a ellos sabe en qué frases debe detenerse y prestarles una mayor atención, y cuándo le es posible retornar a un ritmo más rápido y veloz por tratarse de frases acce- sorias o simplemente explicativas. De este modo el tex- to pierde su aparente monotonía y se convierte en algo lleno de relieve, al mismo tiempo que la lectura llega a ser una actividad mucho más inteligente.

CAPITULO VII

SIGNIFICACIÓN

Al estudiar los párrafos los hemos considerado como unidades independientes. Cada párrafo tiene una idea central. A su vez los distintos párrafos de una ar- tículo o de un capítulo son otras tantas ideas que en conjunto forman como el esqueleto o armazón de un escrito. Hemos visto también cómo el pensamiento del autor se va desarrollando a modo de una corriente o proceso gradual, en el cual pueden aparecer a veces puntos de detención e incluso el retroceso.

Cuando uno sabe captar las ideas principales y es capaz de seguir el desarrollo de las mismas a través de las distintas frases del texto, podemos decir que está en condiciones de comprender y asimilar la materiali- dad de un escrito.

Pero con frecuencia hay otros factores, otros aspec- tos, que estaban presentes en la mente del autor y que no fueron trasladados literalmente al texto escrito. Y no porque carezcan de importancia, sino porque el autor los ha omitido deliberadamente.

Estos aspectos semiocultos pueden ser varios: los motivos que le han inducido al autor a escribir, la fina-

lidad que persigue, las consecuencias que se derivan de sus afirmaciones, lo que él pretende conseguir del lec- tor sea convenciéndole de algo o induciéndole a obrar

de una manera determinada, los sentimientos que él quiere provocar en los demás.

Todos estos aspectos, que en general podríamos de- finirlos como la finalidad o intencionalidad última del autor, es lo que se denomina la significación de un escrito.

Algunas veces la significación puede aparecer clara- mente indicada en el texto, pero es más frecuente que el autor la omita, para que sea el mismo lector quien saque las consecuencias.

Esto quiere decir que no basta con leer las palabras y descubrir su contenido inmediato para que la lectura sea completa. La escritura, y por tanto la lectura, son un medio de comunicación entre autor y lector. Y esta comunicación no es total hasta que uno no llega a po- nerse en contacto con la mente misma del autor. Lo importante no son, pues, las palabras, sino el pensa- miento y la intención del autor. De aquí que al leer cualquier escrito debamos siempre preguntarnos: ¿qué pretende el autor con esto; cuál es su intención; hay algo más detrás de las palabras; qué consecuencia se saca de aquí? Es decir: ¿cuál es la significación de este escrito?

LA UNTOAD DE PENSAMIENTO

La suma de las ideas centrales más la significación es lo que constituye la unidad de pensamiento. Como se ve está formada de dos elementos: uno objetivo: las ideas, lo que ha sido materialmente expresado a

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través de las palabras; y otro subjetivo: la intención del autor, su finalidad.

La verdadera lectura debe llegar siempre a la cap- tación completa de estos dos aspectos. Ésto se logra más fácilmente si uno piensa al leer que no tiene delan- te un simple escrito, un simple conjunto de palabras, sino el pensamiento de un ser humano que quiere co- municarse y hacerse entender. Entonces despertará en

nosotros el mismo interés de una persona viva y tra- taremos de captar no sólo sus palabras y sus ideas,

sino también sus motivaciones e intenciones.

Es decir, a través de la captación de lo que se llama la unidad de pensamiento la lectura se transformará en una actividad de gran contenido humano, en un ver- dadero diálogo.

CAPÍTULO V I I I

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