Por Carlos González Santamaría. Fotografías de Mark Robinson y Robin Macey
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habían conocido. Después de la cena, se produjo la transformación. Como si se tratara de la película “Abierto hasta el amanecer”, todas las personas, aparentemente normales, iban sacando papeles de los lugares más dispares y se convertían en papiroadictos, compartiendo ideas, nuevas creaciones y plegados...
Me fui pronto a mi habitación porque me faltaba papel por cortar para mi pequeño gran momento de gloria: Mi clase del día siguiente, sábado, a las 11:15.
Y así llegó. Después del desayuno, nos reunimos todos en la sala de exhibición. Básicamente el esqueleto de toda la convención giraba en torno a 5 salas: la de exhibición, un local bastante grande que serviría para celebrar la Asamblea y alrededor del mismo se encontraban mesas para que
el que quisiera, pudiese exponer sus modelos y creaciones. Adyacente a ésta, se encontraba la tienda donde poder adquirir libros. Ya fuera de este recinto, pero a cien metros, se encontraban las tres aulas para impartir las clases.
Ese sábado, que será difícil que olvide, la organización había dividido el tiempo en clases desde las 9:00 hasta las 13:00. Comida de 13:00 a 14:00. A las 14:00 horas la foto oficial, a las 15:00 horas la Asamblea y posteriormente clases, para finalizar a las 17:00 en la sala de exhibiciones. Para empezar, David Brill dio la bienvenida a todos y en especial a los que habían venido del extranjero: el matrimonio holandés, un canadiense, un ruso, un sudafricano y un españolito: yo mismo!!!. David me dejó para el final y me pidió que dijese unas palabras. Después del tiempo que pasé preparando mis clases, no se me había ocurrido que tal vez tuviese que decir unas palabras de bienvenida, vamos, que no estaba en mi guión, pero me vino muy bien porque tuve ocasión de entregar a la B.O.S. un obsequio que llevaba para cada asistente. Se trataba de un calendario. Como no, la idea y el diseño del calendario fue obra de mi buen amigo Alfredo Pérez Jiménez (Gracias Alfredix,). Si a ello unimos que en esos días, uno tiene suerte y tu hermana está de vacaciones, pues ya tienes solucionada la encuadernación (Gracias Sandra). ¡¡Fue un éxito!! Posteriormente, hubo gente que se acercó sólo para darme las gracias por
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olvidé todo mi discurso en inglés. Menos mal que conté con la impresionante ayuda de Mark Robinson, un amante de la papiroflexia y mejor persona. Y allí me tenéis enseñando a plegar mi módulo. Enseñé a plegar a Sam, el cantante de Casablanca, una cabeza con un sombrero, pero tenía preparado mi gran final. Cuando la gente terminó y ya se acercaba la hora de comer, concluí diciendo que iba a hacer un truco de magia. Iba a meter la cabeza de Sam en una caja, y cuando de nuevo la sacase, sería una nueva persona. Así lo hice y saqué la misma cabeza, pero ahora con cuerpo, brazos, piernas y convertida en marioneta con hilos. Paseé con ella por las distintas mesas, bailé con ella y terminé cantando “As time goes by” ante las exclamaciones el calendario.
Ya en la primera clase, me decidí por aprender una rana de no recuerdo que creador japonés. El profesor fue Mark Robinson y al final de una hora tenía mi rana con un doble motivo de orgullo: había sido capaz de plegarla...y con las instrucciones en inglés!!!... aunque la rana croaba en un perfecto español.
Y llegó mi momento. Semanas antes había estado pensando qué demonios enseñaría en mis clases, hasta que la inspiración llegó. Sería con la técnica del humedecido y algo nuevo y diferente. Inventé tres modelos y corté papel para enseñar a 25 personas. Os puedo asegurar que al llegar a la clase y ver a más de 40 personas, no me temblaron las piernas, pero, eso sí,
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y aplausos del personal. Podrá sonar exagerado, pero ese es mi momento de gloria y así es como yo lo sentí... Fue increíble.
Después de comer, ya con la foto oficial inmortalizando este tiempo vivido y con el rollete de la Asamblea concluido, de nuevo más clases. Esta vez me decanté por Janneke la holandesa que enseñó a plegar la lagartija de Alfredo Giunta. También fui capaz de terminar con éxito esta rara lagartija de antepasados italianos, de madre holandesa y padre español.:) Me dirigí entonces a la tienda, para adquirir algún libro. La verdad es que los boletines especiales editados por la B.O.S. son fantásticos...me los llevaría todos. Eché en falta libros como tales, pero me dijo David Brill que les había fallado Bookends, la librería de la B.O.S. que estaba cerrada y no les había podido surtir.
Y ya a las cinco y en la sala de exhibición, se produjo un acto que me gustó mucho. David Brill iba presentando a los diferentes autores de las mesas de exhibición y éstos decían algunas palabras. Me pareció una magnífica forma de que cada uno exprese sus sensaciones y emociones después de haber plegado una figura, anécdotas... cosas que sólo los papirolocos entendemos.
De esta manera, pude apreciar el trabajo de dos talentos que no conocía. Uno es Mark Leonard, un inglés de 30 tacos con creaciones de muy diverso nivel. El otro es Quentin Trillop, el sudafricano de 26 años con diseños
muy originales. A los dos les pedí diagramas para el boletín y accedieron encantados.
Y así terminó el día...oficialmente, porque continuamos plegando después de cenar hasta bien entrada la noche española, supongo que madrugada para los ingleses, que son capaces de cenar a las 19:00.
Al día siguiente, último de la Convención, la estructura del día fue similar al sábado. A las 9:00 se empezó con un concurso de duelos tipo oeste americano. Se enseñó a plegar un restallador de John Smith, el presidente de la B.O.S. El juego consistía en enfrentar espalda con espalda a los dos “forajidos” que iban a combatir. A una señal del “juez” Mick Guy se agachaban a recoger sus “pistolas” (el papel totalmente desplegado), cargaban la munición (plegaban el restallador) y dándose la vuelta, disparaban. Lo malo es que a veces la pólvora estaba mojada y aunque fueses el más rápido del oeste, ganaba el más habilidoso, pues para acabar con tu oponente debía sonar el disparo, y no era tan fácil, lo que provocaba las risas de los participantes.
Puede sonar vanidoso, pero entre los participantes no se encontraba el españolito de a pie, ya que me encontraba firmando libros...y en la gloria, para que negarlo.
Estaba mi ego tan elevado que decidí apuntarme a la clase de Mark Leonard. Iba a enseñar una araña de nivel difícil...y todo lo que sube...baja. No fui capaz de terminar la araña, aunque
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todo tiene sus ventajas, ya que al ser el invitado, me regaló la suya. Y de nuevo llegó mi segunda clase. Para ésta había preparado un nuevo record guiness. Trabajando por parejas íbamos a terminar dos modelos completos: un ratón que admite todo tipo de poses y un pingüino que aplaude con sus alas. Muy feliz me las prometía. Sólo terminamos el pingüino pero aproveché para pedir a través de él un fuerte aplauso para mí. De nuevo conté con la inestimable ayuda de Mark Robinson.
Y así después de comer y tras asistir a la clase de la divertida Joan Homewood, que enseñó a realizar una caja para guardar lapiceros, se llegó al final del sueño. Ya reunidos en la sala de exhibición, David Brill informó de
que el record Guiness de los vagones había quedado establecido en 1.500. En fin, ha sido una experiencia maravillosa. He conocido a gente estupenda, ídolos como David Petty, Max Hulme, una persona divertidísima, le pregunté que cuando iba a ir por España, y su respuesta habla por él: cuando arregle mis papeles, mención aparte merece su fórmula uno hecho con papel de periódico, una maravilla... Nick Robinson, Tony O´Hare...
Y para terminar quiero aprovechar estas líneas para dar las gracias a Penny y Pete Groom por su hospitalidad en estos días tan mágicos que he vivido. Y ahora... como en la película: abre los ojos.