El Convenio Andrés Bello (CAB) fue suscrito en Bogotá el 31 de enero de 1970 y sustituido más adelante por el Tratado de Madrid firmado en el año de 1990. Con este último se aprobó un nuevo texto para el CAB (Organización del Convenio Andrés Bello de Integración Educativa, Científica, Tecnológica y Cultural, 1990, 27 de noviembre). Hacen parte del CAB doce países: Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Cuba, España, Panamá, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela, y se encuentra en proceso de adhesión Argentina. La misión de la Organización CAB es “favorecer el
58 fortalecimiento de los procesos de integración y la configuración y desarrollo de un espacio cultural común”. Además de ello, “generar consensos y cursos de acción en cultura, educación, ciencia y tecnología, con el propósito de que sus beneficios contribuyan a un desarrollo equitativo, sostenible y democrático”. Y por otro lado, la visión de la Organización es contribuir en la conformación de una comunidad de naciones mediante políticas de bienestar basadas en la educación, la ciencia, la cultura y la tecnología. De acuerdo a la Organización Convenio Andrés Bello (2003) desde el año 1993 el CAB ha logrado impulsar acciones dentro de un proceso continuo para una efectiva integración convirtiéndose en una autoridad en materia educativa y científico- tecnológica.
Ilustración 13. Convenio Andrés Bello. Analizado en el Software Atlas ti 8.0.
Algunos apartados de las consideraciones del texto aprobado en 1990 y vigente hasta la actualidad son los siguientes:
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Conscientes de que la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología son instrumentos esenciales para el desarrollo integral de los países, que conllevan a un mejor nivel y calidad de vida a sus pueblos.
Este fragmento de las consideraciones del CAB tiene un especial significado. Por un lado, la educación, la cultura y la ciencia son consideraras instrumentos para un desarrollo de tipo integral, es decir, ya se re-plantea de cierta manera las dimensiones del desarrollo para superar la visión economicista que se mantuvo desde la posguerra. A su vez, este tipo de desarrollo debe servir para mejorar el nivel y la calidad de vida de los pueblos, aunque deberá revisarse en este marco que factores se asocian con la calidad de vida: ¿Derechos Humanos? Y de estos, ¿los civiles y políticos? ¿Los económicos, sociales y culturales? O tal vez, ¿bienes materiales? ¿O posibilidades de consumo?
Convencidas de que ese desarrollo debe impulsarse en el marco de una búsqueda común de la paz, la libertad, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.
Se reafirma una concepción de desarrollo en la cual lo económico no lo es todo y se atiende a otros factores, por ejemplo, la justicia, las libertades, la paz y la solidaridad, la mayoría ubicados dentro de los derechos de tercera generación.
Animadas por el deseo de fortalecer y promover las relaciones de los países a través de acciones que comporten una verdadera integración de sus esfuerzos y capacidades […]. Se debe considerar en el proceso de integración las capacidades y oportunidades de los países, aunque estos, deben demostrar un verdadero esfuerzo por el logro de la cooperación, la convergencia y la integración.
Parece oportuno hacer un paréntesis para ofrecer una perspectiva de desarrollo alternativa llámese desarrollo integral o desarrollo humano. Como ya se ha señalado, el desarrollo es un concepto de reciente elaboración, marcado por la visión económica y mercantil para la inserción de los países en la economía. Pero al interior del desarrollo, los procesos
60 económicos, políticos y sociales son determinantes. Sobre el asunto Nahón, et. al. (2006) explican que esta corriente tiene su origen a mediados del siglo XX cuando con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial se trasladó la mirada y la reflexión hacia los países menos desarrollados y más pobres del planeta.
Uno de los primeros en impulsar los estudios sobre el desarrollo y subdesarrollo es Gunder (1974). Para él estos dos conceptos se encuentran ligados directamente con las relaciones que se establecen entre los países centrales y periféricos, es decir, con los centros de poder (países desarrollados) y la periferia (países pobres y excluidos). Por lo anterior, la participación popular y la potenciación de lo local resulta fundamental dentro del campo del desarrollo. En el campo del desarrollo son fundamentales las relaciones de dominio de unos territorios sobre otros, marcando de forma definitiva la desigualdad (Casanova, 1963).
El desarrollo en sus inicios se basaba en aspectos meramente económicos, tendencia propia del capitalismo que tiende a reducir todo al enfoque mercantil. Sin embargo, esta noción ahora comprende nuevos elementos como la movilización política, el desarrollo de lo local, el mirar desde la propia cultura y no desde lo ajeno y lo prestado, la perspectiva de abajo-arriba en términos de creación de oportunidades (Esteva, 2006).
Frente a esta realidad surge el enfoque de desarrollo como libertad. Esta perspectiva es ofrecida por Sen (2000) quien describe que la libertad es un fin primordial y un medio principal para el desarrollo. El primero se refiere al papel constitutivo de la libertad, y el segundo hace mención al papel instrumental de la libertad. Para este autor, el desarrollo sólo es posible y factible mediante la ampliación de las capacidades y oportunidades reales de los individuos e indica:
61 El papel constitutivo de la libertad está relacionado con la importancia de las libertades fundamentales para el enriquecimiento de la vida humana. Entre las libertades fundamentales se encuentran algunas capacidades elementales como, por ejemplo, poder evitar privaciones como la inanición, la desnutrición, la morbilidad […] o gozar de las libertades relacionadas con la capacidad de leer, escribir y calcular, la participación política y la libertad de expresión, etc. Desde esta perspectiva constitutiva, el desarrollo implica la expansión de estas y otras libertades básicas. Desde este punto de vista, el desarrollo es el proceso de expansión de las libertades humanas, y su evaluación ha de inspirarse en esta consideración. (p. 55)
Y más adelante menciona el autor:
El proceso de desarrollo, cuando se juzga en función del aumento de la libertad humana, ha de incluir la eliminación de las privaciones de esta persona. Aun cuando no tuviera ningún interés inmediato en ejercer la libertad de expresarse o de participar, se le privaría de sus libertades si no se le permitiera decidir sobre estas cuestiones. El desarrollo concebido como aumento de la libertad no puede sino ocuparse de esas privaciones. La denegación de libertades políticas o de derechos humanos básicos no es importante para comprender el desarrollo porque éstos contribuyan indirectamente a otros aspectos del desarrollo (como el crecimiento del PNB o el fomento de la industrialización). Estas libertades hacen parte del enriquecimiento del proceso de desarrollo. (p. 56)
En consecuencia, y para el caso del estudio adelantado, se debe pensar en cómo la integración desde las esferas educativa, cultural y científico-tecnológica puede reducir los niveles de exclusión y aumentar las libertades humanas para un mejor estado de equidad y oportunidades. En otras palabras, la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología son medios para un desarrollo integral o un desarrollo humano que permite la construcción de una realidad más ajustada a los valores e ideales humanos de más alta jerarquía en donde
62 se hace énfasis en problemas estructurales como la pobreza, el hambre, la inequidad, la violencia, la escasa participación ciudadana, las migraciones, entre otros tantos.