1. Problema de Investigación
2.3. De la enseñanza o la educación literaria
2.3.1. La conversación
Asumir la lectura literaria como una experiencia estética implicada esencialmente con la afectación emocional del sujeto lector, conlleva a la búsqueda de medios que faciliten dicha experiencia en el contexto de una educación que reivindique, como se indicó en el apartado anterior, el sentido de leer textos literarios en el ámbito escolar.
Si la lectura es una vivencia, entendida por Larrosa (1996), como un acontecimiento, es decir, como algo que le ocurre, que le pasa al lector, entonces es posible pensar que este acontecimiento no solamente permanece en la intimidad del individuo, sino que también se exterioriza dando cuenta de la manera cómo ha afectado su ser, y esto no se logra a base de pruebas para evaluar la estructura y el contenido de los textos o de trabajos escritos con extenuantes críticas literarias, por el contrario, es a través de lo que el lector utiliza, en su cotidianidad, para comunicar sus experiencias, y en este caso, el medio más cercano es la narración, esto es, el contar a otros lo que le ha sucedido, lo que siente, piensa, sueña, etc.
En ese sentido, la conversación se convierte en uno de los medios fundamentales para propiciar una experiencia de lectura que revierta los propósitos que suelen trazarse al momento de abordar los textos literarios. Desde esta perspectiva, Chambers (1996) asegura que la conversación permite a los niños y jóvenes expresar sus pensamientos y sentimientos sobre los textos leídos, de tal manera que, al hablar sobre ellos, se facilita la re-construcción de sus significados, además permite establecer conexiones que pueden surgir con su realidad, remitiéndolos a experiencias vividas, emociones,
recuerdos, deseos, proyecciones, etc. Teniendo en cuenta lo anterior, es posible vincular a la lectura literaria, una dimensión social, la cual trasciende, según Chambers (1996), el simple entretenimiento o la función recurrente en la dinámica de las prácticas de enseñanza, para hacer del acto de leer un medio de creación y recreación de la esencia de la vida colectiva e individual del lector, es decir, compartir la experiencia de lectura con otros permite enriquecer el significado del texto construido por el lector, aclarar dudas, contrastar ideas, contemplar otras posibilidades, y además, reconocer al otro en su acervo humano.
En este orden de ideas, es importante considerar el valor de hablar y ser escuchado, pero no con el fin de demostrar un saber sobre el texto literario o de exponer
una opinión coartada por aquello que es “correcto” de acuerdo con las teorías y las
percepciones del maestro, sino más bien con el propósito de configurar para sí mismo - el lector- el sentido del texto, a partir de lo que otros tienen por decir desde sus propias perspectivas. Por ello, la conversación que propone Chambers (1996), pretende generar la posibilidad de escuchar la experiencia del lector -sentimientos, recuerdos, gusto, desinterés, etc.-, de tal forma que no exista el temor de ser rechazado, anulado o burlado, en palabras del autor:
“Y el lector debe sentirse seguro e importante cuando cuenta la historia de su lectura. Ellos deben saber que nada de lo que digan será mal empleado o se va a volver en su contra, que van a ser escuchados y respetados, y no sólo por el maestro, sino
también por todo el grupo.” (Chambers, 1996, p. 53)
De ahí la necesidad de que la mediación del docente procure, más que una intervención directa, una orientación que conduzca la conversación hacia los intereses particulares de los jóvenes lectores alrededor de los textos literarios leídos, pero de manera que resulte en una experiencia significativa, tanto para su conocimiento del ámbito literario, como también, y más importante, para el re-encuentro de su ser más íntimo.
Ahora bien, Chambers (1996) destaca tres aspectos que fundamentan la conversación sobre la experiencia lectora. El primero de ellos es el entusiasmo dado en
dos sentidos: lo que gustó y lo que no gustó de la historia; esto dado en una conversación entre pares, cuyo entusiasmo está guiado por la historia en sí misma, lo cual difiere de una conversación entre críticos literarios. El segundo aspecto tiene que ver con los desconciertos (dificultades), los cuales, al ser compartidos en una discusión pueden ser solucionados por el grupo, dando así, un significado a la historia, que si bien es cierto es construido por dicho grupo a través de la conversación, se asume de manera individual, personal. Por último, se encuentran las conexiones, las cuales aluden al encuentro de patrones comunes que permiten proporcionar significado al texto; hay dos tipos de patrones que son importantes en la conversación literaria y que ayudan a construir sentidos. Por un lado, está del mundo al texto, que refiere a la comparación que el lector establece entre su contexto real con situaciones, personajes de la historia, tal y como lo
expresa Chambers (1996), “al llevar nuestro propio mundo al mundo del texto y compararlos, descubrimos significados en uno u otro, o en ambos.” (p.18). Por otro lado,
está la comparación de un texto con otro, conllevando la comprensión de situaciones, personajes de una y otra historia.
Propiciar la conversación a partir de estos aspectos supone generar un ámbito de confianza, en el que todos, incluido el maestro, evidencian un verdadero interés por lo que cada quien tiene que decir de su experiencia lectora. Aquí vuelve a ser indispensable resaltar la función del docente, tal y como ya se había mencionado anteriormente, en la medida en que se convierte en un mediador que, en lugar de ejercer una influencia inquisitiva, motiva el diálogo respetuoso y constructivo, en procura de la reconstrucción del significado del texto para cada lector y para el grupo en general. Por esto, el enfoque de Chambers repara en el tipo de preguntas que se direccionan para llevar a cabo la conversación literaria, las cuales apuntan a respuestas concretas y significativas. El autor
señala, desde su enfoque “dime”, cuatro interrogantes básicos, a saber: Dime . . . ¿Hubo
algo que te gustó en este libro? ¿Hubo algo que te disgustara? ¿Hubo algo que te desconcertara? ¿Notaste algún patrón –alguna conexión-? La finalidad es que los lectores den respuestas cortas, sin necesidad de explicar algo, como suele hacerse en las prácticas habituales de lectura literaria.
Así mismo, el enfoque plantea el uso de algunas estrategias que contribuyen a favorecer el diálogo productivo en torno a los textos literarios, tales como la elección colectiva -maestro y estudiantes – del texto literario, y enunciar lo obvio del contenido con el fin de desentrañar aquello que no lo es para re-descubrir el sentido de lo leído.
Respecto de la selección de los textos literarios, cabe resaltar la importancia que tiene este aspecto para generar una conversación literaria significativa, de tal forma que acerque a los jóvenes lectores al gusto e inquietud por la lectura de este tipo de textos, además de favorecer el empoderamiento del estudiante sobre sus procesos de aprendizaje. En tal sentido, Chambers (1996) asegura que la realización de esta
actividad adquiere un gran valor, pues “aquellos que eligen están ejerciendo poder” (p.
70), y ese poder conlleva la posibilidad de vivir la lectura como una experiencia vinculada al ser del sujeto lector.
De ahí que, el rol del maestro como mediador sea fundamental, en tanto que libera la tensión entre lo que los jóvenes lectores desean y lo que es necesario o conveniente. Desde la perspectiva de Chambers (1996), esta es una cuestión de experiencia y personalidad del profesor, quien propicia las estrategias pertinentes para llevar a cabo una elección que supla, tanto los intereses de los estudiantes como las necesidades propias de los procesos de aprendizaje que se orientan en el contexto escolar.
Por tanto, el maestro debe orientar la selección de los textos literarios, sin ningún tipo de arbitrariedad, pero sopesando su valor en una experiencia de lectura significativa. Esto implica, que él mismo -el maestro-, también posea una experiencia de lectura que le permita, no solo fundamentar las elecciones realizadas, sino también contagiar la curiosidad por adentrarse a los mundos fantásticos que encuentran en los libros.
En definitiva y para efectos de los objetivos del trabajo investigativo, la conversación es un elemento esencial que fundamenta la búsqueda de la re-significación de la educación literaria, en tanto que matiza el ejercicio de leer literatura como una experiencia personal, que al ser compartida, se enriquece con la de otros, a fin de generar un efecto transformativo en el ser del lector, a partir del re-encuentro con aquello que lo afecta -emociones, recuerdos, vivencias, expectativas -.