1. Bases bíblicas para una teología de la reconciliación
1.1 Conversión y penitencia en el Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento la realidad del pecado se manifiesta en el apartarse de Dios como fuente del bien, de la vida, de la libertad y del amor. Tampoco se conoce un término exacto para lo que en nuestra lengua traducimos por ―reconciliación‖. ―Mientras que la versión inglesa King James tiende a traducir el verbo hebreo kapar como ―lograr la reconciliación‖ o ―reconciliar‖, muchas traducciones modernas usan normalmente la palabra que se traduce en español por ―expiar‖ o ―lograr la expiación‖35.
―En el Antiguo Testamento se distinguen diversas clases de pecado (Nm 15, 22- 31): «de inadvertencia», «voluntarismo», «de mano alzada» o rebelión contra Dios… a cada uno de los cuales responde un modo de expiación o penitencia según su gravedad. Si los pecados de «inadvertencia» son expiados y perdonados por medio de los sacrificios, las liturgias penitenciales o la oración, los de «manos alzada» implican la exterminación o la excomunión (Ex 12, 15; Lv 7, 25-26; 18, 6-
45 29)‖36. Si bien en cuanto a los pecados de rebelión para lograr entender lo anterior, se encuentran la blasfemia, la idolatría, el adulterio y el homicidio, que exigían la excomunión y la excomunicación, con sus correspondientes formas de penitencia a saber, la lapidación, la exterminación e incluso la muerte.
Con lo anterior se puede sumergir en el quehacer de la penitencia en la tradición pre-exílica donde en este contexto se puede llegar a entender que no existe ninguna relación entre culto/sacerdocio y perdón. Claro está como lo muestra los textos bíblicos en los casos de Noé y David ellos ofrecen siempre sacrificio (Gen 8,20; 2 Sam 24,17-25). (2 Sam 21,3-14) David realiza la expiación matando a siete descendientes de Saúl y de esta forma aparta la ira de Yahvé de la nación. Esto quiere decir que el sentido del culto y el sentido sacerdotal están involucrados en la comunidad exílica y post-exílica. Y es precisamente durante el exilio y el post- exilio que se desarrolla la idea israelita de la expiación.
De acuerdo con lo expuesto anteriormente es claro que ―se describe el pecado como una infracción contra la alianza de Yahvé lo que significa que una culpa objetiva que pone en movimiento un dinamismo de desgracia cuyos efectos destructores caen necesariamente como castigo sobre el infractor y su comunidad‖37. A éstos pecados, les corresponde una expiación y una penitencia, incluso mediante la ―confesión‖ del mismo pecado, como aparece en el libro del Lev 5, 5, confesión que se hace ante otra persona como el caso de David ante Natán citado en 2 Samuel 12, 13.
36
BOROBIO, D., Celebrar para vivir, liturgia y sacramentos de la Iglesia. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2003. Pág. 398.
37
Cf. RAD, Gerhard von. Teología del Antiguo Testamento. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1973. v.1 Pág. 33ss.
46 Se puede seguir ahondando en este tema y se puede decir que la conexión existente entre culpa y desgracia sólo puede ser dispensada por Dios, siendo este el sujeto transcendental del acto de expiación y reconciliación, desviándolo según la cultura hacia un animal (Ex 12,13). En esta visión es el sacerdote, como representante de Yahvé, que es el autor principal y el que otorga la reconciliación o expiación, el que realiza el rito que ―cubre o expía‖ las faltas de la misma persona y de la comunidad. Si bien Israel conoció y llevó a cabo diferentes maneras de celebrar la expiación/reconciliación, de manifestar el arrepentimiento de sus culpas/conversión como fueron: el ayuno, la oración, los sacrificios en el templo y celebraciones liturgias comunitarias, los llantos, los gemidos, la ceniza, la cual se recogen en la fiesta más importante de la expiación llamada así: ―Yom- Kippur‖ (Lv 16, 20- 34; 23, 27-32). También se expían los pecados en una celebración litúrgica (Esdras 10, 1- 6); en algunas ocasiones se utiliza la confesión pública.
Es bueno aclarar que no siempre la expiación y reconciliación se debe entender como el transferir la culpa al animal que se sacrificaba o era enviado al desierto a morir, porque en textos como en la tradición sacerdotal (P), sobretodo el libro de Ezequiel, que narra el exilio, muestra que no es necesario sacrificar solamente animales con esta intención (cf. Nm 17,11s; Lv 5; Ez 45,15-17). En los textos señalados, la expiación se realiza a través de una ofrenda (material), en manifestación de agradecimiento con Yahvé por todos los beneficios recibidos por la persona y la comunidad.
Es indudable que las formas literarias de los escritos veterotestamentarios, en relación con el pecado, son muy variadas e incluso contradictorias, pues en algunas ocasiones se expresan en el lenguaje maternal de ternura, amor
47 entrañable y compasivo, ya que en el judaísmo primitivo se reconocerá también el poder expiatorio/reconciliador a las manifestaciones humanas de amor y piedad. Ejemplo será en el libro de proverbio 16,6 y Eclo 3,30 en donde la reconciliación y expiación se hace efectiva por la bondad y la fidelidad humanas.
Por esta razón es bueno recordar que el pecado de los orígenes de Adán y Eva tiene en la Sagrada Escritura un valor simbólico y al mismo tiempo ejemplar en donde el rechazo de Dios es simbólico al manifestar el abandono de Aquel que es la fuente de todo bien, y es ejemplar, pues según la Sagrada Escritura, constituye un mal radical para el hombre, pues dada la concepción teocrática de la sociedad hebrea, la voluntad de Yahvé es el fundamento de toda norma38.
Así pues, ahondando nuevamente en el tema de la penitencia y del pecado en la tradición del Judaísmo, esta consiste en faltar a las exigencias de la Alianza y a los deberes y las prácticas religiosas. Más aún, en esta mentalidad hebraica hay una enorme relación entre el pecado y la desgracia humana la cual se percibe y se ve patente en las derrotas y en las enfermedades o dolencias del hombre, o en la perdida de la tierra.
Más aún, para el pensamiento hebreo, el pecado produce una deuda ante Dios que solo él puede perdonar y de la cual ningún hombre viviente puede ocultarse. En donde mejor aparece el sentido de confesión, de arrepentimiento y de compasión es sin duda alguna en los Salmos pues en ellos también se encuentran no solamente la entonación lírica sino la sinceridad religiosa, cuyo contenido penitencial es de carácter público, expresado en lamentaciones y súplicas o de carácter individual expresado en ayunos y ceniza. De todas formas, lo que se
38 Cf. RAD, Gerhard von. Teología del Antiguo Testamento. Ediciones Sígueme, Salamanca, 1973. v.1 Pág.
48 busca es obtener el perdón, luego de manifestar el arrepentimiento y el dolor por los pecados, mediante la confesión de los hechos pasados.
Basta con acercarse al Salmo 50 ―Miserere‖, modelo de confesión, pues no solamente habla sobre la necesidad de la purificación, la urgencia de la reconciliación y el valor de un corazón arrepentido, sino la conciencia de haber ofendido a Yahvé.
Por supuesto, una idea muy primitiva del concepto de pecado, en donde se establece una profunda relación entre mal moral y desgracia material, lo que en otras palabras sería la relación entre los males espirituales y unas supuestas consecuencias en el plano corporal, físico y material.
―Sin embargo, en el libro del profeta Oseas aparecerá, por vez primera, el término de reconciliación con las siguientes palabras: ―Rahamim‖ o ―Hesed‖ (misericordia, entrañas materna), ―sedeq‖ (justicia) y ―mispat‖ (derecho). En capítulo 2 de Oseas 2 reconciliación implica una alianza cósmica y social ―aquel día haré para ellos un pacto con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo, arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra y haré que ellos reposen en seguro. Yo te desposaré conmigo para siempre, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión…y responderé de los cielos y ellos responderán de la tierra; la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen‖ (Os 2,20-24). Aquí, bajo la imagen de los desencuentros amorosos entre un hombre y una mujer, la reconciliación se presenta como un diálogo, diálogo que
49 tipifica el diálogo entre Dios y el ser humano, que llama a un diálogo entre los seres humanos entre sí y con todo lo creado‖39.
―Para el profeta reconciliación es diálogo amoroso que recrea lo que parecía terminado, lo que parecía fracasado. Nada es irreparable, se puede volver a comenzar de nuevo, de manera más perfecta. Volver a amar de nuevo, reconstruyendo la ilusión de un gran noviazgo sobre las ruinas del fracaso, es reconciliación en la visión de Oseas‖40.
Posteriormente, en medio de la confrontación entre profetismo y reinado, entre profetismo y sacerdocio, cuando la nación casi estaba a punto de derrumbarse, Isaías habla en nombre de Dios. En Isaías se encuentra que éste anuncia la salvación al igual que unos cielos nuevos y una nueva tierra (Is. 46, 12; 66, 22), para quien lo esencial es la renovación interior del hombre, renovación que solo se obtiene por la acción de Dios. Y aparece en el conjunto de la literatura hebrea un concepto básico del perdón mutuo entre las naciones: es la estructura política del pecado y por lo tanto de la reconciliación (Jer. 3, 6-13 y Ez 37, 5- 27), pues si Dios perdona, el creyente debe perdonar a su hermano, apareciendo siempre como hombre de paz para con los suyos y para con los extranjeros, a tal punto que se recomienda amar al prójimo como a uno mismo.
Se muestra como el profeta se dirige a los gobernantes y al pueblo: (Is 1,11-18). Aquí la comunidad reconciliada ha de poner en su centro a los oprimidos, a los huérfanos, a las viudas, es decir, a los marginados y excluidos. Aquí, el ser humano se levanta como el don más alto de Dios. De esta manera, aquí la
39
Cf. PIKASA, Xabier. Dios judío, Dios cristiano – El Dios de la Biblia. Editorial Verbo Divino, Navarra, 1996. Pág. 199.
50 reconciliación es afirmada sobre la justicia inter-humana. En síntesis, recordemos el bellísimo texto de Ben Sira o Eclesiástico en donde se recoge el mensaje de ―perdona las ofensas de tu prójimo y Dios perdonará tus pecados‖ (Eclesiástico 28, 2-3), texto que aparece prácticamente en Mateo 6, 14-15 cuando nos recuerda ―si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo los perdonará también a ustedes, pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados‖ y por supuesto cuando Jesús enseña a orar en Mateo 6, 12.
La profecía se coloca en el centro del amor, la divinización de todo lo creado, la solidaridad, la justicia social y económica, Yahvé se manifiesta como un Dios amoroso, misericordioso, el reconciliador, aquel que libera a su pueblo oprimido y lo reconcilia por medio de su alianza.
Es necesario concluir este aspecto del sentido de penitencia, confesión y conversión en el Antiguo Testamento, que lo que cuenta es el ―hacer camino‖, pues el término conversión alude al devolverse o regresar de la ruta, para reiniciar lo andado. Este término (Shub) que significa vuelta del corazón a Dios, cambio interior, cambio de dirección en sentido de regreso41, es la invitación a tomar el camino de la vida (la salvación) abandonando el camino de la muerte para ser libres en ese Dios misericordioso (Ez. 18, 32).
El cambio de dirección significa que después de haber iniciado la marcha en una dirección determinada, se retoma la dirección, lo que implica que se llega al punto de partida, es un retorno para un comienzo totalmente nuevo. Es buscar al Señor, dirigir el corazón hacia él, aprender a hacer el bien o prácticamente es abrir un nuevo surco, en una palabra conversión es un acto de fe en Dios (Is. 10, 20).
51 Con todo esto, cabe notar que la reconciliación no puede separarse ni verse aparte de la justicia y del amor de Dios. La reconciliación no significa culpa o castigo, tampoco mancha o impureza para el hombre, sino su salvación, su liberación. Dios se revela y se reconcilia con su pueblo, nación escogida.