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La nueva conversión en el Nuevo Testamento

1. Bases bíblicas para una teología de la reconciliación

1.2. La nueva conversión en el Nuevo Testamento

Las palabras re-conciliar y re-conciliación están compuestas en español que expresan una relación rota y recuperada. Es un volver a conciliar dos seres que estaban antes unidos por el amor y la amistad; es permitir un encuentro de paz y de perdón.

Pero si se analiza el Nuevo Testamento se encuentra el lector con una historia bellísima que expresa cómo la Palabra de Dios se encarna en una realidad histórica, y como ―el término reconciliación en la palabra griega katallagé (reconciliación) y el verbo katallasso (reconciliar) no aparecen sino en Hechos 7,26 y 13 veces en las cartas de Pablo. Los demás libros la ignoran. Pero lo entendemos por ser Lucas un autor de origen griego y porque Pablo, siendo judío, se ha metido de lleno en el mundo griego para anunciar allí el Evangelio de Jesús‖42. Con el sentido de recuperar algo aparece en Mc 8,37. Y en Hb 2,15 tiene el sentido de liberar.

El griego clásico utilizó katallasso en tres sentidos43:

42

cf. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, 1987, v.4 p.36, 40.

43 Barclay, W. Palabras Griegas del Nuevo Testamento: su uso y su significado. Editorial Mundo Hispano.

52 1. Cambiar dinero o cambiar algo por dinero. Así lo vemos en Plutarco (Arato 18). El sustantivo katallage tiene, entonces, el sentido de cambio o trueque de dinero.

2. Intercambiar una cosa por otra. Aristóteles dice que los soldados mercenarios están dispuestos a dar sus vidas a cambio de tonterías (Ética a Nicómaco 1117b 20)

3. Cambiar la enemistad por la amistad; ponerse en paz con alguien; volver a ser amigo con alguien. Tucídides cuenta que Hermócrates medió en las guerras sicilianas para que las dos partes depusieran las armas y se reconciliaran.

Es que la palabra griega viene, a su vez, del verbo allasso, que significa ―cambiar‖44. Así lo usa Lucas en Hechos 7,26, cuando Esteban está narrando la actitud de Moisés con sus hermanos de raza que se pelean, y ―trataba de ponerles en paz, diciendo: Ustedes son hermanos‖. A la base de una vida comunitaria está la fraternidad, y es ella la que nos lleva a cambiar de actitud en las peleas y tensiones comunitarias: porque somos hermanos, hemos de vivir reconciliados. Por lo anterior, es indiscutible que necesitamos contar con los datos del Nuevo Testamento en relación con la penitencia y muy especialmente con las actitudes y enseñanzas de Cristo frente a los pecadores, para no quedarnos con algunos conceptos elaborados por las comunidades y por la Iglesia y que en ocasiones aparecen no solamente insuficientes sino ante todo imprecisos. Sin embargo, esto no significa que sean las raíces del mismo sacramento las que vamos a encontrar

44 Cf. Vine, W. Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento exhaustivo. Thomas

53 en el Nuevo Testamento, sino la intencionalidad y el ejemplo de Jesús al momento de señalar la misión a sus Discípulos.

Conviene precisar que es en la predicación de Juan el Bautista en donde se encuentra una gran expresión (µετανοεῖτε-metanoéite) que en griego significa ―cambiar de actitud‖45 es decir, cambiar de vida y no precisamente ―hacer penitencia o arrepentirse (poenitentiam agite)46, pues el propósito de Juan el Bautista no es el dar una absolución, sino un bautismo, mediante la inmersión en las aguas del Jordán, para así asegurar el abandono de la vida pasada y el nacimiento a la vida nueva, cuando dice: Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán. (Mateo 3, 1-6).

Llama la atención el texto del Cántico de Zacarías, donde este habla de su hijo Juan como aquel que va delante del Señor para preparar sus ―caminos‖ (Lucas 1, 76 -77) en este texto se plasma esa preparación del mensaje del Bautista invitando a todos a la metanoia, es decir al retorno al camino mediante el ―báptisma metanoías‖47 o sea el bautismo de conversión o como algunos lo traducen, el bautismo de penitencia (Marcos 1, 4 ) que significa el ―baptízo en udati eis metanoian‖ de Mateo 3, 11 es decir, el bautizo con agua para que se vuelvan a Dios.

Después de cumplida la misión del Bautista, se inicia la predicación de Jesús, el cual empata con el mensaje del precursor cuando inicia su misión diciendo ―metanoéite‖48 convertíos y creed en el evangelio (Marcos 1, 15). De esta forma

45 Cfr. Juan Pablo II. Catequesis de Juan Pablo II sobre el Sacramento de la Reconciliación. Vaticano. 1999. 46 García Huranga, E. Desmitificación de Dogmas y Devociones Católicos En Cien Años de Soledad. Palibrio.

2012. p. 100.

47 Dunn, J. El bautismo del Espíritu Santo. Editorial La Aurora. Argentina. 1977. p. 21. 48 Cfr. Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Comentario a Mateo 4, 12-17

54 Jesús anuncia la venida del reino de Dios, es decir el encuentro del hombre con Dios para salvarlo, perdonarlo y liberarlo, es aquí donde el pecador es el centro de la atención de Jesús no así el pecado, ni mucho menos el verbo ―pecar‖. Y esto se reafirma ante los pecadores más significativos como Magdalena, Pedro, Zaqueo o el Buen Ladrón, pues Jesús sabe que ante las autoridades judías, los letrados y los fariseos, la calidad de pecador era motivo de enfrentamiento y de condenación como se ve en Lucas 5, 17–26, cuando Jesús sana al paralítico que es introducido por el techo de la casa.

La actitud de Jesús es de una enorme carga política pues necesitaba demostrar que lo importante estaba en el encuentro con el pecador y no en la condena a ese pecador. Jesús se distancia del juicio condenatorio de los que lo rodean y siempre se inclina o se dirige hacia aquellos que han mostrado arrepentimiento y amor, (Juan 8, 1–11) con la mujer adúltera dadas las estructuras que se habían institucionalizado desde el Antiguo Testamento.

Por otra parte y haciendo un paréntesis, conviene señalar que Jesús no exige confesión de los pecados en sí, lo que pide es conversión, en la fe, en el amor y en la libertad de hijos de Dios. De ahí, que el aspecto privilegiado por el Señor, es el encuentro con los pecadores, los rechazados, los excluidos, encuentro que se concretaba en las comidas con ellos cuando las serví como símbolo perfecto del banquete eucarístico, razón por la cual, la Eucaristía es en sí misma reconciliadora.

En Lucas, se pueden observar los sinópticos en donde ―el pecador‖ aparece a lo largo de su evangelio para presentar la actitud ejemplar de Jesús respecto a los pecadores. Muchos son los pasajes de la comunidad lucana que muestran esta realidad, aunque solo se mencionarán algunos aspectos, el capítulo 5,8 en donde

55 Pedro le pide que se aparte de él pues es un ―hombre pecador‖, significando que toma conciencia de ser pecador, al ponerse en contacto con su Maestro y descubrir lo que realmente era. No le dice que se aparte porque tiene muchos pecados, sino porque es un hombre pecador que es algo muy diferente. En esa misma línea, y no muy diferente, en el capítulo 19, 1–10, aparece el Señor en casa de Zaqueo que es un ―pecador‖, para mostrar que el Hijo del hombre había venido a salvar al que se había perdido, al igual que las expresiones ―que se ha perdido‖ del capítulo 15 en relación con las perícopas del pastor que encuentra la oveja; de la mujer que encuentra su moneda y del padre que perdona al hijo ausente, desde el reencuentro y la misericordia.

Realmente, lo que vale entonces tener en cuenta es que cuando el hombre ―descubre‖ o tiene un encuentro con Jesucristo, en ese proceso se descubre a sí mismo y reconoce su ser de pecador, es decir, se siente un ser separado, se siente un ser desviado, un ser des-reconciliado. Por eso, la teología del encuentro está a la base de la reconciliación. Y porque el “hombre se encuentra con Jesús por eso es discípulo y misionero de dicho encuentro”49.

Jesús centra todo su interés en la persona del pecador para invitarlo a la búsqueda del perdón y al retorno a la casa del Padre, invitación que nace de dos parábolas memorables tituladas la de la oveja perdida y que también se titula como la parábola del pastor en búsqueda de la oveja perdida y la parábola del Padre misericordioso, parábolas que acogen el regreso, del que se alegra con el regreso del que estaba perdido, del que se siente Padre precisamente por el regreso del hijo ―perdido‖.

49

Cf. APARECIDA 2007, Discípulos y misioneros del Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe Pág. 37.

56 La novedad reconciliadora del Nuevo Testamento, se entiende desde el iniciar una nueva vida, dejando atrás todo lo antiguo y lo viejo. De acuerdo con esta novedad reconciliadora de los evangelios, todos los bautizados son seres nuevos, es decir, hombres y mujeres libres que han de permanecer fieles como verdaderos hijos del Reino, tal como aparece en 1 Corintios 5, 7–8 y en Filipenses 3, 17.

Si bien los bautizados permanecen sometidos a las tentaciones (2 Corintios 11, 3), el creyente debe estar vigilante contra el mal, de acuerdo con Pedro (1 Pedro 2, 1); el bautizado debe reconocer que en la comunidad de hermanos hay trigo y cizaña (Mateo 13, 36–43) y como bautizado ha de estar dispuesto a perdonar a su hermano hasta setenta veces siete, pues todos seguimos siendo pecadores (Mateo 15, 19 y 1 Juan1, 10).

Sin embargo, es recomendable tener un acercamiento desde lo neotestamentario al pensamiento paulino para quien el perdón de Dios está acompañado del concepto de reconciliación que designa las relaciones de los hombres entre sí y al mismo tiempo de Dios con los hombres (1 Corintios 7,11 y 2 Corintios 5,18-20). El significado de reconciliación con Dios aparece sólo en Pablo (cf. Rm 5,10.11; 2 Co 5,18-20; Col 1,20.22 y Ef. 2,16). Reconciliación es un concepto central de Pablo que sirve para dibujar su visión cristológica y soteriológica. Por tanto, se tendrá que analizar la teología paulina para entender en toda su dimensión el concepto neotestamentario de este término reconciliación.

―Pablo une la reconciliación, la expiación y la salvación y por esto se comprende que el Padre ofrece su perdón a los hombres a través de su Hijo, cumpliendo su promesa de perdonar y de renovar la alianza. Por eso, el hombre es llamado a reconciliarse con Dios para que reaccione a la iniciativa reconciliadora de Dios. Más aun, es llamado a ponerse al servicio de la reconciliación, es decir, que el

57 ministerio de la penitencia y de la reconciliación (servicio) no solo se ejerce mediante la administración de los sacramentos, sino mediante la permanente búsqueda de la reconciliación real entre todos y a todo nivel‖50.

La teología paulina desarrolla el concepto de Dios como el sujeto de la reconciliación: ―Y todo proviene de Dios que nos reconcilió consigo mismo y nos confió el ministerio de la reconciliación.‖ (2 Co 5,18).

En las exhortaciones de la comunidad paulina se insiste en que el hombre ha muerto al ―pecado‖ por el bautismo y que por lo tanto ya no puede vivir ―en el pecado‖ aunque dicho ―pecado‖ puede volver a reinar en el hombre (Romanos 6, 2. 11–12) ya que si el bautizado obedece a su egoísmo y no mata las obras del cuerpo, el pecado y la muerte recuperan su poder.

―Por tanto, la visión neotestamentaria y paulina sobre la reconciliación afirman la solidaridad de Dios con los seres humanos como la base de la solidaridad interhumana‖51.

―Si bien los primeros cristianos tuvieron una conciencia de haber sido salvados y reconciliados, y de haber recibido una misión salvadora y reconciliadora‖52.

En resumen, los escritos del Nuevo Testamento nos muestran la necesidad tanto para la comunidad en general como para cada uno de los miembros en particular, de reaccionar ante el mal, continuando el esfuerzo de conversión sellado solemnemente por la profesión de la fe bautismal. Todos son invitados a una continua y permanente purificación mediante las obras de caridad (1 Pedro 4, 8);

50

Apuntes de clase, teología de los sacramentos I. P. Héctor Lugo cfm, 2013. 51

E. Kasemann, cf. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, 1987, v.4, Pág.47. 52

BOROBIO, D., Celebrar para vivir, liturgia y sacramentos de la Iglesia. Salamanca: Ediciones Sígueme, 2003. Pág. 398.

58 mediante el reconocimiento de las culpas (Santiago 5, 16); mediante el cultivo de la confianza en la misericordia del Señor, mediante la reconciliación mutua con el perdón de las ofensas y la oración de unos por otros (1 Juan 2, 1-2; Mateo 5, 23- 26; Mateo 18,23-35).

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