e
n los quince años que TECHO lleva presente en miles de asentamientos precarios en Latinoamérica, el trabajo junto a voluntarios y las familias quelos habitan ha sido clave para a anzar el
desarrollo en pos de la superación de la pobreza en el continente.
La idea partió con la restauración de una iglesia en el sur de Chile, en 1997. Hoy, a 15 años de esa iniciativa, la organización Latinoamericana TECHO ya ha movilizado a más de 500 mil voluntarios, ha construi- do 90.500 viviendas de emergencia y se
encamina hacia soluciones de nitivas para la superación de la pobreza en 3 de los 19 países donde opera. También mantiene dos o cinas de coordinación en Miami y se aproxima a la apertura de la 53ª o cina en Londres.
¿Su clave? La convicción en el trabajo con-
junto entre jóvenes voluntarios -entre 18 y 29 años- y las familias de los asentamien- tos donde se inserta a través de un pro- ceso de desarrollo comunitario, en el que las familias plantean sus inquietudes y las transforman en planes de trabajo que en la mayoría de casos parte de la construcción de viviendas de emergencia.
Es del cuestionamiento inicial de ambas partes, de su encuentro y la solidez de los lazos que se gestan lo que lleva a la mo- tivación. Una convicción que se marca en cada una de las acciones de los voluntarios y las familias con las que trabajan, quienes han tomado los valores de la organiza- ción –solidaridad, convicción, excelencia,
diversidad y optimismo– como banderas
de lucha empujar el proyecto a logros cada vez más concretos.
El primer equipo de TECHO (antes Un Te- cho para mi País) se formó en Chile. Andrés Harrison, su primer director de Comunica- ciones recuerda que su principal preocu- pación fue, desde un inicio, involucrar a
los voluntarios con la realidad de su país, en los sectores más vulnerables. La premi-
sa fue que era ahí, en los asentamientos, donde las lecciones para las familias y los voluntarios de TECHO serían más potentes y por lo tanto, más duraderas.
Casas en el aire. Santiago de Chile 2003
A 15 años de que la idea era restaurar una iglesia, TECHO hoy es un movimiento regional, que busca involucrar a distintos sectores de la sociedad – Estado, universidades, empresas, civiles- para trabajar juntos.
La organización, que nació del desconocimiento y la desintegración de las naciones, hoy apuesta a unirla por un mismo n: una sociedad más justa y sin pobreza.
«Hubo un grupo que comenzó a preocupar- se por temas sociales, que era una realidad escondida. El voluntariado fue una oportu- nidad de satisfacer inquietudes. El testimo- nio tomó mucho peso, sobre todo de parte de las familias y su perspectiva», recuerda Agustín Wolff, director social de TECHO para Latinoamérica y el Caribe, respecto de las primeras etapas que TECHO-Chile (antes Un Techo para Chile) modeló para seguir avanzando y expandiéndose. En ese minuto se valieron de acciones no-
vedosas, como una ocasión en que mon- taron una vivienda de emergencia sobre un poste publicitario, como denuncia a la condición de precariedad en que vivían los sectores en situación de pobreza. También
campañas en las que se declararon «Los cesantes más felices de Chile» cuando terminaran de erradicar los campamentos (como se denomina a los asentamientos en dicho país) en un tiempo en que la cesantía tenía cifras preocupantes para la mayoría de la población.
Las nuevas tecnologías han sido parte esen- cial de este proceso, buscando nuevas vías para comunicar los nuevos desafíos que TECHO tiene para lograr su cometido. Esta evolución se ha materializado en acciones como la campaña digital que TECHO-Perú
llevó a cabo en noviembre de este año bajo el nombre «Pandora» (#ProyectoPandora).
A través de un artista local, montaron un
proyecto cticio en el que la realizadora
proponía montar paneles para «tapar» los asentamientos en el país, a modo de impul- sar el desarrollo del país. La polémica fue
evidente por redes sociales y su vídeo nal, en el que se explica que se trataba un acto de denuncia a la indiferencia que existe frente 8 millones de personas en situación de pobreza e invitando a involucrarse para generar cambios, alcanza casi 40 mil visitas. Actualmente, una etapa de expansión y consolidación de una nueva marca, TECHO continúa su trabajo para potenciar a los voluntarios, llamarlos a la denuncia desde la comprensión y re exión acerca de la im- portancia de superar las desigualdades que imperan en el continente y de esta forma generar incidencia en políticas.
Para las familias los desafíos también se han consolidado, en tanto se han organiza- do y desarrollado planes de fomento pro-
ductivo, trabajo, educación, salud y fondos concursables para sus emprendimientos,
apoyados por los equipos de Habilitación Social local.
Detalle de la web de diseño monogra ca.org y su edición especial dedicada al activismo social
Raquel Pelta | Javi Sastre
El diseño es un factor dominante en nues- tras sociedades modernas. Sin embargo, para un buen número de personas se aso- cia con ideas tales como las de rareza, ex- clusividad, excentricidad y elegancia. Por su parte, son muchas las empresas e ins- tituciones que lo conciben como un valor añadido.
Aunque, desde luego, los diseñadores no están de acuerdo ni se sienten cómodos con ninguna de estas visiones, hay que reconocer que, desde el propio entorno del diseño, a veces contribuimos a man- tenerlas en la medida en que valoramos extraordinariamente lo que es tendencia y nos olvidamos de que, como ha puesto de relieve Klaus Wolbert, el «diseño no se ocu-