economía social
3. Cooperativa Gráficas El Mar
3.3. Cooperativismo y control
Desde 2004, el liderazgo de El Mar ha sido el motor detrás de una nueva federación nacional de cooperativas de impresores, que aúna a las empresas más productivas del sector. Sin embargo, las motivaciones económicas de estas iniciativas de socialización esta- ban íntegramente conectadas a otras políticas y culturales, puestas de manifiesto a través de los cursos de formación sobre los «principios cooperativos» que se celebran periódica- mente en la fábrica y a los que acuden los trabajadores de otras cooperativas. Como dice Carlos, «el cooperativismo, unido a otras cooperativas rentables, ayuda a los trabajadores a reconocer la necesidad de contar con una responsabilidad social, los hace conscientes de ello». Para los directivos, la clave para gestionar este proceso dual de socialización objetiva y subjetiva era dar a conocer a los trabajadores, a través de estos seminarios, los cambios que se habían hecho a las estrategias de contabilidad. Como Hugo y James explicaron, la finalidad de los nuevos métodos, que denominaban «control por dato», era hacer que el proceso de trabajo fuera más «concreto» y «visible», permitiendo, de esta mane- ra, que todos los trabajadores se esforzaran colectivamente en favor de una mayor pro- ductividad. En la práctica, los niveles diarios de resultados y rendimiento se transforma- ban en diagramas de barras y otro tipo de representaciones visuales, que se esperaba que rellenaran los trabajadores.
Hablando con los trabajadores que habían participado en el curso de formación acerca de sus experiencias, Ricardo, un antiguo operario que se había encargado de administrar el departamento gráfico, me dio a conocer su opinión:
«Para mí todo esto tiene sentido. En la época de los 90, Menem dejó a las empresas a su libre albedrío, era todo demasiado personalista, lo que lo hacía ineficiente. Algunas empresas, como El Mar, saben que controlando nuestro capital y asegurán- dose de que todo el mundo se responsabiliza de sus actos, puede encontrarse la mane- ra de ser más productivo y, por tanto, más independiente.»
Su afirmación parecía hacerse eco del fundamento moral del consejo, que trataba de racionalizar la actividad económica planteándose la independencia desde un punto de vista condicionado y centrado en los beneficios. Ricardo se describía a sí mismo como pero- nista, pero al igual que Hugo, su comentario dejaba entrever la ambición por una nueva fase de cultura institucional, impregnada del idioma de la responsabilidad. Sin embargo, lo que parecía contradecir esta aspiración era que la función de El Mar dentro de la nueva fede- ración cooperativa había supuesto ejercer presión al gobierno local para legalizar la con- tratación de personas que no eran miembros en las cooperativas. Desde su estableci- miento, la fábrica solamente había contratado a dos nuevos miembros, pero daba trabajo «temporal» a unas 15 personas que no eran miembros. Esta práctica iba en aumento entre las empresas recuperadas, legitimada normalmente por el problema del «recorte de cos-
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LA CONTABILIDAD Y LAS COOPERATIVAS DE TRABAJADORES: UN ESTUDIO DE CASO DE LAS “EMPRESAS RECUPERADAS” DE ARGENTINA
tes», ya que los trabajadores que no eran miembros solían ganar mucho menos y no se les cubrían los gastos de seguridad social.
Por un lado, estas personas (los «no miembros») parecían sentirse aliviadas por tener un trabajo, tras haber sufrido la profunda inseguridad derivada de la flexibilización neoliberal. Sin embargo, no consideraban, en general, que su trabajo en El Mar fuera distinto a nin- gún otro, y para algunos, esto era motivo de desilusión. Esta sensación era común, sobre todo, entre los trabajadores que tenían relaciones más cercanas con los miembros. Pedro, por ejemplo, era buen amigo de Ángel y en sus conversaciones solían debatir si los «no miembros» limitaban considerablemente la idea de El Mar sobre el cooperativismo. Pedro solo tenía 20 años y tenía poca experiencia en temas de organización colectiva. No obs- tante, dijo haberse imaginado que trabajar en una cooperativa «socialmente responsa- ble», le daría mayor «independencia». Por independencia, Pedro quería decir:
«No hablo solamente de independencia económica, sino de la oportunidad de reali- zarme como persona, ¿sabes? No solo trabajar aquí día y noche, para luego ir dere- cho a la cama. Muy bien, pues tengo un “trabajo”, pero ni siquiera es algo seguro. Dicen que es algo “temporal” porque no soy miembro, como dándote la esperanza de que algún día serás parte de ellos. Pero todo el mundo sabe que eso es mentira, es solo para que los directivos puedan recortar costes.»
Con estas palabras, Pedro deja ver que su sentimiento de alienación está íntimamente ligado a sus expectativas de controlar su vida laboral. Añadió que los directivos no les habían dejado asistir a los seminarios de formación por no ser miembros, ya que su parti- cipación hubiera disminuido los niveles de producción, y esas diferencias habían acrecen- tado su sensación de distanciamiento. Por otro lado, los trabajadores «implicados» no com- partían necesariamente el pensamiento de los directores. Ángel lo sugirió cuando me dijo:
«Con estos cambios en la contabilidad y sus ideas sobre el “cooperativismo”, los direc- tores quieren que creamos que lo único que importa es que seamos más rentables como negocio. Con todo, los cursos [sobre cooperativas] merecen la pena porque nos dan la oportunidad de debatir con otros compañeros. Algunos pensamos que la cooperación debería tener más que ver con las personas, con la sociedad, que con los beneficios. Eso quiere decir que no deberíamos contratar mano de obra infor- mal, porque la responsabilidad social es otra cosa.»
Aunque las diferencias de opinión sobre la racionalidad de los beneficios provocaban cierto grado de tensión entre los trabajadores de la fábrica, muchos parecían estar de acuer- do con Ángel. Otros trabajadores se quejaban de que el consejo había tratado de impedir que participaran en actividades sociales fuera de la fábrica. Alberto, del departamento gráfico, resumió ese sentimiento general de frustración con estas palabras: «creo que muchos de nosotros esperaban más, ¿sabe? Pero los directivos no parecen centrarse más que en una cosa. Solamente quieren cambios institucionales que nos ayuden a ser competitivos. Para algunos de nosotros esa actitud parece irracional». Por tanto, para algunos trabaja- dores, participar activamente en los cursos a fin de consolidar una dinámica alternativa de socialización, una encaminada a dar prioridad al fin de la sociedad, era una actividad
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Las políticas de la
economía social
coherente. Parte de este proceso, como veremos a continuación, consistía en participar en las reuniones organizadas por el liderazgo del Hotel Bartel.