La instalación de gas licuado llamó la atención de los inspectores de las autoridades de salud y seguridad (HSE, por sus siglas en inglés). Las investigaciones realizadas revelan que la actitud de Campbell Downie (el accionista mayoritario) y otro directivo superior de ICL con respecto al tema de la salud y la seguridad suscitó las dudas del HSE20. En estos
documentos se describen con todo lujo de detalles las ocasiones en las que el HSE reci- bió información de ICL que más tarde resultó ser incorrecta y, con toda probabilidad, des-
Tanque de propano
a granel Cilindros de gaspropano Nivel del suelo Regulador y manómetro Tubería subterránea M u ro de la fábrica Horno de GLP Quemador de GLP Luces de piloto Quemadores de horno de GLP |129 | Las políticas de la
economía social
tinada a retrasar la aplicación de las recomendaciones del HSE. Por ejemplo, en febrero de 1982, las autoridades recomendaron unas posibles mejoras del tanque de gas licuado, incluida la instalación de un sistema de incendios. En diciembre de 1982, Frank Stott, que era el encargado de salud y seguridad de ICL Tech,21llamó por teléfono al HSE y le envió
posteriormente una carta en la que le comunicaba que ya habían conseguido dicho siste- ma y que lo instalarían durante el período de cierre de las Navidades. Las investigaciones demostraron que esto no pudo ser verdad. Veintidós años después, en la fecha de la explosión, no existía ningún sistema de tales características. Ello no se debía a un despiste sin importancia de un ocupado mánager de nivel medio. Los directivos de ICL conocían la ausencia del sistema y la recomendación realizada por el HSE. Cuando el tema volvió a plan- tearse seis años después, en abril de 1988, Stott indicó en respuesta a un memorando envia- do por Downie sobre el sustancial coste de instalar un sistema de este tipo, que «…debe- mos quitarles de la cabeza la idea del sistema de incendios, pero esta vez será complicado…» (Gill, 2009, pág. 87). En una comunicación posterior, Stott escribió a Downie que «…sos- pecho que ya hemos retrasado todo lo que podíamos sus solicitudes (desde 1982)…». A lo que Downie respondió: «…el descontento de los Inspectores no me preocupa más de lo jus- to y necesario…». El habitus de ICL era el de pasar por alto las recomendaciones del HSE y prestar una atención meticulosa al coste de la aplicación de las medidas de salud y seguridad, además, aparentemente, de menospreciar al HSE o de percibir sus actividades como «limitadoras del negocio».
Recomendación 11: un potencial salvavidas
Entre 1975 y 1988, las inspecciones de las autoridades de salud y seguridad expresaron repe- tidamente su preocupación por la ubicación del tanque de gas licuado, pues creían que estaba demasiado cerca del edificio de la fábrica. Pero en 1988 ocurrió un hecho clave en esta historia, cuando un inspector especializado visitó las instalaciones. El inspector del HSE, John Ives (que ya había lidiado con ICL desde 1981), estuvo acompañado en aquella oca- sión por Alan Tyldesley,22que acababa de ser contratado como Inspector Especialista y tra-
bajaba con el Grupo de Asesores sobre el Terreno que se ocupaba de los incendios y las explosiones. Cabría suponerse que por su larga trayectoria con ICL, Ives conocía el habi- tus de ICL.
Durante la visita de Ives y Tyldesley, quedó claro que la ubicación del tan- que, debido a su talla, no se ajustaba a las distancias de separación reco- mendadas en la norma HS(G)34. La investigación oficial señaló que éste era «un problema en relación al cual el Sr. Stott había estado dando largas con éxito durante mucho tiempo» (Gill, 2009, pág. 63). El especialista (Tyldes- ley) afirmó que ICL debía o bien tratar de transformar los hornos que utili- zaban gas licuado para que usaran gas natural, o bien tratar de alquilar un terreno lejano a la fábrica para reubicar el tanque o adquirir otros tanques de menor tamaño. En total, Tyldesley formuló 12 recomendaciones. A efec- tos de este estudio, la número 11 es la más contundente:
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LA RENDICIÓN DE CUENTAS Y LOS DERECHOS HUMANOS: PRÁCTICAS DÓXICAS DE SALUD Y SEGURIDAD Y LA LECCIÓN DE ICL
Se recomienda desenterrar parte de las tuberías subterráneas que transportan vapor de gas licuado hasta el edificio y que una persona competente en la materia exami- ne las condiciones de las tuberías y el revestimiento protector corrosivo. Se recomien- da también aplicar las recomendaciones derivadas de esta inspección y realizar una prueba de presión.23(Gill, 2009, pág. 66)
En resumidas cuentas, ya en 1988 se había recomendado que se desenterrara y compro- bara la tubería. Si se hubiera hecho lo debido y las tuberías hubieran tenido la protección correcta, es muy probable que la explosión no hubiera ocurrido nunca. En el juicio que siguió al accidente, se dijo que el coste de renovación de la tubería hubiera ascendido a 405 libras esterlinas.
Durante la investigación, Tyldesley dijo que, dada la falta de cooperación de ICL en rela- ción con las recomendaciones hechas por el HSE entre 1982 y 1988 acerca de las instala- ciones, no era probable que la empresa cumpliera con sus 12 recomendaciones sin que así lo dictaminara una orden judicial. Así pues, el objetivo de sus recomendaciones era sentar las bases de una Notificación de mejoras, con arreglo a la Ley de salud y seguridad en el trabajo de 1974. Ives, que llevaba 34 años trabajando en el HSE y había asistido a distintos cursos sobre gas licuado, pero no pudo recordar que se tratara el tema de las tuberías, regre- só a ICL el primero de septiembre de 1988 para discutir con Stott los datos recogidos en el informe de Tyldesley. En el apartado de visitas del informe del HSE se dejaba constan- cia de que
Stott comenzó la reunión anunciando que iba a transformar el horno para que pasa- ra de usar gas licuado a gas natural y reducir, así, la necesidad de almacenar gas licua- do. Parece que, con todo, seguirá siendo necesario contar con un pequeño tanque para el sistema de calefacción central. Carta y VI (visita de inspección)24propuesta
para asegurarnos de que Stott cumple con su palabra. (Gill, 2009, pág. 68)
Posteriormente, Ives añadió una nota al documento cancelando la visita de inspección «ya que hay negociaciones en curso». El informe de la investigación oficial indicaba que durante la reunión entre Ives e ICL:
Durante la reunión, Ives repasó las recomendaciones incluidas en el informe de Tyldesley con Stott (el director de ICL) delante. En relación con las tuberías, Stott creía que desen- terrarlas no era una opción práctica porque ello conllevaría levantar toda la zona. (Gill, 2009, pág. 68)
La reunión concluyó con que Stott hablaría del tema con una empresa, Calor (el provee- dor del gas licuado) y que volvería a ponerse en contacto con el HSE con una nueva pro- puesta. Stott hizo así dos declaraciones completamente contradictorias en la misma reu- nión. Si ICL tenía verdaderamente la intención de pasarse al gas natural, no tenía por qué hablarlo con su proveedor de gas licuado, sino con el proveedor de gas natural.
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