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“Un cordel en la prisión, y así mejora mi educación”

In document INCLUSIÓN Y DIVERSIDAD (página 84-86)

Resumen – En este artículo se cuenta la histo- ria de un experimento inclusivo relacionado con la educación de adultos en la prisión, llevado a cabo en el Instituto de Reeducación Penal Sil- vio Porto, situado en el estado brasileño de Paraíba. El experimento tuvo lugar en una sala de clases de 20 alumnos del primer ciclo de educación básica de jóvenes y adultos. Durante las clases, los alumnos elaboraron “cordeles” (cuadernillos o fascículos impresos populares y de bajo costo, que contienen novelas popu- lares, poemas y canciones tradicionales; se confeccionan y venden en los mercadillos o son ofrecidos por vendedores ambulantes en Brasil, por lo general en la zona del Nordeste) que se refieren a la educación en la prisión o incluyen relatos sobre su vida.

La educación tiene que ver con los derechos

Todos tienen derecho a la educación. A nivel mundial, la educación es considerada la vía más adecuada hacia la in-

serción en la sociedad de los niños y niñas, los adolescen-

tes y los adultos. También existe un creciente consenso en cuanto a que se trata de un derecho humano fundamental para el desarrollo personal, sin excluir a los reclusos.

Según las “Reglas mínimas de las Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos”: “Se tomarán disposiciones para mejorar la instrucción de todos los reclusos capaces de aprovecharla, incluso la instrucción religiosa en los países en que esto sea posible. La instrucción de los analfabetos y la de los reclusos jóvenes será obligatoria y la administración deberá prestarle particular atención” (ONU 1977). El derecho a la educación también está garantizado en la legislación brasileña (Presidência da República do Brasil 1984).

El experimento del que fuimos testigos se llevó a cabo en la unidad penitenciaria Silvio Porto, que fue construida en 1997 e inaugurada en enero de 2000. Actualmente cuenta

con 1.328 reclusos, cifra equivalente a alrededor del 25 % de la población carcelaria del estado. El establecimiento consta de 189 celdas y 10 bloques, y tiene una capacidad para 530 presos, pero alberga a muchos más.

Sobre la base de datos proporcionados por la Dirección de Prisiones, el 22,29 % de los reclusos de esta institución estaba recibiendo educación formal y no formal en 2016: el Programa Brasil Alfabetizado (clases de alfabetización) con-

De la izquierda a la derecha: Helenória de Albuquerque Mello

Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Paraíba

Brasil

Hilderline Câmara de Oliveira Universidad de Potiguar Brasil

taba con 23 alumnos; la clase de movilidad en el primer ciclo de educación básica de jóvenes y adultos tenía 42 alumnos; en la segunda fase de la educación básica de jóvenes y adultos había 22 alumnos, y en la educación secundaria, 20; a la clase del programa Projoven Penitenciario asistían 40 alumnos, y al curso sobre la Biblia impartido por RHEMA, 55; en el club de lectura participaban 32 alumnos, y en el club de escritura, 13; a la clase de coro acudían 23 alumnos, y al club de teatro, 8; a la clase de baile (hip-hop y danza con-

temporánea) concurrían 12 alumnos, y a la de música, 6. Por tanto, durante este período, en la unidad penitenciaria asis-

tían en total 147 reclusos a clases de educación formal y 149 a clases de educación no formal.

El papel de la educación en la prisión

Cuando se les preguntó acerca de la importancia de intro-

ducir prácticas de educación en las prisiones, el director de la unidad penitenciaria Silvio Porto y los guardias del esta-

blecimiento, que coordinan la incorporación de estas prác-

ticas en el recinto, señalaron:

“La educación cumple un papel muy importante en el sis-

tema penitenciario [...]. El progreso de los alumnos que estu-

dian en la institución es evidente y, cuando firman la notifica-

ción de la sentencia, muchos de ellos declaran que saben leer, que ya no tienen que estampar el pulgar, y que saben lo que están firmando [...]. El proyecto de la institución para el futuro es aumentar la cobertura de la educación impartida, construyendo una sala de clases y ampliando la biblioteca, para así contar con más libros y facilitar, por tanto, el acceso de los reclusos a la lectura. Asimismo, nos proponemos im-

plementar el modelo de aprendizaje a distancia, a fin de ofre-

cer cursos que conduzcan a la obtención de un título univer-

sitario”. (Director de la prisión).

“En la prisión hay espacios que deberían aprovecharse. Uno de ellos es la escuela, la cual debe constituir una plataforma para el crecimiento de los reclusos. La vida cotidiana y la convivencia con los internos demuestran que es posible transformar a un ser humano mediante la educación. He co-

nocido casos de reclusos que no sabían una palabra de por-

tugués, que no sabían leer ni escribir, y que ahora escriben textos, saben expresarse y están interesados en la lectura, lo cual resulta muy gratificante [...]. Aún nos queda un largo ca-

mino por recorrer, y para mí el cordel que elaboraron nues-

tros alumnos es el incentivo que nos anima a continuar por esta senda. El cordel es la prueba viviente de que, si le mos-

tramos a una persona el horizonte y la alentamos a alcan-

zarlo, ella aspirará a crecer, a cambiar y a transformarse”. (Guardia del presidio).

La profesora Eliane Aquino, coordinadora de educación peni-

tenciaria del Departamento Estadual de Educación, explica en qué medida se puede emplear la educación para la inclusión: “Si se la desarrolla desde una perspectiva orientada a formar

mejores seres humanos, la educación penitenciaria es una herramienta de inclusión social. En este proceso es impor-

tante destacar el papel de la formación pedagógica teniendo en cuenta la complejidad inherente a la tarea de impartir educación a un público destinatario de jóvenes y adultos que se encuentran privados de libertad. Los límites y los obstáculos asociados a una cultura correccional establecida históricamente, que aún se basa en la supresión o la nega-

ción de derechos, entorpecen el proceso. El enfoque inicial reasume la tarea de capacitar a los actores involucrados en el proceso de implementación de la educación penitenciaria (alumnos, maestros, directores de prisiones, guardias) por medio de una planificación pedagógica continua basada en los pilares de la educación, de modo que podamos crear un objetivo común y progresar juntos hasta lograr alcanzarlo”.

Al final del semestre, los reclusos presentan sus textos durante un acto de clausura

Yo vagaba sin rumbo por las ciudades

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