• No se han encontrado resultados

Capítulo III. Democracia, corrupción y la CICIG Luchas del movimiento estudiantil

3.1 Democracia y corrupción en Guatemala

3.1.1 Corrupción una reflexión conceptual

La existencia y prevalencia de la corrupción es un fenómeno que no puede estar aislado de la impunidad, ya que dicho de alguna forma, la corrupción se consolida y se propaga en la medida en que los entes contralores, los controles y los mecanismos de investigación y sanción son inexistentes, o con una capacidad muy limitada para resolver este problema.

Como hemos visto, con la calidad de Estados que se consolidaron en la región, a partir de 1985, a excepción de Costa Rica, el andamiaje institucional también presentaba falencias estructurales debido a la base de la cual habían surgido.

En términos específicos la corrupción puede ser situada en diferentes ámbitos, desde lo cultural hasta lo jurídico, pero para iniciar una discusión y análisis del concepto mismo, es necesario recurrir a definiciones básicas para irla caracterizando.

Según la Convención de las Naciones Unidas Contra la Corrupción, la corrupción puede entenderse de la siguiente manera:

La corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socaba la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana. (Unidas 2004, III)

Esta definición inicial, nos brinda una perspectiva de las múltiples aristas que posee la corrupción, tanto para su existencia como los efectos derivados de la misma. Si sumamos los factores históricos en los que se realiza la transición hacia una forma democrática del Estado de Guatemala, con inicios incipientes y con falencias históricas, es lógico deducir que las formas y dinámicas corruptas han prevalecido en las estructuras estatales acompañadas de otros componentes como el racismo, el machismo y las formas excluyentes y marginalizadas de concebir la sociedad guatemalteca.

Ahora bien, pese a que el marco inicial obtenido de la Convención de las Naciones Unidas nos brinda una descripción más general, es necesario llevar dicha conceptualización a niveles más micro, ya que pese a que existe una dinámica e inercia institucional, la corrupción es operada o percibida a través de los actos personales (sujetos, individuos, personas), que se involucran de manera deliberada o no, en prácticas que están más allá de lo legalmente establecido. “Se entiende que existe corrupción cuando una persona, ilícitamente, pone sus intereses personales por sobre los de las personas e ideales que está comprometido a servir”. (Wainstein 2003, 6)

Con esa definición, podríamos afirmar que la corrupción en un nivel individualizado corresponde a aquella actitud o acción que una persona, o un grupo de personas realizan,

abusando de un cargo que les permite el ejercicio de poder y el uso de recursos públicos para obtener un bien personal o de un grupo muy reducido de personas.

En tal sentido, es necesario contraponer la idea de aquellas situaciones o elementos que son necesarias para la existencia, permanencia y reproducción de la corrupción como un hecho social, ya que pueden identificarse elementos estructurales o más subjetivos. En todo caso, siempre es interesante contraponer esta visión sobre la construcción misma de la corrupción como elemento de la dinámica social en general.

Para apoyar esta discusión, resulta necesario revisar lo que se ha escrito en torno a la corrupción, de manera más enfática en contextos más similares al guatemalteco para no tensionar de sobre manera aquellas diferencias socio-culturales que pueden intervenir en dicho proceso.

La raíz de la corrupción no está pues en el contexto o entono que la propicia o permite, ni en la capacidad o no de sancionarla, sino en las bases éticas sobre las que se construye la vida social, política y el servicio público. (Goyri 2018, 65)

Bajo este planteamiento Goyri agrega que hay situaciones que pueden estar vinculadas a la corrupción, pero que no son la causa. Como anteriormente se mencionó, la impunidad es una de ellas, pero el autor hace una triangulación con otro elemento, la transparencia. Si bien plantea que esta tríada está íntimamente relacionada, sostiene que ni la falta de transparencia ni la impunidad son la causa principal de la corrupción, ya que señala que no hay una capacidad en ninguna sociedad de generalizar sanciones ya que las mismas están concebidas a manera de excepción y no de normalidad.

Goyri (2018) señala entonces que como producto de una sociedad contemporánea, como la actual, el sentido hedonista y utilitarista ha hecho retroceder el peso de los valores y de la moral, como una hoja de ruta de la conducta en sociedad, prevaleciendo en todo caso la obtención de favores, ventajas o beneficios de carácter más inmediatista.

En un sentido más etimológico, la palabra tiene algunas acepciones que resultan fundamentales para desenmarañar eso que se ha convertido en un fenómeno tan popular en diferentes partes del mundo. “No es excesivo remarcar nuevamente que la palabra corrupción proviene del latín corrptio, infectio, contaminatio, depravatio. Así que es toda aquella acción o conducta que desvía, o torna irregular el orden de cosas instaurado como aceptado y asumido”. (C. R. Martínez 2018, 78)

Esta breve aproximación a las raíces etimológicas del término, nos permitió realizar el constructo que estamos buscando para la aplicación de la presente investigación, es decir, como a partir de la obtención de beneficios, favores o prebendas, determinados funcionarios públicos realizaron actividades fuera del margen de la ley que una vez investigadas por los entes competentes en Guatemala, generó un estallido social, multicausal, multiclasista y con implicaciones en el orden político inmediato de la coyuntura suscitada en 2015.

Estos apuntes de Martínez (2018) nos ayudan a entender que la práctica corrupta está encaminada a la obtención de beneficios para individuos particulares, lo que puede traducirse en una forma de desfalcar o desviar recursos, lo que repercute en la disponibilidad y reparto de recursos hacia las necesidades de la población. Dentro del repertorio de acciones en las que se puede percibir la corrupción, algunas de las más frecuentes son el tráfico de influencias, el soborno, la extorsión y el fraude.

Existe un enfoque de carácter más general y sistémico de la forma en que puede operacionalizarse la corrupción, considerando los elementos institucionales, las decisiones y la capacidad de poder (ejercicio del mismo) por parte de quienes ostentan cargos públicos.

Aquí definiremos la corrupción estructural como una forma específica de dominación social sustentada en un diferencial de poder estructural en el que predominan el abuso, la impunidad y la apropiación indebida de los recursos de la ciudadanía. (Ballesteros 2016, 123)

Esta aproximación al fenómeno de la corrupción desde una perspectiva más sistémica nos permite entender cómo se entretejen las redes de poder y caen en las prácticas reiteradas de corrupción, y que derivado de investigaciones hechas por el Ministerio Público y la Comisión Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), en 2015 se posibilitó que fuera de conocimiento público, la forma en que operaban algunas redes.

Esto en relación con las formas en que se construyó y se fue consolidado el aparataje político del Estado de Guatemala, los procesos socio políticos que constituyeron el marco de la transición democrática y con las contrariedades que aún en la actualidad se mantienen dentro del tejido social guatemalteco.

Como hemos visto, la definición de corrupción puede tomar diferentes matices, desde los planteados por perspectivas más jurídicas, hasta aquellas que amplían la dimensión y lo vinculan a elementos socio-culturales. Sea cual sea la definición, en la actualidad existen herramientas que tratan de proporcionar escalas de medición en función de la corrupción que se perciben en el ámbito público, porque claro está que la corrupción, desde la perspectiva más amplia, también está en el ámbito privado. A continuación se presenta una tabla en donde se enlistan algunos de los indicadores de corrupción a nivel mundial.

Tabla 9. Indicadores de Medición de la corrupción en el mundo

Fuente: Recuperado de “México, Anatomía de la Corrupción”, de Casar, M.A., (2015), p.10, Ciudad de México, Instituto Mexicano para la Competitividad.

Estos indicadores que funcionan a manera de termómetro, están basados en la percepción de los actos de corrupción, es decir, a través de instrumentos como encuestas

a diferentes sectores poblaciones, tratan de conocer la apreciación en torno a los niveles de corrupción en cada uno de los países.

Ahora bien, esta breve explicación de corrupción, podría generar algunas preguntas en torno a las formas en que se pueden llevar a cabo dichos actos corruptos, y en términos generales es valioso la clasificación que aporta Wainstein (2003), en tanto que categoriza al menos tres tipos de acciones que pueden ser medios de expresión de la corrupción.

El primero de ellos son aquellos actos de corrupción directa, es decir, aquellos que ocurren cuando se da un aprovechamiento por parte de un funcionario público o privado, para obtener un beneficio.

Además, se estiman los actos de corrupción medida, los cuales requieren la participación, involucramiento u omisión por parte de un tercero. Y finalmente el aprovechamiento de procedimientos, que se generan cuando un actor político se aprovecha de las falencias que los sistemas de control permiten sacando ventaja para el beneficio individual.

Con las bases teóricas establecidas, es posible realizar una reconstrucción de aquellos casos emblemáticos y que tuvieron una amplia cobertura mediática, en la coyuntura de 2015 en Guatemala, para dar paso a la interpretación del movimiento estudiantil ante esas condiciones y que mostraron un desarrollo particular. Es necesario expresar que pese a que han existido otros casos de corrupción que involucran, directa o indirectamente, a funcionarios públicos, es en el marco de 2015, cuando las condiciones se adecúan para la rearticulación de colectivos, movimientos sociales y sociedad civil en general.

Esto, como lo veremos más adelante, desemboca en las movilizaciones de 2015 de diferentes sectores de la sociedad guatemalteca, de los cuales se analizará uno en particular, el movimiento estudiantil universitario, y que gracias a las lecturas desde la literatura sociológica de los movimientos sociales nos pueden dar claves importantes para la (re)lectura e interpretación de lo que sucedió en 2015 y cuál fue el desarrollo subsecuente.

3.1.2 De la corrupción a las movilizaciones ciudadanas en Guatemala 2015