Capítulo II. Debates teóricos
2.4 Tipos de movimientos sociales
2.4.1 Viejos Movimientos Sociales
Los viejos movimientos sociales tienen un fuerte anclaje en la herencia del marxismo, como método de análisis socio-histórico, y esto estuvo ligado, sin duda alguna, a las transformaciones que tuvo la sociedad occidental, especialmente la europea, en términos económicos. Esas condiciones ayudaron a establecer categorías teóricas de análisis que se fundamentaron en la lucha de clase, que a su vez dieron paso a categorías macro en términos de Estado dentro del contexto del capitalismo en apogeo durante el siglo XIX .
Considerando ese contexto histórico, la clase trabajadora (obreros y sindicatos) pasarían a formar parte de la vanguardia de lucha y resistencia, guiados por al menos dos elementos de motivación, el establecimiento de un régimen más justo en términos económicos y por una democratización del aparato del Estado. En este punto es pertinente señalar que existen variantes de los procesos emancipatorios, dependiendo de la región del mundo al que se refiere, lo cual no está dentro de los límites establecidos en la presente investigación.
Es así como la clase obrera se convierte en un actor político preponderante, o más bien, en el actor político por antonomasia dentro de la concepción marxista, que será la encargada de llevar a cabo las acciones necesarias para la transformación del mundo y establecer los mecanismos, o al menos generar las condiciones, para la transición a un modelo económico (social y político) superior al capitalismo.
La naturaleza del capitalismo y su impacto sobre la clase trabajadora, permite explicar por qué el movimiento obrero se convirtió en una fuerza sociopolítica de particular relevancia a partir del siglo XIX, y fue un actor de singular importancia en desnudar la naturaleza del sistema capitalista. Su demanda por la justicia económica y contribución para que se democratice no solamente el Estado, sino las relaciones productivas (mercado, fábrica, entre otras) lo convirtió, desde sus inicios, en un actor relevante dentro del marco de las revoluciones, las revueltas, las rebeliones, las luchas por la emancipación, la democracia y el cambio social, en el mundo entero. (Yagenova 2016, 123)
Derivado de las concepciones teóricas de Karl Marx y Friedrich Engels, el marxismo dotaba de una responsabilidad enorme al sector obrero, volviéndolo no solo un actor político sino el pilar sobre el cual debían consolidarse los cambios que derrocarían al sistema capitalista imperante en ese momento. Aunque existen otros autores y corrientes que abonaron para el fortalecimiento del movimiento obrero, como las obras de Bakunin y Proudhon, quienes se enfocaron más en el anarquismo, es indiscutible que la lucha de los trabajadores por mejores condiciones laborales, trascendieron con el tiempo a la esfera política.
Un importante ciclo de luchas obreras se suscitó en 1848, año en que Marx escribió el famosos Manifiesto comunista. En ese momento, el documento tuvo una difusión limitada aunque, décadas después se convirtió en una guía fundamental para los movimientos obreros del mundo. Este plantea la tesis de que los obreros son los sujetos de transformación del sistema capitalista, y deben convertirse en la clase dirigente, aboliendo para siempre la opresión, la explotación y las clases sociales. (Yagenova 2016, 124)
Autores como Casquette (2001) le dan mayor validez a los movimientos sociales de origen obrero, considerando que es el que mayor experiencia ha acumulado y que las posteriores expresiones identitarias de movimientos sociales son, más bien, un producto trasmutado de los viejos movimientos sociales. Es decir, existe un afán de darle continuidad histórica a las experiencias de los viejos movimientos sociales, específicamente el movimiento obrero. Es decir, parecen entrar en la discusión de que la preexistencia de lo “viejo” –anterior a- da sentido irreductible a lo nuevo, pero que la precedencia ejerce un tipo de derecho para mantener su vigencia y su legitimidad.
Por otro lado, el movimiento obrero, el movimiento social con una experiencia sostenida y una capacidad de movilización de recursos humanos, materiales e ideacionales inmensamente superior a los de cualquier otro movimiento social a lo largo de la historia, sería el exponente del viejo movimiento, de todo aquello que a estas alturas de la historia se encuentra periclitado (Casquette 2001, 193).
Esta discusión en torno a la vigencia o no de los viejos movimientos sociales, se muestra como una base mínima para comprender algunos de los elementos que pudieron ser
heredados hacia las formas de lucha (repertorio) de los NMS y comprender la continuidad de algunos elementos, entre los viejos y NMS, específicamente acciones colectivas que pueden estar determinadas por el contexto histórico, aunque se difiera en las agendas y objetivos planteados.
Uno de los sucesos que ejemplifican la fuerza y el arraigo histórico que fue acumulando el movimiento obrero, fue La Comuna de París, ocurrido en 1871, lo cual puede considerarse como el primer gran intento de la clase obrera hacia la toma de poder real, aunque las consecuencias fueron la represión brutal y posterior derrocamiento. Según E. Mandel (1970) en Yagenova (2016) las luchas y acciones de la clase obrera, previas al suceso de La Comuna fueron muestras de un movimiento joven, desorganizado e inexperimentado. (p.126)
Para algunos autores como Mandel, es a partir de 1880 en donde se puede identificar un segundo momento o fase del movimiento obrero, esta vez enfocado en una difusión de la obra de Marx, además de una propaganda y agitación de corte socialista, sumado a la organización de más círculos sindicales y grupos electorales cuyo objetivo era mejorar las condiciones laborales de los trabajadores en el corto plazo.
En este período resulta evidente la vinculación entre el movimiento obrero y la constitución de partidos de naturaleza obrera, pues era la mancuerna que formó parte de una estrategia, cuyo objetivo final, era la transformación del capitalismo de manera radical, como parte de un proceso que desembocaría en la construcción de una nueva sociedad, exenta de clases sociales.
Es allí donde la clase obrera cumple una función operativa, simbólica y política, porque representa a la clase que será la encargada de generar las condiciones materiales para la transformación, además de encarnar todos los valores morales de la construcción de una nueva sociedad y finalmente porque sería el partido obrero, la clase política dirigente de esa nueva expresión de Estado.
Aunque existen visiones contrapuestas, la Revolución Rusa de 1917, significó la existencia del primer Estado obrero de la historia, además del surgimiento de un nuevo bloque hegemónico, que haría el contrapeso y la división binaria del mundo político. Es
evidente que el propio curso de la revolución a lo interno y externo de Rusia merecería una profundización más a detalle, pero para el presente trabajo solamente se menciona como un suceso referente al movimiento obrero para tener un contexto general y específico de lo significa esa ruptura epistemológica de lo que se consolidaría como nuevos movimientos sociales.
La contribución del marxismo a la comprensión y el estudio de los movimientos sociales son muchos. Podrían sintetizarse en el aporte de categorías clave (clase, lucha de clase, explotación, hegemonía, totalidad, fetichismo, praxis, emancipación, entre otros) que permiten comprender la naturaleza del capitalismo, sus contradicciones y cómo, dentro de este marco, surgen nuevas fuerzas sociales que se confrontan con su lógica y reproducción. (Yagenova 2016, 162)
Aunque el enfoque teórico del movimiento obrero estuvo muy ligado al activismo político, como parte de su misma explicación dialéctica y de las combinaciones binarias que se hacían de teoría-práctica, con el cambio de contexto mundial en la mitad del siglo XX, parecía que los esquemas materialistas no eran capaces de dar una explicación satisfactoria a los nuevos segmentos de la población que el mismo capitalismo estaba generando, o al menos visibilizando con mayor claridad como los jóvenes, mujeres, grupos marginalizados por cuestiones étnicas, preferencias sexuales o intereses. “Los movimientos sociales tradicionales se habían abordado analíticamente en términos de conflictos de clase, pero los nuevos movimientos sociales se resistían a tal conceptualización”. (Puerta 2006, 220)