La corrupción es un fenómeno internacionalmente co- nocido: sobres rojos en China, bakchich en los países árabes, matabiche en África Central, payola en Filipinas, mordida y coima en América Latina, pots-de-vin en Fran- cia o simplemente sobornos. Precisamente en el acto del sobor
soborsobor
soborsoborno no no no no suele materializarse la corrupción. El soborno consiste en prometer u ofrecer una remuneración a un agente público, funcionario, ministro o dirigente de una empresa pública, de tal manera que éste deba violar los derechos que tiene con la colectividad pública a la que representa. El corruptor activo es aquel que promete u ofrece la remuneración; el corrupto es el agente público que traiciona sus deberes aceptando el soborno. Según valoraciones del BM la corrupción anual en el mundo estaría sobre los 80 mil millones de dólares.
Los gobiernos de los países centrales establecen
recomendaciones y reclaman reformas institucionales en los estados de los países del Sur a raíz de la corrupción y la falta de transparencia de sus gobiernos. A veces, parece que los gobernantes del Sur son corruptos por una cuestión cultural, o casi genética, mientras que prácticamente nadie presta atención al rol corruptor de las multinacionales de los países desarrollados. De este modo son objeto de crítica sobre todo los corruptos, los que cobran sobornos, pero casi nunca se nombra a los corruptores, que son los que inician el acto. Como apuntaba un antiguo ministro del Txad, «hacen falta dos para bailar la samba».
PARA BAILAR LA SAMBA...
Llegó un punto en que la corrupción de las empresas era tan fuerte y evidente que, en diciembre de 1997, ministros de economía de 22 países de la OCDE firma- ron un acuerdo para reprimir la corrupción en la inver- «Mientras el delincuente contra la propiedad suele estar considerado un individuo marginado, el delincuente económico ni es marginado ni se enfrenta individualmente con el sistema.» López-Rey y Arrojo
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sión extranjera. Pero la práctica del soborno no siempre transgrede la legalidad. En 1997, precisamente para compensar la falta de competitividad de sus empresas, el gobierno francés autorizó el soborno, medida que fue adoptada a continuación por el resto de países europeos. A raíz de esto, eufemísticamente —y en términos lega- les—, al soborno se le denomina «comisión» o «gastos comerciales excepcionales».
Una de las cuestiones más preocupantes de la corrup- ción es que afecta sobrafecta sobrafecta sobrafecta sobrafecta sobre todo a la población máse todo a la población máse todo a la población máse todo a la población máse todo a la población más empobr
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empobrempobrecida, en concrecida, en concrecida, en concrecida, en concrecida, en concreto a aquella que vive en loseto a aquella que vive en loseto a aquella que vive en loseto a aquella que vive en loseto a aquella que vive en los países del Sur
países del Surpaíses del Sur
países del Surpaíses del Sur. Esto ocurre porque el dinero que podría haber sido invertido en servicios para el bienestar de la población, se gasta en lucrativas comisiones o en pro- yectos que benefician, sobre todo, a los gobernantes de estos países y a los inversores extranjeros. Hugh Valey, parlamentario británico, hacía el siguiente análisis sobre esta cuestión: «Cuando un inversor corruptor de algún país rico paga un 15% en sobornos, lo añade al precio del contrato de la inversión, pues costará más, y la po- blación humilde, la que paga los contratos de la electri- cidad o el agua, pagará también el soborno. Los sobor- nos suponen la transferencia del dinero de los pobres a los ricos». Además, si tenemos en cuenta que estos pro- yectos de inversión se pagan a menudo con el dinero procedente de créditos internacionales, los soborlos soborlos soborlos sobornoslos sobornosnosnosnos incr
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incrincrementan la deuda exterementan la deuda exterementan la deuda exterementan la deuda externa de estos paísesementan la deuda externa de estos paísesna de estos paísesna de estos países.na de estos países4 Como decía recientemente un ministro del tesoro filipino, Leo- nor Briones, refiriéndose a los sobornos: «estamos ha- blando del dinero que tendría que estar destinado a ser- vicios básicos como escuelas u hospitales».
4. El caso de Nicaragua refleja bastante lo dicho. En los primeros cuatro años del gobierno liberal de Violeta Chamorro (1990-1994) se vendieron 341 de las 351 empresas estatales —a pesar de que no existía ninguna ley que lo permitiera. Los sobornos rodearon este proceso y algunas compañías se vendieron a un valor inferior al 75% de su precio de mercado.
«Siempre hay alguien que paga, y los negocios internacionales son la principal fuente de corrupción.» George Soros
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Como vemos, el soborno conlleva la subordinación del poder político a los intereses privados y, así, que preva- lezca la «ley del más fuerte». El soborno es el primero de un paquete de mecanismos en mano de las grandes empresas (que iran apareciendo a lo largo de este libro) que les permite interferir a su favor en la esfera pública y, consecuentemente, desvirtuar y desacreditar las demo- cracias actuales.