Jenny estaba sentada en la mecedora de su jardín tapada con una manta, no podía dormir,
pensaba en Emma una y otra vez, la echaba de menos a su lado. Necesitaba su presencia, sentirla entre sus brazos...
Estaba triste y sin saber porque tenía unas intensas ganas de llorar, no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas.
Llamaron a la puerta del jardín, confusa la joven de ojos azules se dirigió al video portero, preguntándose quién podía ser, habían pasado ya unos minutos de la media noche.
Se sobresaltó al ver quien era, abrió rápidamente y fue a su encuentro, "Emma, ¿estás bien? ¿Ocurre algo? ", preguntó alarmada.
La joven rubia negó con la cabeza, levantó la mano y limpió las lágrimas de la cara de su amiga, "Has estado llorando...", murmuro.
"No... bueno...yo....", balbuceo la joven de ojos azules. "Lo sé", le interrumpió la rubia, acercándose más hacia ella.
A Emma el corazón le latía salvajemente en el pecho, nunca había estado más nerviosa. Se acercó aún más a su compañera y pasó su otra mano por su cintura.
En aquel momento sus ojos se encontraron y el tiempo se detuvo, aquellos ojos marrones y azules brillaban con luz propia, como fuegos artificiales, más intensamente que nunca.
Jenny sonrió levemente...estiró su mano y acarició el rostro de su amiga, pasó la mano detrás de la nuca de la joven rubia y la fue acercando a su cara.
Emma no opuso ninguna resistencia, cerró los ojos como una adolescente que se preparaba para recibir el primer beso de su vida.
Fue el beso más dulce que Emma hubiese recibido jamás, no había palabras para describirlo, fue infinitamente mejor de todo lo que había imaginado...Jenny posó sus labios sobre los de Emma, muy suavemente, casi como una caricia...fue un beso totalmente desprovisto de lascivia... una caricia que trasmitía lo el amor y el anhelo que sentía en aquellos momentos la joven de ojos azules.
Todo el cuerpo de la joven rubia se estremeció y todo su bello se erizó, millones de hormigas la recorrían de la cabeza a los pies, fue la sensación más increíblemente maravillosa que nadie podía sentir.
Sus labios se separaron pero sus rostros continuaron muy cerca....Emma continuó con los ojos cerrados por unos segundos...borracha de sensaciones nuevas...sensaciones que ninguna otra persona le había despertado antes.
Jenny la miro asustada por lo que acababa de hacer, tenía miedo de que los temores y las inseguridades volviesen otra vez a la rubia y se alejase de ella nuevamente.
Intentó separarse, pero Emma no se lo permitió, puso su mano en la cabeza de Jenny, sus dedos se perdieron en su pelo castaño, atrajo su cabeza hacia ella y aquellos labios deseosos volvieron a juntarse en un suave tierno, intenso y electrizante beso.
El tiempo y el espacio perdieron todo su significado, ya que Jenny y Emma estaban en su propio y pequeño universo. Sus corazones latían uno contra el otro, ambas lo podían sentir, y el calor comenzó a extenderse cada vez más en ellas.
Se besaron tímidamente al principio, pero poco a poco la pasión fue ganando terreno, Jenny puso la mano en la nuca de Emma y la atrajo más hacia así, presionando más sus labios contra los de la joven rubia. El beso ganó en intensidad.
Emma sintió que la lengua de Jenny, golpeaba dulce pero a la vez firmemente sus dientes, inmediatamente entreabrió la boca dándole paso deseosa de sentirla junto a la suya, la lengua de su novia se introdujo gustosa en aquella boca, ansiosa de encontrar a su compañera de juegos. Rápidamente la encontró y un intenso gemido salió de la garganta de las dos jóvenes. Ambas lenguas se tocaron un poquito, y un segundo después se enzarzaron en un apasionado y salvaje baile que a Emma estuvo a punto de hacerle perder el sentido. Sintió que de golpe se encendía en su cuerpo una pasión y un deseo totalmente desconocidos hasta aquel momento.
Jenny saboreaba una y otra vez los labios de Emma, su mente estaba en blanco, no deseaba otra cosa que sentirla, cuando notó que las manos de Emma acariciaban su espalda por debajo de su blusa, sintió que el incendio que estaba creciendo en su entrepierna, ardía cada vez con más fuerza, no sabía si iba a ser capaz de detenerlo. Le costaba respirar, ella nunca había sentido nada parecido, tuvo que separarse para tomar aire. Instantes después sintió como Emma, volvía a atraerla hacia ella y atrapaba sus labios con los suyos.
Volvieron a enfrascarse en un apasionado y ardiente beso, con las lenguas de ambas
conociéndose más y más, y sus manos explorando curiosas la una el cuerpo de la otra. Emma notó que la pasión y el deseo se apoderaban de ella, pensó si Jenny estaría sintiendo lo mismo, y la respuesta llegó un segundo más tarde cuando sus uñas recorrieron suavemente la espalda desnuda de su amiga, y esta dejo escapar un pequeño gemido de placer.
La rubia sentía que su corazón iba a explotar de la fuerza con la que latía en su pecho, su respiración empezó a acelerarse, notó como Jenny metía su pierna entre las suyas, llevaba sus manos hacia sus nalgas y la atraía más hacia sí, un escalofrío recorrió todo su cuerpo y no pudo evitar que un gemido saliese de su boca al incrustar su sexo en la pierna de Jenny.
Siguieron besándose una y otra vez, cada vez con más pasión, sus lenguas hambrientas jugaban salvajemente en cada beso, con hambre de más, Emma volvió a meter su mano bajo la camisa de Jenny, acariciando su espalda, sus caderas, masajeando sus nalgas.
Jenny estaba fuera de sí, no podía controlar la respiración, su corazón parecía que iba a estallarle en el pecho y su sexo palpitaba cada vez más. Las manos de Emma quemaban su piel desnuda, mientras acariciaba todo su cuerpo, se estaba volviendo loca de placer, cuando una de las manos de la joven rubia se posó sobre su pecho, todo su cuerpo se estremeció y lanzó un profundo gemido.
Ese gemido hizo volver a Emma a la realidad, dio un respingo, miró a su compañera y una mezcla de asombro y culpabilidad se dibujó en su rostro, ella no estaba preparada para eso.
Jenny intentaba controlar su respiración, entendió perfectamente lo que Emma le estaba diciendo con la mirada.
Le acarició suavemente la mejilla y aún jadeante le susurró: "No hay problema... no te preocupes, tenemos todo el tiempo del mundo".
Una sonrisa apareció en el rostro de Emma de inmediato, la beso dulcemente y le susurró: "Gracias...".
Jenny le devolvió la sonrisa, “deberíamos entrar".
Emma asintió, cogió la mano de su novia y cogidas de la mano, juntas, en paz y totalmente felices se encaminaron hacia la casa.
Al día siguiente Jenny se despertó, feliz y completamente enamorada, una sonrisa se dibujó en su rostro al observar como la joven rubia dormía plácidamente entre sus brazos.
Capítulo 17
Habían dormido muy poco, estuvieron en la cama besándose, acariciándose, disfrutando de ese nuevo y embriagador sentimiento, hasta que el sueño les venció a altas horas de la madrugada. Aún quedaba media hora para que sonase el despertador, pero no pudo evitar despertar con dulces besos a su amada.
Besó poco a poco su cuello, su cara, su nariz, sus párpados. Besó dulcemente la comisura de sus labios, pasó su lengua por ellos. Emma atrapó aquella lengua con sus dientes, la juntó con la suya y se enfrascaron en un apasionado beso.
Estuvieron durante muchos minutos besándose sin parar, sus lenguas estaban entregadas en una lucha sin cuartel por obtener la una el control de la otra. Sus labios deseosos cada vez
presionaban más y más contra sus bocas, haciendo aquellos besos cada vez más intensos y apasionados. Sus manos exploraban sus cuerpos sin dejar un sólo sitio por tocar. La temperatura de la habitación estaba subiendo hasta límites muy peligrosos.
Jenny se separó sin aliento, "cariño, creo que deberíamos parar". Emma asintió jadeante. El despertador, sonó en aquellos momentos.
"Hora de hacer el desayuno, ¡vamos!", dijo la rubia mientras intentaba levantarse de la cama. Jenny la detuvo, "imposible, la nevera está vacía".
"Algo habrá", le contestó la joven rubia. Su novia negó con la cabeza.
"¡Emma claro que como!, pero nunca en casa. Es más creo que la cocina está sin estrenar y nunca he comprado nada más en un supermercado que un paquete de barritas Krissia y una lechuga que me encargó Hotte ", protestó la joven castaña.
La rubia la miraba atónita, "Jenny me estás diciendo que con veintidós años, no has cocinado nunca, ni has hecho una sola compra de la semana".
La joven de ojos azules asintió con la cabeza y se encogió de hombros, "en la otra casa, lo hacía el servicio, pero todo se ponía malo en la nevera. Cuando me mudé aquí decidí despedirlos a todos, menos a Bárbara que viene a limpiar y a lavar dos veces por semana y al jardinero. Desde entonces como todo los días fuera y me sale más barato que pagar a nadie porque me cocine y me compre".
Emma estaba perpleja, no se podía creer lo que estaba escuchando, "¿y no has pensado en que te saldría incluso más barato, si comprases y cocinases tú?
Jenny la miró como si estuviera loca y Emma no pudo evitar soltar una carcajada ante la cara de horror de su novia.
"Eres una pija repelente", dijo con lágrimas en los ojos de tanto reír, “esta tarde, cuando
salgamos de la facultad, iremos al súper, compraremos y luego vendremos aquí a hacer la cena".
La joven castaña la miró más horrorizada aún.
La rubia riendo, saltó de la cama, "empieza a ducharte, creo que Luzi, dejó unas galletas ayer cuando vinimos a ensayar, me muero de hambre".
Jenny la miró mientras salía de la habitación, llevaba puesta una de sus camisetas de entrenar. Le llegaba hasta la mitad del muslo, le hacía tremendamente sexi.
Con una sonrisa e inmensamente feliz se quitó la ropa y se fue a la ducha.
Cuando Emma volvió de la cocina, Jenny estaba en el cuarto de baño de la habitación, la puerta estaba entreabierta y la rubia no puedo evitar, echar un curioso vistazo.
Lo que vio la dejó sin aliento, sintió ese intenso calor tan familiar últimamente en la entrepierna tan intenso como nunca antes, jamás había visto nada más hermoso.
Jenny acababa de salir de la ducha, estaba de espaldas a ella, completamente desnuda secándose con la toalla.
La rubia no podía apartar la mirada de aquel increíble cuerpo, aquellos ligeramente musculados hombros, aquella tersa espalda por la que aún corrían gotas de agua, aquellas increíblemente perfectas nalgas, aquellas largas y firmes piernas.
Esa visión era más de lo que la joven rubia podía soportar, se dirigió hacia su novia respirando rápida y pesadamente, sus preciosos ojos marrones ahora eran casi negros.
Jenny no había advertido la presencia de la otra joven, cuando sintió las manos de la rubia en sus caderas, dio un respingo y dejó caer la toalla, "¡Emma!, me has asustado" exclamó.
La joven rubia no respondió, con fuerza tiró de sus caderas y la atrajo hacia sí, pegando
completamente las nalgas de la joven castaña en su pubis sin dejar un milímetro de separación. Su lengua comenzó a pasearse por su cuello de arriba a abajo una y otra vez, mientras le daba suaves besos y mordiscos, después se dirigió hacia su oreja; la besó, la lamió, mordió y besó su lóbulo mientras sus manos se ocupaban de sus pechos ahora hinchados y duros como rocas. Los masajeó, los acarició, los estrujó, pellizcó suavemente sus pezones, tiro de ellos y los amasó. Jenny jadeaba y gemía sin parar, estaba sintiendo un placer desconocido hasta ahora, ella nunca pensó que se pudiera sentir algo así. Sus caderas se retorcían sin control, rozando una y otra vez la pelvis de Emma, su sexo estaba húmedo y palpitante como nunca lo había estado.
Sintió que la mano de Emma dejaba sus senos y bajaba por su abdomen, acariciándolo dulcemente hacia su sexo. Gustosa abrió las piernas para darle un mejor acceso, al sentir el primer contacto de los dedos de Emma en su clítoris, todo su cuerpo se estremeció, lanzó un grito y tuvo que apoyarse en el lavabo para no caer al suelo.
Emma estaba descontrolada, no era dueña de sus actos, había tenido algún control sobre ellos hasta que sus dedos llegaron a la entrepierna de Jenny, al notar el calor y la humedad que emanaba de su sexo y aquellas palpitaciones, perdió la razón.
Quería hacerla suya para siempre, quería poseerla, darle más placer del que Ronnie y todas sus conquistas nunca le habían dado, penetrarla una y otra vez hasta que le suplicara que la llevará al éxtasis absoluto, hacerla gozar tanto que de su boca no pudiera salir otra cosa que su nombre entre grandes gemidos. Sus caderas se movían de adelante hacia atrás incontrolablemente, embistiendo una y otra vez las nalgas de la joven de ojos azules, mientras sus dedos frotaban, masajeaban, acariciaban su clítoris cada vez más rápido.
Jenny gritaba, gemía, jadeaba, suspiraba, "hazlo ya Emma, hazlo ya, mételos, necesito sentirte dentro", suplicó casi sin aliento.
La joven rubia hizo caso omiso, la presionó más contra el lavabo apretando con su pelvis firmemente sus nalgas, y siguió masajeando su sexo, cada vez más rápido, castigándolo más y más, hasta llevar a Jenny al borde de la locura. Su pelvis se retorcía incapaz de estarse quieta, su cuerpo sudoroso temblaba, jadeaba y gemía sin parar.
"Emma... Emma...Emma....".
Eso era lo que la joven rubia estaba esperando. Sonrió y se dispuso a introducir sus dedos, en aquella chorreante y cálida cavidad que tanto los deseaba dentro.
"¡Ya estoy aquí!, espero que no te hayas vuelto a quedar dormida", escucharon la voz de Hotte en el piso de abajo.
Emma se apartó sobresaltada.
Jenny se giró y se apoyó contra la pared, las piernas no la sujetaban, grandes temblores recorrían su cuerpo, respiraba con dificultad, sus dientes rechinaban, su corazón galopaba dolorosamente en su pecho, estaba mareada.
"Estas bien", preguntó Emma con voz entrecortada, casi sin poder hablar, a la vez que intentaba recuperarse.
La joven castaña la miró con los ojos muy abiertos, negando con la cabeza, incapaz de decir nada.
"¿Jenny estás bien?", preguntó Hotte desde abajo.
Jenny miro suplicante a la joven rubia, esta salió del cuarto de baño y desde la puerta de la habitación le gritó "¡Hotte soy Emma, ahora bajamos!".
Volvió junto a su novia que aún se encontraba, desnuda apoyada contra la pared. Emma no pudo evitar pararse a contemplar la belleza de aquel cuerpo desnudo, sintió como otra vez el calor recorría todo su cuerpo, quería hacerla suya.
Sobresaltada giró su cabeza de un lado a otro violentamente varias veces, para expulsar aquellos pensamientos de la cabeza e intentando apartar sus ojos de aquel cuerpo.
"¿Te gusta lo que ves?", le preguntó Jenny con la respiración aún agitada y una sonrisa pícara en el rostro, al ver los esfuerzos de su novia por apartar sus ojos de ella.
"No te puedes llegar a hacer una idea", le contestó sin pensarlo, inmediatamente notó como sus mejillas se teñían de rojo.
"Pues es todo tuyo", le susurro mientras, la agarraba de las caderas, la atraía hacia sí y la besaba tiernamente, al separarse la miro a los ojos y le dijo, "Emma ha sido...".
Con gran esfuerzo lograron separarse, "tenemos que darnos prisa, me olvidé de Hotte
completamente. Casi todos los días viene a buscarme y nos vamos a desayunar", dijo la joven de ojos azules.
Emma asintió, le dio un último beso y salió del cuarto de baño.
Jenny volvió a meterse en la ducha, llevó el mono mando hacia la posición del agua fría y abrió el grifo. No se iba a recuperar de aquel calentón en semanas.
Capítulo 18
Cuando las dos chicas estuvieron listas, los tres jóvenes salieron de la casa. Hotte se dirigió hacia su coche, "vamos los tres en el mío", dijo.
"No Hotte, nosotras vamos en el mío, esta tarde tenemos que ir de compras", le dijo Jenny. "¡Otra vez!, fuimos de compras la semana pasada, porque estabas triste y deprimida", protestó el joven.
"Ya..., pero... esta vez son compras distintas", explicó la joven. Emma no pudo reprimir una sonrisa.
"¡Como que compras distintas!, Jenny nos conocemos y me estás asustando, ¿qué es lo que vas a comprar?", preguntó el chico preocupado.
"Bueno..., vamos a hacer la compra de la semana y luego vendremos a casa y haremos la cena", respondió por fin la joven de ojos azules, encogiéndose de hombros resignada.
El chico, la miró boquiabierto, "¿qué tú vas a hacer qué?".
"Hotte no seas payaso, es lo que hace la gente habitualmente", protestó la joven un poco molesta. "La gente normal sí, pero no Jennifer Hartmann. Jamás pensé que vería esto", se volvió hacia Emma y le dio un beso en la mejilla, "eres increíble", le dijo y se encaminó finalmente hacia su coche, "nos vemos donde siempre".
Jenny tomo la mano de Emma, y cogidas de la mano fueron hasta el garaje, al entrar Emma se quedó boquiabierta. Era inmenso y estaba lleno de coches y motos de lujo, Ferrari, Porche, Aston Martin, Lamborghini.
"Wowwwwwwwww... jamás pensé que vería esto fuera de las películas. ¡Dios mío, me he liado con Rockefeller", exclamo la rubia.
Jenny sonrió, "son de mi padre, es un amante de los coches caros, yo tengo prohibido cogerlos". Antes de subirse al coche se besaron una y otra vez, no se cansaban nunca, para ellas era como una adicción, era la sensación más agradable y más excitante que ninguna de las dos había sentido, ambas querían y necesitaban más y más. Con mucho esfuerzo se separaron y fueron en busca de su compañero.
Al llegar Hotte ya había pedido el desayuno para todos, incluida Emma, él estaba convencido que un buen café, con unos donuts, eran el desayuno ideal.
El chico las miraba a las dos sonriente, nunca había visto a su amiga así. Estaba feliz, totalmente pendiente de Emma, de cubrir cualquiera de sus necesidades, sus ojos azules brillaban como dos estrellas. Cuando la miraba parecía perderse en ella. Cualquier excusa era buena para tocarla, para sentir su piel, constantemente buscaba las caricias furtivas, y Emma parecía sentirse igual. Parecía que poco a poco el amor iba ganando, a sus inseguridades y sus miedos.
"Siento haberme presentado así esta mañana, pero ayer vi a Emma en el P3, no pensé que estaríais juntas. Lamento si he interrumpido algo, y por el sofocón que tenías encima parece que ha sido así", dijo Hotte con una sonrisa aprovechando un momento en el que Emma se fue al lavabo.
"Si, volvió, y me hizo la mujer más feliz del mundo", contestó Jenny, "¡Oh Hotte!, toda ella es increíble, acariciarla es maravilloso, cuando la tengo entre mis brazos, me siento llena, completa,